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jueves, 30 de agosto de 2012

Medio siglo apuntando al cielo




Por Jorge Forno

En la época de oro del tango, un tema interpretado por Carlos Gardel afirmaba que llegar a los cincuenta años significaba haber vivido un lapso más que suficiente para enfundar la mandolina en las lides amorosas. Los irónicos versos la emprendían contra un tal Cipriano, a quien invitaba a retirarse a cuarteles de invierno.

No fue Gardel sino la ortodoxia económica y las errantes políticas científicas y tecnológicas de los años noventa las que intentaron mandar a cuarteles de invierno al Centro de Experimentación de Lanzamiento de Proyectiles Autopropulsados, conocido como Celpa 1 o Celpa Chamical. Un centro que –desafiando los poéticos mandatos gardelianos y las más prosaicas políticas neoliberales de los noventa– llega a sus cincuenta años sin ninguna intención de enfundar la mandolina y, por el contrario, renueva actualmente su histórica vigencia de la mano de un creciente apoyo estatal a la actividad aeroespacial argentina.

UN CLUB PARA POCOS

Hace cincuenta abriles –tangueramente hablando– el juego de la Guerra Fría sacudía el tablero geopolítico mundial con periódicas escaramuzas de diferente tenor. Una de las movidas clave de ese riesgoso juego era el desarrollo de la actividad aeroespacial, un terreno en el que la Unión Soviética parecía perfilarse como la casi segura ganadora. El gigante comunista había tomado ventaja en la carrera espacial frente a los EE.UU. por medio de sucesivos golpes, como lo fueron la colocación en 1957 del primer satélite artificial en órbita, el Sputnik, y la proeza de Yuri Gargarin, el primer humano que realizó un viaje espacial en 1961. La superpotencia de Occidente no quería –ni podía– ser menos que su archirrival comunista. EE.UU. respondió apostando fuerte con el compromiso –asumido por el mismísimo presidente Kennedy y cumplido casi sobre el límite de los plazos autoimpuestos– de ser antes del final de esa década el primer país que enviara un hombre a plantar su bandera en la Luna. Aquella misma Luna que nostálgicamente plateaba barrios al ritmo del dos por cuatro.

En el mundo bipolar que recibía a la segunda mitad del siglo XX sólo un puñado de naciones podía mostrar algún grado de desarrollo aeroespacial. La Argentina, aun frente a las desventajas propias de un país periférico, no estaba dispuesta a archivar sus ilusiones en aquel terreno. Más bien las acrecentaba y en 1962, con la puesta en funcionamiento del Celpa I, el país dio un paso significativo para afianzarse como miembro de aquella espacial minoría.

UN LUGAR BAJO EL SOL

Las primeras experiencias exitosas de la cohetería argentina habían sido coronadas en 1961 con los lanzamientos de los cohetes Alfa y Beta Centauro desde una base emplazada en Pampa de Achala. Pero los verdaderos platos fuertes de la actividad cohetera en la Argentina estaban por venir. Estaba claro que si el país quería jugar en las grandes ligas de la tecnología espacial se requería de un lugar de lanzamiento más apropiado para las crecientes capacidades tecnológicas.

El asunto tenía ribetes estratégicos y de seguridad para las poblaciones y el medio circundante y los especialistas eligieron las cercanías de Chamical, una localidad de los llanos riojanos. Allí, la aeronáutica argentina poseía unas instalaciones desde 1944, que habían funcionado como Centro de Tiro y Bombardeo y Destacamento Aeronáutico Militar. El lugar posee unas privilegiadas características meteorológicas que vienen de perillas para la actividad aeroespacial –por ejemplo una buena cantidad de días soleados– y está en las cercanías de portentosos salares, que podrían servir para absorber los impactos de los cohetes de prueba, minimizando los riesgos de los lanzamientos. Estas cuestiones hicieron que en junio de 1961 el gobierno presidido por Arturo Frondizi decidiera emplazar allí el Celpa 1, que desde entonces fue un escenario protagónico del desarrollo aeroespacial argentino.

