LA DEFENSA NACIONAL
Significado de la Defensa Nacional desde el punto de vista militar
Conferencia pronunciada por el Señor Ministro de Guerra
Coronel JUAN D. PERON, en la inauguración de la Cátedra
de Defensa Nacional de la Universidad Nacional de La Plata,
el 10 de junio de 1944.
Agradezco profundamente la cordial invitación que el doctor Labougle ha tenido la amabilidad de formularme para inaugurar la Cátedra de Defensa Nacional, ocupando esta alta tribuna de la Universidad.
Mi investidura de Ministro de Guerra me obliga a aceptar tan insigne honor, anteponiéndome a otros camaradas de la Fuerzas Armadas, cuya versación sobre la materia tendréis oportunidad de apreciar, en las próximas disertaciones.
Los amables conceptos sobre mi persona, vertidos por la gentileza del doctor Labougle, que aprecio y agradezco, fuerza es confesarlo, se fundan más que nada en su benevolencia proverbial
Las Fuerzas Armadas, y dentro de ellas, los que nos hemos dedicado a analizar, penetrar y captar el complejo problemas que constituye la guerra, no hemos podido menos que regocijarnos con la resolución del Consejo Superior de la Universidad de La Plata, del 9 de septiembre de 1943, que dispuso crear la Cátedra de Defensa Nacional, y ponerla en funcionamiento en el corriente año.
Esta medida que, sin temor a equivocarme, califico de trascendental, hará que la pléyade de intelectuales que en esta casa se formen, conozcan y se interesen por la solución de los variados y complejos aspectos que configuran el problema de la defensa nacional de la Patria, y más tarde, cuando por gravitación natural los más calificados entre ellos sean llamados a servir sus destinos, si han seguido profundizando sus estudios, contemos con verdaderos estadistas que puedan asegurar la grandeza a que nuestra Nación tiene derecho.
Una vez más conviene repetir, el consejo sanmartiniano en su proclama del 22 de julio de 1820 dirigido desde su Cuartel General en Valparaíso, “a los habitantes de las Provincias del Río de la Plata”:
“En fin, a nombre de vuestros propios intereses, os ruego que aprendáis a distinguir los que trabajan por vuestra salud, de los que meditan vuestra ruina; no os expongáis a que los hombres de bien os abandonen al consejo de los ambiciosos; la firmeza de las almas virtuosas no llega hasta el extremo de sufrir que los malvados sean puestos a nivel con ellas; y desgraciado el pueblo donde se forma impunemente tan escandaloso paralelo”.
Palabras eternas las del Gran Capitán. Hoy, como entonces, nuestra amada Patria vive horas de transformación y de prueba. Asiste, además, a una verdadera lucha de generaciones, de la que debe resultar un porvenir. Dios quiera sea luminoso y feliz.
El mundo ha de estructurarse sobre nuevas formas, con nuevo contenido político, económico y social. Grave es la responsabilidad de los maestros del presente. Incierto, el futuro de esta juventud, que ha de hacerse cargo de ese porvenir, como conductora de un pueblo en marcha, que tiene riqueza, pujanza y una tradición de gloria que defender.
He asistido en Europa a la crisis más extraordinaria que haya presenciado la humanidad desde 1939 hasta 1941. En ella he podido apreciar en los hechos, cuanto os diré seguidamente. Por eso, antes que una exposición académica del tema, he preferido hacer una mención realista del problema de la defensa nacional moderna, en su amplio contenido, sus causas y sus consecuencias.
I. – EL TEMA.
El tema que me ha sido propuesto, “Significado de la defensa nacional desde el punto de vista militar”, lo considero muy conveniente para esta disertación, porque me permitirá analizar el cuadro de conjunto del problema de la defensa nacional, dejando para más tarde el estudio detallado de sus aspectos parciales.
Las dos palabras, DEFENSA NACIONAL, pueden hacer pensar a algunos espíritus que se trata de un problema cuyo planteo y solución interesan e incumben únicamente a las fuerzas armadas de una nación. La realidad es bien distinta. En su solución entran en juego todos sus habitantes; todas las energías, todas las riquezas, todas las industrias y producciones más diversas; todos los medios de transporte y vías de comunicación, etc., siendo las fuerzas armadas únicamente, como luego veremos en el curso de mi exposición, el instrumento de lucha de ese gran conjunto que constituye “la Nación en armas”.
II. LA GUERRA, FENÓMENO SOCIAL.
Han existido en el mundo pensadores que sin temor califico de utopistas, que en todos los tiempos y países han expresado que la guerra podía ser evitada. Más, siempre a corto plazo, una nueva conflagración ha venido a imponer el disenso más rotundo a esta teoría.
El ejemplo más reciente y también más palpable de este fracaso, lo constituye la fenecida Liga de las Naciones, en cuya acción tantas esperanzas de paz ininterrumpida se cifraron, y que se reveló impotente para evitar que el Japón y China se encuentren luchando desde hace una década, aproximadamente; que Italia conquistase a Etiopía; que Paraguay y Bolivia se ensangrentaran en la selva chaqueña, y finalmente, que el mundo todo se encendiera en la actual conflagración que golpea hasta nuestras puertas.
