BIBLIOTECA NACIONALPERONISTA al fondo:

BIBLIOTECA NACIONALPERONISTA al fondo:
BIBLIOTECA: hacer clik en la imagen
Mostrando entradas con la etiqueta Colombia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Colombia. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de julio de 2013

Las bases militares en América Latina:Colombia en la geopolítica imperialista

por Renán Vega Cantor /


Este ensayo esboza los aspectos centrales para comprender la importancia geopolítica del territoriocolombiano en la guerra mundial por los recursos, y las guerras de agresión contra los pueblos que hoy adelantan las potencias imperialistas, encabezadas por los Estados Unidos.
Las siete bases militares adicionales de Estados Unidos en
Colombia elevarán su total planetario a 872, lo cual no tiene
equivalente con ninguna potencia pasada o presente: ¡Estados
Unidos invadió literalmente al Mundo!
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada, 10/8/2009


En este ensayo se esbozan los aspectos centrales que pueden ayudar a comprender la importancia geopolítica del territoriocolombiano en la guerra mundial por los recursos, el punto de partida indispensable para entender las guerras de agresión contra los pueblos que hoy adelantan las potencias imperialistas, encabezadas por los Estados Unidos. En este texto se consideran cuatro cuestiones: en primer lugar, se indica cuales son las características de la guerra mundial por los recursos y su influencia directa en América Latina; en segundo lugar, se subrayan los aspectos medulares de la estrategia contrainsurgente de los Estados Unidos en el continente latinoamericano; en tercer lugar, se considera la importancia geoestratégica de las bases militares de Estados Unidos en el mundo y particularmente en nuestros territorios; y en cuarto lugar, se señalan en forma breve los objetivos de Estados Unidos al convertir al territorio colombiano en uno de sus principales centros de operaciones militares.

I. El imperialismo y la guerra mundial por los recursos

El capitalismo de nuestros días requiere materiales y energía más que en cualquier otro momento de su historia, como resultado del aumento del consumo a nivel mundial, a medida que se extiende la lógica capitalista de producción y derroche, porque la generalización del american way of life requiere de un flujo constante de petróleo y materiales, para asegurar la producción de mercancías que satisfagan los deseos hedonistas, artificialmente creados, de cientos de millones de seres humanos en todo el planeta.
Para producir automóviles, aviones, tanques de guerra, computadores, celulares, neveras, televisores y miles de mercancías se precisa de una cantidad ingente de metales y otros recursos minerales. Entre estos se incluyen los metales corrientes y conocidos, así como los metales raros. Hierro, cobre, zinc, plata, cromo, cobalto, berilio, manganeso, litio, molibdeno, platino titanio, tungsteno, son algunos de los metales más importantes en la producción capitalista de hoy. Un ejemplo ayuda a visualizar la importancia de esos metales: para producir el turborreactor de un avión se usa un 39 % de metales corrientes y el resto consta de titanio (35 %), cromo (13 %), cobalto (11%), niobio (1%) y tántalo (1%)[1].
Para mantener el nivel de producción y consumo del capitalismo se requiere asegurar fuentes de abastecimiento de recursos materiales y energéticos, los cuales se encuentran concentrados en unas pocas zonas del planeta, y no precisamente en los Estados Unidos, Japón o la Unión Europea, que tienen déficits estructurales tanto en petróleo como en minerales estratégicos. En términos de minerales, algunos datos ilustran la dependencia externa de los Estados Unidos: “Entre el 100 y el 90 % del manganeso, cromo y cobalto, 75 % del estaño, y 61 % del cobre, níquel y zinc que consumen, 35 % de hierro y entre 16 y 12 % de la bauxita y plomo que requieren. Europa depende en un 99 a 85 % de la importación de estos minerales, con excepción del zinc, del que depende en un 74 % de importaciones del extranjero”. Lo significativo estriba en que en conjunto América Latina y el Caribe suministran a los Estados Unidos el 66 % de aluminio, el 40 % del cobre, el 50 % del níquel (Diez Canseco, 2007).

1. La importancia estratégica de América Latina
En el escenario de esa guerra mundial por los recursos, América Latina es uno de los principales campos de batalla, porque suministra el 25 % de todos los recursos naturales y energéticos que necesitan los Estados Unidos. Además, los pueblos de la América Latina y caribeña habitan un territorio en el que se encuentra el 25 % de los bosques y el 40 % de la biodiversidad del globo. Casi un tercio de las reservas mundiales de cobre, bauxita y plata son parte de sus riquezas, y guarda en sus entrañas el 27 % del carbón, el 24 % del petróleo, el 8 % del gas y el 5 % del uranio. Y sus cuencas acuíferas contienen el 35 % de la potencia hidroenergética mundial.
En estos momentos ha vuelto a cobrar importancia el esquema colonial de división internacional del trabajo, que se basa en la explotación minera, de tipo intensivo y depredador, de los países de América Latina. Esto ha implicado que compañías multinacionales provenientes de Canadá, Europa, China, se hayan apoderado, como en los viejos tiempos de la colonia, de grandes porciones territoriales del continente, donde se encuentran yacimientos minerales. La búsqueda insaciable de minerales metálicos y no metálicos ha llevado a que en estos países se implanten multinacionales extractivas, lo que ha generado un boom coyuntural que ha elevado los precios de esos minerales.
Incluso, se están explotando minerales que no tienen mucha utilidad práctica en términos productivos, como el oro, en torno al cual se ha desatado también otro boom inesperado. Esto está relacionado con la inestabilidad del dólar y la búsqueda de sucedáneos seguros, y qué mejor que el oro, aunque su explotación tenga consecuencias funestas para los países de América Latina, que lo poseen en las entrañas de sus cordilleras o de sus ríos.
En ese contexto geopolítico, Colombia desempeña un papel crucial: por su privilegiada ubicación espacial, situada entre el sur y el centro de América; por ser el único país sudamericano que tiene costas en dos océanos; por su extraordinaria biodiversidad y fuentes de agua dulce; por sus riquezas forestales y minerales, aunque estas últimas no sean tan abundantes y variadas como las de Perú; porque en ese territorio se pueden implantar sistemas aéreos y satelitales de control militar para vigilar y agredir a cualquier país de la región. Además, las clases dominantes de Colombia han mostrado históricamente su condición de cipayos baratos del imperialismo estadounidense y, para completar, en territorio colombiano se libra una guerra desde hace más de medio siglo, como expresión de una permanente rebelión campesina contra el poder de gamonales y terratenientes. Estas razones explican por qué en las actuales circunstancias Colombia es tan importante para los Estados Unidos.

2. América Latina en la doctrina militar del Pentágono

Cuando se habla de la importancia geopolítica y geoeconómica de Sudamérica, no hay que perder de vista que el imperialismo estadounidense está pensando en términos mundiales al considerar las reservas de recursos naturales y energéticos. Así, en el 2003, el llamado Informe Cheney, o Política Nacional de Energía (NEP),postuló la obligatoriedad de dominar las fuentes más importantes de petróleo en todo el mundo y recalcó como prelación estratégica el control del petróleo que se encuentra fuera del Golfo Pérsico, en particular en tres zonas: la región andina (Colombia y Venezuela, en especial), la costa occidental del continente africano (Angola, Guinea Ecuatorial, Malí y Nigeria) y la cuenca del Mar Caspio (Azerbaiján y Kazajistán).
En la actualidad, cuando Estados Unidos libra lo que denomina la “guerra contra el terrorismo”, un eufemismo para ocultar la guerra mundial por los recursos, existe una integración plena entre la política contrainsurgente y la protección del petróleo, como sucede de manera concreta en Colombia. En 2002, el Departamento de Estado había dicho al respecto:

La pérdida de ganancias, debido a ataques guerrilleros, obstaculiza seriamente al gobierno deColombia en la satisfacción de las necesidades sociales, políticas y de seguridad nacionales”. Por ello, determinó apoyar la seguridad de los oleoductos, principalmente el de Caño Limón-Coveñas y para eso Estados Unidos “fortalecerá al gobierno de Colombia en su capacidad para proteger una parte vital de su infraestructura energética” (Klare, 2004).

El analista Michael Klare decía en forma premonitoria en el 2004 al comentar el involucramiento petrolero militar de Estados Unidos en Colombia:

Se supone que los instructores estadounidenses asignados a esta misión se atienen a su papel de entrenamiento y apoyo. Pero hay indicios de que el personal militar estadounidense ha acompañado a las tropas colombianas en operaciones de combate contra las guerrillas. El entrenamiento ocurre “durante misiones militares y de inteligencia reales”, reveló el US News and World Report en febrero de 2003. Lentamente, Estados Unidos se convierte en parte de la principal campaña contrainsurgente enColombia, con todos los signos de una guerra prolongada (ibíd.).

En ese mismo sentido, el Plan Cheney enfatizaba la importancia del petróleo de América Latina, puesto que Venezuela es el tercer proveedor Mundial, México el cuarto y Colombia el séptimo, recomendando incluso la ampliación del suministro de México y Venezuela (Klare, 2013).
Las declaraciones de políticos, militares y empresarios de los Estados Unidos sirven para sopesar la magnitud de la guerra por el control de los recursos. Sólo a manera de ilustración, Ralph Peters, mayor retirado del ejército de los Estados Unidos, afirmó en Armed Forces Journal, (una revista mensual para oficiales y dirigentes de la comunidad militar de EE.UU.) en agosto de 2006:

No habrá paz. En cualquier momento dado durante el resto de nuestras vidas, habrá múltiples conflictos en formas mutantes en todo el globo. Los conflictos violentos dominarán los titulares, pero las luchas culturales y económicas serán más constantes y, en última instancia, más decisivas. El rol de facto de las fuerzas armadas de USA será mantener la seguridad del mundo para nuestra economía y que se mantenga abierta a nuestro ataque cultural. Con esos objetivos, mataremos una cantidad considerable de gente (Mosaddeq Ahmed, 2006).

3. El puño de hierro militar para imponer el neoliberalismo y la globalización

Estados Unidos, como potencia hegemónica a nivel mundial, aprovechó su triunfo en la Guerra Fría para reforzar su poder militar, valiéndose de los desarrollos científicos y tecnológicos, con el fin de aterrorizar y aplastar a sus eventuales adversarios en el caso de que se desencadenara una guerra formal o surgieran posibles competidores. Esto quedó plasmado en un documento de 1992, titulado “Guía para la Planificación de Defensa”, en el cual se indicaba como prioridad que “Estados Unidos debía impedir la competencia de quienes aspiren a jugar un papel preponderante en el ámbito regional o global” y contemplaba incluso el uso de armas nucleares, biológicas y químicas de manera preventiva, “aún en conflictos en los que los intereses estadounidenses no estén directamente amenazados” (García Cuñarro, s/a).
Los estrategas del imperialismo estadounidense implementaron una visión del mundo que se basa en determinar si los países son o no obedientes a los dictados de Washington y a su proyecto de dominación mundial, presentado en público con el nombre de globalización. Uno de estos estrategas, Thomas Barnett, diseñó el Nuevo Mapa del Pentágono, en el cual se divide al mundo en tres regiones, aunque de ellas en verdad importen dos. Por una parte está el centro, conformado por los países capitalistas desarrollados, con Estados fuertes; luego están los países eslabón, que se constituyen en zonas de amortiguamiento y de disciplinamiento del tercer grupo, los países “brecha”, donde se encuentran los Estados fallidos y las zonas de peligro para el nuevo orden mundial y sobre los cuales se debe desplegar una labor de vigilancia y control por parte de los Estados Unidos, con el fin de consolidar un sistema verdaderamente globalizado, incondicional y proclive a la dominación y explotación abanderadas por Washington y sus compañías multinacionales (cf. Ceceña, 2004). Dicho de otra forma, el mundo está dividido en dos bandos: un sector crítico, conformado por Estados fallidos que amenazan la seguridad internacional a la que se denomina la “brecha no integrada”, la cual está conformada por países de Centro América y el Caribe, la región andina de Sudamérica, que se extiende por casi todo África (menos Sudáfrica), Europa oriental, el Medio Oriente (excluyendo a Israel), Asia Central, Indochina, Indonesia y Filipinas; la otra zona, formada por lo que se denomina el “núcleo operante de la globalización”, del que forman parte Estados Unidos, Canadá, Chile, Europa Occidental, China, Japón, India, Australia. Los territorios no enganchados se convierten en un peligro, deben ser sujetos por los primeros, y ponen en cuestión la seguridad del Occidente. Por ello, tienen que ser integrados a la fuerza, porque “si un país pierde ante la globalización o si rechaza buena parte de los beneficios que esta ofrece, existe una probabilidad considerablemente alta de que en algún momento los Estados Unidos enviarán sus tropas a intervenir en este país” (Schmitt, 2009).


La "brecha" crítica del "Nuevo Mapa del Pentagono"

Llama la atención que esta gran zona de conflictos y turbulencias corresponda a los lugares donde se encuentran las mayores reservas de recursos materiales y energéticos. La intervención de Estados Unidos en esta gran zona del mundo se hace a nombre de mantener la gobernabilidad, con lo cual se oculta el interés estratégico de asegurarse el dominio de esos recursos naturales, imprescindibles para el funcionamiento del capitalismo, así como el mantenimiento de la explotación de importantes contingentes de fuerza de trabajo, a bajo costo o en términos casi gratuitos: una condición indispensable para el mantenimiento y la reproducción del capitalismo a escala mundial. Adicionalmente, esos territorios no solamente se deben dominar por sus recursos, sino también porque allí también existen movimientos de resistencia y rebelión, donde se esbozan otras propuestas alternativas al capitalismo, que en el “nuevo orden mundial” no se pueden tolerar (cf. Ceceña, 2004).
Este mapa, que es crucial para entender lo que ha pasado en el mundo en las dos últimas décadas, no puede considerarse como algo fijo e inmutable. Por el contrario, es dinámico en concordancia con las modificaciones presentadas en la periferia, en la medida en que en uno u otro país desaparecen los Estados fallidos y canallas, no porque se hayan superado las condiciones de pobreza y desigualdad –algo que le tiene sin cuidado a los Estados Unidos–, sino porque se han realizado los “milagros” del neoliberalismo y la globalización, y se han integrado perfectamente al mercado capitalista mundial. En algunos casos de nuestra América, en pocos años puede observarse que algún país ingresa en este amplio círculo de inestabilidad, como hoy le ocurre a México, que ya está siendo presentado como un Estado fallido, o también acontece, en sentido inverso, que un territorio considerado ingobernable, como Colombia, hoy es mostrado como ejemplo de “avance democrático” y consolidación de una “economía prospera”, y por ello ha llegado la inversión extranjera, aprovechando las bondades de la seguridad que se le brinda al capitalismo.


II. Estados Unidos y la guerra irregular en Nuestra América

Estados Unidos, como un imperialismo en crisis, apuesta a la guerra como una forma de mantener su debilitada hegemonía. Esa guerra combina las acciones bélicas convencionales, como se ha mostrado en Iraq y Afganistán, con el combate irregular, sobre todo en aquellos lugares donde su objetivo es derribar a los que concibe como enemigos de su seguridad nacional, porque impulsan proyectos independientes y porque poseen recursos estratégicos que necesita con urgencia para mantener su despilfarrador modo de vida. Por eso, en el presupuesto del Pentágono para el 2010 se impulsa la guerra irregular, y se señala que se deben seguir apoyando, lo que no es nuevo en el caso de Estados Unidos, el “contraterrorismo, las tácticas de guerra no convencional, la defensa interna en países extranjeros, la contrainsurgencia y las operaciones de estabilidad” y por lo mismo el Pentágono debe “institucionalizar las capacidades necesarias para conducir la Guerra Irregular… desarrollar nuevas capacidades para enfrentar el rango de desafíos irregulares” (Golinger, 2010).
Se anuncia la continuación de la guerra sin fin “contra el terrorismo” como un enfrentamiento más prolongado que el de la Guerra Fría, pues sus principales ideólogos han sostenido que la guerra actual se extenderá por lo menos durante un siglo (cf. Dieterich, 2003: 127ss.). En estas circunstancias, el de ahora es un conflicto persistente de largo plazo y de carácter total, que involucra a las poblaciones de los diversos países que se incluyen en el enfrentamiento. El manual sostiene que las operaciones en esta guerra son de “espectro completo”, en las que se incluyen acciones ofensivas, defensivas y de naturaleza militar y civil, todas de manera simultánea. Por ello, se recalca la importancia de las operaciones psicológicas, en las cuales sobresalen la propaganda y la desinformación, al mismo tiempo que las tareas cívicas deben ser desempeñadas, junto con las acciones militares, por el ejército de los Estados Unidos. En concordancia, se plantea que en los conflictos está incluida de manera forzosa la población civil (cit. en Golinger, 2010).
En la práctica, es el reconocimiento de que la doctrina militar imperante en las fuerzas armadas de los Estados Unidos es la de la cuarta generación, porque ya no existen campos de batalla claramente definidos, ni combatientes, ni armas convencionales, porque finalmente “todos somos guerreros y guerreras en una guerra sin fin y sin fronteras”, como dice Eva Golinger.

