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lunes, 18 de diciembre de 2017

Las Malvinas, cuestión previa: Masonería, judaísmo, Imperio Británico – Ramón Doll




Las Malvinas, cuestión previa: Masonería, judaísmo, Imperio Británico – Ramón Doll

lunes, 18 de diciembre de 2017

“Debemos considerarnos los argentinos en estado de guerra internacional contra una hidra tricefálica, cuyas cabezas son la masonería, el judaísmo y la finanza internacional y cuyo cuerpo es el imperio británico, sostén físico de todas las fuerzas destructoras y corruptoras que nos precipitan a una caída vertical sin precedentes. Si vencemos, recién entonces podremos celebrar la Reconquista”.




Cuando a principios del siglo pasado nacieron a la vida independiente los Estados americanos, pudo creerse que en dos zonas del nuevo continente debían levantarse dos potencias mundiales donde la civilización europea vendría a superarse y perfeccionarse. Esas dos zonas eran: una, la tierra que comienza en el Atlántico y en el Golfo de Méjico, justo la extensión que ocupan los Estados Unidos de Norteamérica; otra, la cuenca del Rio de la Plata, que debía abarcar aún más territorio que el Virreinato así llamado.

DOS ZONAS PRIVILEGIADAS

Ambas zonas del continente americanos son dos bendiciones de Dios. Clima templado, tierras blandas, raudales inagotables, que arrastran desde los trópicos o desde los glaciares mediterráneos limos fecundos.

La parte de América que se levantara al conjuro del grito de Mayo era especialmente una extensión maravillosa de belleza y de riqueza, irrigada por arterias que traen desde el corazón de la zona tórrida sus jugos y sus aromas sin cesar renovados; era en primer término una pradera privilegiada, suficiente por sí sola para abastecer de pan y carne a toda Europa; era después la selva con maderas, las más variadas del mundo; y era el trópico sobreabundante, generoso, policromado, como un jardín de donde debía venir lo que faltara para completar y condimentar las sustancias primas de un litoral templado. Parecía que el Creador se había puesto parsimoniosamente a cuidar los detalles de un mundo económico completo en toda aquella parte del globo que se llamó Virreinato del Río de la Plata. Jamás el Todopoderoso proporcionó a una colectividad un domicilio más confortable, mejor provisto y más seguro.

Le tapió el oeste los fondos de la casa con una cadena de cerros inexpugnables, ahorrándole el cuidado de una costa estéril y amenazada; al norte le concedió todas las tierras blandas del subtrópico, justo hasta donde cualquier nación tenía que seguir siendo india, quichua o colla, por su clima o por su altura, de modo que también nos ahorró un problema de minorías indígenas que tiene el resto de la América coloreada. Por el frente de la casa nos concedió el prodigioso panorama de una cuenca que es litoralmente la cornucopia de la Fortuna, el cuerno de oro de la abundancia, engrosado, afluido y confluido por millares y millares de hilos e hilillos de agua que venían de las selvas brasileñas hasta el Río de la Plata cubriendo un territorio de más de medio millón de leguas con una costra de tierra grasa donde no hay cimiente animal o vegetal que no fermente y cobre vitalidad, vigor, ritmo y palpitación.

Además de eso, nuestro arquitecto le dio al edificio un planteo estratégico contra posibles enemigos de tales condiciones, que nuestra casa es y será naturalmente inexpugnable, tal cual lo ha demostrado nuestra historia de vida independiente, cada vez que el pirata inglés o el bucanero francés o el cuatrero portugués quiso entrar por la puerta de calle forzando las canceles que custodian el edificio. Entiéndase bien; nuestro domicilio es inexpugnable, es inviolable, y el invasor ha mordido siempre el polvo de la derrota, pero cuando nuestra naturaleza ha obrado con libertad y espontaneidad, cuando se ha dado libre rienda a los impulsos más profundos del alma popular, cuando se ha dejado al alma criolla elegir y seguir sus propias inclinaciones y cuando se han aprovechado con sabiduría las posiciones reales de la estrategia natural y nacional.

Como lo he dicho anteriormente, no sólo en el extremo sur de América se había ofrecido un prodigio así confortable y así amable a sus habitantes. También en el extremo norte del nuevo continente, la Providencia había dispuesto un paraje igualmente dotado de comodidades y enriquecidos de bienes como en la zona del Plata. El territorio que hoy ocupan los Estados Unidos tiene la misma huerta, el mismo jardín, iguales tesoros escondidos en la entraña, y raudales parecidos fertilizan leguas de praderas y de edenes.

DESTINOS DISPARES

Ahora bien, observemos qué cosas más distintas pasaron en esas dos geografías iguales.

El lector sabe tan bien como yo que en el espacio templado del norte se levantó una gran nación de 120 millones de habitantes, una primera potencia mundial, en este otro espacio de la cuenca del Plata no pudieron desenvolverse sino muy deficientemente algunas naciones autónomas, de las cuales la nuestra, siendo la mayor, no alcanza a brillar en el firmamento mundial más que como estrella de cuarta o quinta magnitud. Los vecinos del norte no hicieron más que agrandarse, avanzaron hacia el oeste y hacia el sur, todavía se corrieron por el Pacífico, llegaron a Alaska, a Filipinas, entraron a buenas o a malas en todo Centroamérica e hicieron del Mar Caribe un lago territorial.

Al revés de ellos, en la cuenca del Plata todo fue achicarse; de un solo bloque compacto que crearon las leyes españolas con el Virreinato, saltaron en pedazos republiquetas insignificantes, y en lugar de avanzar y colonizar, nuestro país se fue encogiendo y fue colonizado. Dueño de solares tan fecundos, tan grandiosos, el argentino se ha ido reduciendo al punto de que ya no tiene más perspectivas que el empleo público o poner puestos de cigarrillos en los zaguanes.

¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué esta diferencia de Destino? ¿Cuáles son las causas para que en igualdad de posibilidades al norte se levantara una potencia y al sur sólo cuatro o cinco naciones nominalmente autónomas, de vida lánguida, sin ánimo imperial, con una población abúlica y un escepticismo enfermizo?

La explicación es muy sencilla y debe hallarse en las reacciones y recelos de todo orden que la formación de naciones latinas y católicas provocaron en los poderosos de entonces.

LOS YANQUIS Y NOSOTROS

Por uno de esos traspapelamientos cuyo verdadero sentido ignoramos los mortales, aquella parcela de la tierra, es decir, Norteamérica, viose ocupada por grupos de individuos inferiores, aventureros adoradores del becerro de oro, que disimulaban un disconformismo religioso, cuando en realidad vinieron a América sus ascendientes para huir de las autoridades.

Bien sabido es que los dignos, altivos, los sedientos de libertad, llamados peregrinos de la Mayflower no eran más que elementos indeseables de la hez de Londres, sujetos que serían considerados hoy en estado peligroso. Bien sabido es que las mujeres que los acompañaban, como muchas de las que emigraron a Norteamérica, pertenecían a la condición más desgraciada de su sexo.

Aquel otro territorio se pobló mal. El plantel humano originario, formado por colonias mercantiles, es decir, por factorías de mercaderes que planeaban compañías comerciales, no anunciaba nada bueno. Excusado es decir que algunas colonias no eran ni siquiera eso, pues está, por ejemplo Georgia, fundada en 1773 por un llamado filántropo, a la que se mandaban los criminales y fallidos para darles una oportunidad de que se regeneraran convirtiendo a los indios.

Después y hoy se pudo ver qué podía salir de matrices semejantes: un pueblo inficionado hasta los tuétanos con la sífilis judaica, un pueblo pusilánime pero codicioso que no conoce las armas de la guerra, sino los recursos del oro y el soborno. Durante las luchas coloniales entre Inglaterra y Francia, los colonos yanquis no quisieron intervenir, pero mandaron a los indios en su lugar para que se diezmaran en los combates. Luego, cuando la metrópoli británica quiso cobrarse los gastos con los impuestos al té y a los sellos, los colonos yanquis tampoco quisieron pagar y se alzaron contra los ingleses, pero utilizaron a los soldados franceses en la lucha por la emancipación, al mando de Lafayette. Todas las guerras de Estados Unidos han sido hechas a costa de brazos y sangre extranjera, o haciendo pelear a los mejicanos entre sí cuando la guerra con Méjico, o con negros, como la llamada lucha de secesión en que los Estados del Norte emanciparon los esclavos para poderlos enrolar en los ejércitos.

Y bien, esa prosperidad y civilización yanquis, por mercantil y por judaica, no fue obstaculizada por la Europa liberal del siglo XIX, porque se advirtió que el desarrollo norteamericano no hacía otra cosa que incorporar una fuerza más a la constelación protestante del oro y del comercio que brillaba entonces en el cenit del mundo.

El desarrollo de un país materialista y amoral como Norteamérica, en lugar de ser un estorbo para las fuerzas que alcanzaban la preeminencia y la dominación del mundo era, por lo contrario, una prueba, una afirmación corroborante, de la moral y la religión que el protestantismo piratíco y el mercantilismo judaico habían puesto en boga.

Nadie le salió al paso a Norteamérica, nadie conspiró contra su desarrollo; el inglés y el judío dominantes en los mares y en los bancos, en la diplomacia y en las bolsas de comercio, se acariciaban sus barbas rabínicas al contemplar aquel pichón de harpía o cachorro de chacal que tenía toda la vocación de la rapiña, de la avaricia, y del atraco que el siglo exigía.

NOSOTROS, PELIGRO MORTAL PARA LA JUDERIA

Otra cosa muy distinta era la población civil criolla residente en nuestra cuenca.
Aquí había un plantel humano superior, una raza criolla y española apretada en un haz católico y heredera de la vocación ecuménica que no había podido realizar España. Este no era un pueblo de mercaderes sino de soldados y de productores, que tenían una fe y podían redoblar su empuje imperial con el aliento de una honda aspiración religiosa sustentada por reservas económicas inagotables.