Los estadistas que actualmente dirigen la guerra de los principales países en lucha, ya sea bajo el signo del “Nuevo Orden” o bajo la bandera de las “Naciones Unidas”, muestran a los ojos ansiosos de sus pueblos una felicidad futura basada en una ininterrumpida paz y cordialidad entre las naciones, y la promesa de una verdadera justicia social entre los Estados.
Este espejismo no puede ser más que una esperanza para pueblos que agotados en una larga y cruenta lucha, buscan en una esperanza de futura felicidad el aliciente necesario para realizar el último esfuerzo, en procura de un triunfo que asegure la existencia de sus respectivas naciones.
En efecto, alguien tendría que demostrar inobjetablemente que Estados Unidos de Norteamérica, Inglaterra, Rusia y China, en el caso que las Naciones Unidas ganen la guerra; y lo mismo que Alemania y Japón, en el caso inverso, no tendrán jamás en el futuro, intereses encontrados que los lleve a iniciar un nuevo conflicto entre sí; y aunque los vencedores no pretenderán establecer en el mundo un imperialismo odioso, que obligue a la rebelión de los oprimidos, para recién creer que la palabra guerra queda definitivamente descartada de todos los léxicos.
Pero los humanos, de barro fuimos amasados; y siendo la célula constituyente de las naciones, no podremos hallar jamás la solución ideal de los complejos problemas de todo orden, sociales, económicos, financieros, políticos. Etc., que asegure una ininterrumpida paz universal.
En Europa, el continente superpoblado por excelencia, es donde estos problemas sufren sus más agudas crisis, constituyendo así un volcán con incontenible energía interna, que periódicamente entra en erupción, sacudiendo al mundo entero.
El continente americano, sin experimentar la agudización de estos mismos problemas, ha encontrado muchas veces en el arbitraje la solución de las cuestiones territoriales, derivadas de límites más definidos. Pero muchas veces también se ha encendido en luchas fraticidas, o se han visto sus naciones arrastradas a conflictos extra continentales, cuya solución, muchas veces, no les interesaba mayormente.
Algún oyente prevenido, podrá pensar que esta aseveración mía de que la guerra es un fenómeno social inevitable, es consecuencia de mi formación profesional, porque algunos piensan que los militares deseamos la guerra, para tener en ella oportunidad de lucir nuestras habilidades.
La realidad es bien distintas, los militares estudiamos tan a fondo el arte de la guerra, no sólo en lo que a la táctica, estrategia y empleo de sus materiales se refiere, sino también como fenómeno social; y comprendiendo el terrible flagelo que representa para una nación, sabemos que debe ser en lo posible evitada, y sólo recurrir a ella en casos extremos.
Eso sí, cumplimos con nuestra obligación fundamental de estar preparados para realizarla, y dispuestos a los mayores sacrificios en los campos de batalla, al frente de la juventud armada que la Patria nos confía para defensa de su patrimonio, sus libertades, sus ideales o su honor. Si se quiere la paz, el mejor medio de conservarla es prepararse para la guerra.
III. SI SE QUIERE LA PAZ, EL MEJOR MEDIO PARA CONSERVARLA ES PREPARARSE PARA LA GUERRA.
El aforismo Si vis pacem, para bellum, se encuentra lo suficientemente demostrado por multitud de ejemplos históricos, para permitir siquiera ser puesto en discusión.
No tenemos más que volver los ojos a la iniciación de la actual contienda, para ver cómo Francia, la vencedora de la Guerra 1914-18, y la primera potencia militar del mundo, desde esa época hasta que Alemania inicia, en el año 1934, aproximadamente, sus intensos preparativos militares, más o menos encubiertos, en pocos días es deshecha y eliminada definitivamente de la contienda.
Es evidente que la profunda desorganización interna de Francia la llevó a descuidar su preparación para la guerra, a pesar de ver claramente el peligro que la amenazaba, lo cual fue hábilmente aprovechado por Alemania, que caro le hace pagar su error.
Alguien podrá decir que Inglaterra tampoco se encontraba preparada para la guerra, y que en los actuales momentos parece tener a su favor las mejores perspectivas de éxito. Quienes dicen esto, olvidan que en el Canal de la Mancha, que felizmente para ella la separa del Continente, reinó siempre incontrastablemente su aguerrida flota, impidiendo el desembarque del ejército alemán; que la reducida preparación de su ejército le costó el desastre de Dunkerque; y finalmente, que su reducida aviación no pudo impedir las incursiones de la alemana, de las que las ruinas de Coventry son una muestra.
Las naciones del mundo pueden ser separadas en dos categorías: las satisfechas y las insatisfechas. Las primeras, todo lo poseen y nada necesitan, y sus pueblos tienen la felicidad asegurada, en mayor o menor grado. A las segundas, algo les falta para satisfacer sus necesidades: mercados donde colocar sus productos, materias primas que elaborar, sustancias alimenticias en cantidad suficiente; un papel político que jugar, en relación con su potencialidad, etc.