1. Estrategia militar de los Estados Unidos en América Latina

El despliegue de la IV Flota, el establecimiento de bases militares en varios países, la intervención en Haití en enero de 2010, el despliegue de la guerra de cuarta generación en varios países de la región forman parte de una estrategia global del imperialismo estadounidense con la intención de retomar el dominio pleno de los territorios del Caribe y de toda nuestra América. Eso aparece claro en el informe del Comando Sur de los Estados Unidos (USSOUTHCOM, por su sigla en inglés) titulado La “Estrategia del Comando Sur de los Estados Unidos 2018 Amistad y Cooperación por las Américas”, en el que se revela la estrategia de este país para toda América Latina y el Caribe.[2] El Comando Sur es el organismo militar encargado de toda América Latina, desde el sur de México hasta la Patagonia, incluyendo el Caribe. Su sede está en Miami y cuenta con un personal permanente de 1200 efectivos militares y funcionarios civiles (cf. Chiani, 2009). En este documento se enuncian como objetivos prioritarios asegurar la defensa de los Estados Unidos, fomentar la estabilidad del continente e impulsar su prosperidad. Para que eso sea posible, hay que enfrentar las amenazas y desafíos, entre los que menciona la pobreza, la inequidad social, la corrupción, el terrorismo, el tráfico de drogas, la criminalidad y los desastres naturales, todos los cuales, desde luego, plantea combatir con el fin de alcanzar “los objetivos estratégicos de los Estados Unidos” (ibíd.).
El Comando Sur está presente en la mayor parte de América Latina, a través de las bases militares y de acuerdos con diversos gobiernos de la región que les permiten participar en maniobras conjuntas y en otras actividades de patrullaje, entrenamiento y ejercicios navales, aéreos y terrestres con los ejércitos que participan en esos acuerdos con el imperialismo estadounidense. Esto lo menciona sin titubeos este documento del Comando Sur: “la misión más importante que tenemos es proteger nuestra patria. Garantizamos la defensa avanzada de los Estados Unidos al defender los accesos del sur. Debemos mantener nuestra capacidad de operar en los espacios, aguas internacionales, aire y ciberespacio comunes mundiales y desde ellos”.
En este documento se expresan con claridad los verdaderos objetivos estratégicos del imperialismo estadounidense, obviamente encubiertos con la retórica típica del libre mercado y la seguridad, como cuando se señala que “mientras se lleven a cabo operaciones militares y haya cooperación de seguridad con los países de la región, se logrará una organización líder que constituya la defensa avanzada de los Estados Unidos”. Esta puede considerarse como una declaración similar a la del Destino Manifiesto del siglo XIX, con la cual Estados Unidos reclamaba para sí el dominio de todo el territorio que se encuentra al sur del Río Bravo.

2. Plan Colombia

El acuerdo militar firmado en octubre de 2009 entre el gobierno colombiano y los Estados Unidos fue la continuación del mal llamado Plan Colombia, que se inició hace un poco más de una década. Este fue escrito originalmente en inglés en los Estados Unidos y luego se dio a conocer en Colombia. Fue presentado como un acuerdo encaminado a luchar contra el narcotráfico, puesto que desde hace varias décadas Colombia es el primer productor mundial de cocaína y produce en menor escala marihuana y amapola, a partir de la cual se fabrica la heroína. Este plan fue concebido desde un principio con un doble propósito estratégico: como un proyecto contrainsurgente encaminado a fortalecer el aparato bélico del Estado colombiano, el cual había recibido duros golpes militares de la guerrilla; y controlar la región amazónica, una zona geopolítica esencial para los Estados Unidos. Tanto el gobierno colombiano como el de Estados Unidos reafirmaron de manera reiterada que el PlanColombia era un proyecto para luchar de manera exclusiva contra la producción de narcóticos, pero era evidente, como se ha demostrado después, que su finalidad era contrainsurgente y para eso se necesitaba financiar y rearmar al Ejército. En ese contexto, mientras el gobierno de Andrés Pastrana desarrollaba unos diálogos de paz con las FARC, Estados Unidos financiaba y reorganizaba a las Fuerzas Armadas mediante el Plan Colombia.
El gobierno de los Estados Unidos se presentaba con ese plan como un adalid de la lucha contra los narcóticos en las zonas de producción, pero sin enfrentar el problema del consumo doméstico, privilegiando la militarización de Colombia como forma de combatir la generación de cocaína, fórmula compartida por la oligarquía de este país. Para ello nada mejor que poner en práctica una política de tierra arrasada en las regiones productoras de hoja de coca, mediante la realización de costosas e infructuosas fumigaciones aéreas, que han devastado miles de hectáreas de pequeños campesinos en diversas regiones del país, en especial en las zonas selváticas del Sur, lo que también ha afectado a países fronterizos, como Ecuador. Pese a eso, la lucha contra las “drogas ilícitas” solo era un pretexto para afianzar la presencia directa de Estados Unidos en la región andino-amazónica, como ha quedado suficientemente claro en los últimos años.
Hoy puede apreciarse con claridad que uno de los objetivos del plan Colombia era el de fortalecer la capacidad bélica del Estado colombiano, no solo para enfrentar al movimiento insurgente, sino también para contar con uno de los ejércitos mejor armados del continente, como lo es en la actualidad. Eso se puede mostrar con unos pocos datos, de por sí muy reveladores: entre 1998 y 2008, unos 72.000 militares y policías de Colombia fueron adiestrados por personal de los Estados Unidos, lo que hace que Colombia sea el segundo país del mundo, después de Corea del Sur, en recibir este tipo de entrenamiento; a fines de la primera década del siglo XXI, se encontraban operando en territoriocolombiano 1.400 militares y contratistas (un eufemismo de mercenarios) de los Estados Unidos, cuando a comienzos del Plan Colombia se había dicho que solamente iban a operar unos 400; la Embajada de los Estados Unidos ha crecido de tal manera en cantidad de personal administrativo, militar y de espionaje que es la quinta más grande del mundo; el Plan Colombia ha costado, hasta 2008, 66.126 millones de dólares, incluyendo el aporte de Estados Unidos y el dinero dado por el gobierno de Colombia (cf. Otero Prada, 2010: 129ss.).

Bases militares de Estados Unidos en Colombia según
el acuerdo de 2009

Esa fue la primera fase, el Plan Colombia propiamente dicho. La segunda fase consistió en llevar la guerra interna de Colombia más allá de sus fronteras para involucrar a los países vecinos, como en efecto ha sucedido. Y la tercera fase es la de la guerra preventiva, la típica doctrina nazi-estadounidense posterior al 11 de septiembre, que se ha puesto en práctica en los últimos años, y cuyo hecho más resonante fue el ataque aleve y criminal en el Ecuador en marzo de 2008 por parte de Fuerzas Armadas de Colombia.
Algunas cifras ayudan a sopesar la magnitud de la transformación militar que ha significado el PlanColombia: el gasto militar de Colombia representa el 6,5 del PIB, una de las cifras más altas del mundo, mientras el de los países de Sudamérica oscila entre el 1,5 % y el 2 %; las Fuerzas Armadas deColombia son las que más han crecido en el continente, y quizá en el mundo, en la última década, pues hoy ya tienen cerca de medio millón de efectivos, contando todos los contingentes de aire, mar y tierra, así como la policía, que en Colombia es un cuerpo armado y depende directamente del Ministerio de Defensa; en el 2008, el ejército de tierra tenía 210.000 miembros, mientras que el de Brasil contaba con 190.000, el de Francia con 137.000, el de Israel con 125.000; la relación de efectivos del ejércitocolombiano está en proporción de seis a uno con Venezuela y de once a uno con Ecuador (cf. Isaza Delgado/Campos Romero, 2008: 3 ss.; Calle, 2008; Zibechi, 2008).
Como contraprestación a esta “ayuda militar” de los Estados Unidos, estimada en 5.525 millones de dólares entre 2001 y 2008 –que convierte a Colombia el tercer país del mundo en recibir asistencia militar de los Estados Unidos, después de Israel y Egipto–, el Estado colombiano ha respaldado cuanta aventura bélica o agresión realiza el imperialismo estadounidense: fue el único de América del Sur que apoyó abiertamente la criminal guerra y ocupación de Iraq, llegando hasta el extremo de felicitar a George Bush por su “éxito” y solicitar que, tras el proclamado fin de la guerra en mayo de 2003, fueran enviados los bombarderos yanquis a Colombia a combatir a las organizaciones guerrilleras; de este país han salido contingentes militares para participar como miembros de las tropas de ocupación en Afganistán, o como mercenarios privados en Iraq; el régimen de Uribe apoyó el golpe de Estado en Honduras (junio del 2009) y fue el primer presidente en visitar al ilegítimo Porfirio Lobo, quien sustituyó al gobierno de facto. Más recientemente, el régimen de Juan Manuel Santos ha sido el único de Sudamérica en negarse a apoyar el reconocimiento del Estado Palestino y respaldar en la práctica al sionismo genocida, con el pueril argumento de que solo apoyaría la creación de dicho Estado cuando se reanuden los diálogos entre Israel y la autoridad Palestina.
En conclusión, “el Plan Colombia, y sus otros anexos, es el mayor proyecto geoestratégico que se haya trazado para recolonizar América Latina” y la militarización ha sido “el mecanismo prioritario de Estados Unidos para ejercer su dominio económico y geopolítico” (Calloni, 2009).

III. Las bases militares de los Estados Unidos: los eslabones de una red mundial de terror

Estados Unidos tiene regadas bases militares por los cinco continentes. Con exactitud no se conoce la cantidad de bases que posee, aunque según un inventario oficial elaborado por el Pentágono, en el 2008 Estados Unidos tenía 865 bases en 46 países, en los cuales desplegaba unos 200 mil soldados. Sin embargo, algunos de los que han estudiado con detalle el asunto sostienen que el número total de bases es de unas 1.250, distribuidas en más de 100 países del mundo. La dificultar para precisar su número estriba en que en las cifras oficiales no se consideran las bases que se han instalado en Afganistán e Iraq, territorios actualmente invadidos por los Estados Unidos.
En América Latina, Estados Unidos cuenta en estos momentos con un total de 27 bases oficialmente reconocidas, incluyendo a las colombianas, y a las cuales deben agregarse otras que nunca se mencionan, pero que en la práctica operan, como tres que hay en el Perú. Esas bases son las siguientes: en América Central, se encuentran la base de Comalapa en el Salvador, la de Soto-Cano (o Palmerola) en Honduras, desde donde se planeó el golpe contra el presidente Zelalla, en Costa Rica está la base de Liberia, que dejo de funcionar un tiempo pero que volvió a operar recientemente. En América del Sur operan en Perú tres bases de las que poco se habla; en Paraguay está la base militar Mariscal Estigarribia, localizada en el Chaco, con capacidad para alojar a 20 mil soldados y se encuentra situada en un lugar estratégico, cerca de la triple frontera y al acuífero Guaraní, la reserva de agua dulce más grande del mundo; en el Caribe, existen bases en Cuba, la de Guantánamo, usada como centro de tortura; en Aruba, la base militar Reina Beatriz y en Curaçao la de Hatos. A este listado deben agregarse las 7 bases reconocidas en Colombia, cifra que es mayor, y las que se instalaran en Panamá (cf. Modak, 2009).
¿Cómo podría definirse una base militar? De manera simple puede decirse que es un lugar en donde un ejército entrena, prepara y almacena sus maquinarías de guerra. Se puede hablar, según sus funciones específicas, de cuatro tipos de bases militares: aéreas, terrestres, navales y de comunicación y vigilancia. Como el imperialismo estadounidense ve a la superficie terrestre como un inmenso campo de batalla,

las bases o instalaciones militares de diversa naturaleza están repartidas en una rejilla de mando dividida en cinco unidades espaciales y cuatro unidades especiales (Comandos Combatientes Unificados). Cada unidad está situada bajo el mando de un general. La superficie terrestre está entonces considerada como un vasto campo de batalla que puede ser patrullado o vigilado constantemente a partir de estas bases (Dufour, 2007).

Chalmers Johnson señaló que, durante el gobierno de Bush, se diseñó la estrategia de actuar contra los “Estados Canalla”, que forman un arco de inestabilidad mundial que va desde la zona andina (Colombia, Venezuela, Ecuador, Bolivia), atraviesa el norte de África, pasando por el oriente próximo hasta llegar a Filipinas e Indonesia. Este arco de inestabilidad coincide con lo que se denomina el “anillo del petróleo”, que se encuentra en gran medida en lo que antes se conocía como Tercer Mundo. Según Johnson, “el militarismo y el imperialismo son hermanos siameses unidos por la cadera… Cada uno se desarrolla con el otro. En otro tiempo, se podía trazar la extensión del imperio contando las colonias. La versión estadounidense de las colonias son las bases militares…” (Johnson, 2004).