También hubo otro Celpa, pero no corrió igual suerte. Con la finalidad de lanzar misiles balísticos o autopropulsados, en los años sesenta se creó el Celpa Atlántico o Celpa Mar Chiquita. La elección de su emplazamiento en esta localidad cercana a la turística Mar del Plata tenía sus pro y sus contra. A las facilidades de acceso y transporte de los recursos humanos y técnicos se le oponía la ardua y dificultosa tarea de la recuperación de los equipos en el mar. El lugar elegido era ideal si se pensaba en poner a futuro un satélite en órbita, aunque el terreno elegido era de propiedad privada, por lo que hubo que transitar un proceso de expropiación. La base Celpa Mar Chiquita, si bien tuvo intensa actividad en su primera década de vida, en medio de los avatares políticos y económicos del país cayó en desuso y actualmente dejó en el arcón de los recuerdos sus antiguos pergaminos aeroespaciales para convertirse en una reserva natural.

DE LA RIOJA A LA ANTARTIDA

Chamical fue el escenario emblemático del frenesí aeroespacial de los años sesenta y setenta, cuando los científicos le sacaron jugo a esta base pionera en la región realizando diversas experiencias aeroespaciales y meteorológicas. En 1963 comenzó a ensayarse allí una nueva serie de cohetes, los Gamma Centauro. La serie estaba integrada por dos modelos que, si bien modestos, dejaban de ser experimentales –como los Alfa y Beta Centauro lanzados en 1961– para convertirse en unos cohetes operativamente hechos y derechos. En Chamical se realizaron múltiples pruebas de lanzamiento, funcionamiento y recuperación de cohetes, algunos de ellos con equipamiento destinado al monitoreo de la atmósfera. En agosto de 1963 el Centro de Investigaciones Tecnológicas de las Fuerzas Armadas (Citefa) probó un prototipo de cohete sonda de diseño y factura propia conocido como Prosón I. Este cohete de dos etapas tenía fines de monitoreo meteorológico y se realizaron pruebas de evaluación general y de seguimiento óptico –utilizando para ello una carga que generaba humo y marcaba la trayectoria, y era seguida por instrumentos de control geométrico– con muy buenos resultados.

El Gamma Centauro tendría además un momento de gloria geopolítica, ya que fue utilizado en una misión que tuvo como fin reafirmar los derechos argentinos sobre la región antártica. Los estudios científicos habían anticipado que los ciclos de actividad magnética solar entrarían en un mínimo para 1965, y con tal motivo se propuso una serie de estudios en lo que se dio en llamar el Año Internacional del Sol Quieto. Argentina se sumó a la iniciativa mundial y creó en 1963 una comisión que planificó un abanico de actividades relacionadas con el fenómeno solar. En 1965 los Gamma Centauro llegaron a la Antártida, como parte de un trabajo internacional de medición de las radiaciones y los parámetros meteorológicos de la alta atmósfera. Los Centauros no llegaron solos. La experiencia, realizada en la Base Matienzo (fundada cuatro años antes) y complementada con otros lanzamientos efectuados desde Chamical, incluyó tres cohetes Gamma Centauro y dos globos sonda, y colocó al país a la vanguardia mundial respecto de los lanzamientos en el continente antártico, una proeza que sólo habían alcanzado hasta el momento los EE.UU. y la Unión Soviética, los pesos pesado de la Guerra Fría. Es que no resultaba nada fácil operar en las condiciones climáticas de la zona y eso otorgaba a la experiencia un lugar de epopeya científica y tecnológica, además de constituir un aporte invalorable a los estudios que se realizaban en el marco del programa de cooperación internacional.

En las décadas siguientes un amplio abanico de cohetes, como los de las series Canopus, Orión, Castor, Rigel y Nike-Apache, fueron lanzados desde el Celpa 1, que también fue sede de importantes experiencias científicas de exploración de la alta atmósfera y una activa campaña de lucha antigranizo. Pero a principios de los ochenta el centro pasó a la órbita militar y la actividad aeroespacial debió resignarse a ocupar un papel secundario. El último lanzamiento experimental del siglo XX se realizó en 1989, y posteriormente el Celpa 1 entró en un sombrío período de inactividad que presagiaba un final inexorable para el centro y los sueños aeroespaciales argentinos. Parecía que, parafraseando el tango dedicado al pobre Cipriano, al compás del almanaque se deshojaba la ilusión del desarrollo aeroespacial autónomo.