Las naciones satisfechas son fundamentalmente pacifistas, y no desean exponer a los azares de una guerra la felicidad de que gozan.
Las insatisfechas, si la política no les procura lo que necesitan o ambicionan, no temerán recurrir a la guerra para lograrlo.
Las primeras, aferradas a la idea de una paz inalterable, porque mucho la desean, generalmente descuidan su preparación para la guerra, y no gastan lo que es necesario para conservar la felicidad de su pueblo.
Las segundas, sabiendo que una guerra es probable, por cuanto si no tienen pacíficamente lo que desean, recurrirán a ella; ahorran miseria de la miseria, y se preparan acabadamente para sostenerla, y en un momento determinado pueden superar a las naciones más ricas y poderosas.
Tenemos así las naciones pacifistas y las naciones agresoras.
Nuestro país, es evidente, se encuentra entre las primeras. Nuestro pueblo puede gozar, relativamente, de una gran felicidad presente; pero, por desgracia, no podemos escudriñar el fondo del pensamiento de las demás naciones, para saber en momento oportuno si alguien pretende arrebatárnosla.
La preparación de la defensa nacional es obra de aliento, y que requiere un constante esfuerzo realizado durante largos años. La guerra es un problema tan variado y complejo, que dejar todo librado a la improvisación en el momento en que ella se presente, significaría seguir esa política suicida que tanto criticamos.
No olvidemos que si nos vemos obligados a ir a una guerra, y lo que es más grave, la perdemos, necesariamente nos convertiremos en lo contrario de una nación pacifista, asumiendo el papel de un país que busca reivindicaciones en pro de la recuperación del patrimonio de la nación y del honor mancillado.
IV. CARACTERÍSTICAS FUNDAMENTALES DE LA GUERRA.
La guerra, desde la antigüedad, ha evolucionado constantemente, pasando de la familia a la tribu; de esta, a los ejércitos de profesionales y mercenarios; a la leva en masa, que nos muestra la Revolución Francesa y Napoleón más tarde. Y por último, a la lucha total de pueblos contra pueblos, que vimos en la contienda de 1914-18, y que en la actual ha alcanzado su máxima expresión.
El concepto de la “Nación en armas o guerra total”, emitido por el mariscal von der Goltz en 1883, es, en cierto modo, la teoría más moderna de la defensa nacional, por la cual las naciones buscan encauzar en la paz y utilizar en la guerra hasta la última fuerza viva del Estado, para conseguir su objetivo político.
Hoy, los pueblos disponen de su destino. Ellos labran su propia fortuna o su ruina. Es natural que ellos, en conjunto, defiendan lo que cada uno por igual ama y le interesa defender de la patria y su patrimonio.
En la época de los ejércitos profesionales y mercenarios, los pueblos no participaban en las contiendas, sino a través de las fuertes contribuciones para solventarlas, o las devastaciones que dejaban tras de sí los ejércitos en lucha. Una gran masa de la población no la sufría; y a veces, hasta la ignoraba.
Las guerras de la Revolución Francesa y, más tarde las de Napoleón, afectaron ya al pueblo francés, por la contribución en material humano que le impusieron.
Es recién la guerra mundial de 1914-18 la que muestra a las naciones participantes empeñadas en el esfuerzo máximo para conseguir la victoria. La guerra se juega en los campos de batalla, en los mares, en el aire, en el campo político, económico, financiero, industrial; y se especula hasta con el hambre de las naciones enemigas.
Ya no bastan generales y almirantes geniales, con ejércitos y flotas eficientes, para conquistar la victoria. A su lado, los representantes de todas las energías de la Nación tienen un rol importantísimo que jugar en la dirección de la guerra; y muchas veces, son ellos los que orientan la conducción de las operaciones de las fuerzas armadas.
Pero aún en los años 1914-18, detrás de los ejércitos en lucha, las poblaciones entregadas a un constante esfuerzo para mantenerla potencia combativa de las fuerzas armadas, vivían en una relativa tranquilidad y bienestar.
La moral de la nación se mantenía sobre la base de los éxitos obtenidos en los campos de batalla, hábilmente explotados por una inteligente propaganda.
La actual contienda, con el considerable progreso técnico de la aviación, nos muestra la expresión más acabada del concepto de la “Nación en armas”.
Los pueblos de las naciones en lucha, no se encuentran ya a cubierto contra las actividades bélicas, dado que poderosas formaciones aéreas siembran la destrucción y la muerte en poblaciones más o menos indefensas, buscando minar su moral y destruir las fuentes del potencial de guerra de la nación enemiga. El panfleto toma un lugar importante al lado de las tremendas bombas incendiarias y explosivas, en la carga de los poderosos aviones de bombardeo.
Un país en lucha puede representarse por un arco con su correspondiente flecha, tendido al límite máximo que permite la resistencia de su cuerda y la elasticidad de su madero y apuntando hacia un solo objetivo: ganar la guerra.