Para los valores triunfantes en el siglo, esta potencia si era un peligro universal; para el filisteísmo del Occidente europeo, la probabilidad de que la Argentina pudiera ser un día el brazo ardoroso de nuevas cruzadas en el mundo no era dudosa, y fue entonces cuando una conspiración infame, patrocinada por Inglaterra e inspirada en los cenáculos secretos de las logias, se dedica encarnizadamente a no dejarnos crecer y expandirnos. Fuimos víctimas al principio de tentativas materiales para dominarnos militarmente, tentativas que en 1806 y luego en 1845 son frustradas por un pueblo viril que defendió su honor y su patrimonio con las armas en la mano. Mas luego, abandonada la idea de la conquista militar, la Argentina, ya parcelada por efecto de la intriga diplomática, es objeto de una infiltración capitalista que, evidentemente, ha logrado su objeto, envileciéndonos en un estado de colonia con autonomía aparente y a la que se le permite el uso de algunos símbolos nacionales porque su usufructo más que redituar intereses causa gastos y molestias.

UN PARALELO IMPOSIBLE

He hecho este demasiado largo paralelo entre nosotros y Estados Unidos y no en vano. Porque uno de los expedientes que utilizaron los liberales para vendernos fue deprimir el espíritu público argentino humillándolo con repetidas comparaciones con el que calificaban coloso del norte. Mientras ellos, tienen 120 millones de habitantes y son potencia mundial, nosotros no hemos hecho nada y somos una minúscula nación indoamericana. Y agregaban: es que no tenemos capacidad para el progreso técnico y somos indudablemente étnicamente inferiores para la civilización europea, decía un Sarmiento.

Todo es mentira. Sarmiento no hacía otra cosa que su tic habitual de mentir y renegar de su casta, cuando así hablaba. Como católicos y latinos, nosotros nos podemos arrogar una representación más genuina de la civilización europea en América que cualquier yanqui fabricante de salchichas o de artículos de goma. Por lo demás, el progreso técnico no es más que un capítulo y muy insignificante de esa civilización que ha creado el chófer, sin duda, pero que no lo ha puesto en el pináculo ni en el grado primo de una escala de valores.
¡Debemos recalcarlo! Nosotros hemos vivido y vivimos rodeados de enemigos; nuestros males no provienen de ninguna inferioridad étnica, al contrario, nuestro plantel humano es de calidad superior. ¡No tenemos la culpa de nuestro atraso!

Esto de nuestra culpabilidad, de nuestra total responsabilidad, de que no sabemos gobernarnos, de que no somos dignos de un gobierno propio y de que la población argentina no merece instituciones tan regias como la Ley Sáenz Peña con su cuarto oscuro y algunos papeles desparramados, todo esto es la calumnia más bellaca que un conglomerado de intereses ha podido hacer a una nación.

¡No tenemos la culpa de nuestros males!

Lo que hay es que fuimos traicionados y arteramente espiados por el enemigo inglés, masón y judaico. Desde que surgimos a la vida libre se nos obstaculizó, se conspiró, se introdujo en la nacionalidad un asqueante súcubo, se nos calumnió; y, en definitiva, entre los enemigos de afuera y los emboscados, derrotistas y saboteadores de adentro, se nos enajenó al mejor postor en la rueda internacional de traficantes.

NUESTRO ENVILECIMIENTO

Dejemos ya toda comparación y paralelo y marquemos con tintas crudas el contraste entre la geografía económica y étnica que nos había deparado el destino y la miseranda situación de nación pobre, con que una confabulación implacable y extranjera estranguló la nacionalidad. Púes hemos despertado de un sueño de prosperidad ficticia; y las actuales generaciones han llegado a la desgraciada comprobación de que los tesoros, las praderas, las selvas, los pájaros y los peces, todo fue entregado a un puñado de judíos y de ingleses. La carne y el cereal son cambiados en el extranjero por chirimbolos de ferretería y en último caso tres o cuatro firmas y diez o veinte estancieros afortunados se benefician con la exportación [1]. Todas las fuentes de energías argentinas son dirigidas por grupos capitalistas de Londres, de París o de Bruselas; y alguna producción autóctona, como el azúcar, el vino o la yerba, está controlada por el capital financiero. Ni siquiera se ha constituido una clase industrial argentina toda lo privilegiada que se quiera, pero que por lo menos fuese argentina. No necesito, pues, exponer en un artículo lo que todos saben, y es la triste existencia de la población criolla que trabaja y que produce en el Norte, en Cuyo, en el Litoral mismo, frente a los magnates bancarios, ferroviarios, de la electricidad, del teléfono, que ni siquiera residen en el país y que en estos momentos inventarían nuestros bienes en las mesas de las cancillerías europeas, como probables valores de cambio a negociarse mañana en una nueva paz de bandidos como la de Versalles[2].
Pues bien, es cierto que para nuestros amos ésta no es una patria sino una factoría donde los gerentes traspasan la mercancía de mano en mano después de haber abonado el marfil a los nativos con cuentas de vidrio o con espejos.

EL CAPITALISMO TIENE UNA INTENCION POLITICA

Pues bien, dando por conocida ya ampliamente la envilecida situación de colonia en que ha caído la Argentina, lo que interesa es aclarar en todo su alcance cual es exactamente la subordinación que sufrimos los argentinos respecto al capital y dominio británicos.

Si se tiene en cuenta las razones por que el imperio de John Bull y de Judá no podían cometer la estupidez de dejar que se levantara una nación guerrera y poderosa de cultura latina y de fe católica, ya puede también comprenderse por qué el capital inglés no podía venir a la Argentina simplemente a sacar su interés en la inversión, cobrar sus anticipos, amortizarlo después y terminar en un ciclo breve su cometido.

Si así hubiera sido el asunto, sería más fácil y francamente no habría necesidad de pronunciar las grandes palabras y de denunciar esa dependencia económica como colonial y opresora. Todo el programa del Nacionalismo estribaría en una paulatina y evolutiva expropiación de servicios públicos y un cierre discrecional ante nuevas expansiones. Se podría decir irónicamente del Nacionalismo que no valía la pena de crear una mística, de arrojar el baldón de la traición sobre los entregadores de la Nación y hasta de provocar una guerra civil en el país, nada más que para recortarle las uñas al buitre capitalista o para tomar medidas legislativas tendientes a eliminarlo de la nación.

Estarían profundamente equivocados los que así arguyeran. El imperialismo anglojudeomasón en la Argentina no es un caso de física económica; es el instrumento inteligente, previsor, intencionado, de la política inglesa, que a su vez lo es de las fuerzas que actualmente están en posesión de la mayor parte de las riquezas del mundo.

El capitalismo británico es no sólo un hecho económico, sino que esta acoplado a una voluntad política de hegemonía y de opresión que lo trasciende comprometiendo nuestra soberanía, inhibiendo las aptitudes del Estado argentino y paralizando su natural desarrollo. Por eso es imperialista y no por la mera circunstancia de que se transvase de un país a otro.

El hecho de que los vendedores de manufactura de un país industrial como Inglaterra vengan a la Argentina a buscar clientela para colocar vagones de ferrocarril con el nombre de coches de primera, aunque en Londres hayan servido de perreras, es un hecho demasiado simple para llamarlo imperialista; y aparte de que los recursos de un mueblero charlatán no pueden engañar más que una vez, la ventaja sórdida que supone no entraña peligro alguno para la nación compradora.

Tampoco puede llamarse enfáticamente imperialismo al hecho normal de que un grupo de capitalistas lleve dinero a otro país y construya allí obras públicas o explote minerales. Eso ocurre y ha ocurrido en todas partes del mundo, sin que la soberanía del país donde se introduzcan capitales extranjeros sufra desmedro alguno.

EL CAPITALISMO INGLES ES POLITICO

Pero es que el capitalismo anglojudío en la Argentina no es eso sólo, sino que trae en sus brazos una intención política, un designio de opresión y tutelaje que es lo que se llama específicamente imperialismo. No se ha aplicado en Argentina un solo penique inglés que no estuviera acondicionado a un plan de dominación extranjera, que no respondiera a una táctica prevista en Londres para meter a nuestro país en una trampera con una sola salida a la tributación del imperio insular.

No puedo fatigar la atención del lector con pesadas estadísticas. Pero si se quiere un ejemplo, mírese el mapa de los ferrocarriles argentinos. ¿Qué es esa tela de araña con arranque central en Buenos Aires sino el resultado de un esfuerzo coordinado de afuera para poder paralizar en media hora la circulación de la riqueza nacional? Cualquier hombre de simple sentido común al ver esa tela de araña comprende que nuestros ferrocarriles no han contemplado en ningún momento el interés, la seguridad, la comodidad y la estrategia de defensa nacional; no ligan directamente zonas interdependientes del país; el vino de Mendoza para ir a Tucumán tiene que pasar por Buenos Aires y lo mismo el azúcar de Tucumán para ir a Mendoza. No se construyeron teniendo en consideración los intereses creados en los pueblos; no guarnecen o comunican las fronteras, no consultan las necesidades del Estado Mayor. [3]

En cambio, responden a una facilidad: y es la de que el extranjero enemigo pueda apoderarse de toda la Argentina en el momento que domine Buenos Aires solamente.
Lo que decimos de los ferrocarriles podemos decir de los empréstitos, de las obras públicas, de los bancos, de la luz eléctrica, del teléfono. Todas las inversiones de capital extranjero tuvieron fines políticos, fueron dirigidas desde Inglaterra, país imperial donde la política calza en la economía como un guante en la mano, porque la mano no extiende el índice sino con larga sapiencia diplomática. ¿Cuál es esa intención política? Repitámoslo una vez más: impedir a toda costa el poderío económico de cualquier país católico.