MARCANDO SU RETORNO

En los últimos años el desarrollo aeroespacial cobró nuevos bríos gracias a la implementación de políticas activas. En ese sentido, el Celpa 1 fue escenario en 2011 de un acontecimiento que le permitió reverdecer sus laureles y que conmocionó a la cercana localidad de Chamical. En julio de 2011 se lanzó desde allí el Gradicom II, un cohete de dos etapas con dos motores de propulsante sólido construido por el Citedef (ex Citefa).

El Gradicom es un desarrollo que se las trae. Por sus características puede convertirse a futuro en un versátil cohete aplicable a diversos fines, desde estudios científicos hasta la colocación de un satélite en órbita, lo que en tiempos del SACD no es poca cosa. La ocasión sirvió para probar todo el sistema –motores, separación de etapas y elementos de medición y transmisión de datos– y también para revivir la vieja gloria del Celpa I.

Para el lanzamiento del Gradicom II el centro debió ser convenientemente adaptado a los tiempos tecnológicos que corren. El último cohete de dos etapas argentino, perteneciente a la serie Tauro, había despegado desde el Celpa 1 hacía 30 años, mucho tiempo atrás para el vertiginoso ritmo de la actividad cohetera. La informática, en su paso fulgurante, ha dejado avanzadísimos métodos de cálculo, de diseño y de predicción aerodinámica que facilitan enormemente las cosas, disminuyendo de manera considerable los tiempos de desarrollo, pero que no pueden prescindir del ingenio y la creatividad humanos. Ese algo que los tecnólogos suelen llamar knowhow –saber cómo– y que ha podido ser preservado a pesar de los embates de las políticas de defensa y de ciencia y tecnología de fines del siglo XX. Lejos de refugiarse en el fuego del recuerdo –como sugiere irónicamente el tango–, a sus cincuenta años el Celpa 1 está nuevamente en carrera para ser protagonista del retomado camino del desarrollo aeroespacial argentino.

Fuente: Pagina 12

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/futuro/13-2735-2012-08-26.html

martes, 26 de julio de 2011

Argentina: significación del lanzamiento del vector Gradicom II

26 de julio del 2011 | 

El pasado lunes 11 de julio, la Argentina vivió un momento fundamental en su historia: el lanzamiento del Gradicom II desde el “Centro de Ensayo y Lanzamiento de Proyectiles Autopropulsados” de la base aérea militar Chamical, en la provincia de La Rioja.







Desarrollado por el Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas (CITEDEF), el Gradicom II traza un verdadero antes y después que bien merece ser festejado por todos los argentinos; lamentablemente, las cuestiones partidario políticas o de otra índole sectaria, muchas veces parecen poder más que cualquier buena iniciativa que busca materializar la tan ansiada y reclamada “proyección y posicionamiento internacional” de la Argentina en el concierto de naciones.
El Gradicom II es el reinició del desarrollo de vectores por parte de la Argentina después de 25 años de inactividad, nada más ni nada menos. Esta iniciativa aeroespacial, así como el programa de recuperación de misiles (también a cargo del CITEDEF), son posibles porque hay una firme decisión política de los gobiernos que constituyen la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) de alentar e incluso compartir proyectos tecnológicos propios.
El Gradicom II es el primero en la historia de la República Argentina que se lanza con este sistema de cohete de dos etapas y traspasó la barrera de los 100 Km. de altitud y 120 Km. de distancia.
El vector de 933 Kg. de peso en rampa y 7.686 mm. de longitud, ensayó en este contexto su segunda versión del motor de combustible sólido, que tenía por finalidad desarrollar un prototipo con 120 segundos de vuelo en el espacio exterior y experimentar sistemas y subsistemas de cohetería para uso civil y militar.
En el proyecto participaron alrededor de 70 ingenieros y científicos argentinos que diseñaron, entre otras cosas, combustible, telemetría, la electrónica y el chasis del cohete.
En el desarrollo, junto al CITEDEF, participaron el Centro de Investigaciones Aplicadas y el Instituto Universitario Aeronáutico de la Fuerza Aérea.
El vector tiene dos campos iniciales de acción muy claros: el espacio y el desarrollo de misiles de mediano alcance. Las dos categorías de vectores se diferencian fundamentalmente por la posibilidad de ser guiados luego de su proyección.
Los cohetes – recordemos – son vehículos de trayectoria libre usados para artillería o como portadores de sondas científicas para estudios de la alta atmósfera.
En cuanto al tema misiles, la Argentina suscribe al “Régimen de Control de la Tecnología de Misiles” (MTCR), tratado por el cual no debe desarrollar sistemas misilísticos más allá de mediano alcance (hasta 300 km.).
A partir de aquí les dejo una serie de excelentes videos que me han sido sugeridos, por un lado, por el usuario Jcastro y, por el otro, por quien es un compatriota e investigador científico de renombre mundial: el Ing. Pablo de León. A ambos mi agradecimiento.
Mencioné al Ing. Pablo de León y permítanme abrir un paréntesis con una apreciación, breve y valiosa, que este especialista altamente calificado en temas aeroespaciales, me hiciera en el contexto de un diálogo que sostuvimos días pasados refiriéndonos al Gradicom: (…) “Creo que no me equivoco cuando manifiesto que con la tecnologia de propulsantes solidos compuestos que tiene hoy Citedef podrian, en menos de 4 años, poner un satelite en orbita. Todo depende de los medios económicos, y no estoy hablando de cifras astronomicas, sino de un presupuesto modesto pero constante, de forma que puedan concluir su proyecto. Sería bueno, tambien, ver a la gente de Córdoba (IUA, etc.) sumarse a esta importante iniciativa, con su experiencia y sus recursos e instalaciones” (…).
Sin lugar a dudas, para tomar en cuenta.
Ahora sí, vamos al desarrollo del material fílmico.
Habla el Director de Lanzamiento.