Sus fuerzas armadas están representadas por la piedra o el metal que constituye la punta de la flecha; pero el resto de esta, la cuerda y el arco, son la nación toda, hasta la última expresión de su energía y poderío.
En consecuencia, no es suficiente que los integrantes de las fuerzas armadas nos esforcemos en preparar el instrumento de lucha, en estudiar y comprender la guerra, deduciendo enseñanzas de las diferentes contiendas que han asolado al mundo. Es también necesario que todas las inteligencias de la Nación, cada una en el aspecto que interesa a sus actividades, se esfuerce también en conocerla, estudiarla y comprenderla, como única forma de llegar a esa solución integral del problema que puede presentársenos; y tendremos que resolver, si un día Dios decide que la guerra haga sonar su clarín en las márgenes del Plata.
En consecuencia, la decisión del Consejo Superior de la Universidad de La Plata, a que antes me he referido, constituye, sin duda, un valioso escalón hacia esa meta que debemos alcanzar.
V. DEFENSA NACIONAL.
La organización de la defensa nacional de un país es una vasta y compleja tarea de años y años, por medio de la cual se han de ejecutar una serie de medidas preparatorias durante la paz, para crearles a sus fuerzas armadas las mejores condiciones para conquistar el éxito en una contienda que puede presentársele. Se formulará una serie de previsiones, a fin de que la nación pueda adquirir y mantener ese ritmo de producción y sacrificio que nos impone la guerra, al mismo tiempo que se preverá el mejor empleo a dar a sus fuerzas armadas. Y finalmente, otra serie de previsiones, una vez terminada la guerra: desmontar la maquinaria bélica en que el país se ha convertido, y adquirir de nuevo su vida normal de paz, con el mínimo de inconvenientes, convulsiones y trastornos.
Dada la brevedad a que me obliga esta exposición, tendré que limitarme a analizar sucintamente sus aspectos principales; y para evitar la aridez de tratar este asunto en forma absolutamente teórica, me referiré a las enseñanzas que nos deja la historia militar, y su aplicación a los problemas particulares de nuestro país, en lo que me sea posible.
1.- Objetivos políticos
Cualquier país del mundo, sea grande o pequeño, débil o poderoso, con un grado elevado o reducido de civilización, posee un objetivo político determinado.
El objetivo político es la necesidad o ambición de un bien, que un Estado tiende a mantener o conquistar, apara su perfeccionamiento o engrandecimiento.
El objetivo político puede ser de cualquier orden: reivindicación o expansión territorial, hegemonía política o económica, adquisición de mercados u otras ventajas comerciales, imposiciones sociales o espirituales, etc.
Se ha dado en clasificarlos como negativos o positivos, según se trate de mantener lo existente; o bien, conquistar algo nuevo, ya sean continentales o mundiales, según las proyecciones de los mismos.
Los objetivos políticos de las naciones, son una consecuencia directa de la sensibilidad de los pueblos. Y debemos recordar que éstos tienen ese instinto seguro, que en la solución de los grandes problemas los orienta siempre hacia lo que más les conviene.
Los estadistas o gobernantes, únicamente los interpretan y los concretan en forma más o menos explícita y ajustada.
La verdadera sabiduría de los pueblos y el buen juicio de sus gobernantes consiste, precisamente, en no proponerse un objetivo político desorbitado, que no guarde relación con la potencialidad de la nación, lo cual, en caso contrario, la obligaría a enfrentarse con un enemigo tan poderoso, que no sólo tendría que renunciar a sus aspiraciones, sino perder parte de su patrimonio.
También es verdad que a las naciones les llegan, en su historia, horas cruciales, en las que, para defender su patrimonio o su honor, deben sostener una lucha sin esperanzas de triunfo; porque , como nos lo enseñaron nuestros padres de la Independencia, “más vale morir, que vivir esclavos”.
Nuestro país, como pocos otros del mundo, puede ostentar objetivos políticos confesables y dignos.
Nunca nuestros gobernantes sostuvieron principios de reivindicación o conquista territorial. No pretendimos ejercer una hegemonía política, económica o espiritual en nuestro Continente.
Sólo aspiramos a nuestro natural engrandecimiento, mediante la explotación de nuestras riquezas, y a colocar el excedente de nuestra producción en los diversos mercados mundiales, para poder adquirir lo que necesitamos.
Deseamos vivir en paz, con todas las naciones de buena voluntad del globo. Y el progreso de nuestros hermanos de América, sólo nos produce satisfacción y orgullo.
Queremos ser el pueblo más feliz de la Tierra, ya que la naturaleza se ha mostrado pródiga con nosotros.
2.-Acción de la diplomacia y conducción
de la política externa.
La diplomacia debe actuar en forma similar a la conducción de una guerra. Como ella, posee sus fuerzas, sus armas, y debe librar las batallas que sean necesarias para conquistar las finalidades que la política le ha fijado.
Si la política logra que la diplomacia obtenga el objetivo trazado, su tarea se reduce a ello; y termina allí, en lo que a ese objetivo se refiere.