Comandos militares de Estados Unidos en el mundo

El establecimiento de bases militares en todo el mundo, en zonas vitales desde el punto de vista económico y político, demuestra que se han ampliado las estrategias, porque ya no se trata solamente de las clásicas intervenciones que operan desde afuera para derrocar a un régimen considerado enemigo por parte de los Estados Unidos, como ha sucedido en Iraq y Afganistán. Ahora se trata de tomar posesión del territorio de un país de manera directa para contar con una fuerza militar activa que funciona en forma autónoma y con una gran capacidad operativa y en el ramo de la inteligencia. Para hacerlo posible, Estados Unidos usa sofisticada tecnología y despliega una impresionante capacidad de hacer daño a países y a territorios localizados en cualquier lugar del planeta (cf. Ruiz Tirado, 2009).
La difusión de los intereses económicos y financieros del imperialismo hasta el último rincón del planeta requiere de un respaldo militar, que se expresa en poder de fuego y en movilidad. Poder de fuego para doblegar brutalmente a sus oponentes, como Estados Unidos lo viene haciendo desde la invasión a Panamá en diciembre de 1989, y a la que han seguido las apocalípticas guerras en el Golfo Pérsico, en la antigua Yugoslavia, en Afganistán. No es casual el mismo nombre que se le ha dado a algunas de esas campañas (Conmoción y Pavor, Tormenta del Desierto) y que los voceros más cínicos de los Estados Unidos hayan dicho que cada una de esas guerras tenía la finalidad de hacer regresar a los países agredidos a la edad de piedra. Movilidad para poderse desplazar de manera rápida de las bases militares hacia los teatros de guerra, o en otros términos, desplegar la potencia militar sin restricciones en cualquier lugar de la tierra.
En este sentido, Estados Unidos dispone en la actualidad del más sofisticado y terrorífico poderío militar que se ha erigido en la historia de la humanidad, que se despliega por mar, aire y tierra. Tiene barcos de guerra, portaaviones y submarinos en todos los océanos del mundo, desde donde despegan cientos de aviones para bombardear objetivos situados a cientos e incluso miles de kilómetros de distancia. Para que todo esto sea posible es indispensable contar con una red mundial de bases militares, distribuida en todos los continentes. Esas bases se encuentran desplegadas en zonas en las que hay ejes de transporte rápido, en donde se recoge información mundial, para espiar y vigilar a sus adversarios. Esto permite disponer de una red comunicacional interconectada con aviones, ferrocarriles, carros de combate, barcos, submarinos, que cuentan con una infraestructura física vital para su funcionamiento, mediante el control de aeropuertos, puertos fluviales y marítimos, carreteras, autopistas y centrales de telecomunicaciones.
De una importancia similar a las bases militares son los portaaviones, desde donde se realizan intervenciones rápidas. Estados Unidos cuenta en la actualidad con 12 portaaviones desplegados por todos los mares del mundo. En torno a cada portaviones se constituye un grupo, esto es, una flota en la que van buques y submarinos, que lo protegen de eventuales ataques aéreos y submarinos: “Los portaviones forman la base de una enorme capacidad ofensiva aérea sin equivalente. Cada portaviones transporta 50 aviones capaces de llevar a cabo entre 90 y 170 ataques al día en función de la misión. Cada grupo contiene también 2 cruceros lanza misiles. Para tener capacidad de ataque terrestre, estos grupos son completados con tropas y vehículos anfibios” (McEjércitos, 2007).
En estas condiciones, la importancia militar de las bases instaladas en Colombia –de hecho, todo su territorio– está relacionada con la estrategia de movilidad de las fuerzas armadas de los Estados Unidos en el centro, el sur de América y en el Caribe. De manera un poco más precisa, el imperialismo estadounidense ha propuesto cuatro modelos de posicionamiento militar en nuestro continente: bases de gran tamaño,tipo Guantánamo, en donde hay instalaciones militares completas, ocupadas en forma permanente por efectivos militares y sus familias; bases de tamaño medio, como la de Palmerola, que cuenta con amplias instalaciones que están ocupadas por un personal que se renueva cada semestre; bases pequeñas, bautizadas con el eufemismo de Cooperative Security Locations (CSL), “localidades de seguridad cooperativa”, como las de Curaçao o Comalapa, en donde hay poco personal, pero tienen una importante capacidad operativa en materia de telecomunicaciones y de información, la cual es transmitida a territorio de los Estados Unidos; las bases micro, son sitios de transito que se usan para permitir el avituallamiento de los aviones, los que luego despegan hacia sus objetivos, como ejemplo de lo cual puede mencionarse la base de Iquitos, en el Perú (cf. Herren, 2009).


3. Colombia, un portaaviones terrestre de los Estados Unidos

Colombia pasó a convertirse oficialmente en un portaviones terrestre de los Estados Unidos en octubre de 2009, cuando se firmó un “acuerdo” entre los dos países, mediante el cual se establecieron 7 bases militares en el territorio. Aunque, meses después, tribunales colombianos hayan declarado la nulidad del tratado, en la práctica este ha seguido operando como si nada hubiera pasado. Por ello, es necesario recordar los elementos básicos de ese tratado, para sopesar el papel que desempeña el Estado colombiano como servidor incondicional del imperialismo estadounidense.
En ese ignominioso “acuerdo”, Colombia le conceden a Estados Unidos siete bases, distribuidas a lo largo y ancho de la geografía de Colombia, junto con otras prerrogativas que convierten a este país en un protectorado yanqui. En la práctica, hemos regresado a formas de sujeción cuasi coloniales, propias de un distante pasado, tan lejano como el que se quiso superar con las guerras de la independencia hace dos siglos.[3]
En el artículo III se detalla el alcance real de la ignominiosa entrega cuando se señala que las partes

acuerdan profundizar su cooperación en áreas tales como interoperabilidad, procedimientos conjuntos, logística y equipo, entrenamiento e instrucción, intercambio de inteligencia, capacidades de vigilancia y reconocimiento, ejercicios combinados, y otras actividades acordadas mutuamente, y para enfrentar amenazas comunes a la paz, la estabilidad, la libertad y la democracia.

Así mismo,”se comprometen a fortalecer y apoyar iniciativas de cooperación regionales y globales para el cumplimiento de los fines del presente Acuerdo”. Es necesario subrayar que está incluido prácticamente todo con esa afirmación tan etérea de “otras actividades acordadas mutuamente”, entre las cuales podían incluirse acciones como las de bombardear otro país, como le sucedió a Ecuador el primero de marzo de 2008, lo cual se reafirma con aquello de “fortalecer y apoyar iniciativas de cooperación regionales”, entre las que pueden involucrarse todos los hechos ilegales que se libran en estos momentos desde Colombia contra países.
Desde hace ya varios años, mucho antes del acuerdo formal de 2009, venían operando bases militares de los Estados Unidos en diversos lugares de la geografía colombiana, entre las que cabe recordar las de Tres Esquinas y Larandia en el sur del país. Y eso sin contar con que militares y mercenarios de los Estados Unidos hacia presencia en gran parte de las instalaciones militares del Ejército colombiano, como en las de Tolemaida y Palanquero.


• bases militares de EE.UU • metales estratégicos

Al observar el mapa, se constata que estas bases se encuentran distribuidas en puntos estratégicos del territorio colombiano, tanto en las dos costas como en zonas selváticas y en pleno centro del país. Dados la velocidad de los aviones militares de los Estados Unidos y el radio de acción de la tecnología satelital empleada para espiar a miles de kilómetros de distancia, puede concluirse, sin mucho esfuerzo, por qué se dice que Colombia se ha convertido en el portaaviones terrestre del imperialismo estadounidense. Esto, por desgracia, no es una figura retórica, sino que es una terrible realidad, máxime si se añade que existen otras instalaciones militares que desde hace tiempo son manejadas por los Estados Unidos, como acontece con la base de Marandua, cerca de la frontera venezolana. Algo similar ocurre con las bases de Tres Esquinas y Larandia, ubicadas en el Departamento de Caquetá, que han sido utilizadas para operaciones aéreas y de inteligencia de las fuerzas armadas de los Estados Unidos y desde donde salen los aviones que fumigan con glisfosato las parcelas de indígenas y campesinos en el sur del país.
El pretexto estadounidense de que las bases militares en Colombia no van a ser usadas para agredir, espiar y atacar a otros países de la región, sino que su objetivo es combatir el narcotráfico no resiste la menor prueba empírica, como lo demuestra el Plan Colombia. Este, en apariencia diseñado para combatir el narcotráfico, tras una década de operación y con unos gastos de miles de millones de dólares, no ha logrado disminuir el cultivo de hoja de coca, sino que la ha expandido y llevado a sitios en donde hace 10 años no se daba. Hoy Colombia cuenta con más de 100 mil hectáreas sembradas de hoja de coca y desde aquí se exportan unas 900 toneladas de cocaína cada año.
En cuanto a la importancia estratégica de estas bases para los Estados Unidos, el mejor ejemplo es el de Palanquero. Esta “base expedicionaria, tiene la capacidad de albergar C-17, aviones de transportes, y para 2025 se prevé que esta base tenga la capacidad de movilizar a 175.000 militares con sus pertrechos en apenas 72 horas” (cit. en Machado, 2009). Palanquero posee una pista de 3 kilómetros de largo, de la que pueden despegar de manera simultánea tres aviones cada dos minutos; cuenta con hangares para una centena de aviones y puede albergar hasta 2000 militares. El llamado Libro Blanco del año 2009, sin ambigüedades afirma sobre Palanquero:

Recientemente, el Comando Sur (USSOUTHCOM) ha tomado interés en establecer una localidad en el continente suramericano que pudiera utilizarse tanto para las operaciones antidroga como para operaciones de movilidad. En consecuencia, con la ayuda del AMC y el Comando de Transporte, el Comando Sur ha identificado Palanquero, Colombia (base aérea Germán Olano, (SKPQ)) como una localidad de seguridad de cooperación (CSL). A partir de esta localidad cerca de la mitad del continente puede cubrirse con un C17 sin reabastecimiento.
De haber suministro adecuado de combustible en el destino, un C17 puede abarcar todo el continente exceptuando la región de Cabo de Hornos en Chile y Argentina. Mientras el Comando Sur defina un sólido plan de compromiso de teatro, la estrategia de establecer una localidad de cooperación en Palanquero debería ser suficiente para el alcance de movilidad aérea en el continente suramericano[4].

IV. Algunas razones que explican la implantación de bases de Estados Unidos en Colombia

Para terminar, vale la pena indagar las razones que explican la implantación de bases militares de Estados Unidos en territorio colombiano. Hay por lo menos tres hechos básicos: el interés de Estados Unidos en apoderarse del petróleo de Venezuela y de los recursos naturales de la región Andino-Amazónica; la pretensión de sabotear los intentos de unidad de América Latina, en especial el ALBA; y el interés en impedir la consolidación de procesos nacionalistas en ciertos países de la región. Por supuesto, estos hechos no operan en forma aislada, sino que se encuentran entrelazados, porque uno no se entiende sin el otro. En pocas palabras, no pueden verse de manera separada, puesto que para conseguir uno de ellos se precisa, en el caso de la estrategia de los Estados Unidos, de la consecución de los otros dos. Así, por ejemplo, volver a controlar de manera plena el petróleo de Venezuela requiere revertir la revolución bolivariana, encabezada por Hugo Chávez, y de eso se desprende liquidar los proyectos de integración, como el ALBA.

1. El petróleo de Venezuela y otros recursos naturales de la región

La imposición de las bases en una zona estratégica como Colombia apunta al control, por parte de los Estados Unidos, de importantes recursos naturales que se encuentran en la zona andino-amazónica, empezando por el petróleo. Al respecto sobresale Venezuela, que cuenta con importantes reservas de crudo, que lo ubican entre los primeros productores a nivel mundial. Aunque Venezuela no ha suspendido la venta de petróleo a Estados Unidos, el gobierno de Hugo Chávez ha desempeñado un importante papel en diversos planos, tanto a nivel local como mundial, en el manejo del recurso petrolero a favor de la población venezolana. En ese sentido, se destaca su activo papel en revivir a la OPEP, lo que ha incido en el mejoramiento del precio del barril de petróleo en el mercado mundial, su exigencia a las empresas multinacionales para que paguen mejores regalías y respeten las leyes nacionales de Venezuela y la venta de petróleo a precios subsidiados a Cuba, Haití y otros países de la región. Estas determinaciones han chocado a Estados Unidos, por el nivel de independencia y soberanía que representan si se les compara con la política de sumisión petrolera de gobiernos como los de México o Colombia.
Además, debe tenerse en cuenta que, en estos momentos de agotamiento del petróleo a nivel mundial, Estados Unidos, el principal consumidor de hidrocarburos, depende en gran medida de los recursos materiales y energéticos que se encuentran fuera de su territorio. Como, al mismo tiempo, no está dispuesto a modificar su nivel de vida, basado en el consumo intensivo de energía fósil, libra en la práctica una guerra mundial por el control de los recursos del mundo. Y en esa guerra no declarada ni reconocida, Venezuela juega un papel de primer orden, por la magnitud de sus reservas. Al respecto, en un estudio reciente del Servicio Geológico de los Estados Unidos, se calcula que la franja del Orinoco tiene unos 513.000 millones de barriles, casi el doble de reservas de petróleo que Arabia Saudita, el primer productor mundial de crudo en la actualidad y hasta ahora poseedor de las que se consideraban las reservas más grandes del mundo, con 266.000 millones de barriles. Resulta significativo que la evaluación de un organismo de los Estados Unidos concluya que en Venezuela se encuentran las reservas más grandes de petróleo del mundo y que, además, sea la mayor estimación que hasta la fecha se ha hecho sobre cualquier lugar del mundo.[5]
Esto pone de relieve la importancia estratégica de Venezuela para los Estados Unidos, como lo vienen manifestando desde hace algún tiempo diversos ideólogos y portavoces del complejo militar-industrial-petrolero de la primera potencia mundial. Las afirmaciones más enfáticas las hizo el senador republicano Paul Coverdale, primer ponente del Plan Colombia, quien aseguró en 1998 que “para controlar a Venezuela es necesario ocupar militarmente a Colombia”. En 2000, este mismo personaje reafirmó con más detalles:

Aunque muchos ciudadanos teman otro Vietnam, resulta necesario, porque Venezuela tiene petróleo. Venezuela tiene animadversión por Estados Unidos, éste debe intervenir en Colombia para dominar a Venezuela. Y puesto, que Ecuador también resulta vital, y los indios de allí son peligrosos, los Estados Unidos, también tienen que intervenir ese país. [...] Si mi país está librando una guerra civilizadora en el remoto Iraq, seguro estoy que también puede hacerlo en Colombia, y dominarla a ella y a sus vecinos: Venezuela y Ecuador (cit. en Pereyra, 2009).

Esto mismo ha sido ratificado en forma más reciente en un documento redactado por el Comando Sur del Pentágono en el que se indica sin muchos rodeos:

De acuerdo con el Departamento de Energía, tres naciones, Canadá, México y Venezuela, forman parte del grupo de los cuatro principales suministradores de energía a EEUU, los tres localizados dentro del hemisferio occidental. De acuerdo con la Coalition for Affordable and Reliable Energy, en las próximas dos décadas EEUU requerirá 31 % más producción de petróleo y 62 % más de gas natural, y América Latina se está transformando en un líder mundial energético con sus vastas reservas petroleras y de producción de gas y petróleo (cit. en Saxe-Fernández, 2009).

Por supuesto, no solo está en la mira el petróleo de Venezuela, sino que Estados Unidos también desea controlar y apoderarse de otros recursos naturales que se encuentran en los países de la región andino-amazónica, entre los que pueden mencionarse el gas de Bolivia, el petróleo de Ecuador, el agua, la biodiversidad y los recursos forestales de Colombia y Brasil y todo aquello que sea susceptible de extraerse y mercantilizarse para provecho del imperialismo y sus empresas, como los saberes indígenas de los milenarios habitantes de selvas y bosques de América Central y Sudamérica.

2. Destruir los proyectos de unidad regional

Laconstrucción de una nación que integraría los antiguos territorios del imperio español, como forma de asegurar su prosperidad y enfrentar y resistir las ambiciones expansionistas de diversos imperios, de Europa y de los nacientes Estados Unidos, se constituyó en uno de los sueños más anhelados de los más preclaros líderes de la independencia en nuestro continente. Desde un primer momento, esos intentos de unidad naufragaron por diversas razones, entre ellas la constitución de poderes locales de tipo caudillista y la acción soterrada o abierta de grandes potencias que siempre se han basado en la lógica de “dividir para reinar”. En tiempos recientes, y con un gran empuje del gobierno bolivariano de Venezuela, se ha hecho revivir un proyecto de integración que se ha plasmado en la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), que representa el proyecto de unidad económica, política y cultural más importante de todos los que se han realizado en nuestra América desde los tiempos de la Gran Colombia. Así mismo, en estos momentos también existen otras propuestas de unidad, como la de El Mercado Común del Sur (MERCOSUR), la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y últimamente la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).
Como es de suponer, estos procesos de integración, surcados por múltiples dificultades y contradicciones internas, no son muy bien recibidos por Washington y sus socios más arrodillados, como lo demuestra el caso de Honduras, donde se perpetró un golpe contra su presidente constitucional, que tenía entre sus objetivos principales impedir la vinculación efectiva de ese país al ALBA, como lo lograron porque el régimen golpista, formado por servidores incondicionales de Estados Unidos, retiró a Honduras de ese acuerdo meses después. Esto indica, a través del caso de un país cuyos gobernantes siempre han sido incondicionales a los Estados Unidos, que para el imperialismo y sus multinacionales la existencia del ALBA es un trago amargo difícil de digerir y están dispuestos a realizar todo tipo de maniobras para sabotear este proyecto de integración.
En ese propósito de torpedear dicha integración, en la que participan países de la zona andina como Venezuela, Ecuador y Bolivia, el régimen colombiano juega un papel de primer orden, como ya lo ha demostrado fehacientemente. Esto se evidencia con algunos hechos que vale la pena recordar: la atomización de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), que obligó a Venezuela a retirarse de este acuerdo, cuando Colombia, junto con Perú, decidieron impulsar Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos en 2006, negociando de manera bilateral, sin consultar a los otros miembros, y violando en la práctica los compromisos contraídos con antelación de no entablar acuerdos en forma separada; el bombardeo a territorio ecuatoriano el primer día de marzo de 2008 y la campaña de calumnias e infundios que desde entonces se ha propagado desde las altas esferas del gobierno, del ejército y de la “gran prensa” de Colombia, no solo para justificar ese hecho ilegal y criminal, sino para enlodar a los gobiernos de Ecuador y de Venezuela, además del anuncio reiterado que se volverían a realizar agresiones similares cuando lo consideren necesario; las reiteradas incursiones de grupos paramilitares, procedentes de Colombia, en los territorios de otros países con el fin de causar pánico y aterrorizar a los ciudadanos colombianos que huyeron de nuestro país o de advertir sobre lo que están dispuestos a hacer con los vecinos; el racismo contra la población humilde de Ecuador y Venezuela (indígenas, afrodescendientes y mulatos) que destilan representantes de las clases dominantes de Colombia y que reproducen sus medios de comunicación.