Traslado de la ojiva del cohete.

Instalación y ajustes en el móvil de telemetría.

El momento exacto de la salida del cohete. Emocionante.

Crédito para todos los videos: Dominio Digital TV S.R.L.
La primera experiencia se realizó a fines de 2009 con el Gradicom I (PCX) que alcanzó 40 km. de altura. El siguiente es un muy buen video (crédito: bossaspide) que muestra aquel lanzamiento.

Sobre el Ing. Pablo de León en Universo Armas, que entre otras actividades dirige el “Laboratorio de Trajes Espaciales” de la Universidad de North Dakota (Estados Unidos), ver: http://blogs.perfil.com/armas/2009/12/19/lanzamiento-de-vector-nacional-gradicom-pcx-2009/

1 Comentario »

  1. jose dice:
    …Una pena el tiempo perdido!! Desde el grandioso proyecto del Condor, un vector mucho mas poderoso, a este mas modesto….
    Es dificil para mi personalmente ver estos videos despues de saber con bastante exactitud cual cerca estuvimos de poner vectores misilisticos mucho mas avanzados 20 años atras…
    No me engaño, el gradicom es un buen vector pero le faltan algunos años (y mucho dinero de por medio) para darle una utilidad practica.
    De todas maneras es destacable el avance pero al menos para mi es dificil no trazar paralelismos entre “lo que tuvimos”, “lo que tenemos” y “lo que podriamos haber tenido” de haber seguido siendo coherentes en investigacion espacial…
Capital Federal - El ministro de Defensa, Arturo Puricelli, resaltó que el desarrollo del cohete GRADICOM II se enmarca dentro de la decisión del gobierno nacional de intensificar la capacidad científica y tecnológica para la Defensa. Fue realizado íntegramente por especialistas argentinos del Ministerio de Defensa.