No es tan fácil según se ve nuestra emancipación integral, porque el imperialismo británico, de savia judaica, no sólo ha realizado en nuestro país una penetración económica sino que provocó una verdadera revolución política y hasta social en la estructura nacional[4]. Decir que la influencia económica anglosajona determinó la adopción de una carta magna también anglosajona, sería decir ya un lugar común por todos conocidos. Creemos que en ese aspecto del problema ya las nuevas generaciones han pronunciado su última palabra. Los llamados organizadores de la Nación, los Sarmiento, los Mitre, los Alberdi, prestigiaron una constitución anglosajona, lisa y llanamente, porque esa constitución perfeccionaría jurídicamente la entrega del país al extranjero. La única y valedera historia constitucional argentina, los orígenes y antecedentes de la Constitución argentina, hay que buscarlos en los diversos tratos y contratos que tuvieron los unitarios con el extranjero, antes del destierro, en el destierro y después del destierro[5].

INFLUENCIA SOCIAL DEL IMPERIALISMO

Pero es que el imperialismo británico no solo ha tenido influencia política o institucional en el país, sino que ha producido efectos sociales y morales de todo orden. Ha determinado en último análisis el ambiente cartaginés de una capital hacia la cual confluyen y de la cual refluyen todos los canales por donde se desparrama en la nación el virus de la corrupción y de la deserción de los grandes ideales patrióticos; también ha contribuido a pauperizar las clases campesinas y a desequilibrar la sinergia nacional creando una economía que favorece el comercio urbano sobre la producción rural; y por el control monetario que ha ejercido la libra sobre nuestro numerario ha tenido el monopolio del comercio exterior.

Hay entonces una dominación efectiva, una subordinación real y permanente de nuestro país al imperialismo británico; y antes de pasar delante conviene advertir que ese estado de protectorado virtual, mediante una colonización capitalista efectiva pero simulada bajo una soberanía nominal, nos envilece y nos degrada más ante propios y extraños que un coloniaje integral, porque por lo menos en este caso la exhibición del pabellón inglés provocaría el hartazgo y la rebelión en las reservas morales que mantiene el país y porque no continuaría el equívoco y el confusionismo entre los argentinos. Agregaremos que la ocupación militar lisa y llana localizaría la situación del enemigo, que en la actualidad se infiltra, se mimetiza, se torna ubicuo, en las antesalas palaciegas, en los acuerdos parlamentarios, en los expedientes judiciales, soborna funcionarios, atiza campañas periodísticas[6] desde la sombra y desaparece en los subterráneos del Servicio Secreto británico cada vez que un patriota decidido lo denuncia ante la opinión pública.

EL CARACTER DE NUESTRA LUCHA

A esta altura de nuestra exposición ya podemos advertir, cual es la verdadera naturaleza, el verdadero carácter, que debe tener nuestra lucha por la emancipación integral del país. Si tenemos en cuenta que la dominación de influencia extranjera, léase anglojudeomasónica, sobre la Argentina no es solamente económica, sino política; si tenemos en cuenta que Inglaterra no tiene solamente un interés económico en sojuzgarnos, sino un interés económico superior hegemónico, político y hasta religioso, en nuestra sujeción, la lucha por la emancipación integral de la Argentina no puede reducirse a una simple cuestión de cobre y pague, a una simple tarea de que el usurero devuelva su pagaré, reciba su platita y se largue con viento fresco[7].

No tengamos la pretensión de que podremos libertarnos de ese protectorado virtual reuniendo un día, por grado o por fuerza, a todos los contribuyentes argentinos y obligándolos a entregar sumas de dinero para expropiar a los ingleses los frigoríficos, los ferrocarriles o los yacimientos petrolíferos.

De ninguna manera. Si el capital inglés hubiera venido al país como simple capital, el problema sería muy sencillo. Un bien día el Estado argentino resolvía el asunto por medio de una sencilla operación de traspaso de todo el fierro existente al nuevo propietario. Pero como el capital extranjero ha venido a la Argentina con una intención que va más allá del principio hedónico, es decir, el mero deseo de sacarle utilidad, debo manifestar que jamás permitiría Inglaterra esa expropiación lisa y llana, ni aun pagando el triple de lo que cuesten los cacharros.[8]

Inglaterra no puede dejar por vía pacífica y evolutiva que nuestro país se independice económicamente: tiene que tenernos bajo un protectorado virtual porque así estamos escrito en el libro de la dominación imperial protestante y judaica para que no crezca una potencia católica y latina que sería su enemiga natural, una enemiga más importante que Italia o España por su patrimonio y a la que no puede maniobrar como a Francia.

También ha comprendido Inglaterra desde el principio que el protectorado liso y llano sobre la Argentina no le hubiera causado más que dificultades. Si se hubieran podido quedar en 1807, los ingleses todavía andarían en gresca con una población que no habría pasado jamás al conquistador con el que todo lo separa y lo divide. En cambio, con el protectorado virtual, Albión ha podido sorber el huevo dejando intacta la cáscara como suelen hacerlo las alimañas en los gallineros.

A mayor abundamiento diremos que Estados Unidos observa con simpatía esta dominación británica en el continente, pues nuestra hegemonía sería peligrosa también por las mismas razones que valen contra el poderío protestante. La prueba de este aserto está en que los europeos han intervenido varias veces en la Argentina después de la doctrina Monroe y los Estados Unidos no la hicieron funcionar entonces ni cuando Inglaterra tomó las Malvinas, ni tampoco cuando bloqueó con Francia el Río de la Plata.

QUE SIGNIFICA EL DESPOJO DE LAS MALVINAS

Ya podemos comprender perfectamente cual es la función específica del dominio inglés sobre las Malvinas. Con respecto a la Argentina sirven como de una advertencia muda, como de un gesto simbólico de señorío sobre nuestro país. Desde el archipiélago malvinero, un inglés fue apostado ahí para que constantemente nos hiciera un signo imperativo de silencio y sumisión respecto a la situación de colonia vergonzante con que nos tiene subordinados.

Adviértese fácilmente que la presencia de esa posesión inglesa, el recuerdo de que la obtuvo a base de la más cínica prepotencia, y el silencio irónico con que Inglaterra responde nuestras reclamaciones, tienen una gran importancia psicológica sobre el espíritu público argentino, enfermizo y decadente y fácilmente impresionable.

Suponiendo que un buen día un gobierno patriota y más intrépido que los demás se decidiera a recuperar para el Estado todo lo que nos pertenece, las Malvinas están ahí no solamente para recordar que son una excelente base naval que puede facilitar un desembarco, es decir, que ellas, en poder del extranjero, vulneran aquella defensa inexpugnable de que habláramos al principio. No solamente recuerdan eso. Recuerdan que en ningún caso Inglaterra puede desprenderse del protectorado, de la dominación. Recuerdan que la operación de nuestra emancipación económica no sería cuestión de transacciones comerciales, y que Inglaterra no aceptará o chicaneará, alargará y trampeará todas las tramitaciones sin consentir jamás en desprenderse de este poderío que ejercen sobre la zona templada, ofrézcasele lo que se les ofrezca y quiérasele pagar lo que se quiera. Porque el imperialismo inglés en la Argentina, como el Demonio de Fausto, no quiere el cuerpo sino el alma, y no acepta ninguna redención ni ningún rescate.

De aquí, pues, que como las Malvinas son en manos de Inglaterra algo así como la fianza o si se quiere la prenda o el arras que simboliza la venta total de la soberanía argentina, yo creo que antes que estudios financieros, estadísticos y económicos sobre si los capitales reales o si los capitales aguados, sobre si los rieles costaron tanto y se cobraron cuanto, antes que toda tramitación sobre la expropiación y confiscación de servicios públicos en manos de empresas, habría que plantear directamente como problema nacional la vindicación de las Malvinas, como cuestión previa, como nudo vital de nuestra emancipación integral.

Contestémosle a ese ciudadano escéptico y frívolo de los cafés de Buenos Aires que dice que las Malvinas no representan ningún interés vital, ni siquiera una minoría argentina radicada en el archipiélago[9], diciéndole que no tiene el país un territorio de interés más vital que las Malvinas, pues Inglaterra las mantiene como una demostración, como una exhibición de fuerzas a distancia suficiente como para que la advirtamos, exhibición de fuerzas con que nos indica que su hegemonía no es lisa y llanamente económica, sino política; y no es una hegemonía temporal, redimible, sino que implica una hegemonía permanente, de naturaleza que trasciende los angostos quicios de las relaciones económicas y se subordina a las finalidades fundamentales de un imperio que ha sido el furriel del judaísmo.

PARA EXPROPIAR, PRIMERO, LAS MALVINAS

No podremos negociar tranquilos nuestra independencia material, si primero no traemos a los planos de más luz el despojo pirático de las Malvinas, sea cual fuere su importancia territorial, sea también cual fuere su importancia táctica, porque su importancia fundamental estriba en que la consagración del despojo coloca al Estado argentino en posición desairada, humillante, cada vez que tiene que tratar con los agentes comerciales británicos y con los intereses particulares de aquel país[10]. Las Malvinas son algo así como si una escuadra perenne extranjera estuviera apostada en la boca del Rio de la Plata. Nadie podría impedirlo, la flota no interrumpiría la navegación, no molestaría nuestro comercio, todo lo que se quiera, pero el hecho es que estando ahí por el sólo motivo de estar, insuflaría prepotencia a los súbditos extranjeros de la misma nación que esa escuadra y deprimiría la acción del Estado argentino que estuviera en tratos comerciales o de cualquier especie con ellos.