3. Saboteo a los procesos nacionalistas en marcha

La implantación de las bases militares en Colombia también está relacionada de manera directa con la decisión del gobierno de los Estados Unidos, y de sus lacayos de América del Sur, de oponerse a los gobiernos nacionalistas que han surgido en varios países de la región en los últimos años. Sobre el particular, un documento de mayo de 2009 de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos enfatiza la importancia de la base de Palanquero, en el centro de Colombia, al recalcar que

nos da una oportunidad única para las operaciones de espectro completo en una subregión crítica en nuestro hemisferio, donde la seguridad y estabilidad están bajo amenaza constante por las insurgencias terroristas financiadas con el narcotráfico, los gobiernos antiestadounidenses, la pobreza endémica y los frecuentes desastres naturales (Blair, s/a).

Se agrega en este mismo documento que la base de Palanquero, por su capacidad, excelente ubicación y buena pista, significa ahorrar costos, y su aislamiento relativo “minimizará el perfil de la presencia militar estadounidense”. Con ello, se mejorará

la capacidad de EEUU para responder rápidamente a una crisis, y asegurar el acceso regional y la presencia estadounidense con un costo mínimo. Palanquero ayuda con la misión de movilidad porque garantiza el acceso a todo el continente de Suramérica con la excepción de Cabo de Hornos, si el combustible está disponible, y más de la mitad del continente sin tener que reabastecer (Golinger, 2009).

En cuanto a las cuatro razones mencionadas por las cuales se justifica el establecimiento de la base de Palanquero (lucha contra lo que Estados Unidos denomina “terrorismo” y narcotráfico, gobiernos antiestadounidenses, pobreza y desastres naturales) en muy poco tiempo la ocupación armada de Haití por los Estados Unidos ha saldado cualquier discusión, pues los hechos han venido a mostrar el verdadero alcance del intervencionismo de los Estados Unidos, aunque éste no haya sido hecho desde Palanquero, pero si indica lo que les espera a los países de la región en un futuro inmediato. En efecto, después del devastador terremoto natural que asoló a la empobrecida isla caribeña, que se sumó al terremoto social y económico provocado por el capitalismo y el imperialismo desde hace décadas, Estados Unidos, en lugar de enviar ayuda sanitaria, alimenticia o económica para socorrer a los millones de damnificados, desembarcó más de 20 mil marines, y se convirtió en una fuerzade facto con el pretexto de mantener el orden. En realidad, esa ocupación está relacionada con otras razones de tipo estratégico: convertir a Haití en otro portaviones terrestre para desde allí espiar y preparar agresiones contra los países de la región; asegurarse el control de posibles yacimientos de minerales y de petróleo que pudieran encontrarse en el subsuelo de ese país; evitar la migración masiva hacia los Estados Unidos de los haitianos que tratan de huir de la miseria y la desolación; y, facilitar el establecimiento de maquilas para las multinacionales, aprovechando una fuerza de trabajo casi gratuita. Estas son algunas de las consecuencias que se desprenden de las intervenciones imperialistas que se justifican a partir de lo que los Estados Unidos denominan, en forma eufemística, “desastres naturales”.
Por otro lado, en documentos oficiales de diversas instancias del gobierno de los Estados Unidos, que son reproducidos de forma inmediata por las clases dominantes de Colombia y por la prensa del país y del continente, se acusa a los gobiernos de Venezuela, Ecuador y Bolivia de múltiples delitos: entorpecer la lucha contra las drogas, que supuestamente llevaría a cabo Estados Unidos; haberse convertido en refugio de “terroristas” de toda laya, llegando incluso a fabricar mentiras sobre la supuesta presencia de grupos terroristas procedentes del Medio Oriente en la Guajira venezolana o asegurar que en Venezuela se estarían preparando armas nucleares y mil embustes por el estilo; en esos países no se respetaría la libertad de prensa y se habrían convertido en regímenes dictatoriales, que se oponen a la libre empresa y a la propiedad privada. Para citar solo un ejemplo reciente, recordemos que en febrero de 2010 Denis Blair, Director Nacional de Inteligencia de Estados Unidos, señaló en forma irresponsable que el presidente venezolano y sus aliados, y menciona en forma concreta a Cuba, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, se opondrán “a toda iniciativa estadounidense en la región, entre ellas, la expansión del libre comercio, el entrenamiento militar, la cooperación antidrogas y antinarcóticos, iniciativas de seguridad e incluso programas de asistencia”. Dicha oposición, según el vocero de los Estados Unidos, se explica porque el presidente Hugo Chávez ha impuesto “un modelo político populista y autoritario en Venezuela que mina las instituciones democráticas” (cf. Blair, s/a).
Todas estas mentiras están inscritas en la llamada guerra de cuarta generación que en estos momentos Estados Unidos, vía el gobierno colombiano, libra de manera directa contra Venezuela y Ecuador. En este tipo de guerra, el gobierno de Estados Unidos pretende mantenerse al margen para dar la impresión que no está involucrado, recurriendo a gobiernos títeres, como el de Colombia, para adelantar todas las acciones criminales de saboteo y desestabilización interna en los países que han adoptado proyectos revolucionarios o nacionalistas. Por eso, no resulta extraño que desde el mismo momento de implantación de esos gobiernos, Estados Unidos esté operando desde Colombia, y con la directa participación de la oligarquía de este país para impedir la consolidación de los procesos revolucionarios en marcha. Desde luego, que esa oligarquía tiene sus propios intereses porque considera como un muy mal ejemplo que se llegaran a fortalecer gobiernos nacionalistas, que pudieran convertirse en un incentivo para los sectores populares de Colombia, y para ello han librado con toda la premeditación y mentira del caso una campaña mediática de infundios y mentiras entre la población pobre, en la que se recurre a las calumnias racistas contra los presidentes de varios países de la región, entre ellos Venezuela, Ecuador y Bolivia.
En este tipo de guerra irregular, no reconocida ni declarada nunca, pero tan mortífera como las guerras convencionales, la oligarquía colombiana se ha valido de todas las armas, que van desde la calumnia y la amenaza pública contra los gobiernos de la región, pasando por su intento, por lo demás risible, de acusar a Hugo Chávez y Rafael Correa como terroristas ante la ONU u otras instancias internacionales, hasta llegar a la organización y financiación de grupos de paramilitares que han incursionado en territorio venezolano y que incluso han participado en acciones criminales en ese país, incluyendo un intento de atentar contra el presidente venezolano en 2005.
Que Estados Unidos sigue pensando en términos de guerra irregular ha quedado demostrado con la publicación de un Manual de Contrainsurgencia en 2009. El título podría verse a primera vista como desfasado, puesto que este tipo de manuales eran propios de la época de la Guerra Fría. Pero no hay tal desfase. Ese manual apunta a reforzar la idea que Estados Unidos se tiene que seguir enfrentando a enemigos irregulares, y lo más preocupante para Colombia y América Latina estriba en que a todos los mete en un mismo saco. En efecto, en ese texto se sostiene que no hay diferencias entre narcotráfico, terrorismo y movimientos guerrilleros; afirmación que se sustenta en el hecho de que todas las organizaciones irregulares comparten las mismas tácticas y estrategias y mecanismos de financiación. Este nuevo rostro que la contrainsurgencia tiene un terrible impacto, porque en esa lógica predomina una visión exclusivamente militar y se renuncia a reformas sociales, económicas y políticas, todo lo cual está inscrito en la lógica de guerra permanente y preventiva. Pero, además, al identificar como similares a grupos guerrilleros con terroristas y narcotraficantes, lo que Estados Unidos justifica es su involucramiento directo en las luchas internas, que responden a condiciones política, que libran grupos que tienen sus propios presupuestos ideológicos. Eso, sencillamente, es echarle leña al fuego, porque una cosa es financiar, preparar y armar al ejército de un Estado, lo que Estados Unidos viene haciendo desde hace 60 años, a intervenir militarmente en forma abierta en un territorio extranjero, en un país al cual no se le ha declarado la guerra. Desde luego, que Estados Unidos ha intervenido de esta forma, pero eso se hacía en forma soterrada y clandestina; lo que ahora se plantea es hacerlo de manera directa, lo que supone ampliar la noción de campo de batalla a todo el mundo (cf. Egremy, 2009). Esto quiere decir que Estados Unidos ha decidido considerar que la guerra irregular adquiera tanta importancia como la guerra convencional, y por ello deberá identificar sus potenciales enemigos no estatales y estatales que se conviertan en peligros para la seguridad de los Estados Unidos y atacarlos en sus propios territorios. Con esto tenemos que a un país como Colombia ya no solo van a venir mercenarios y asesores que, formalmente no intervienen en las batallas, sino que en determinados momentos pueden llegar a desembarcar marines.

Bibliografía
Blair, Dennis, “Latinoamérica, amenazada por crimen y populismo”. En: noticias.latino.msn. com/ latinoamerica/articulos.aspx?cp.
Calle, Fabián, “La crisis Venezuela-Colombia: las capacidades militares que esconden las palabras” (4/3/2008). En:http://www.nuevamayoria.com/index.php?option=com_content&task=view&id=346&Itemid=1 (último acceso: 2/3/2013.
Calloni, Stella, “Expansión militar de Estados Unidos: Golpe en Honduras y bases en Colombia” (27/8/2009). En:http://www.terrorfileonline.org/es/index.php/Stella_Calloni._Expansi%C3%B3n_militar_de_Estados_Unidos:_Golpe_en_Honduras_y_bases_en_Colombia(último acceso: 2/3/2013).
Ceceña, Ana Esther, “Estrategias de construcción de una hegemonía sin límites”. En: Ceceña, Ana Esther (coord.), Hegemonías y emancipaciones en el siglo XXI. Buenso Aires: CLACSO, 2004.
Chiani, Ana María, “Plan estratégico de Estados Unidos para América Latina y el Caribe” (13/7/2009). En:http://www.observanto.com/site/notas/147/EEUU-plan-estrategico-para-Amer... (último acceso: 2/3/2013).
Dieterich, Heinz, Las guerras del capital. De Sarajevo a Irak. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2003.
Diez Canseco, Javier, “América Latina: territorio en disputa”. En: America Latina en movimiento (2007). En:http://alainet.org/active/16636&lang=es (último acceso: 2/3/2013).
Dufour, Jules, “La Red Mundial de Bases Militares de los EE.UU. Los fundamentos del terror de los pueblos o los eslabones de una red que aprisiona la humanidad”. (10/4/2007). En: www.avizora.com/.../0025_bases_militares_de_estados_unidos.htm (último acceso: 2/3/2013).
Egremy, Nydia, “Contrainsurgencia para el siglo XXI”. En: Rebelión 1 (julio de 2009). En: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=87880 (último acceso: 2/3/2013).
García Cuñarro, Luis M., “El globalismo militar de los Estados Unidos, en”. En: www.cubasocialista.cu/texto/defensa/cssd001.htm.
Golinger, Eva, “Documento oficial de la Fuerza Aérea de EEUU revela las verdaderas intenciones detrás del Acuerdo Militar con Colombia” (6/11/2009). En: http://www.aporrea.org/tiburon/a89582.html (último acceso: 2/3/2013).
–, “Guerra irregular contra Venezuela” (2010). En: http://elsudamericano.wordpress.com/guerra-irregular-la-nueva-doctrina-i... (último acceso: 2/3/2013).
Herren, Gustavo, “Colombia y la 'movilidad' militar de Estados Unidos en América del Sur y África” (28/8/2009). En:http://centroschilenos.blogia.com/2009/082904-colombia-y-la-movilidad-militar-de-estados-unidos-en-america-del-sur-y-africa.php (último acceso: 2/3/2013).
Isaza Delgado, José Fernando / Campos Romero, Diógenes, “Algunas consideraciones cuantitativas sobre la evolución del conflicto en Colombia”. En: Revista de Economía Colombiana 322 (febrero de 2008), pp. 3ss.
Johnson, Chalmers, “El imperio estadounidense de las bases” (febrero de 2004). En: http://www.nodo50.org/moc-carabanchel/documentos/yanki/imperio_bases.htm (último acceso: 2/3/2013).
Klare, Michael, “La estrategia energética Bush-Cheney: Los cuatro rincones del petróleo”. En:http://www.mundoarabe.org/estados_unidos_y_el_petr%C3%B3leo.htm (último acceso: 2/3/2013).
–, “La nueva misión crucial del Pentágono I y II” (19/10/2004). En: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=6312 (último acceso: 2/3/2013).
“McEjércitos: ¿Qué es la globalización de la guerra?” (18/2/2007). En: www.nodo50.org/antimilitaristas/spip.php?article3121(último acceso: 2/3/2013).
Machado, Decio, “Los planes militares de Estados Unidos en Latinoamérica” (24/10/2009). En: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=93840(último acceso: 2/3/2013).
Modak, Frida, “¿Para qué 20 bases militares de EE.UU.?” (1/12/2009). En: http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article666&debut_articles_rubrique=90 (último acceso: 2/3/2013).
Mosaddeq Ahmes, Nafeez, “El ejército de USA considera una revisión del mapa de Oriente Próximo para conjurar una próxima crisis global” (11/9/2006). En: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=37401 (último acceso: 2/3/2013).
Otero Prada, Diego. El papel de Estados Unidos en el conflicto armado colombiano. De la Doctrina Monroe a la cesión de siete bases militares.Bogotá: Ediciones Aurora, 2010.
Pereyra, Gentileza Mario, “Senador de EEUU planteó hace 9 años la ocupación militar de Colombia para controlar a Venezuela” (28/8/2009). En:http://lists.econ.utah.edu/pipermail/a-list/2009-August/040622.html (último acceso: 2/3/2013).
Ruiz Tirado, Wladimir, “La tendencia militarista del imperio: uribismo y pentagonismo se dan la mano”. En: Rebelión (18/9/2009). En:www.rebelion.org/noticia.php?id=91666 (último acceso: 2/3/2013).
Saxe-Fernández, John, “América Latina: ¿Reserva estratégica de Estados Unidos?” (25/4/2009). En:bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/osal/osal25/02sax.pdf (último acceso: 2/3/2013).
Schmitt, Jutta, “Guerra de Cuarta Generación: Trastornando nuestras mentes hacia la sumisión total”. (25/8/2009). En:http://old.kaosenlared.net/noticia/guerra-cuarta-generacion-trastornando-nuestras-mentes-hacia-sumision-t (último acceso: 2/3/2013).
Zibechi, Raúl, “Crisis militar en Sudamérica: Los frutos del Plan Colombia” (10/3/2008). En: http://www.cipamericas.org/es/archives/1417(último acceso: 2/3/2013).
-------------------

Vega Cantor, Renán. Historiador. Profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional de Bogotá,Colombia. Doctor de la Universidad de París VIII. Diplomado de la Universidad de París I, en Historia de América Latina. Autor y compilador de los libros Marx y el siglo XXI (2 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 1998-1999; El Caos Planetario, Ediciones Herramienta, 1999; Gente muy Rebelde (4 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 2002; Neoliberalismo: mito y realidad; Entre sus últimos trabajos podemos mencionar: Los economistas neoliberales, nuevos criminales de guerra: El genocidio económico y social del capitalismo contemporáneo (2010). La República Bolivariana de Venezuela le entregó en 2008 el Premio Libertador por su obra Un mundo incierto, un mundo para aprender y enseñar. Dirige la revista CEPA (Centro Estratégico de Pensamiento Alternativo). Es integrante del Consejo Asesor de la Revista Herramienta, en la que ha publicado varios de sus trabajos.

jueves, 2 de agosto de 2012

COLOMBIA: Gobierno de Santos no ha explicado por qué EEUU hace inversiones en bases militares de Colombia

GOBIERNO DE SANTOS NO HA EXPLICADO POR QUÉ E.U. HACE INVERSIONES EN BASES MILITARES DE COLOMBIA

No son satisfactorias las explicaciones dadas por el ministro de Defensa, Rodrigo Rivera, sobre las inversiones militares de Estados Unidos en bases colombianas, afirmó el senador por el Polo Democrático Alternativo (PDA), Jorge Enrique Robledo,al pedirle de nuevo al alto funcionario aclarar varias y graves inconsistencias.