El cohete GRADICOM II fue realizado íntegramente por especialistas argentinos del Ministerio de Defensa a través del Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa (CITEDEF), y lanzado con éxito el lunes 11 de julio a las 15.28 desde el Centro de Ensayo y Lanzamiento de Proyectiles Autopropulsados de la base aérea militar Chamical, provincia de La Rioja.
“El resultado fue realmente conforme a lo que se tenia previsto por el CITEDEF y la gente de la Fuerza Aérea”, aseguró el ministro.
“El GRADICOM II es el primero en nuestra historia que se lanza con este sistema de cohete de dos etapas y traspasó la barrera de los 100 Km. de altitud y 120 Km. de distancia”, dijo Puricelli.
El vector de 933 Kg. de peso en rampa y 7.686 mm de longitud completa ensayó su segunda versión del motor de combustible sólido, que tenía por finalidad desarrollar un prototipo con 120 segundos de vuelo en el espacio exterior y experimentar sistemas y subsistemas de cohetería para uso civil y militar.
En el proyecto participaron alrededor de 70 ingenieros y científicos argentinos que diseñaron, entre otras cosas, el chasis, el combustible, la telemetría y la electrónica del cohete.
En el desarrollo, junto al CITEDEF, participaron el Centro de Investigaciones Aplicadas y el Instituto Universitario Aeronáutico de la Fuerza Aérea.
“El vector tiene dos campos iniciales de acción muy claros: Uno de ellos es la posibilidad de utilizar esta experiencia para aplicar al acceso al espacio, si así lo decide la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE); y por otro lado, puede usarse para el desarrollo de misiles de mediano alcance”, explicó el ministro.
Las dos categorías de vectores se diferencian fundamentalmente por la posibilidad de ser guiados a posteriori de su lanzamiento.
Los cohetes son vehículos de trayectoria libre usados para artillería o como portadores de sondas científicas para estudios de la alta atmósfera.
Nuestro país suscribe al Régimen de Control de la Tecnología de Misiles (MTCR), tratado por el cual no debe desarrollar sistemas misilísticos más allá de mediano alcance, es decir, de la barrera de los 300 km. “Esto es algo que la Argentina está decidida a cumplir y a respetar”, afirmó el titular de Defensa.
Tras 25 años de inactividad en el desarrollo de vectores, el CITEDEF retomó en 2009, por impulso del Gobierno de la Presidenta Cristina Fernandez de Kirchner, el programa de cohetería con el lanzamiento del PCX GRADICOM, cohete de un solo motor, en el polígono de tiro de Serrezuela, provincia de Córdoba.
En este marco de política nacional en Defensa, también se inscribe, entre otros logros, la firma del contrato para la provisión de seis radares primarios para el control del espacio aéreo; la recuperación en 2009 de la Fábrica Argentina de Aviones (FAdeA), donde se cuenta con importantes realizaciones, como la fabricación de partes del nuevo avión de transporte desarrollado por EMBRAER y la nueva motorización del avión argentino Pampa que se encuentra en su etapa de vuelos de prueba.
Además, dentro del Complejo Industrial Naval Argentino (CINAR), el recorrido de media vida del submarino San Juan (la primera vez que se realiza en nuestro país) y la construcción de barcazas para PDVSA, mas la recuperación total del rompehielos Almirante Irizar.
http://www.impulsobaires.com.ar


Reunión plenaria del Régimen de control de la tecnología de los misiles (11 al 15 de abril de 2011)

La reunión plenaria del Régimen de control de la tecnología de los misiles (MTCR) se celebró del 11 al 15 de abril en Buenos Aires.
Fundado en 1987 para luchar contra la proliferación de misiles susceptibles de llevar a bordo armas de destrucción masiva y preocupados por concertar sobre los principios que haya que adoptar para limitar las exportaciones de equipo y tecnología balísticas, el MTCR cuenta con 34 miembros. La Presidencia por turnos actualmente está al mando de Argentina. Francia se hace cargo de la secretaría permanente o “Punto de contacto”.
En la declaración final de la reunión, que se hizo pública el viernes, los países miembros de la MTCR reafirmaron que la proliferación de armas de destrucción masiva y de sus vectores constituye una amenaza para la paz y la seguridad internacionales.
Las contrapartes del régimen procedieron a celebrar algunos intercambios de puntos de vista sobre los programas balísticos efectuados actualmente en Medio Oriente, en el noreste de Asia y Asia meridional, en primer lugar por Irán y por Corea del Norte, los cuales contribuyen a la inestabilidad regional y a la proliferación balística.
Asimismo, señalaron su determinación por aplicar las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas relativas a la no proliferación, en especial, las resoluciones 1540, 1874 y 1929. La presidencia argentina y los países miembros, por último, se comprometieron a desarrollar sus actividades de sensibilización con los países que no son contrapartes, para promover el respeto de las líneas de acción del MTCR y aumentar la sensibilización a los riesgos de proliferación de los misiles.
La adopción de este comunicado final unánimemente es reflejo de un consenso internacional fuerte sobre el papel que debe desempeñar el MTCR para detener las actividades proliferantes, en particular de parte de Irán y de Corea del norte. Francia, que colaboró activamente para este fin, se congratula por ello.


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