En síntesis, la lucha por nuestra emancipación integral no cabe en los términos de gestiones o negociaciones diplomáticas y comerciales, ni puede ser abarcada por una serie de medidas legislativas que expropien o confisquen bulones o tornillos, locomotoras viejas o caños enmohecidos. Es una lucha de carácter político y social y libertador, por la sencilla razón que la dominación de Inglaterra no está en locomotora más o menos, sino en el avasallamiento efectivo y deliberado en que nos tiene y no puede dejar de tenernos Gran Bretaña.

LA CAMPAÑA PRO RECUPERACION DE LAS MALVINAS

Si no se plantea en la lucha por la emancipación integral de la Argentina, como asunto de previa y especial elucidación, la reivindicación del archipiélago malvinero, corremos un gran peligro: el de que la liberación económica sea conducida a un arreglo entre compadres, a una transferencia de papeles, como ocurrió en la venta del Ferrocarril Central Córdoba, de la que resulta que el Estado argentino sale más comprometido que nunca después de la adquisición y se asocia a una empresa que librada a su propia suerte acaso hubiera concluido en la quiebra.

Anteponiendo a toda operación de confiscación y de devolución del patrimonio la cuestión de las Malvinas, lograremos que el país inicie su emancipación con el paso gallardo de un Estado soberano en su trato con otro Estado reivindicando el derecho de izar el pabellón en todo su territorio; después de eso, los trámites destinados a limpiar la nación de empresarios y traficantes tendrá el tono de una gestión de interés público. El gobierno no negociará con los agentes ingleses, sino que impondrá decisiones; y éstos deberán acudir a las ventanillas a notificarse de lo que el Estado argentino ha resuelto por imperio de una voluntad soberana con la que nada tienen que discutir Mr. Smith o Mr. Brown, abogadillos o procuradores de empresas, que de otro modo se consideran con la pretensión de arreglar precios y condiciones al gobierno.

La iniciación de reclamaciones y agitación pro-Malvinas debe ser el tema que arrastre a los demás en la cuenta que deben presentar al cobro los argentinos: porque se trata de una reivindicación de soberanía pura, sin mezclas espurias de números, estadísticas y servicios prestados[11], y porque el estado comenzará así su obra conquistadora apuntando directamente arriba y a la cabeza del imperio pirático, sin inmiscuirse en el asunto ninguna otra interferencia que se refiera a derechos o intereses particulares. Desaparecido el problema de las Malvinas, se habrá despejado el camino y habrá desaparecido todo equívoco para tratar con los magnates británicos, porque las Malvinas son como un toque de atención, una amenaza perpetua, un signo de que esos magnates no solo representan tenedores de bonos, sino que son además el instrumento de un designio imperial: hablan por los tenedores de bonos, pero hablan también por un Estado extranjero. Esa segunda intención, ese designio mudo, nos paraliza y pone al Estado argentino en la desgraciada situación de inferioridad de aquel a quien lo obligan a tratar un negocio con un hombre al que sabe armado hasta los dientes y tiene que guardar con él, todos los miramientos que se ponen en un negocio entre iguales, sabiendo que en última instancia le impondrán decisiones por la fuerza.

Planteado previamente el asunto de las Malvinas, el Estado argentino no descendería después a la condición de un particular adquiriente que compra si el otro quiere vender y en las condiciones que fije el que quiera vender, sino que, en la conclusión de nuestra emancipación económica, tendrá las manos libres del Estado soberano en todas las gestiones de interés general y nacional.



Ramón Doll, Acerca de una política nacional. Del Servicio Secreto inglés al judío Dickmann. Itinerario de la Revolución Rusa de 1917. Hacia la liberación. Reconocimientos, 1975, Dictio, pag. 353-369

Notas de NCSJB::
[1] Un reducido grupo de empresas son las que se benefician con las exportaciones de nuestras materias primas. Este grupo está compuesto por Cargill, Bunge, AGD, Dreyfus, Nidera, ACA, Noble, Toepfer, ADM y AFA.

[2] En noviembre de 1989 se produce la visita de Lord Montgomery a Buenos Aires para ver y analizar las empresas, organismos y recursos naturales de la Nación Argentina que serián transferidas al sector privado por imperio de la Ley de Reforma del Estado Nº 23.696. El 15 de febrero de 1990 se firmó en Madrid el Primer Tratado Anglo-Argentino, denominado burdamente “Declaración conjunta de las delegaciones de la Argentina y del Reino Unido”, que se complementaría con el denominado “Tratado Anglo-Argentino de Promoción y Protección de Inversiones”, suscripto en Londres el 11 de diciembre de 1990, y posteriormente sancionado por el Congreso de la Nación Argentina el 4 de noviembre de 1992 (Ley N° 24.184). La firma de los Tratados Anglo-Argentinos de 1990 no fue otra cosa que la imposición de un verdadero Tratado de Versalles Argentino, una de las más grandes humillaciones y postraciones de nuestra Historia. Inclusive la prensa londinense presentó el establecimiento de los mismos como un “éxito” del presidente Carlos Saúl Menem. Cabe repetir, una vez más, que son tratados que aún siguen vigentes y que ninguno de los diferentes gobiernos “democráticos” ni siquiera quiso revisar.

[3] El ferrocarril había sido trazado respondiendo a la concepción de un país agrario que intentaba unir las llanuras del interior con los puertos para propiciar las exportaciones de manufacturas, especialmente de materias primas, con el fin de salvaguardar los intereses británicos, lo que tenía poco que ver con los intereses de una Nación soberana.

[4] Sobre la influencia británica en todos los aspectos de la vida social, ver el libro Argentina gesta británica de Emilio Manuel Fernandez Gomez y Argentina, 2 tomos.

[5] Alberdi, que no sabía inglés, tomó el texto de la constitución federal de Estados Unidos en lamala, pésima, traducción de Manuel García de Sena, militar venezolano que tradujo en 1811 a Payne, y a modo de apéndice había añadido entre otros documentos la Constitución Federal traducida a su buen saber y entender. Ni sus conocimientos de inglés ni su versación jurídica lo capacitaban, como él confiesa, para una versión aproximadamente correcta. Pero solamente se propone dar una idea. (El fetiche de la constitución de José María Rosa).

[6] Sir David Kelly, embajador británico en Argentina durante la segunda guerra mundial, reconoce que en varias oportunidades facilitó textos para los editoriales de “La Nación” y “La Prensa”. En la actualidad para conocer la opinión de las embajadas británica y norteamericana basta con revisar las editoriales de los periodistas estrellas de la televisión, las radios y los periódicos.

[7] La ex Presidente Cristina Kirchner reconoció que el país "desde el año 2003 hasta el 2013, pago deuda por un monto de 173.733 millones de dólares”. En la actualidad la deuda pública supera los 250.000 millones de dólares.

[8] La nacionalización de los ferrocarriles durante el gobierno de Perón fue un gran negocio para los ingleses, se llegó a pagar con oro constante y sonante “por estos fierros viejos” según dijo su ministro de economía Miguel Miranda.

[9] Antes de ser presidente, Mauricio Macri dijo: "Nunca entendí los temas de soberanía en un país tan grande como éste [...] Las Malvinas serían un déficit adicional para el país"

[10] "Ustedes saben, con honestidad, que el resultado práctico de lo que significa el endeudamiento externo, y la forma en que condiciona la voluntad política argentina, se advierten en todos los pliegos de las licitaciones por las que se realizaron las privatizaciones de los servicios públicos. Los mismos tienen una cláusula no escrita, que no la hemos escrito “por vergüenza nacional”, que es el grado de dependencia que tiene nuestro país, que no tiene ni siquiera dignidad para poder vender lo que hay que vender. Un país que no tiene disponibilidad de sus bienes, un país que está inhibido internacionalmente. Arrodillado vergonzosamente. Nuestro país.
Yo no quiero hacer historia desde cuándo viene esta situación, ni cuándo o dónde nació. ¡Pero, por Dios, este es el país del que yo soy ministro hoy, 28 de agosto de 1990! (José Dromi en "Afirmaciones ante la Comisión Bicameral de Privatizaciones de la Legislatura Nacional". Diario Clarín. 9 de septiembre de 1990). Estas palabras del afamado abogado mendocino especialista en Derecho Administrativo muestran con crudeza, la posición en que se encuentra el Estado nacional cuando debe sentarse a negociar con otros Estados o simples particulares.

[11] Producida la recuperación de las Islas Malvinas el 2 de abril de 1982 los argentinos en forma espontánea celebraron sin distinción de banderías políticas, demostrando la trascendencia que tiene esta causa nacional por sobre cualquier divergencia de intereses y que es un factor aglutinante de la nación.


Enviado por Santiago Mondino

Nacionalismo Católico San Juan Bautista

Publicado por Augusto TorchSon

Publicado por Luis Maria Rudaz

domingo, 10 de julio de 2016

EL IMPERIO BRITÁNICO Y LA REVOLUCIÓN DE MAYO. EL OTRO BICENTENARIO


EL IMPERIO BRITANICO y LA CAIDA DE PERON


HOSTILIDADES BRITÁNICAS AL GOBIERNO DE PERÓN

Dr. Julio C. Gonzalez

EL IMPERIO BRITÁNICO Y LA REVOLUCIÓN DE MAYO.

Los ingleses asaltaron Buenos Aires por primera vez en 1806.Sus tropas despojaron, asesinaron y desvastaron.

Saquearon el Tesoro de la Hacienda Pública que era algo similar al Banco Central del Virreinato. De este episodio, arranca el déficit permanente del fisco nacional. Los ingleses nunca devolvieron el Tesoro que, en el curso de los muchos tratados que ellos firmaron españoles y argentinos nunca nadie reclamó. Enigmas de la historia... Para tapar este agujero en las arcas del Estado fue menester contratar empréstitos británicos que produjeron y producen agujeros y pozos fiscales imposibles de llenar.