La Coalición Colombia No Bases, en cuyas investigaciones se ha respaldado Robledo, también señaló que el gobierno no ha explicado con seriedad por qué Estados Unidos dice tener bases militares en el territorio nacional.

El ministro colombiano describe como "simple adecuación de alojamientos" y "otras construcciones menores" el contrato suscrito el 30 de septiembre de 2010 con la empresa HCS Group. Pero según información del gobierno estadounidense, el contrato tiene que ver con la prestación de servicios una AOB (Advanced Operations Base) que el Comando Sur de Estados Unidos tiene en Tolemaida, como consta en la página www.usaspending.gov. El senador Robledo explicó que "una AOB es una base militar para comandar, controlar o apoyar operaciones tácticas o de entrenamiento". Hay otro contrato para llevar a cabo "instalaciones adicionales de una AOB" en la misma base colombiana de Tolemaida. Los dos suman más de 500 mil dólares, cifra exageradamente alta para hacer menores adecuaciones.


Hay un tercer contrato, por más de 400 mil dólares, para obras de la fase 1 de una CSL (Cooperative Security Location), otro tipo de bases militares que instala Washington a lo largo del mundo. Y existen otros contratos que nada tienen que ver con la construcción de obras menores.

La Corte Constitucional tumbó en agosto de 2010 el acuerdo suscrito por los dos gobiernos para construir siete bases militares estadounidenses dentro de bases colombianas, por lo que la actuación del gobierno de Juan Manuel Santos es manifiestamente ilegal.

El senador del Polo Democrático pidió también esclarecer por qué hay una diferencia de cien millones de dólares entre las cifras suministradas por el Ministerio de Defensa colombiano y las que figuran en los contratos celebrados por Estados Unidos para "cooperación bilateral".

NUEVO CUESTIONARIO DE ROBLEDO A MINDEFENSA

A continuación el texto de la carta enviada por el senador Robledo al Ministro de Defensa solicitándole que le responda un nuevo cuestionario sobre las inversiones del gobierno norteamericano en bases militares colombianas:


Bogotá, 28 de febrero de 2011


Doctor
RODRIGO RIVERA
Ministro de Defensa
Ciudad


Ref.: Las explicaciones sobre las inversiones militares de Estados Unidos en bases militares
colombianas no son satisfactorias.

Atento saludo,

El pasado 22 de febrero recibí sus respuestas sobre los contratos que Estados Unidos ha firmado para ser ejecutados en bases militares colombianas. Debo señalarle, señor Ministro, que las explicaciones no son satisfactorias.

Usted afirma que "no corresponde al Gobierno de Colombia vigilar o supervisar la ejecución de los contratos celebrados por el Gobierno de Estados Unidos, en ejecución de los acuerdos de cooperación bilateral". Y agrega que para responder las preguntas sobre estos contratos primero el Ministerio de Defensa Nacional tuvo que hacer algunas averiguaciones. Me parece muy grave que el gobierno nacional no controle ni vigile la ejecución de estos contratos, más cuando estos se ejecutan en bases militares colombianas.

En cuanto al contrato que el Ejército de Estados Unidos celebró el 30 de septiembre de 2010 con la empresa HCS Group P.C., me explica Usted que su objeto es construir "las adecuaciones de las instalaciones y alojamientos del Batallón de Comandos del Ejército -BACOA en Tolemaida". Y agrega que "esta obra también incluye construcciones menores de alojamientos para hasta 18 instructores".

Sin embargo, de acuerdo con la información publicada en la página usaspending.gov, el objeto de este contrato está relacionado con una AOB (Advanced Operations Base) ubicada en la Base de Tolemaida y controlada por el Comando Sur de Estados (Anexo 1). Un segundo contrato (Anexo 2) cuya descripción es "instalaciones adicionales AOB, Tolemaida, Colombia". Una AOB, señor Ministro, es una base estadounidense para comandar, controlar o apoyar operaciones tácticas o de entrenamiento, por lo que su respuesta no se corresponde con la descripción que el gobierno de Estados Unidos hace del contrato en mención.

Además, los dos contratos suman un valor de USD$587.083, cifra que me parece demasiado alta para la simple adecuación de alojamientos. Por esta razón, en el cuestionario que anexo le solicito que me informe de manera detallada en qué consisten estas adecuaciones.

Sobre los demás contratos militares que Estados Unidos ha celebrado y que se están ejecutando o se ejecutarán en Colombia, su respuesta se limita a señalar que "las obras a construir son solicitadas por el Gobierno de Colombia, con el objeto de fortalecer las capacidades de las fuerzas militares" y explica que el fundamento legal de dichas obras es el Apéndice 9 al Anexo de 2004 del Convenio General para la Ayuda Económica, Técnica y Afín de 1962.

Al respecto debo señalar que, de acuerdo con la información publicada por el gobierno de Estados Unidos, estos contratos no se limitan a la construcción de obras. Por ejemplo, hay un contrato que el gobierno de Estados Unidos describe como "fase 1 de una Cooperative Security Location" (CSL). Como Usted bien lo sabe, se le da el nombre de CSL a una de las bases militares que Estados Unidos instala como parte de su estrategia de defensa global y que requiere la presencia permanente e integrada de personal militar norteamericano en el país. Este contrato tiene que ver entonces con la construcción de una base militar estadounidense en el territorio colombiano, situación abiertamente ilegal. Y el monto es de USD$400,722, lo que evidencia que no se trata de una construcción menor.

En las publicaciones del gobierno de Estados Unidos se detallan otros contratos cuyo objeto no es la construcción. La descripción de uno de ellos es "Afghanistan Rotary Wing airlift" (Anexo 4), por lo que la pregunta obvia es: ¿Por qué el Departamento de Defensa está ejecutando contratos en Colombia relacionados con Afganistán?

Por último, señor Ministro, las cifras que Usted me suministra sobre la inversión militar estadounidense en Colombia no cuadran. Porque según su respuesta, entre 2000 y 2010 el presupuesto asignado por Estados Unidos a la cooperación bilateral es de USD$6.466.108, pero la suma de los contratos incluidos en el listado que anexo en un CD es de USD$103.207.607, una diferencia de casi cien millones de dólares.

Por las razones expuestas, adjunto un cuestionario sobre estos contratos y otros temas relacionados con la presencia militar de Estados Unidos en Colombia.

La presente solicitud se fundamenta en el artículo 258 de la Ley 5ª de 1992.

Agradezco su atención.

Cordialmente,

JORGE ENRIQUE ROBLEDO
Senador de la República

CUESTIONARIO
1. ¿En la base militar de Tolemaida funciona una Advanced Operations Base (AOB) de Estados Unidos? Favor sustentar su respuesta teniendo en cuenta que existen dos contratos del Departamento de Defensa que se refieren a una AOB en esta base colombiana (Anexos 1 y 2).

2. Remitir un informe sobre el objeto y la ejecución de los contratos descritos en los anexos 1 y 2 y señalar cuáles son los fundamentos jurídicos de los mismos.

3. Remitir un informe que detalle cuáles son las actividades que adelantan los militares estadounidenses en la base de Tolemaida. Incluir el número de personal militar, civil y contratista de Estados Unidos que tienen presencia en estas instalaciones, el control que el gobierno colombiano ejerce sobre ellos y las empresas privadas a las que pertenecen los contratistas.

4. Remitir un informe de las obras y adecuaciones que ha realizado el personal militar, civil y contratista estadounidense en la base de Tolemaida en los últimos diez años.

5. ¿En Colombia existe una Cooperative Security Location (CSL) de Estados Unidos? Favor sustentar su respuesta teniendo en cuenta que un contrato del Departamento de Defensa se describe como Fase 1 de una CSL (Anexo 3).


6. Favor informar en detalle el objeto y ejecución del contrato descrito en el anexo 3.

7. ¿En qué consiste el contrato descrito en el anexo 4 que el gobierno de Estados Unidos describe con la frase "Afghanistan Rotary Wing airlift"? Favor remitir un informe que detalle su objeto y ejecución.

8. Favor remitir un informe que explique en detalle el objeto y ejecución de los siguientes contratos que se anexan:

Descripción Monto (USD) Anexo

Other direct costs option 3 $6,212,672 5

Tolemaida Aviation $5,507,666 6

Transportation Battalion Marine $1,771,799 7

Base Malagana Colombia

Infrastructure Larandia Towers $749,726 8

Services for Transportation $146,260 9

BattalionMarine Base at Malagana

9. ¿Por qué existe una diferencia de más de cien millones de dólares entre la cifra que usted me envía en la respuesta 4 y la sumatoria de los montos de los contratos incluidos en el listado que anexo en un CD?

10. En la respuesta número 2, Usted señala que Colombia cumple con sus obligaciones derivadas de los "acuerdos de cooperación bilateral con el Gobierno de Estados Unidos mediante el presupuesto de las Fuerzas Militares". Favor aclarar cuáles son las obligaciones que Colombia ha asumido como consecuencia de los acuerdos de cooperación, especificando el acuerdo del cual se deriva cada una de ellas. Igualmente, solicito que me informe los montos que las Fuerzas Militares han destinado al cumplimiento de estos tratados en los últimos diez años, discriminando la información por año.

11. En sus respuestas Usted me explica que "las obras a construir son solicitadas por el Gobierno de Colombia, con el objeto de fortalecer las capacidades de las fuerzas militares". ¿Cuáles son los obras exactas que Colombia le ha solicitado a Estados Unidos en los últimos 10 años? Favor remitir copia de estas solicitudes.

12. Favor informar dónde están ubicados los 459 militares y civiles a los que se refiere la primera respuesta e informar en detalle cuáles son las labores que desempeñan.

13. ¿A qué empresas privadas pertenecen los 113 contratistas a los que se refiere la primera de sus respuestas? ¿En qué parte del territorio nacional se encuentran? ¿Cuáles son las funciones que desempeñan?

14. En el presupuesto de 2010 del Departamento de Defensa, el Congreso de Estados Unidos aprobó una partida de 46 millones de dólares para invertir en la Base Germán Olano Moreno, Palanquero. En sus respuestas Usted señala que "esta unidad no recibe cooperación del Gobierno de Estados Unidos". ¿Esta partida nunca fue ejecutada? Favor sustentar su respuesta.

15. Favor remitir copia de todos los informes que el gobierno ha presentado al Congreso sobre los tratados y acuerdos que permiten la presencia de personal militar e inversiones de Estados Unidos en Colombia. Lo anterior en virtud de que la página web de la cancillería no registra tales informes y solo cuenta con tres breves referencias al Convenio General para Ayuda Económica Técnica y Afín del 23 de julio de 1962. Por lo tanto, le reitero la solicitud de que me allegue copia de los informes rendidos a la Comisión Segunda de Relaciones Exteriores del Senado y la Cámara de representantes sobre todos los acuerdos vigentes.

16. Favor remitir copia de todos los convenios, subconvenios, apéndices, subapéndices y demás acuerdos de implementación que desarrollen y adicionen el Anexo de 2004 al Convenio General de Ayuda Económica, Técnica y Afín. Incluir todos los que permiten las adecuaciones y construcciones hechas por Estados Unidos en bases militares colombianas.

17. De acuerdo con su respuesta número tres, ¿cuál es la presencia militar o civil, las construcciones, adecuaciones y los servicios realizadas y prestados por el Gobierno de los Estados Unidos en: la Base Aérea Luís F. Gómez Niño (Apíay), Escuela Militar de Aviación Marco Fidel Suarez (Cali), Base Naval ARC Bolívar (Cartagena), Cuarta Brigada del Ejército (Medellín), Base Aérea Ernesto Esguerra (Tres Esquinas, Caquetá), Batallón de Ingenieros Agustín Codazzi (Palmira), Batallón Cartagena número 6 (Riohacha), Base Aérea de Marandúa (Vichada), Base militar de la Macarena, Batallón Escuela de Comunicaciones (Facatativá), Base Naval ARC San Andrés, Octava Brigada (Armenia), Base naval ARC Coveñas, Batallón de Infantería No 5 "Gral. José María Córdova" (Santa Marta), Escuela Naval de Suboficiales ARC Barranquilla, Colegio Naval "José Prudencio Padilla"(Buenaventura), Sexta Brigada (Ibagué), Brigada de Infantería de Marina No.1 (Corozal), Batallón de Infantería la POPA (Valledupar), Décimo Octava Brigada (Arauca), Batallón de Transportes de la Infantería de Marina en Malagana (Bolívar).

Si hay una brigada, batallón, escuela, o cualquier otro tipo de ordenamiento militar que tenga o haya tenido presencia militar, civil o financiera de los Estado Unidos, favor detallarlo.

18. Favor detallar el tipo de ayuda militar y el tiempo en que la ha recibido cada una de las brigadas móviles, territoriales y de infantería de marina mencionadas en la respuesta número 3.

19. De acuerdo con la respuesta número uno, el "personal militar se encuentra en Colombia bajo lo permitido por lo estipulado en el Acuerdo entre el Gobierno de la República de Colombia y el Gobierno de los Estados Unidos relativo a una Misión del Ejército, una Misión Naval y una Misión Aérea de las Fuerzas Militares de los Estados Unidos de América en la República de Colombia, suscrito en 1974". El artículo 3° de este tratado dispone que las Misiones Militares estarán integradas por "el Jefe de Misión Militar con grado de coronel para el Ejército y la fuerza Aérea y Capitán de Navío para la Armada" y el "personal adicional de los Estados Unidos de América propuesto por los Comandantes de las Fuerzas Colombianas, previo acuerdo con los correspondientes Jefes de Misiones Militares, que sea aprobado por el comandante General de la fuerzas Militares y autorizado por el Ministerio de Defensa de Colombia". De acuerdo con lo anterior, favor informar año por año cuáles han sido las solicitudes del gobierno colombiano sobre personal adicional y remitir copia de las que se han elevado desde el año 2000.

Fuente: http://www.congresovisible.org/agora/post/gobierno-de-santos-no-ha-...

Vídeo: Jorge Robledo sobre las bases militares de Estados Unidos en Colombia
 
Quizás también le interese:
COLOMBIA: Se planean MEGA-ECO-GENOCIDIOS MINEROS Y ...
EL GRAN SELLO DEL NUEVO ORDEN MUNDIAL

MINERÍA A CIELO ABIERTO (Horroroso Plan de Devastación del ...