Si la diplomacia no puede lograr el objetivo político fijado, entonces es encargada de preparar las mejores condiciones para obtenerlo por la fuerza, siempre que la situación hagan ver como necesario el empleo de este medio extremo.
El período político que precedió a la actual contienda, constituye un excelente ejemplo que nos aclarará estos conceptos.
Desde el advenimiento del partido Nacionalsocialista al poder, en el año 1933, el Gobierno alemán dio muestras de su intención de conseguir, por todos los medios , el resurgimiento de la Alemania imperial de 1914 y aún sobrepasarla, desestimando como fuera de lugar los puntos que aún subsistían en carácter de obligaciones del Tratado de Versailles.
Fue su diplomacia la que sin contar en su respaldo con una suficiente potencia militar, le permitió, en 1935, implantar el servicio militar obligatorio, ocupar militarmente la Renania, y finalmente, concertar con Inglaterra el pacto naval que le permitiría montar un tonelaje para su marina de guerra equivalente al 35 % del inglés, con lo cual sobrepasaba a la flota francesa. La reacción francesa, que en esa época podía ser decisiva, fue perfectamente neutralizada por la diplomacia alemana.
Luego, ya respaldada sin duda por la fuerza considerable que el Tercer Reich había logrado montar, se produce, en marzo de 1938, la anexión lisa y llana de Austria. A fines de septiembre de ese mismo año, el tratado de Munich le entrega el territorio de los Sudetes, pertenecientes a Checoslovaquia, hasta terminar con la total desaparición de este país el 15 de marzo de 1939. Y siete días más tarde, el 22 de marzo, el jefe del gabinete lituano, el ministro Urbsys, entrega las llaves de Memel en Berlín mismo.
Casi de inmediato, la diplomacia alemana empieza a agitar la cuestión de Polonia. La resistencia de ésta, apoyada por Francia e Inglaterra, no puede ser vencida; y entonces le corresponde crear las mejores condiciones para el empleo de sus fuerzas armadas, en el logro de su objetivo político.
Polonia parece estar apoyada por Rusia; y en Moscú se encuentran delegaciones de Francia e Inglaterra, tratando sin duda el problema político europeo, cuando el mundo entero es sorprendido por el pacto de no agresión ruso alemán, del 23 de agosto de 1939.
La conducción política y la diplomacia, con habilidad y astucia, han facilitado grandemente la tarea a la conducción militar. Una semana después, ésta entra a actuar en condiciones óptimas.
En los litigios entre naciones, sin tener un tribunal superior e imparcial a quien recurrir, y sobre todo que esté provisto de la fuerza necesaria para hacer respetar sus decisiones, la acción de la diplomacia será tanto más segura y amplia, cuanto mayor sea el argumento de fuerza que en última instancia pueda esgrimir.
Así nuestra diplomacia, que tiene ante sí una constante tarea que realizar, estrechando cada vez más la s relaciones políticas, económicas, comerciales, culturales y espirituales con los demás países del mundo, en particular con los continentes, y, dentro de estos, con nuestros vecinos, cuenta como argumento para esgrimir, además de la hidalguía y munificencia ya tradicionales de nuestro espíritu, con el poder de nuestras fuerzas armadas, que debe ser aumentado en concordancia con su importancia, para asegurarles el respeto y la consideración que merecen en el concierto mundial y continental de las naciones.
Durante la guerra, las actividades de la política exterior y de la diplomacia, no decrecen. Por el contrario, tal cual lo vemos en la actual contienda, redoblan sus esfuerzos para continuar creando las mejores condiciones de lucha a las fuerzas armadas.
No tenemos sino que ver cómo se neutraliza a países neutrales dudosos. Los esfuerzos que se realizan para enrolar en la contienda a los simpatizantes o que observan una neutralidad benévola.. La forma en que desprestigia al adversario y se anula su propaganda en el exterior. Las simpatías que es necesario despertar en los mercados productores de armamentos y materias primas. La utilización de la prensa y partidos políticos de países aliados y neutrales para hacer simpática la guerra al país. La explotación de las divisiones y reyertas dentro del bloque de países enemigos, para provocar su desmembramiento, etc. Y comprenderemos fácilmente que todo intelecto y capacidad política debe ser movilizado para servir a la defensa nacional.
Finalmente, una vez terminada la guerra, ya sea exitosamente o derrotada, la política debe continuar librando la parte más difícil de su batalla para obtener, en la liquidación de la contienda, que los objetivos políticos porque se luchó, sean ampliamente alcanzados, o reducir a un mínimo aceptable el precio de la derrota, respectivamente.
Este aspecto de la política cobra mayor importancia en la guerra de coaliciones, en la que tantos intereses chocan en la mesa de la paz, o para evitar la intervención de neutrales poderosos, que, sin haber intervenido en la contienda, quieren también participar del despojo del vencido.