Saquearon la Compañía de Filipinas, la gran empresa comercial hispano-indiana que sembraba riquezas en las hoy desoladas provincias del oeste y del norte Argentino. La Compañía de Filipinas era la vena económica que a través del Pacifico vinculaba nuestro actual país con el lejano Oriente.

Saquearon las propiedades particulares, los negocios de ventas de comestibles y bebidas, los domicilios familiares de adobe o de ladrillo, los monasterios y los templos. Mataron a niños y mujeres. Violaron y asesinaron.

El producido de tan monstruoso latrocinio fue llevado a Londres donde fue paseado por seis carrozas tirada cada una por ocho caballos Cada carroza llevaba cinco toneladas de metal. El arte del saqueo preanunciaba la economía de miseria, de deudas y de empobrecimiento vitalicio de la Argentina

Saquearon también las almas y conciencias.

En toda sociedad el cobarde vencido es el aliado más perfecto para sostener con su obsecuencia al triunfador. Y Buenos Aires no fue precisamente una excepción a tan dura regla de la guerra. Mientras la dignidad, sin distingos de clases y de fortunas, luchaba y resistía, la cobardía comerciaba.

La degradación de algunos vencidos obsequiaba a los vencedores: les ofrecía sus salones, sus vinos y sus mujeres.

Con las relaciones familiares se iniciaba una sociedad comercial. Para el mantenimiento de la misma muchos sustituyeron su religión y muchos procedieron a la mutación de su Idioma. Tal es, en breves palabras el origen degenerado de la “clase dirigente” que nació por esos días. La clase de los futuros "patricios mercaderes".

La reconquista de Buenos Aires en 1806 y la defensa de lo reconquistado en 1807 fue una bellísima gesta popular Una pueblada de épica. Un populismo de ética, de dignidad, de valor, de coraje, de martirio y de heroísmo. En fin, la suma de todos los valores humanos y divinos que subyacen en la entraña cultural de cada pueblo.

Los indios, célula vital de una cultura exterminada pero Universalmente poderosa, fueron los primeros en alistarse para luchar contra el invasor inglés. En el archivo de Indias de Sevilla, amarillentos papeles coinciden con los lujosos protocolos que contienen la historia Argentina en los anaqueles del Foreign Office los indios en número de veinte mil" todos gente de guerra y cada cual con cinco caballos” custodió las costas bonaerenses para impedir un nuevo desembarco del invasor “de esos colorados que han tomado las tierras y vuestras casas por una desgracia”, según leemos en un documento redactado por los caciques de la época.

Y a los indios se unieron los gauchos.

Y a los indios y a los gauchos, los niños. Aquellos niños de los cuales dijo Perón que en toda nación civilizada eran y serían siempre los únicos privilegiados.

La resistencia del pueblo contra los ingleses y el puñado de traidores asociados tuvo una vida que fue más allá de la muerte. Esa vida es la que corporizó en una institución fundadora del nuevo país: el EJERCITO ARGENTINO. En las instituciones, dijo Perón, se prolonga la vida y sólo las instituciones vencen al tiempo.

Al mismo tiempo que Beresford decía con exasperación extorsiva y ruin que "Gran Bretaña es tan capaz de castigar como inclinada a perdonar”. Belgrano, síntesis magistral de combatiente y pensador escribía lo siguiente: "El comerciante no reconoce más patria ni más rey ni más religión que su interés propio...”

No estaba equivocado el General Belgrano. El ejército de retaguardia de los ingleses era efectivamente un ejército de comerciantes. Y ese ejército de comerciantes era el que estaba destinado a continuar la guerra para beneficio de Inglaterra. Una guerra muy prolongada que sigue aún vigente. Una guerra en la cual el ejército y el pueblo vienen perdiendo hasta ahora muchas batallas. Pero una guerra inconclusa...

En 1804 había en Buenos Aires 47 comerciantes ingleses. En 1810 al estallar la Revolución de Mayo, 2000. Fracasadas las invasiones armadas, los buques de guerra de Su Majestad Británica, se fueron. Pero los buques mercantes de los comerciantes Londres, abarrotados de abalorios, se quedaron. Primero ejercieron el contrabando a la vista y paciencia de los españoles y ante la perplejidad del Ejército Argentino, de gauchos, de indios y de niños que los habían combatido. Luego el anglófilo Virrey Cisneros les otorgó, por un año, el comercio libre.

Con el comercio libre de Cisneros que curiosamente debía terminar el 18 de Mayo de 1810, los ingleses vencidos se transformaron en vencedores y el pueblo y el ejército vencedores, en vencidos.

Con el Edicto de Libre Comercio de Cisneros se inauguró el saqueo institucional en gran escala:

1) Los términos del intercambio fueron escandalosos: 12 barcos de frutos del país por la carga de un barco inglés de bagatelas importadas. Libre Exportación del oro, de la plata y de todo el metálico rioplatense para pagar en dinero en afectivo las chucherías manufacturadas.

2) En pocos meses el país se quedó sin dinero y para restituir el dinero que se iba, comenzaron a concertarse empréstitos que serían pagados con nuevos empréstitos. Todo ello sin variantes. Desde el primer empréstito contratado por Rivadavia hasta el último empréstito celebrado en enero de este año por el Ministro Whebe.

En este último empréstito de los 10.000 millones de dólares que presta el Fondo Monetario Internacional a la República Argentina, 3.500 millones de dólares son aportados por el Banco de Inglaterra para que nuestro país, derrotado en las Malvinas -pero aún en guerra con Inglaterra- pueda pagar con preferencia las deudas que tiene con sus acreedores británicos. Como es de ver, desde las invasiones inglesas hasta hoy nada ha cambiado.

3) La geopolítica argentina quedó dada vuelta:

-El comercio hacia el norte y de allí al extremo oriente abandonado.

-El flujo económico que producían las artesanías e industrias provinciales destrozado.

-La navegación por el Pacífico prohibida. Tan pero tan prohibida que en el más risueño disparate que existe en la historia universal nuestro desdichado país y sus discapacitados dirigentes, regalan públicamente el Océano Pacífico. "Argentina en el Atlántico, Chile en el Pacifico". Todos hemos leído y leemos diariamente el absurdo cartelito.

-La minería del norte quedó suprimida y con ella sus implicancias industriales.

4) La miseria en medio de la opulencia había comenzado.

Saqueo permanente, deudas, hambre y desocupación, serían y son la constante política que nadie ataca.

Enfrentamientos sangrientos entre argentinos, odios irreconciliables y divisiones feroces. Todo mantenido por el arma de la colonización sutil, por la acción psicológica que divide al país por fruslerías infantiles.

Divide et Impera (separa y gobierna). Trade non countries (tratados comerciales y no territoriales). Tales son las coordenadas con que Inglaterra ha gobernado el país desde el Edicto de libre Comercio de 1809, con el cual el Virrey Cisneros convirtió en triunfo la derrota del invasor británico que había sido aniquilado por el Ejército y por el pueblo, en las jornadas de 1806 y 1807

¿Cuál fue la posición de la Primera Junta y del Gobierno del General Perón y del Peronismo, frente a la política Inaugurada por Inglaterra en 1809? La pregunta es acuciante y las respuestas, hasta ahora, no han 
sido precisas. Trataremos de aclarar algunas cosas.


La instalación de la Primera Junta fue un acto viril contra la política anglófila de Cisneros. El heroico Ejército Argentino que se había formado junto al pueblo en las jornadas de la Reconquista y Defensa de Buenos Aires, advirtió con asombro que los comerciantes Ingleses unidos a un grupo de perdularios porteños, les estaba robando el triunfo. Por eso actuaron en las jornadas de 1810. Agotada la capacidad de conducción por parte de España, había que defender lo propio, lo nuestro, eso que el extranjero inglés arrebataba como suyo, con ironía, con sarcasmo, con extorsión o con violencia.

La Junta actuó con grandeza moral y con buena fe política. La grandeza moral y la buena fe política, son dos principios básicos y dos hidalgas conductas. Empero, ante la ruindad del mundo internacional y ante la ferocidad de los apetitos económicos no son suficientes para asegurar el éxito.

El mundo anglosajón, a diferencia del espíritu latino, es magistral en la iniquidad y la intriga. En la alcahuetería disociadora que tanto ha fragmentado y triturado a la Argentina. En el asesinato hipócrita. En la mentira cínica. En fin, en todo tipo de medios que aseguren el poder.

Por grandeza moral y buena fe política. Saavedra dividió su sueldo con Cisneros y compartieron ambos el sitial que les correspondía en la Catedral, de la misma manera en que Liniers después del 12 de Agosto, compartió su almuerzo con el vencido General Beresford y el Estado Mayor Inglés.

Por grandeza moral y buena fe política, la Junta en pleno, recibió en su primera audiencia al Almirante De Courcy, Comandante en Jefe de las Fuerzas Británicas en el Atlántico Sur.

El Almirante Inglés con la mayor cordialidad, pero sin dejar de apuntar sus cañones, obtuvo de los desprevenidos patriotas de la Junta, la igualdad de derechos entre ingleses y criollos.

Así por medio de la grandeza moral y de la buena fe política, el monopolio que habla ejercido España se transfirió para beneficio de Inglaterra y el Edicto de Libre Comercio del Virrey Cisneros perdió fecha de vencimiento.

Por grandeza moral y por buena fe política, la Junta cedió ante Alejandro Mackinnon, representante de los comerciantes ingleses, residentes en Buenos Aires y éstos obtuvieron el permiso expreso para exportar a Londres el metálico de oro y plata Que recaudaban con sus ventas.

Por grandeza moral y buena fe política, la junta aceptó que Lord Strangford, Embajador Inglés en Río de Janeiro, representara al país naciente, ante las cortes de Londres y Madrid.