Eugenesia en Colombia; pilas con estas propuestas y lo que ...

Las 25 Noticias Más Censuradas 2010/2011
http://armonicosdeconciencia.blogspot.com.ar/2012/08/colombia-gobierno-de-santos-no-ha.html

martes, 27 de marzo de 2012

El Comando Sur, Capitanich y la droga, como en Colombia

COLOMBIANIZACIÓN DE LA ARGENTINA

El Comando Sur, Capitanich y la droga

Todo indica que el Comando Sur de Estados Unidos poco a poco se irá estableciendo en la provincia del Chaco, con la complicidad de su gobernador, Jorge Capitanich. La relación con las pistas clandestinas del tráfico de drogas.


El Comando Sur de los Estados Unidos oficialmente declara ciertos motivos por los cuales decide instalarse en los diversos países o provincias de América Latina. La lucha contra la droga y la pobreza, son los principales objetivos que dicen defender. Sin embargo, todo el mundo sabe que los militares del Comando Sur, poseen otro objetivo, que es la de controlar los recursos naturales del continente, y preservarlo para el imperio anglosajón. La provincia del Chaco, a cargo del gobernador Jorge Capitanich, ya ha firmado varios convenios con el Comando Sur de Estados Unidos, bajo la excusa de colaborar humanitariamente con la población del Impenetrable chaqueño.

Ahora, comienza a sonar otro motivo, por el cual esta vez no solo desearán aportar monetariamente colaboración, sino que intentarán establecer en pocos años, una base militar del Comando norteamericano en plena provincia del noreste argentino. La excusa perfecta: la droga.

Justamente, en territorio chaqueño existen más de 100 pistas clandestinas, que sirven para la llegada de cargamentos con droga, que pasan sin ser advertidos por la ineficacia de las Fuerzas Armadas de Seguridad, que no poseen los equipos ni el sistema de radarización adecuado en la región.

Al parecer, el propio Capitanich y funcionaros allegados al gobierno, serían propietarios de algunas de las tantas pistas clandestinas...

La Asociación Antidrogas de la República Argentina, en un comunicado expresa:

Se recomienda al Gobernador Jorge Capitanich la inmediata destrucción de las pistas clandestinas, expropiando los terrenos de aquellas que se encuentran en propiedad privada y entregar esas tierras a la gente pobre de la Provincia para que la trabajen, como una clara señal al narcotráfico internacional.

Domingo Peppo, Ministro de Gobierno del Chaco, intenta legalizar las pistas clandestinas a través de un extraño “registro” que puede permitir y por ende encubrir actividades ilícitas.

Quien tiene una pista clandestina en su propiedad y no la ha declarado al momento de construirla, esta cometiendo un delito grave y en este sentido no podemos hacernos los distraídos.

Este tipo de espacios no son creados para que loros o bandadas de caburé se posen con comodidad, sino que son especialmente construidas desde la clandestinidad.

Si bien no es la única provincia argentina con este tipo de pistas, no conocemos antecedentes sobre Ministros de Gobierno que hayan intentado legalizarlas.

En el combate contra las drogas podemos esperar que el narcotráfico sea nuestro más ferviente opositor, pero lo que nos preocupa sobremanera que sea el propio Ministro de Gobierno de Capitanich el encargado de proponer estos registros.

Pedimos al Gobernador de la Provincia del Chaco que haga las averiguaciones pertinentes para corroborar si alguna de las 141 pistas clandestinas instaladas en ese territorio y que figura en el listado que tiene en su poder la Fuerza Aérea Argentina, pertenece al actual Ministro de Gobierno y está a nombre de algún pariente de éste.

Del comunicado, surje entonces la sospecha, que desde hace más de dos años veníamos advirtiendo desde este periódico, el Comando Sur quiere tener la primera base militar en territorio argentino en la provincia del Chaco. Al menos, se están dando todas las variables para que ante la incapacidad de las Fuerzas Armadas locales, se deba solicitar ayuda a fuerzas ajenas a la República. El gobierno de Capitanich, está prestando gran colaboración para facilitar dicha tarea.

Noticias relacionadas:
Tropas del Comando Sur de EE.UU. cada día más cerca del Chaco

El Comando Sur de Estados Unidos y América Latina, informe especial y exclusivo

jueves, 3 de septiembre de 2009

Petromilitarización del Continente



Petromilitarización del Continente y de la América de en medio
15-04-04 Por Gustavo Castro Soto *
El proyecto económico hegemónico del gobierno de los Estados Unidos (EU) sobre el Continente Americano, sólo será posible si es garantizado bajo un proyecto militar que le dé sustento y viabilidad ante el disenso social cada vez más generalizado y el de algunos gobiernos de América Latina.

El proyecto económico hegemónico del gobierno de los Estados Unidos (EU) sobre el Continente Americano, sólo será posible si es garantizado bajo un proyecto militar que le dé sustento y viabilidad ante el disenso social cada vez más generalizado y el de algunos gobiernos de América Latina. Sólo con una alternativa económica distinta podrá ser posible la paz. Esta es nuestra hipótesis. La entrada en vigor en el 2005 del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) significaría la cúspide de un proceso de acumulación del capital del modelo económico neoliberal para el Continente. La eliminación de los Estados-Nación dará pie a la incorporación de toda la vida y la existencia a la lógica del mercado por medio de la apropiación de las corporaciones multinacionales sobre los recursos naturales, los bienes públicos y la economía de los espacios geoestratégicos sobre los que se militariza el Continente entero.

Así, lo que no se logre en el escenario de negociación-imposición máxima mundial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), se lleva a cabo de manera regional como el caso del Plan Puebla-Panamá (PPP) o el Plan Andino o Iniciativa Andina. En su defecto, desde los Tratados de Libre Comercio (TLC) bilaterales, EU va imponiendo las reglas del mercado abriendo violentamente las fronteras de los países de América latina y El Caribe; eliminando leyes nacionales en el Continente; obligando a sus gobiernos a desaparecer los subsidios a cualquier sector productivo que signifique competencia. La privatización o incorporación de sectores públicos como la salud o la educación a la lógica del mercado han provocado grandes movilizaciones sociales que han sido fuertemente reprimidas. La privatización de los recursos y bienes públicos como el agua han cobrado también víctimas. Hace algunos años el BM afirmó que las guerras del siglo XXI serían provocadas por el control mundial del agua dulce cada día más escasa en el planeta. Pero lo mismo ha sucedido con el petróleo, el gas y la electricidad. Y ahora algo más radical: la privatización de la vida, de los recursos genéticos. "El verdadero petróleo y el verdadero oro del futuro lo serán el agua y el oxigeno; lo serán nuestros mantos acuíferos y nuestros bosques".

Esto plantea entonces una militarización de las regiones más ricas de nuestra América. Para ello, también por la vía de los tratados de libre comercio y las Políticas de Ajuste Estructural (PAE) del Banco Mundial (BM) y del Fondo Monetario Internacional (FMI), la militarización es favorecida en la medida en que la reducción a las tarifas arancelarias alcanza a la industria militar que, junto con el narcotráfico y la industria petrolera, es de las más lucrativas del mundo. Por si fuera poco, la lógica del mercado va incorporando a la privatización los servicios militares. A lo que hemos denominado petromilitarización y biomilitarización, le podemos ahora llamar panmilitarización. Es el físico espacio estratégico y comercial así como las estructuras del estado las que se van militarizando.

El costo es y será para los pueblos indígenas y campesinos porque ellos han sido los depositarios de tal riqueza que están, precisamente, en sus territorios. Ellos conforman y conformarán los muros de contención contra la depredación y la ambición del capital, resistiendo en sus tierras, luchando contra la expulsión, recogiendo el petróleo de los ríos, mares y lagunas; evitando que aterricen las transnacionales o abran el vientre de la madre tierra para inyectar oleoductos y gasoductos por "las venas abiertas de América Latina". Los pueblos siguen resistiendo contra la construcción de represas que amenazan la inundación de grandes extensiones de tierras ricas en biodiversidad, o contra el robo de material genético y la privatización de las Areas Naturales Protegidas. Mayas, miskitos, garífunas, lencas, mapuches, aymaras, quechuas, kunas, emberas y muchos pueblos más se encuentran hoy en resistencia contra los embates del neoliberalismo y la represión militar que trae consigo.

La crisis Neoliberal

Alrededor de la década de los 70's en que el FMI y el BM comenzaron a aplicar las PAE, muchos gobiernos del llamado Tercer Mundo se negaron a su aplicación ante el incremento previsible de la pobreza y la pérdida de la soberanía de los estados que generarían la disminución de aranceles, la privatización de los activos estatales, el aumento de los impuestos y de los precios de los productos básicos; el aumento a las tasas de interés, la reducción del gasto social y de los salarios reales, entre otras medidas. Fue entonces cuando la política exterior de EU con su ejército y la CIA se enfocó a promover, financiar, facilitar o alentar los golpes de estado. Una vez logrado esto, las dictaduras militares o gobiernos subordinados aceleraron las políticas de Washington y persiguieron a todo opositor. Esto lo vimos en Chile (1973), Argentina (1976), Jamaica (1980), Bangladesh (1981), Indonesia (1966), Sudáfrica (1982), Uganda (1982), Ghana (1966), entre otros muchos países del Sur. Esta es la sombra que amenaza hoy a los gobiernos de Venezuela, Brasil, Argentina, Ecuador, Perú, Bolivia e incluso en México con los conatos, amenazas o rumores del golpe de estado por parte de los militares que sacudió a la opinión pública en 1995 y que le siguieron de fuertes crisis y confrontaciones entre el poder político y militar.

Desde la creación de la CIA en 1946, sus operaciones se calculan en 6 mil en más de 60 países, como en Italia, Grecia, Filipinas, Irán, Costa Rica, Medio Oriente, Camboya, Haití, Checoslovaquia, Unión Soviética, Alemania, Brasil, Perú, Bolivia, República Dominicana, Chile, Argentina, Venezuela, Angola, Jamaica, entre otros muchos. Con estas acciones se han intentado llevar a cabo actividades de espionaje y acciones encubiertas de la CIA para derrocar gobiernos, imponer dictaduras militares anticomunistas y ahora antiterroristas y favorables a sus intereses, entre ellos las aplicaciones de las políticas del FMI e instalaciones militares en sus territorios.

Los proyectos millonarios con el apoyo de la banca multilateral llenaron los bolsillos de administraciones corruptas, pero el capital logró penetrar cada vez más en los sectores estratégicos de las economías nacionales de América Latina y el Caribe. Bancos, petróleo, gas, electricidad, represas, minas y telecomunicaciones, entre otros recursos, comenzaron a pasar a manos de las empresas españolas abriéndoles brecha a las grandes corporaciones norteamericanas en las débiles e inestables economías del Continente. Los gobiernos vinculados más al capital transnacional y legislando a su favor, pasaron así a perder paulatinamente la credibilidad social. La militarización ha ido creciendo en la medida en que se agudiza la crisis de la democracia, en concepto y realidad, reducida a la participación electoral o representativa.

Recientemente el secretario ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), José Antonio Ocampo, afirmó que el neoliberalismo a ultranza que predominó durante la década de los 90 en América Latina demostró ser un ''error''. Manifestó que en la actualidad ''nadie defiende con la vehemencia de hace diez años las políticas neoliberales". Aseguró que ''Tenemos problemas con nuestras instituciones y hemos tenido estrategias equivocadas''. Pero ya desde el año 2001 el Premio Nobel de Economía, Joseph E. Stiglitz, advirtió al gobierno mexicano que cometería un grave error si apuesta todo a la participación privada en sectores estratégicos. Stiglitz confirmó que el proceso de privatización en Argentina debilitó a ese país y minó la competitividad de sus empresas al vincular las tarifas de electricidad a las de EU. Para el premio Nobel, con las privatizaciones las transnacionales adquieren tal poder que pueden presionar a los gobiernos para cambiar los contratos a fin de incrementar sus utilidades. También afirmó que "mucha gente cree, erróneamente, que el hecho de que los bancos sean de propiedad extranjera asegura la estabilidad y la viabilidad del sistema bancario o que las casas matrices de EU vendrán al rescate si hay algún problema."

Stiglitz acusa al FMI, al BM y a la OMC de haberse desviado de su objetivo original para convertirse en una especie de gobierno global, antidemocrático, colonialista, nada transparente y poco eficiente que decide sobre las vidas de millones de personas sin siquiera consultar con los afectados. Para él, los programas de ajuste estructural, sostiene Stiglitz, ni siquiera han sido eficientes, pues no han reducido la pobreza ni han generado estabilidad. Sólo en la década de los noventa el número de pobres aumentó en cientos de millones. Para Stiglitz el FMI, el BM y la OMC reflejan desproporcionadamente los intereses de EU, pero aún más la de algunos grupos financieros norteamericanos. Puntualizó que "Existe un rezago democrático en dos dimensiones: las voces de otros países y las voces de otros participantes (...) Las organizaciones no gubernamentales deben levantar su voz y cuestionar lo que hacen estos organismos''.

El motor de la militarización de los EEUU.

Si bien el conjunto de los recursos estratégicos y su control van de la mano con la militarización, enfoquémonos ahora tan sólo bajo el eje de la petromilitarización y su significado para Mesoamérica. Actualmente EU cuenta con 71 complejos militares en todo el mundo y 800 bases aéreas, navales y de infantería, puestos de vigilancia, espionaje, comunicaciones y depósitos de armas. Sus gastos militares ascienden a los 400 mil millones de dólares. Recordemos que después de la II Guerra Mundial EU ha bombardeado al menos 21 países: China (1945/46 y 1950/53; Corea (1950/53); Guatemala (1954, 1960, y 1967/69); Indonesia (1958); Cuba (1959/1960); Congo (1964); Perú (1965); Laos (1964/73); Vietnam (1961/73); Camboya (1969/70); Granada (1983); Libia (1986); El Salvador (década de 1980); Nicaragua (década de 1980); Panamá (1989); Irak (1991/2001); Sudán (1998); Afganistán (1998); Yugoslavia (1999), Afganistán (2001) e Irak (2002).

Según Oil Watch entre estas guerras por el control del petróleo están las de Nigeria que se libró de 1967 a 1970 y de 1980 a 1984; Sudán que se debate en el conflicto desde 1983; las guerras en Yemen entre 1986 y 1987 y entre 1990 y 1994; el Congo entre 1997 y 1999; Irak de 1974 a 1975 y luego diez años más tarde entre 1985 a 1992. Por este motivo tampoco termina el conflicto en Indonesia desde 1986, en Angola desde 1992 ni en Argelia desde 1991. Cada 5% de aumento en la dependencia al petróleo, estos países gastaron un 1.6% más en gastos militares. Diversos analistas internacionales consideran que no habrá en los próximos 20 años una sustitución significativa de los hidrocarburos como fuente primaria de energía. Es más, se espera que en este lapso de tiempo la demanda aumente mundialmente hasta duplicar la demanda registrada entre 1970 y el año 2000. Incluso, la posibilidad de acceder a nuevos yacimientos de hidrocarburos en el mundo en lugares hoy inaccesibles aumentará debido al avance de la tecnología. El consumo de gas natural en los países industrializados para el 2020 será mayor en Japón y Australia, seguidos de Norteamérica y luego Europa Occidental. En cuanto al petróleo el consumo mayor será en Norteamérica seguido de Europa Occidental y por ultimo Japón y Australia.
El año de 1999 fue el de mayores descubrimientos de petróleo. Entre 1995 y 2000 se incorporaron a las reservas probadas 4.5 millones de barriles por cada sondeo de exploración realizado, que equivale a un 50% más que en el periodo de 1990 a 1995. En la segunda mitad de la década de los 90, los nuevos descubrimientos de gas han sido superiores a los de petróleo en un 85%. En los últimos años se encontró petróleo en 95 países y el 50% del petróleo encontrado se ubicó tan sólo en 10 de ellos: Irán, Arabia Saudita, Angola, China, México, Azerbaiján, Nigeria, Guinea Ecuatoriana, Brasil y Noruega. Si toda la energía la tuviese que generar el petróleo, cada día el mundo requeriría 210 millones de barriles diarios de petróleo. Pero hoy se producen 75 millones de barriles diarios. El 20% de toda la energía la consume el sector del transporte en el mundo; más del 30% se destina para la iluminación, refrigeración, calefacción, transmisión y recepción de información, uso doméstico, comercios y edificios públicos. El resto es para la industria especialmente de acero, cemento, vidrio, química, aluminio, celulosa y papel, principalmente. Por tanto, industria y transporte consumen el 70% de la energía mundial por lo que son los pilares del desarrollo neoliberal, del Área de Libre Comercio de Las Américas (ALCA) y del Plan Puebla-Panamá (PPP). De ahí que la privatización de la energía eléctrica, el gas y el petróleo en Mesoamérica son algunos de los objetivos estratégicos y de seguridad nacional del poder imperial de EU.