Bastaría analizar la profundidad y vastedad de cada uno de estos aspectos, para comprobar que los conocimientos y aptitudes especiales que su solución requiera, no pueden desarrollarse recién cuando la guerra llegue, sino que es necesario un estudio de preparación constante de las mentalidades políticas durante el tiempo de paz.
3.-Fuerzas Armadas.
Las naciones tienen la obligación de preparar la máxima potencialidad militar que su población y riqueza les permitan, para poder presentarla en los campos de batalla, si la guerra ha llamado a sus puertas.
Los pueblos que han descuidado la preparación de sus fuerzas armadas, han pagado siempre caro su error, desapareciendo de la historia o cayendo en la más abyecta servidumbre. De ellos, la historia sólo se ocupa para recordar su excesivo mercantilismo, o los arqueólogos para explorar sus ruinas, descubriendo bellas muestras de una grandiosa civilización pretérita, que no supo cultivar las aptitudes guerreras de sus pueblos.
La preparación de las fuerzas armadas para la guerra, no es tarea fácil ni que puede improvisarse en momentos de peligro.
La formación de reservas instruidas, sobre todo hoy, en que los medios de lucha han experimentado tantos progresos y complicaciones técnicas, requiere un trabajo largo y metódico, para que éstas adquieran la madurez y el temple que exige la guerra.
El arte militar sufre tantas variaciones, que los cuadros permanentes del ejército deben entregarse a un constante trabajo y estudio, que cuando la guerra se avecina, no hay tiempo de asimilar.
El militar, junto a su ciencia, debe reunir condiciones de espíritu y de carácter de conductor, para llevar su tropa a los mayores sacrificios y proezas; y eso no se improvisa, sino que se logra con el ejercicio constante del arte de mandar.
Las armas, municiones y otros medios de lucha no se pueden adquirir ni fabricar en el momento en que el peligro nos apremia, ya que no se encuentran disponibles en los mercados productores, sino que es necesario encarar fabricaciones que exigen largo tiempo. En los arsenales y depósitos es necesario disponer de todo lo que exigirán las primeras operaciones, y prever su aumento y reparación.
Las previsiones para el empleo de las fuerzas armadas de la nación forman una larga y constante tarea que requiere de cierto número de jefes y oficiales, estudios especializados, que se inician en las Escuelas Superiores de Guerra, y continúan después, ininterrumpidamente, en una vida de constante perfeccionamiento profesional.
El conjunto de estas previsiones contenidas en el plan militar, que coordina los planes de operaciones del Ejército, la Marina y la Aviación, se realiza sobre estudios básicos, que exigen conocimientos profesionales y generales muy profundos.
En dicho plan se resuelve la movilización total del país; la forma en que serán protegidas las fronteras; la concentración de las fuerzas en las probables zonas de operaciones; el posible desarrollo de las operaciones iniciales; el desarrollo del abastecimiento de las fuerzas armadas de toda suerte de elementos; el desenvolvimiento general de los medios de transporte y de comunicación del país; la defensa terrestre y antiaérea del interior, etc.
Como podéis apreciar, esta obra, realizada en forma completa y detallada, absorbe la labor constante de los organismos directivos de las fuerzas armadas de las naciones; y de la exactitud de las mismas, depende en gran parte que la lucha pueda iniciarse y continuar luego en las mejores condiciones posibles.
Si la guerra llega, será la habilidad y el carácter del Comandante en Jefe y las virtudes guerreras de sus fuerzas, las que tratarán de inclinar el azar de la contienda a su favor; y no me refiero a la ayuda de Dios, porque ambos contendientes la implorarán con igual fervor.
Las fuerzas armadas de nuestra Patria realizan, en ese sentido, una labor silenciosa y constante, que se inicia en los cuarteles de las unidades de tropa, buques de la armada y bases aéreas, preparando dentro de sus posibilidades el mejor instrumento de lucha. Y se continúa luego en sus institutos de estudios superiores, para terminar en la labor directiva de sus estados mayores.
No creo equivocarme si expreso que durante mucho tiempo, sólo han sido las instituciones armadas las que han experimentado las inquietudes que se derivan de la defensa nacional de nuestra Patria, y han tratado de solucionarlas, creando el mejor instrumento de lucha que han podido. Pero es indispensable, si no queremos vernos abocados a un posible desastre, que todo el resto de la Nación, sin excepción de ninguna especie, se prepare y juegue el rol que en este sentido, a cada uno le corresponde.
4.-Acción política interna.
La política interna tiene gran importancia en la preparación del país para la guerra.
Su misión es clara y sencilla, pero difícil de lograr. Debe procurar a las fuerzas armadas el máximo posible de hombres sanos y fuertes, de elevada moral y con un gran espíritu de patria. Con esta levadura, las fuerzas armadas podrán reafirmar estas virtudes y desarrollar fácilmente un elevado espíritu guerrero y de sacrificio.
Además, es necesario que las calidades antes citadas, sean desarrolladas en toda la población sin excepción, dado que es dentro del país donde las fuerzas armadas encuentran su fuerza moral, la voluntad de vencer, y la reposición personal, material y elementos desgastados o perdidos.