Por la grandeza moral y buena fe política, la Junta permitió que la bandera Inglesa unida a la bandera española, fuese su emblema ante las demás naciones de la tierra.

En poco tiempo todos los patriotas comprendieron con amargura que Inglaterra era la única beneficiaria de la lucha que habían emprendido contra España. Pero ya era tarde. En vez de la anhelada Independencia se había instalado una espantosa e irreversible dependencia económica hacia la Gran Bretaña.

Advertidos que la ayuda británica no era de beneficencia, sino que respondía a otras reglas de juego, Saavedra convocó a las provincias y al pueblo que lo había acompañado y Moreno recurrió a la queja diplomática. Pero ni la presencia de los representantes de las Provincias en Buenos Aires, ni el Gobierno de la Junta Grande ni el pronunciamiento del pueblo del 5 y 6 de Abril de 1811, ni la proyectada queja diplomática de Moreno dieron ningún fruto.

El avance inglés por medio del comercio era arrollador e incontenible y frente a ese avance fueron sucumbiendo uno a uno todos los que habían levantado sus armas o su voz en contra de ellos.

Liniers, el jefe militar que abatió a los ingleses terminaría fusilado. Alzaga el caudillo popular que armó al pueblo contra los ingleses terminaría ahorcado. Saavedra, el jefe militar que se levantó contra el anglófilo Virrey Cisneros terminaría exiliado y su memoria cubierta por un asombroso silencio. Moreno, el Secretario Técnico de la Junta que pretendía arreglar el problema con una reclamación diplomática murió misteriosamente. Su deceso fue precipitado “por la administración de un emético que el Capitán del buque inglés le suministro imprudentemente”, según las textuales palabras de su hermano Manuel Moreno autor de “Vida y Memorias del Doctor Mariano Moreno” página 241. Agrega Manuel Moreno que el cadáver de su hermano “estuvo todo el día sobre la cubierta envuelto en la bandera inglesa”. Larrea, proclive a negocios junto con los ingleses se suicidó.

La lista es trágica, tanto por la ferocidad de los medios de eliminación como por la continuidad de fusilamientos y asesinatos y de suicidios que plagan el destino fatal de nuestros gobernantes y prohombres. Los nombres de Dorrego, Chilavert, de López Jordán, de Leandro Alem, de Lisandro de la Torre, de Belisario Roldán, de Leopoldo Lugones, del General Valle y tantísimos otros de plena actualidad, son testimonios extremadamente serios que nos llevan a una conclusión: que causa espanto: los enemigos que se apoderaron sigilosamente de nuestro país siguen imperturbables y victoriosos, mientras que mitos, dogmas, esquemas, etiquetas, palabras y hasta letras siguen provocando el desencuentro de nuestras mentes mas brillantes y de nuestros espíritus más lúcidos.

La Revolución de Mayo, despojada de las palabras escolares y profundizada en su real dimensión, deja para la posteridad la enseñanza de un mal éxito que debe prevenirnos para no incurrir en una repetición forzosa.

Con la buena fe y la pureza moral de sus protagonistas la Revolución de Mayo no obtuvo la independencia efectiva del país. Antes, ese patrimonio espiritual fue el puente que utilizaron los comerciantes británicos para operar una transferencia del dominio español al dominio de Inglaterra.

Ese dominio fue más sutil y más eficiente que el del Imperio Español. nos adjudicó una autarquía administrativa de nivel municipal en lo interno, pero con una férrea dependencia económica que aseguró con sus concesiones y contratos cada vez más. Leoninos y cada vez más exigentes. Inglaterra se reservó el control de la política interior, reemplazando por adjetivos calificativos, los sustantivos y los verbos que conforman el lenguaje con que deben tratarse los grandes temas de un país. Dividió en forma tan irreconciliable como artificial a los conductores argentinos desde morenistas y saavedristas hasta peronistas de todos los grupos y antiperonistas de todas las tendencias. Porteños contra provincianos, Buenos Aires contra el interior. El campo contra la industria. La civilización contra la barbarie. Gremialistas contra políticos. Civiles contra militares... Siempre los antagonismos vertidos en un molde de hierro: Divide et Impera, Gran Bretaña ejerció también, a través de sus personeros más sumisos, la política exterior de los argentinos en todos los gobiernos y en todas las épocas”. No es el caso de entrar en casuismos ni contar las pocas excepciones pero todos recordamos la reciente guerra de la Malvinas dirigida por un Ministro de Relaciones Exteriores que era el mas conspicuo abogado del complejo frigorífico inglés Swift Deltec.

La eficiencia del sistema colonial inglés en el Río de la Plata, fue y es, el opus magnum de Canning, el estadista impecable. Inglaterra sería el taller del mundo y la América del Sur su granja.

Este plan gigantesco redujo nuestro territorio de 5 millones de kilómetros cuadrados a menos de 3 millones de kilómetros cuadrados y nos convirtió de un país bioceánico y minero en país atlántico y pastoril.

Del éxito del plan dice el historiador británico Harry Ferns:

“Durante el siglo XIX no se produjo ninguna alteración en la ecuación Anglo-Argentina y no hay razón alguna para suponer que hoy (en 1966) es diferente a lo que fue un siglo y medio atrás”. (Tomo I, pág. 486)

EL IMPERIO BRITANICO y LA CAIDA DE PERON

En 1964 Perón escribió sobre el tema que nos ocupa:

“El Imperio Británico celebró mi caída como una victoria típicamente Inglesa. Ante una Cámara de los Comunes delirante de entusiasmo, Winston Churchill desencadenó todos los juegos de artificio de su pirotecnia verbal. Señaló que mi derrota era para el Imperio, un hecho tan importante como la Segunda Guerra Mundial y que no se me dalia tregua ni cuartel, hasta el final de mis días".

La sentencia de Churchill se cumplió, Perón no tuvo ni tregua ni cuartel hasta el día de su muerte.

¿Qué había hecho el gran conductor Argentino para que Churchill lo considerase un enemigo de tales dimensiones?

Algo muy simple, declarar y hacer efectiva la Independencia Económica del país, que fue solemnemente jurada por todo el Gobierno, en Tucumán, el 9 de Julio de 1947. La puesta en marcha de esa Independencia Económica, era revertir y recuperar para los argentinos, los tres millones de kilómetros cuadrados de la geografía que nos quedaba.

La Argentina primaria del pasto y de la vaca inglesa fue reemplazada por la Nueva Argentina industrial, tecnológica y científica.

Esa Nueva Argentina se construyó sobre las siguientes bases:

-Se decretó feriado y día festivo el 12 de Agosto de cada año. De esta manera el país volverá a insertarse en la continuidad histórica de la cual habla sido separado.

-Se estableció el control absoluto del comercio exterior por parte del Estado.

-Se creó una flota estatal de 1.500.000 toneladas integrada por 169 buques de ultramar y 1.198 buques fluviales.

-Se reconquistó la potestad de imprimir moneda y de otorgar créditos con la nacionalización del Banco Central y con la nacionalización de los depósitos en poder de la banca privada.

-Se rescataron los servicios públicos de manos de Inglaterra: ferrocarriles, gas, transportes automotores de pasajeros, obras sanitarias, teléfonos, transportes aéreos, etcétera.

-Hubo precios sostén para los productores y precios máximos para los consumidores.

-Se construyeron viviendas y más viviendas; escuelas y más escuelas, institutos de enseñanza técnica y universidades sin aranceles. Se abrió de esta manera el crecimiento de la inteligencia de los argentinos.

-Hubo salud pública integral; erradicación del paludismo y de la tuberculosis.

-Un derecho laboral, sindical y previsional, perfecto por su eficiencia.

-Se repatrió la deuda externa y se puso fin a los empréstitos tomados para el derroche.

-Hubo paz y proyecto de Unión Aduanera con Chile, lográndose de esta manera el retorno de la presencia Argentina en el Pacífico.

-Hubo paz y proyectos de recursos hídricos compartidos con el Brasil--Iniciamos la tercera posición internacional (precursora del Tercer Mundo).

-- Tratamos de igual a igual con los Estados Unidos y esto comenzó con el gran acuerdo Perón-Eisenhower, de 1954, que principió con el frustrado contrato petrolero con la California Argentina.



La Argentina de Perón, consolidada jurídicamente en la Constitución Nacional de 1949 --que ahora ningún dirigente Peronista recuerda ni menciona-- era la puesta en marcha de los próceres precursores de 1810. Era la revancha contra el brutal colonialismo que nos había impuesto Gran Bretaña, durante un siglo y medio.

Ferns, el gran historiador inglés contemporáneo, señala en el Tomo I de su obra dedicada a la Argentina que antes del proceso de Perón al poder, la Argentina "absorbió entre el 40 y el 50 % de todas las inversiones británicas hechas fuera del Reino Unido. (Pág. 397).

Estas cifras son más que indicativas de los intereses que la obra del peronismo había lesionado. Si tenemos en cuenta que durante el decenio 1946/55 Inglaterra tuvo que resignar ante Ghandi su presencia en la India y que Mohamed Mossadegh había puesto fin a los intereses ingleses en el petróleo de Irán, comprenderemos la gravitación que nuestro país tenía en 1955 en el derrumbe del Imperio Anglicano.

El reconocimiento que los Estados Unidos hicieron del poder de Perón y de la Argentina Justicialista fue lo último que pudo Soportar la metrópoli Londinense de su ex colonia El acuerdo Perón-Eisenhower con respecto a la explotación petrolera a través de la "California Argentina" iba a alejar por siempre de estas tierras a la Gran Bretaña y a las otras potencias europeas asociadas.