Recordemos que EU consume el 25% del crudo del planeta siendo el mayor consumidor mundial y el mayor contaminante atmosférico. Por tanto, tienen que importar otros 11 millones para cubrir sus necesidades. De ellos México le vende un millón 600 mil y Venezuela 2 millones de barriles diarios de crudo, y el resto proviene del mundo árabe. Ahora, la propuesta que le hiciera el presidente venezolano Hugo Chávez al presidente argentino Nestor Kirchner en torno al intercambio petrolero a bajo costo y con facilidades para fortalecer ambas economías, se han vuelto nuevamente en una amenaza para el gobierno y las compañías petroleras norteamericanas. Y es que, con el ritmo actual de producción, EU tiene crudo para 11 años. Pero si tuviera que producir con sus reservas todo lo que consume, sólo tendría petróleo para 4 años. Por lo anterior, y tomando en cuenta los grandes intereses del mandatario estadounidense George Bush en el sector petrolero de Texas, el gobierno de EU despliega su estrategia sobre el Continente con el fin de crear un bloque energético petrolero en torno al ALCA que incluye al PPP y al Plan Colombia. La iniciativa Petroamérica intenta la conformación de una gran transnacional que podría fusionar a Pemex de México con Petrobras de Brasil, Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), Ecopetrol de Perú e IPF-REPSOL de España en Argentina, bajo los intereses norteamericanos. Pero también el interés está puesto sobre la reserva boliviana de gas que se calcula es la más grande de Sudamérica y superiores a las de Argentina, Brasil, Chile y Perú juntas y que ya están en manos de Repsol, BP, Petrobras, Pluspetrol, Tesoro BG, Vintage y Maxus entre otras.
Poco a poco, las petroleras se han ido fusionando creando monstruosos oligopolios. Hoy, las "cuatro hermanas" petroleras transnacionales más poderosas del mundo son Exxon-Mobil que, para Fortune, es la compañía transnacional que ocupa el primer lugar en mayores ganancias en todo el mundo, registrando en el año 2001 alrededor de 15,320 millones de dólares. También se encuentra Chevron-Texaco que ocupa el lugar 43; Royal Dutch-Shell con el cuarto lugar; y British PetrolEUm (BP) en el sexto lugar mundial. Sólo la China National PetrolEUm que ocupa el lugar 23 de las empresas con mayores ganancias a nivel mundial representa una amenaza para las cuatro hermanas. Según Fortune, Petrobrás ocupa el lugar 41 de las empresas más ricas del mundo, PDVSA el 36, Repsol el 80 y Pemex el lugar 81. Si tomamos solamente el sector petrolero, para el director de la paraestatal Raúl Muñoz Leos, Pemex ocupa la quinta o sexta posición mundial.

Las bases militares de EEUU y el Comando Sur

La ubicación de las fuerzas armadas de EU se despliega en regiones geoestratégicas. Además de Mesoamérica, la militarización continental del ALCA es invadida por EU con bases y proyectos en todo el continente. Desde 1903 en Guantánamo, Cuba; en la recientemente desaparecida base de Vieques en Puerto Rico; en las islas Aruba y Curazao frente al petróleo venezolano; el proyecto militar de la Triple Frontera; los tres proyectos de bases militares en Argentina; Manta en Ecuador; Alcántara en Brasil; Chapare, en Bolivia, donde las Fuerzas Especiales estadounidenses y la Oficina antidrogas -DEA- se encuentran entrenando militares y construyendo nuevas bases; Iquitos en Perú, calificada por el general Peter Pace, perteneciente a la Infantería de Marina de EU, como "la mejor instalación de este tipo"; y las 34 bases o instalaciones en Colombia.

El Comando Sur de los EU, ubicado en Miami y con una sede en Puerto Rico, es el "comando regional" que protege los intereses de EU en América Latina y el Caribe. Es financiado por el Departamento de Defensa norteamericano. Más de 50.000 militares norteamericanos son enviados todos los años a América Latina y el Caribe con el fin de llevar a cabo más de 3 mil despliegues con misiones de entrenamiento y ejercicios conjuntos. "En la provincia de Salta, Argentina, se realizaron en los años 2000 y 2001, los llamados Operativos Cabañas, donde participaron 1.500 oficiales provenientes de Chile, Bolivia, Ecuador, Paraguay y Uruguay, dirigidos por el Comando Sur de los EEUU".

La petromilitarización de la América de en medio

Las posibilidades del petróleo, entre otros recursos estratégicos así como las rutas comerciales, son algunas de las causas que explican la militarización de Mesoamérica y otras regiones. Por ello, aunque en muy menores proporciones pero no por eso deja de ser importante para los intereses de EU en el marco del PPP y el ALCA, en otros países de América Latina y el Caribe también hay petróleo como en Brasil, Argentina, Colombia, Ecuador, Perú, Trinidad, Bolivia, Honduras, Guatemala, Nicaragua y Panamá. Y todo ello tiene una conexión con el ALCA y el PPP vía el Comando Sur y la creación del programa militar Nuevos Horizontes para Centroamérica.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) pretende "hacer más eficiente la adquisición externa de hidrocarburos" y construir "dos gasoductos, uno desde México y otro desde Colombia, con una longitud de 1,117 y 1,310 Km e inversiones estimadas de 593 y 830 millones de dólares (...)". También afirma que "los gasoductos parecen la mejor alternativa para el transporte de gas (en comparación con el transporte de gas licuado por buques)". Menciona dos elementos fundamentales: primero, "El gasoducto tiene más efectos locales y cuenta con sinergias con el Sistema de Integración Eléctrica para América Central (SIEPAC)". Segundo, pone en relieve nuevamente el objetivo estratégico del ALCA: "Permite la eventual interconexión desde Venezuela hasta EEUU: Gasoducto entre Yucatán y Guatemala, con extensión al resto de Centroamérica; Gasoducto submarino de Colombia a Panamá, con extensión a otros países del norte; Gasoducto entre Venezuela y Colombia (para proveer a Panamá)".

El PPP y el ALCA vinculan los gasoductos con el mercado eléctrico regional porque "El mercado más importante para el gas natural en Centroamérica sería la generación eléctrica", según el mismo PPP. Por otro lado se calcula que "la industria eléctrica sería el principal consumidor de gas natural", y la integración del sistema "facilitará la convergencia con el futuro de la industria del gas natural de la región (...) creando los incentivos para la construcción de gasoductos". De hecho, en México, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) es el principal consumidor de gas natural en el país. En el caso de la región sureste de México y parte de la región del PPP, Pemex pretende invertir 63 mil millones de pesos durante los próximos cinco años. La propuesta del Proyecto México Tercer Milenio (PMTM) se proponen tres proyectos para la región. "Uno para el abastecimiento de combustibles líquidos derivados del petróleo en la península de Yucatán, otro de alcance ecológico para cumplir con normas ambientales internacionales en el principal yacimiento marino del país ubicado en el Golfo de México (pozo Cantarell, el quinto más importante del mundo, y que produce el 70% del crudo mexicano), y otro para aumentar la producción de petróleo y gas en 55 mil barriles diarios y 69 millones de pies cúbicos diarios, respectivamente, en uno de los yacimientos ubicados en esa región (Delta del Grijalva)". Específicamente en Chiapas actualmente se produce el 17% del crudo nacional, aunque existen más yacimientos de petróleo y gas que se encuentran ubicados en territorios indígenas donde tiene presencia el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Los siete países de Centroamérica (Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, y Panamá) dependen mucho del petróleo importado. Por ejemplo, la dependencia del petróleo es del 100% en el caso de Belice y del 52% en el caso de Costa Rica. Por otro lado, el consumo de petróleo se ha duplicado en la región desde 1980. El consumo es comparable a Chile aunque Centroamérica tiene el doble de población; y a Hong Kong aunque es seis veces más chica que Centroamérica. En 1998 los países de la región tuvieron un consumo de energía de 0.62 millones de millones de BTU´s que equivalen al 0.2% del total mundial, cifra similar a la de su participación en el producto mundial bruto. México y Venezuela son los países que principalmente suministran petróleo a la región en el marco del Pacto de San José y el Acuerdo Energético de Caracas. Pese a los recursos energéticos, la región es estratégica para los mercados internacionales de energía como centro de transporte de petróleo por el canal de Panamá por donde cruzaron diariamente en 1998 cerca de 625 mil barriles de crudo y productos petrolíferos, lo que representa el 62% del total de los embarques petroleros en dirección del Atlántico al Pacífico y la mayoría de los productos petrolíferos en dirección opuesta. Ahora Panamá busca la ampliación del canal que no sólo beneficiará a los intereses comerciales de EU con Asia y todavía más con la entrada de China a la OMC, sino que favorecerá la generación de energía eléctrica y con ello la militarización.

El poco petróleo crudo centroamericano es destinado en su mayoría a EU para refinación y otra parte para consumo doméstico. Del total del consumo energético de la región en 1998, Guatemala consumió el 4% quien es además el productor más grande de petróleo en Centroamérica y donde todas las reservas probadas de la región se localizan ahí. Los 526 millones de barriles de reservas de petróleo comprobadas en Guatemala se ubican principalmente en las selvas y la cuenca de Petén, que se presume están asociadas a los yacimientos mexicanos en los estados de Tabasco y Marqués de Comillas en Chiapas. Prácticamente Centroamérica no consume gas natural. Sin embargo, en diciembre de 1999, Guatemala y México firmaron un protocolo comprometiéndose a construir un gasoducto de gas natural desde Ciudad Pemex en el estado de Tabasco a la ciudad Escuintla en el sur de Guatemala. El gasoducto de 347 millas y 450 millones de dólares seguiría el camino del oleoducto ya construido en la selva petenera de Guatemala. El proyecto pretende ser terminado en el 2004 y podría extenderse hacia el resto de Centroamérica. Es en esta región donde el Ejército de EU destinó más de 800 efectivos a la selva petenera cuando se anunció el proyecto Nuevos Horizontes para Centroamérica. Del lado mexicano, el ejército mantiene posiciones militares en regiones indígenas de Chiapas desde donde se comparte el mismo manto petrolero.

En 1999 en Honduras se confirmó la presencia de yacimientos petrolíferos. Inmediatamente, el gobierno firmó un tratado con Colombia de delimitación de la plataforma marina una semana después que Bogotá había otorgado derechos de exploración a una compañía Británica sobre los bancos de Serranilla. En el mismo año la compañía japonesa Japex realizó un estudio sobre el potencial de hidrocarburos en la Costa Norte. En el 2001 la Secretaría de Recursos Naturales publica los términos de referencia para las licitaciones de los bloques de Tela y los de Gracias a Dios y Moskitia hondureña, donde sus pobladores ignoran que pisan grandes yacimientos de petróleo. Por lo pronto existen 24 pozos perforados a lo largo de la costa atlántica en la que han participado las empresas petroleras Esso (1978), Texaco (1979), Pure Oil (1963), PAC (1963), Cambria (1991) y PetHond (1956).
En Honduras los militares no sólo ostentan la propiedad de bancos, carreteras o compañías de seguros, sino que en alianza con el ejército norteamericano su presencia se extiende por el país. Desde décadas atrás Honduras ostenta la base militar norteamericana más grande y antigua de Centroamérica llamada Palmerola, además de los centros de entrenamiento que otorgó en territorio hondureño para combatir los brotes insurgentes de Nicaragua y El Salvador. Ahora, el personal militar norteamericano en la zona naval de Puerto Castillo, la Ceiba, y controla el radar en Cayo Cochino. El ejército hondureño también ha inaugurado en esa región el 1er y 2º. Batallón de Infantería de Marina. En el otro extremo, el gobierno de los EU logró que el gobierno de El Salvador firmara un acuerdo para la permanencia de su ejército en Comalapa, demás de permitir total inmunidad a sus tropas. El acuerdo también permite que todo el personal norteamericano no sea revisado su equipaje, que no paguen impuestos, entren y salgan del país sin ninguna restricción o necesidad de pasaporte. Además se les permite usar toda la infraestructura de comunicaciones del país.

Nicaragua no tiene producción comercial o reservas probadas de petróleo. Si embargo, se considera una de las pocas áreas de la región para explorar la existencia de petróleo y gas sobre todo en la cuenca de Miskito, frente a la costa del Atlántico, y en la cuenca de Sandino, frente a la costa del Pacífico. Pero es en estas regiones donde las poblaciones indígenas se mantienen en resistencia a la explotación maderera y es a quienes les debemos la protección del medio ambiente. Actualmente empresas extranjeras desarrollan un oleoducto por 450 millones de dólares para canalizar 480 millones de barriles de crudo de Venezuela, desde Punta del Mono en territorio indígena en la costa Atlántica, para cruzar hasta Corinto en la costa oeste y de ahí embarcarlo hacia EU.

Costa Rica depende en un 52% del petróleo. En 1998 lanzó a concurso una primera ronda de contratos de exploración petrolera (dos sitios en la plataforma continental del Caribe y dos en la marítima). En el 2000 el gobierno otorgó a la empresa estadounidense Mallon Resources Corporation una concesión para la exploración de petróleo y gas en 2.3 millones de acres en seis bloques en la parte noreste del país. Según la empresa estadounidense Harken Energy Corporation la costa caribeña del país cuenta con petróleo suficiente para poder invertir. Aquí es donde EU pretende formar la "Academia Internacional para el Cumplimiento de la Ley".

En el caso de Panamá, su producción petrolera es poca llegando a mil barriles diarios de petróleo en el 2001. Su importancia principal radica en el transporte por el Canal de Panamá. En 1999 las importaciones de petróleo de EU que transitan por el Canal de Panamá fueron de un promedio de 78,670 barriles por día. En el 2001, por el canal, aproximadamente 613 mil barriles de petróleo crudo y productos petroleros pasaron diariamente; así mismo el 57% del total de los transportes hacia el sur del Atlántico al Pacífico y de productos petroleros dominando el tráfico hacia el sur. Del total del consumo energético de la región en 1998, un 22.6% correspondió a Panamá. Para otros analistas Panamá es el mayor importador de energía de la región. Ya desde 1999 se propuso construir un gasoducto desde Cartagena, Colombia, hacia Colón en Panamá con el fin de abastecer inicialmente a una planta termoeléctrica.
La estrategia de entrenamiento policial de EEUU.

En un reciente documento publicado por organizaciones civiles en Costa Rica, manifestaron que la "Academia Internacional para el Cumplimiento de la Ley" será un simple apéndice del Departamento de Estado de EU y heredera de similares y criminales instituciones como la "Escuela de las Américas". El proyecto cuenta con el apoyo de los Partidos Unidad Social Cristiana, Liberación Nacional y Movimiento Libertario y la activa promoción de la Embajada de EU y el Presidente de la República, Abel Pacheco. Esto ha causado una mayúscula movilización ciudadana y ha sido la razón por la cual el IV Foro Mesoamericano contra el PPP llevado a cabo en Tegucigalpa, Honduras, del 22 al 24 de julio de 2003, acordó que el 22 de noviembre sea el Día Continental contra la Militarización haciendo un especial énfasis en una campaña ciudadana contra la Academia.