Los países actualmente en lucha nos muestran todos los esfuerzos que se realizan para mantener en el pueblo, aún en los momentos de mayores sacrificios y penurias, la voluntad inquebrantable de vencer, al mismo tiempo que se desarrollan todas las actividades imaginables para minar la moral del adversario, naciendo así un nuevo medio de lucha, “la guerra de nervios”.
Si en cuestiones de forma de gobierno, problemas económicos, sociales, financieros, industriales, de producción y de trabajo, etc. Cabe toda suerte de opiniones e intereses dentro de un Estado, en el objetivo político derivado del sentir de la nacionalidad de ese pueblo, por ser única e indivisible, no caben opiniones divergentes. Por el contrario, esa mística común sirve como un aglutinante más para cimentar la unidad nacional de un pueblo determinado.
Ante el peligro de la guerra, es necesario establecer una perfecta tregua en todos los problemas y luchas interiores, sean políticos, económicos, sociales, o de cualquier otro orden, para perseguir únicamente el objetivo que encierra la salvación de la Patria: ganar la guerra.
Todos hemos visto cómo los pueblos que se han exacerbado en sus luchas intestinas, llevando su ceguedad hasta el extremo de declarar enemigos a sus hermanos de sangre, y llamar en su auxilio a los regímenes o ideologías extranjeras, o se han deshecho en luchas encarnizadas, o han caído en el más abyecto vasallaje.
Cuando el peligro de guerra se hace presente, y durante el desarrollo de la misma, la acción de la política interna de los Estados debe aumentar notablemente sus actividades, porque son muy importantes las tareas que le toca realizar. Es necesario dar popularidad a la contienda que se avecina, venciendo las últimas resistencias y prejuicios de los espíritus prevenidos. Se debe establecer una verdadera solidaridad social, política y económica. La moral y el espíritu de lucha de la nación toda debe ser llevada a un grado tal, que ningún desastre ni sacrificio la pueda abatir. Desarrollar en la población un severo sentido de disciplina y responsabilidad individual, para contribuir en cualquier forma a ganar la guerra. Es necesario organizar una fuerte máquina, capaz de desarrollar un adecuado plan de propaganda, contra-propaganda y censura, que ponga a cubierto al frente interior contra los ataques que el enemigo le llevará constantemente. Debe aprestarse a la población civil para que establezca por sí misma la defensa antiaérea pasiva en todo el territorio de la Nación, como único medio de limitar los daños y destrucciones de los bombardeos enemigos, etc.
Terminada la guerra, todavía tiene la política interna una ímproba tarea que realizar, especialmente si la misma ha sido perdida.
En este momento, parece como si las naciones íntegras, que han vivido varios años con los nervios sometidos a una constante tensión, desatarán de pronto todos sus instintos y bajas pasiones, creando problemas y situaciones que amenazan hasta la constitución misma de los Estados. Rusia y Alemania, a la terminación de la guerra 1914-18, constituyen la suficiente demostración de esta afirmación.
Esta obra política interna, debe ser realizada desde la paz, en todos los ámbitos. Para lograrla la inician los padres en los hogares; la siguen los maestros y profesores en las aulas; las fuerzas armadas en buques y cuarteles; los gobernantes y legisladores mediante su obra de gobierno; los intelectuales y pensadores en sus publicaciones; el cine, el teatro y la radio con su obra educadora y publicitaria. Y finalmente, cada hombre en la formación de su auto-educación.
Referido este problema a nuestro caso particular, llegaremos fácilmente a la comprobación de que requiere un estudio y dedicación muy especiales.
En nuestra lucha por la Independencia y en las guerras exteriores que hemos sostenido, sin asumir el carácter de nación en armas que hemos definido, podemos observar grietas lamentables en el frente interno, que nos obligan a ser precavidos y previsores.
Posteriormente, hemos ofrecido al mundo un litoral abierto a todos los individuos, razas, ideologías, culturas, idiomas y religiones. Indudablemente, la Nación se ha engrandecido; pero existe el problema del cosmopolitismo, con el agravante de que se mantiene dentro de la Nación, núcleos poco o nada asimilados.
Todos los años, un elevado porcentaje de ciudadanos, al presentarse a cumplir su obligación de aprender a defender a su patria, deben ser rechazados por no reunir las condiciones físicas indispensables; la mayoría de los casos, originados en una niñez falta de abrigo y alimentación suficiente. Y en los textos de geografía del mundo entero, se lee que somos el país de la carne y del trigo, de la lana y del cuero.
Es indudable que una gran obra social debe ser realizada en el país. Tenemos una excelente materia prima; pero para bien moldearla, es indispensable el esfuerzo común de todos los argentinos, desde los que ocupan las más altas magistraturas del país, hasta el más modesto ciudadano.
La defensa nacional es así un argumento más que debe incitarnos para asegurar la felicidad de nuestro pueblo.
5.-Acción industrial.
Ya la guerra 1914-18 nos mostró, y en un mayor grado aún la actual, la importancia fundamental que para el desarrollo de la guerra asumen la movilización y el máximo aprovechamiento de las industrias del país.