Fue entonces cuando Inglaterra se lanzó a la Reconquista de la Argentina. Utilizó para tal fin dos fuerzas tradicionales y muy eficaces: sus diplomáticos y sus agentes diplomáticos. Con respecto a ellos dice Ferns:

“La diplomacia británica hubo de participar hábilmente en la política de la comunidad Argentina, ya prestando un reducido apoyo a determinados intereses, ya privando a otro de este limitado apoyo, siempre cuidadosa de no comprometer sin reserva o absolutamente la pequeña fuerza de influencia que Gran Bretaña posee con una determinada fracción y siempre decidida, a conservar las apariencias de no intervención. Si el arte de la diplomacia consiste en inducir a otros a tomar decisiones que uno desea que ellos tomen, los agentes británicos en la Argentina practicaron ese arte con grandes resultados".

“Los agentes diplomáticos británicos (en la Argentina) piden moderación a los actores cuando éstos manifiestan sus feroces inclinaciones (contra el imperio), les hacen zancadillas cuando avanzan demasiado o bien dan un empellón o otros en la dirección que les parece conveniente. (T I, págs. 296-299).


El General Perón desde su exilio escribía a Scalabrini Ortiz:


"Usted es uno de los intelectuales argentinos que siempre vio claro al enemigo real".

Y en su recordado y poco difundido trabajo sobre los episodios de 1955 decía:

"Quizá un error de nuestra parte fue no haber considerado siempre a nuestro gobierno como una etapa de la lucha secular contra Inglaterra que se inicia con las Invasiones Inglesas".


EL IMPERIO BRITANICO y LA SUBVERSION EN LA ARGENTINA

En los años que siguieron a 1955, la diplomacia británica no pudo demoler la colosal estructura levantada por Perón.

La Argentina industrial, tecnológica, científica, cultural y social, seguía en pie a pesar de todos los embates y de las más bárbaras políticas que se lanzaban contra ella.

Los textos ingleses de la época no ocultan su preocupación por el problema. La cuestión se hace acuciante hacia 1972, cuando el General Perón confirma Solemnemente su voluntad de regresar a su Patria.

Entonces aparece el 2° tomo de la obra del historiador británico Ferns sobre la Argentina. Allí leemos lo siguiente:



"Como no sea mediante una guerra civil devastadora, resulta difícil imaginar cómo puede deshacerse la revolución efectuada por Perón" (pág. 247).

Y la guerra civil devastadora para nuestra patria programada y bien pensada por los estrategas ingleses “para deshacer la revolución efectuada por Perón", llegó a nuestras playas. No vino solamente con palabras, vino con armas procedentes de Inglaterra.

Recuerdo el día 18 de abril de 1974: Un diplomático británico de nombre Micke John Bishop fue detenido en el momento de introducir al país un contrabando de armas El diario “La Nación" inicia la reseña del gran escándalo, en estos términos:


“La Justicia Federal en lo Criminal y Correccional investiga lo relacionado con el secuestro efectuado el 10 del actual por personal de la Prefectura Naval Argentina, de varios bultos que contenían 17.500 proyectiles calibre 9 mm., munición de guerra, acondicionados en cajas y utilizables para pistola, fusil y ametralladora, que fueron desembarcados del rompehielos de la marina británica Endurance".



Y tras dar detalles asombrosos sobre esta invasión virtual en el propio Puerto de Buenos Aires, la crónica da cuenta de la inmediata libertad del Diplomático involucrado, a la vez quo señala, como trascendido, que Gran Bretaña había dado al Poder Ejecutivo las explicaciones del caso:

"Lamentando no haber cumplido con los trámites que hubiera debido realizar en el caso ante nuestra Cancillería"

Nunca se hicieron públicas las explicaciones que había dado Gran Bretaña. Jamás se conoció la actitud del Ministro de Relaciones Exteriores de aquel entonces. Dejo el tema para los historiadores revisionistas que Quieran ocuparse de los años que van de 1973 a 1976.

Al descubrimiento de ese contrabando Inglés de armas siguieron otros dos, de los que sólo informó el diario "Mayoría"; uno interceptado en otro buque inglés y el tercero en una aeronave de la British Caledorniam. Si los contrabandos de armas descubiertos fueron tres ¿Cuántos fueron los que no se detectaron? Nunca lo sabremos, pero sí todos recordamos que "La guerra civil devastadora" lanzada anormalmente contra el tercer gobierno del General Perón, tenía entonces cuatro frentes bien definidos:

1) El terrorismo bélico con el crimen planificado.

2) El terrorismo periodístico con la tergiversación organizada.

3) El terrorismo político con la traición reiterada.

4) El terrorismo económico con el desabastecimiento, los vaciamientos de empresas y el sabotaje a la producción.

Todas estas eran las formas de la “Guerra civil devastadora”, declarada en secreto por los ingleses contra Perón. El objetivo era muy claro: destruir la industria argentina, destruir la tecnología Argentina y destruir la ciencia y la inteligencia argentinas, aniquilando a la Universidad que la produce.

Por estos medios, coherentes y contestes con los históricos planes de Gran Bretaña para el Río de la Plata, se buscó reinstalar a la Argentina en el sistema colonial de la división internacional del trabajo. Arruinada y destrozada la industria, la tecnología y la ciencia argentinas, hemos vuelto a ser un país primitivo: exportador de materias primas e importador de los artículos manufacturados de la peor calidad. Exportadores de cerebros talentosos (2.500.000 argentinos emigraron en busca de trabajo entre 1976 y 1980) e importadores de los laosianos y vietnamitas que trajo el Ministro Harguindeguy para cumplir el "gobernar es poblar", de Alberdi.

Este es el esquema trágico de nuestra economía colonial: vender cada vez más cantidad de materias primas a los precios más bajos y comprar cada vez mayores cantidades de mercaderías industrializadas a los precios más caros. La diferencia en contra del país la pagarán los consumidores transformados en desocupados El déficit que este ruinoso negocio produce en la balanza de pagos, será corregido con la contratación de nuevos empréstitos.

Con respecto a los empréstitos, es de enfatizar que el gobierno justicialista se hizo cargo de la conducción del país con una deuda externa de 6000 millones de dólares aproximadamente. De esa cantidad, el 70% debía ser pagado en el decurso de los años 1973, 1974. 1975 y 1976.

En julio de 1971, pocos días después de la muerte del Teniente General Perón. el Mercado Común Europeo (que a partir de la muerte de De Gaulle se habla integrado con el Imperio Británico), cerró sus puertas a las carnes argentinas, inaugurando una política absolutamente proteccionista para sus agricultores y ganaderos.

De esta manera cesó virtualmente, la mayor fuente de ingresos en divisas que tradicionalmente tuvo el país. No obstante ello, le deuda heredada se siguió pagando sin pedir prestado un solo dólar, sin concertar ningún empréstito y sin emitir un solo bono externo. Adviértase la disimilitud con la conducción económica posterior al 24 de marzo, la cual, a través de sucesivos endeudamientos, gastos improductivos e innecesarios, elevó la deuda exterior a la cifra impresionante e inédita de 38.736 millones de dólares. (Informe del Banco Central de la República Argentina 31-12-83 inserto en "La Nación" del 26-2-83, pág. 1). Como un agravante jurídico y moral para quienes así contrataron con el extranjero, es de señalar que esos empréstitos no fueron negociados en la mayoría de los casos con Organismos Financieros Internacionales Públicos o con Gobiernos de otros Estados, sino con bancos y banqueros particulares domiciliados en el extranjero, los cuales, a diferencia de los entes públicos, otorgan como es de práctica, elevadas comisiones a los ministros y funcionarios argentinos que los han elegido como proveedores de fondos para la República.

La Argentina Colonial ha sustituido pues, a la Argentina Independiente de Perón. No en vano, el señor Albano Harguindeguy, ex Jefe de Policía del Gobierno Constitucional y luego de 1976 ministro del Interior dijo claramente: nosotros vamos a regresar la Argentina al 3 de junio de 1943...
INGLATERRA y LA CAIDA DE ISABEL

La guerra de las Malvinas enriqueció al país en martirio y heroísmo. En valor sin par. En abnegación y en coraje. Pero también enriqueció al país con documentos decisivos para explicar nuestra tragedia y nuestra frustración permanente.

De ellos es altamente significativo el informe de Lord Franks preparado para el Parlamento Británico por el Consejo de la Corona y publicado en Enero de 1983. El Informe de Lord Franks trae una sinopsis de la Inteligencia Británica sobre la Argentina que arranca del año 1965. Refiriéndose a las relaciones con el Gobierno Peronista este importantísimo documento dice textualmente:

“Enero 22, 1976: los comandantes argentinos son contrarios a aprobar cualquier medida militar susceptible de facilitar el mantenimiento en el poder del régimen de la Señora de Perón. Si bien es posible que se establezca una corta tregua, es previsible la toma de nuevas medidas (por parte del Gobierno Peronista) contra los intereses británicos bajo forma de un aumento de presión hostil, tanto política como económica".

El documento esta reproducido en el diario “La Nación” en su edición del día 2 de Abril de 1983 página 9. Como es de ver, los británicos preanunciaban la caída del Gobierno Constitucional con dos meses de anticipación.

Como los vencidos no tienen historia ni derecho, sino únicamente difamaciones y calumnias, es forzoso hacer un inventario de la obra del Gobierno caído el 24 de marzo de 1976. Paradójicamente, esa obra de gobierno es la misma que tanto ha irritado y preocupado a los ingleses hasta el extremo de calificarla de hostil en sus documentos oficiales como es el informe Franks que acabamos de leer. Por eso pasamos a relatarla porque de su enunciado surgirán los verdaderos motivos del 24 de marzo de 1976 que nada tienen que ver con los pretextos infantiles que se esgrimieron para justificar el golpe del 24 de marzo de 1976.

También el inventario de esa obra permitirá comprender el por qué de cautiverios interminables y de otras infamias afines.