En el manifiesto ciudadano también se diagnostica que la Academia promueve un virtual "Estado Paralelo", "donde nuestro sistema jurídico estaría "atado y sujeto" al Departamento de Estado de EU, perdiendo nuestro país soberanía y autonomía sobre su propia agenda ciudadana en materia de seguridad". Por otro lado, la Academia se considera una institución estadounidense en territorio costarricense, que "irrespeta la soberanía nacional en cuanto ignora la potestad de fiscalización de la Asamblea Legislativa, e imposibilita al Gobierno de Costa Rica para controlar lo que sucede dentro de dicha institución". Sin previa consulta a la ciudadanía, "la Academia se enmarca dentro de los planes de expansión estadounidense y de homogeneización de los aparatos de seguridad en América Latina, respondiendo exclusivamente a los intereses económicos y políticos de EU en la región", afirma el manifiesto. Por otro lado aclara que "El convenio menciona el fortalecimiento de las "fuerzas del orden", que en América Latina son los ejércitos y los cuerpos policíaco-militares. El programa de los cursos confiere un carácter represivo-militar a las actividades de la escuela". Para la sociedad civil costarricense la Academia duplicaría iniciativas que bilateralmente ya se están dando en cada uno de los países de América Latina entre las agencias de seguridad y cooperación estadounidenses y los operadores de justicia de cada país. La iniciativa le daría inmunidad diplomática a las fuerzas norteamericanas parecida al convenio logrado entre el gobierno de El Salvador y de EU sobre el convenio para el uso de la infraestructura salvadoreña por parte del Ejército de los EU.

Por otro lado, a principios de agosto del presente año arribaron a Costa Rica alrededor de 40 oficiales de la Escuela Superior de Guerra del Ejército de Colombia para supuestamente dictar cursos en la Academia de Policía, lo que fue interpretado por algunos sectores del país como parte de las acciones que se están realizando de manera secreta para la conformación de la Academia. En Costa Rica existen nueve tipos de policías especializadas quienes también reciben capacitación de parte del EEUU o el ejército de Israel.

La estrategia militar de EU sobre Mesoamérica

Según El Diario de Hoy, periódico de El Salvador, los presidentes Ricardo Maduro de Honduras y Francisco Flores de El Salvador, llevan a cabo charlas para la formación de un ejército regional bajo la coordinación de EU. Ambos presidentes hicieron la propuesta durante la reunión del Acuerdo de Libre Comercio de América Central (CAFTA, sigla en inglés) que tuvo lugar del 16 al 20 de junio pasado. Este ha sido el sueño de EU desde hace tiempo. Recordemos que el ex presidente Ronald Reagan, durante su discurso ante el Consejo de la OEA en febrero de 1982, expresó: "Que nadie se equivoque: el bienestar y la seguridad de nuestros vecinos en esta región favorece nuestros propios vitales intereses".

Daniel Fisk, subsecretario de Estado de EU para Asuntos del Hemisferio Occidental, recomendó en el mes de junio, mientras que en Honduras se llevaba a cabo la V Ronda de Negociaciones del CAFTA, que los países de la región emprendieran una profunda reforma de sus ejércitos para enfrentar al terrorismo y el crimen internacional. Este Ejército Regional en Centroamérica sería controlado por EU bajo el pretexto de que los ejércitos de la región son incapaces de prevenir y controlar el terrorismo internacional. Y es que el miedo a la expansión del comunismo luego de la Segunda Guerra Mundial hasta el fin de la Guerra Fría, llevó al pretexto de la militarización en América Latina y que se acrecentó con el triunfo de la Revolución Cubana, la Revolución en Nicaragua y en El Salvador así como la presencia de la guerrilla guatemalteca. Tan sólo para atender el caso de Nicaragua, EU invirtió 90 millones de dólares para construir once bases militares en Honduras. Hoy, el terrorismo es el pretexto pero también la consecuencia de algo más profundo: la reacción contra el expansionismo imperialista de EU sobre la base del fundamentalismo neoliberal.

Amnistía Internacional reportó recientemente que el gobierno de EU entrenaba anualmente, antes del 11 de septiembre, al menos 100 mil soldados y policías extranjeros provenientes de 150 países del mundo. "EU, anima a todos los gobiernos de todo el mundo y espera de ellos que contribuyan a suprimir los parásitos terroristas que son una amenaza para sus países y para la paz mundial ? si los gobiernos necesitan formación o recursos para cumplir esta tarea, EU les ayudará", afirmó George W. Bush. Hoy, bajo el concepto de terrorismo muchos líderes campesinos, indígenas y de diversos sectores sociales son perseguidos y encarcelados por todo mesoamérica.

La Escuela de Las Américas

La Escuela de las Américas tuvo su sede en Panamá hasta que en 1984 fue trasladada a Fort Benning, Georgia, EU. Desde 1961 a la actualidad han sido entrenados más de 60 mil militares latinoamericanos, de los que cerca de 500 están acusados de diversos crímenes de guerra, y en la que cada año continúan formándose cientos de militares de América Latina y el Caribe. Un artículo publicado por el New York Times mencionaba la existencia en la Escuela de las Américas de "once manuales secretos" mediante los cuales "se recomendaban técnicas de interrogatorio, como la tortura, ejecuciones, chantajes y arrestos de familiares de quienes iban a ser interrogados". En su declaración al juez español Baltazar Garzón, el sacerdote estadounidense Roy Burgeois afirmó que "Pinochet y los otros dictadores no podrían haber cometido sus crímenes sin el apoyo militar y económico de los EU. Mi país es responsable de esos hechos por haber colaborado con armas, millones de dólares, la acción de la CIA y la preparación que brindó a la represión la Escuela de las Américas".

De las Escuela de Las Américas, hoy llamado Instituto de Cooperación para la Seguridad Hemisférica, salieron formados los grandes dictadores de América latina y el Caribe. De la Escuela de las Américas han egresado militares de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela, Nicaragua, entre otros. Ahora, el nuevo instituto no es el único, ya que existen 275 instituciones y academias militares repartidas en la geografía de EU, que imparten más de 4.000 cursos o materias, además de "la cantidad de ejercicios de formación militar que se desarrollan en los propios países, siempre con la supervisión norteamericana, no se computan aquí la formación a las fuerzas policiales por parte de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI)".

Centroamérica en el Medio Oriente

Por si fuera poco, en las últimas semanas, los presidentes de Honduras, Nicaragua y El Salvador enviaron a los congresos de sus países las iniciativas para autorizar el envío de 1,300 militares centroamericanos a Irak por el lapso de un año para bajo el pretexto de ayuda humanitaria, lo que representará una gasto de US$30 millones. Por su lado algunos partidos políticos manifiestan su inconformidad a que los gobernantes de la región estén cediendo a la presión estadounidense para legitimar la guerra en Irak. Mientras tanto EU reforzó las presiones para que los gobiernos centroamericanos firmen acuerdos bilaterales desconociendo la jurisdicción de la Corte Penal Internacional (CPI) en el enjuiciamiento a criminales de guerra estadounidenses, con amenazas de suspender la ayuda militar a los países que se nieguen a firmar dichos acuerdos. Recientemente el representante comercial de EEUU Robert Zoellick dijo que su país aceptaría nuevos acuerdos comerciales sólo con países que "cooperaran" en materia de "política exterior y seguridad".
La estrategia de EU frente a la sociedad civil.

Ante la pérdida de consenso y la mayor fuerza de las organizaciones civiles, la Administración de George Bush enfoca ahora sus fuerzas en el control de las Organizaciones No Gubernamentales (Ong's) con el fin de convertirlas en "un brazo del Gobierno norteamericano", que se reduzcan a ser el brazo caritativo del ejército sin otro tipo de acciones. La estrategia de Washington tiene dos frentes: por un lado compra el silencio y el corazón de grupos religiosos y humanitarios con grandes contratos en la reconstrucción postguerra por medio de la Agencia de Desarrollo Internacional (AID); y por otro lado pretende criminalizar a las más independientes acusándolas de amenazar la democracia como son Médicos sin Fronteras, Human Rights Watch, Food First, Global Exchange, Amnistía Internacional, Oxfam, CARE y Amigos de la Tierra Internacional, entre otras muchas que, en vez de limitarse a entregar ayuda humanitaria publicitando al gobierno de EEUU, han enfrentado la política exterior de Washington en sus efectos desastrosos de la guerra.

Así, para este segundo grupo de Ong's se inauguró el 11 de junio de 2003 un portal de acceso del Instituto Estadunidense de la Empresa (AEI, por sus siglas en inglés) y la Sociedad Federalista de Estudios sobre Leyes y Políticas Públicas con el fin de "clarificar e infundir responsabilidad en el floreciente mundo de las ONG", y contrarrestar la influencia mundial de algunas Ong's internacionales "contrarias a la política exterior de EU y a las empresas multinacionales", ya que "sus políticas, en particular la internacional, podrían socavar los intereses de EU y los principios de la libre empresa". "El extraordinario crecimiento de ONG en democracias liberales tiene la posibilidad de socavar la soberanía de las democracias constitucionales", dice el portal de acceso. "NGOwatch" vigilará con especial atención a aquellas organizaciones con agenda "progresista" y "liberal" que promueven la "gobernancia global".

La AEI es un arma estratégica para la administración de Bush. Su mesa directiva está conformada, entre otras, por las empresas Motorola, American Express y Exxo-Mobil. También son miembros de AEI la esposa del Vicepresidente, Lynne Cheney, así como Richard Perle, miembro y ex presidente de la Oficina de Política de Defensa del Pentágono. Por su lado la AEI aporta miembros al gobierno. Bush dijo en una cena de la AEI en febrero, "en el Instituto Americano de la Empresa trabajan algunas de las mentes más inteligentes del país, que examinan algunos de los desafíos más graves que afronta nuestra nación. Ustedes han hecho tan buena labor que mi Gobierno ha pedido prestadas 20 de esas mentes." En el caso de American Express fue la empresa que redactó el borrador del capítulo sobre servicios del ALCA.

Durante la presentación del portal coauspiciada por el Instituto de Asuntos Públicos de Australia, AEI se refirió a las Ong's como "una gran amenaza" para al gobierno de Bush, el capitalismo de libre mercado y la política exterior de Washington. "Las ONG crearon sus propias reglas y ahora quieren que los gobiernos y las empresas se sometan. Dirigentes empresariales y políticos son obligados a responder a la maquinaria mediática de las Ong's y los recursos de los contribuyentes e inversionistas son usados para fines que ellos nunca avalaron". "El extraordinario crecimiento de las ONG en estados liberales tiene el potencial de socavar la soberanía de las democracias constitucionales", añadieron. Para el neoliberalismo las Ong's internacionales persiguen "una nueva y penetrante forma de conflicto" contra las corporaciones multinacionales o "biz-war" (del inglés bussiness, negocios, y war, guerra), sostuvo el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad George Washington, Jarol Manheim. Las Ong´s trabajan con inversiones institucionales como fondos de pensión sindicales y eclesiásticas en el movimiento denominado "de inversión social", que patrocina políticas empresariales respetuosas del ambiente y de los derechos humanos en asambleas de accionistas. Esos esfuerzos, dijo Manheim, deben ser considerados "parte de una campaña antiempresa mayor", que también incluye boicots y otras medidas para influir sobre el comportamiento de las compañías. Por otra parte, señala este analista más bushiano que Bush, las empresas participan en proyectos conjuntos con ONG, apelan a asesores de tales organismos e incluso contratan a sus empleados "para protegerse contra la publicidad negativa". Esa posición fue compartida por Entine, de AEI, para quien el movimiento de inversión social es "un lobo disfrazado de cordero". Las Ong's "contrarias al libre mercado extienden su alcance hasta las juntas de las corporaciones", dijo.

La militarización no alcanza la paz

En Mesoamérica no existe proceso alguno de carácter nacional que haya solucionado de raíz los conflictos violentos. Sólo se ha dado contención y postergación de las soluciones de raíz. Los períodos de post-conflictos se han caracterizado por el incumplimiento de los acuerdos de paz, mediatización del descontento social, absorción institucional, incorporación de las guerrillas al sistema político electoral para su control, mayor pobreza, migración del campo a la ciudad y hacia EU, entre otros efectos. Los gobiernos de la región Mesoamericana han visto crecer su deuda externa. La venta de sus empresas y la anulación de los aranceles ha minado el ingreso de las administraciones y obligado a subir los impuestos a la sociedad. Las pequeñas y medianas empresas han quebrado. El desempleo ha aumentado. Esta polarización social ha ido de la mano a la polarización militar.

En México el abstencionismo electoral del 60% en las últimas elecciones federales reflejan la falta de credibilidad en el sistema electoral, en los partidos políticos y en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial como instrumentos democráticos para satisfacer las necesidades de la población. La violación a los derechos humanos se va agudizando. En los territorios indígenas zapatistas en Chiapas, pero también en los estados de Guerrero y Oaxaca, la presencia militar y paramilitar ha aumentado considerablemente. El gobierno ha roto con los contratos sociales o no ha cumplido con los compromisos contraídos en los procesos de diálogo y negociación fruto de los encuentros para la resolución de los conflictos sociales. Es por ello que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) ha decidido llevar a cabo los Acuerdos de San Andrés firmados por el gobierno federal y el EZLN en febrero de 1996 por la vía de los hechos e invalidando al gobierno y los partidos como el verdadero interlocutor del proceso de paz. Pero este incumplimiento no es un monopolio el gobierno mexicano. El proceso de paz en Guatemala y sus respectivos acuerdos para la resolución del conflicto armado en el país tampoco se cumplieron. En El Salvador y Nicaragua la participación política electoral de una de las Partes del conflicto tampoco reflejó la aspiración de la sociedad ni garantizó las mejores condiciones de vida.
La necesidad de enfatizar en la democracia social entonces ha llevado a las grandes movilizaciones sociales en nuestro continente. Diversos sectores reclaman ser incluidos en el beneficio del desarrollo ante el desempleo, la pobreza y la exclusión social cada vez más agobiante. Por su lado los obreros, pero también los campesinos, los indígenas, el sector magisterial, los ambientalistas e incluso las organizaciones de derechos humanos que se han multiplicado en la medida en que los gobiernos agudizan las violaciones a los derechos humanos de la población continental.
La intervención militar no resuelve los conflictos, sólo los posterga. La paz no se alcanza mediante la pacificación del descontento social. Esta paz no se puede concebir sin la justicia, la democracia, el desarrollo sustentable e incluyente y la participación igualitaria de los géneros en los beneficios de la vida política, social, económica y cultural. Por tanto, no hay paz con autoritarismo. No hay paz sin la participación democrática de la sociedad. No hay paz con hambre o analfabetismo. No hay paz sin consulta ciudadana sobre los proyectos y acuerdos gubernamentales que afectan a toda la población.

Las crisis regionales tienen que ver con la violación a los derechos humanos; a los derechos económicos, culturales, sociales pero también políticos. No podrá haber paz mientras continúe la exclusión, la pobreza, el hambre, la falta de educación o el acceso a la salud, a los servicios básicos o al agua misma. La resolución pacífica de los conflictos significa la inclusión de los diversos sectores sociales a las mejores condiciones de vida y a los beneficios de los recursos patrimonio de la humanidad. Esta es la paz en el nuevo contexto global. Ya que en neoliberalismo es intrínsecamente excluyente, desplazante, empobrecedor y militarizante, este concepto de paz es radical e intrínsecamente antineoliberal. Buscar otro modelo económico alternativo que resuelva los efectos de la actual política económica en el mundo, es buscar la paz.

Enviado por el autor.
Publicado en Chiapas al Día, No. 371 y 372
CIEPAC Chiapas, México
http://www.ciepac.org/
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...