FUENTE: http://www.argentinaoculta.com/Hostilidades.htm





miércoles, 10 de octubre de 2012

Kipling, el Imperio Británico y la programación del Nuevo Orden Mundial



Doscientos cincuenta mil hombres, dispuestos a cortar en el flanco derecho de Rusia cuando ella trata a la India!

El hombre que sería rey

Por Nicolas Bonnal

La Orden expresión Nuevo Mundo fue, por supuesto, no inventada por George Bush padre, pero por el famoso escritor de ciencia ficción británico y propagandista HG Wells. Se hace hincapié en la necesidad de la unidad, la abolición de las fronteras, el Mundial de lengua (lengua franca basada en Inglés), el fin de las naciones y la entropía de las culturas.Establecer que, HG Wells, que había predicho en los años treinta, la guerra contra Alemania y Japón, no era más que el heredero socialista del Imperio Británico. Actuando como un acelerador de partículas, un destructor de la identidad, el Imperio británico fue el principio del fin de la historia, y el promotor de la presente AHORA: una burocracia dirigida por élites invisibles controla rebaños humanos.

A finales del siglo XIX, los escritores británicos conquistaron nuestras mentes en todas partes. Había obras clásicas de los niños, Mary Poppins, Peter Pan, Alicia, el Libro de la Selva, y muchos más. Había demasiados los espías, detectives y las historias de aventuras que todavía leen hoy. Obviamente, esto es debido a las habilidades incomparables genios británicos, sino también a una intención política: la programación del Mundo por venir. Muchos de estos escritores como John Buchan (los 39 pasos), Ridder Haggard (minas del rey Salomón), no hablar de Kipling, eran altos funcionarios del Imperio Británico, y sus libros sirven un propósito. Por supuesto, el propagandista primeros de la raza anglo-americano fue un francés, Jules Verne, tan popular hoy en día gracias a eso. Verne había decidido por razones ocultas que la raza anglo-americano tuvo que dominar el mundo, establecer un Nuevo Orden Mundial, y eliminar a todos los enemigos en todo el mundo.Anunció el dominado y humillado a Francia de hoy en su obra maestra La vuelta al mundo en 80 días.

Pero vamos a ver, por ejemplo, los libros más famosos de Rudyard Kipling, el programador idealista del mundo gobernada por los británicos. En el hombre que iba a ser un rey, Kipling celebra el sueño afgano del Programa Británico. Esto es lo que dijo Dravot en el libro, con un toque racista, por supuesto, ausente de la hermosa película de John Huston:

"'No haré una nación," dice, "Voy a hacer un imperio Estos hombres no son negros;.! Son Inglés Mira sus ojos, mira sus bocas Mira cómo están parados!. arriba. Ellos se sientan en sillas en sus propias casas. Son las tribus perdidas, o algo parecido, y lo han convertido en Inglés.

Este es el camino que debemos entender las novelas de aventuras: promueven el Imperio, y mejor si hay un poco de ocultismo: la masonería en el hombre que sería rey y la religión tibetana en Kim. Por lo esotérico tibetano y la magia del orden del día (que es el momento de decir que, en realidad, el Tíbet era una sociedad absurda y bárbara teocrático) ha sido promovido durante todo el siglo pasado, por dos razones: la lucha contra Rusia, entonces la lucha contra la China! Kipling, otra vez:

Doscientos cincuenta mil hombres, dispuestos a cortar en el flanco derecho de Rusia cuando ella trata a la India!

La lucha en esta zona se llama El Gran Juego. En el siglo XIX, fue el conflicto entre el oso y la ballena, entre Rusia e Inglaterra. Nosotros, los botes de verlo aún perduran hoy en día. El gran juego es la actividad principal, el santuario sagrado de Kim, la novela de Kipling conocido como:

-Pues es el juego llamado Great! Tenía cuatro días a la pinche en Quetta, a la espera de la esposa del hombre cuyo libro que robó. Y eso era parte del Gran Juego! Desde el sur-Dios sabe hasta dónde-se acercó el Mahratta, jugar el Gran Juego, temiendo por su vida. Ahora voy a ir lejos y lejos en el norte de jugar el Gran Juego. En verdad, se ejecuta como un servicio de transporte a lo largo de todo Hind.

Por supuesto, los malos son los rusos, citando cinco o seis veces en el libro, incluso, por fin, estaba allí, gracias a Dios ya San Jorge, nunca una guerra entre las dos potencias. Pero Kipling discretamente reconoce que el Imperio Británico no es tan popular en el subcontinente: lee estas extrañas líneas escritas en la época del zar Nicolás II:

Con millones de compatriotas siervos, había aprendido a considerar a Rusia como el gran libertador del norte.

El destino de los asiáticos fue mejor en el Imperio Ruso. La miseria y las hambrunas de la India británica era legendaria, cuando no fueron provocadas por una burocracia eficiente y no tan benevolente. Pero Kipling reconoce la dificultad de ser un blanco pobre incluso en un momento bastante duro y racista.Porque en el Nuevo Orden Mundial no hay piedad para los pobres, él puede ser blanco. Él escribe de O'Hara, irlandés desgraciado padre de Kim:

O'Hara cayó a beber ... hasta que se encontró con la mujer que tomó opio y aprendió el gusto de ella, y murió como mueren los blancos pobres en la India.

Lo que una alusión al control de las drogas! Esto nos recuerda la infame guerra del opio y el primer cuento escrito por el joven escritor ...

Libros de Kipling recapitular los sueños románticos anglosajones: el camino lleno de aventuras, conspiraciones y el juego de la mente, de los hijos programación mental y la animalidad, la vista inició de las comunidades, vistos desde un punto abstracto y masónico de vista, el militarismo. Estos ideales han sido muy bien atacado por Chesterton en su libro Herejes. Para Chesterton, Kipling no le gusta Inglaterra, él sólo quiere que ella más fuerte. Kipling, como el imperialista de esta época y de hoy no se preocupa por sus compatriotas, él sólo se preocupa por el Imperio, su militarismo y sus objetivos sin piedad cuando se trata del exterminio de familias Boer. Escribe muy bien Chesterton, la católica Inglés, nacionalista y populista escritor:

Así, el señor Kipling es sin duda conocer el mundo, él es un hombre de mundo, con toda la estrechez que le pertenece a las personas encarceladas en ese planeta ... El trotamundos vive en un mundo más pequeño que el campesino.

Este es nuestro mundo que se encoge hoy: aeropuertos, aparcamientos, centros comerciales por todas partes. El objetivo del imperialismo es, por supuesto, la destrucción de las naciones, y la construcción de un enorme sistema, una red de líneas, las leyes, las misiones, los controles y las responsabilidades. En el nuevo orden mundial de las redes tiene que reemplazar las naciones.

En el momento de Kipling, sabemos que el magnate sudafricano diamante Cecil Rhodes creado después de la destrucción de los Boers (una sociedad agraria similar a Mir ucraniano o ruso) una sociedad secreta cuyos objetivos eran la prolongación del Imperio Británico y sus ideales.

Fue Carroll Quigley, el gurú Bill Clinton, quien explica mejor esta agenda secreta:

Lo que no es tan conocido es que Rhodes en cinco testamentos anteriores dejó su fortuna para formar una sociedad secreta, que iba a dedicarse a la preservación y expansión del Imperio Británico. Y lo que no parece ser conocido por nadie es que esta sociedad secreta fue creada por Rhodes y su administrador principal, Lord Milner, y sigue existiendo hoy en día.

Al igual que hoy, y sin ninguna referencia a ninguna teoría de la conspiración, Quigley hace referencia a los círculos. Estamos bien informados ahora de la Comisión Trilateral, Bilderberg y otras sociedades de conspiración que promueven un nuevo orden mundial basado en la tecnología, las redes y una cultura mundial. Quigley alude a los círculos de los Illuminati.

He tratado de resolver esta dificultad mediante la división del grupo en dos círculos concéntricos: un núcleo interno de asociados íntimos, que sin duda sabían que eran miembros de un grupo dedicado a un propósito común, y un círculo exterior de un número mayor, a quien el círculo interior actuó mediante la persuasión personal, distribución patrocinio y la presión social.

En cierto sentido, podemos decir que los sueños Rodas aplicada Kipling, Kipling y que (y Buchan, y muchos otros) ilustra los logros de la Mesa Redonda. Y esto es lo que quería la Mesa Redonda inspirado por el rey Arturo y cosas esotérico: el Nuevo Orden Mundial y un condominio anglo-americana. Añade Quigley:

Esto es lo que quería construir la sociedad Rhodes: "la extensión de la dominación británica en todo el mundo, el perfeccionamiento de un sistema de emigración del Reino Unido y de colonización por súbditos británicos de todos los países en donde los medios de subsistencia son alcanzables por la energía, mano de obra, y la empresa ... la recuperación final de los Estados Unidos de América como parte integral de un Imperio Británico.

Tres conclusiones: la primera es que el ahora es una vieja historia, principalmente británicos, que data de 1815 o incluso antes, para el AHORA es un "iluminado" (Illuminati) sueño. El nacimiento de la OTAN luego de la UE controlado por Estados Unidos, la caída de Francia y Alemania, se crearía un nuevo tipo de estado libre asociado, basado-en mi opinión-en contra de los derechos de las personas y de las naciones, básicamente al servicio de los intereses (o los caprichos) de la élite mundial. La segunda conclusión es que la literatura, los medios de comunicación y las empresas película es la continuación de la guerra por otros medios, para decirlo como Clausewitz. Y hoy en día estas armas inmateriales son mucho más eficientes que las armas de fuego.

Y, por supuesto, la tercera conclusión es que el oso ruso sigue envenenando la mente del Nuevo Orden Mundial!

Nicolas Bonnal


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