Conocido es el rol que asumió Estados Unidos de Norte América en la anterior contienda y en la actual, en que mediante la contribución de su poderío industrial se convierte en el arsenal de las naciones aliadas, en el máximo esfuerzo por inclinar a su favor la suerte de la guerra.
Todas las naciones en contienda movilizan la totalidad de sus industrias, y las impulsan con máximo rendimiento, hacia un esfuerzo común para abastecer a las fuerzas armadas.
Es evidente qe esta transformación debe ser cuidadosamente preparada desde el tiempo de paz, solucionando problemas tales como el reemplazo de la mano de obra, la obtención de materia prima, la transformación de las usinas y fábricas, el traslado y la diseminación de las industrias como consecuencia del peligro aéreo, el reemplazo y reposición de lo destruido, etc.
Durante la guerra, es necesario poner en marcha este grandioso mecanismo: regular su producción de acuerdo, con las demandas específicas de las fuerzas armadas; asegurar los abastecimientos necesarios a la población civil; adquirir la producción de materias primas y productos industriales necesarios en los países extranjeros, anticipándose y neutralizando las adquisiciones de los enemigos; orientar la acción de destrucción de las industrias enemigas, señalando objetivos a la aviación y al sabotaje, etc.
Al terminar la contienda, las autoridades encargadas de dirigir la producción industrial tienen ante sí un problema más arduo aún, cual es la desmovilización general de las industrias, con los problemas políticos sociales derivados; asegurar la colocación de losadlos aún en curso de fabricación; transformar, en el más breve plazo posible, las industrias de guerra en productos de paz, para llegar cuanto antes a la reconquista de los mercados en los cuales se actuaba antes de empezar la contienda, etc. Todo lo cual exige una dirección enérgica y genial, y la contribución de buena voluntad y esfuerzos comunes de industriales y masas obreras.
Referido el problema industrial al caso particular de nuestro país, podemos expresar que él constituye el punto crítico de nuestra defensa nacional. La causa de esta crisis hay que buscarla lejos para poder solucionarla.
Durante mucho tiempo, nuestra producción y riqueza ha sido de carácter casi exclusivamente agropecuaria. A ello se debe en gran parte que nuestro crecimiento inmigratorio no ha sido todo lo considerable que era de esperar, dado el elevado rendimiento de esta clase de producción, con relación a la mano de obra necesaria. Saturados los mercados mundiales, se limitó automáticamente la producción; y por añadidura, la entrada al país de la mano de obra que ella necesitaba.
El capital argentino, invertido así en forma segura, pero poco brillante, se mostraba reacio a buscar colocación en las actividades industriales, consideradas durante mucho tiempo una aventura descabellada,; y, aunque parezca risible, no propia de buen señorío.
El capital extranjero se dedicó especialmente a las actividades comerciales, donde todo lucro, por rápido y descomedido que fuese, era siempre permitido y lícito. O buscó seguridad en el establecimiento de servicios públicos o industrias madres, muchas veces con una ganancia mínima, respaldada por el Estado.
La economía del país reposaba casi exclusivamente en los productos de la tierra, pero en su estado más incipiente de elaboración; que luego, transformados en el extranjero con evidentes beneficios para su economía y desarrollo, en perjuicio de los suyos, y entrar en competencia con los productos que se seguirían allí elaborando.
Esta acción recuperadora debió ser emprendida, evidentemente, por los capitales argentinos; o por lo menos, que el Estado los estimulase, precediéndolos y mostrándoles el camino a seguir.
Felizmente, la guerra mundial de 1914-18, con la carencia de productos manufacturados extranjeros, impulsó a los capitales más osados a lanzarse a la aventura; y se estableció una gran diversidad de industrias, demostrando nuestras reales posibilidades.
Terminada la contienda, muchas de estas industrias desaparecieron, por artificiales unas, y por falta de ayuda oficial otras, que debieron mantenerse. Pero muchas sufrieron airosamente la prueba de fuego de la competencia extranjera dentro y fuera del país.
Pero esta transformación industrial se realizó por sí sola, por la iniciativa privada de algunos pioneros que debieron vencer dificultades. El Estado no supo poseer esa videncia que debió guiarlos y tutelarlos, orientando la utilización nacional de la energía; facilitando la formación de mano de la obra y del personal directivo; armonizando la búsqueda y extracción de la materia prima con las necesidades y posibilidades de su elaboración, orientando y protegiendo su colocación en los mercados nacionales y extranjeros, con lo cual la economía nacional se hubiera beneficiado considerablemente.
Para corroborarlo, no me referiré más que a un aspecto. Hemos gastado en el extranjero grandes sumas de dinero en la adquisición de material de guerra. Lo hemos pagado a siete veces su valor, porque siete es el coeficiente de seguridad de la industria bélica; y todo ese dinero ha salido del país sin beneficio para su economía, sus industrias o la masa obrera que pudo alimentar.
Una política inteligente nos hubiera permitido montar las fábricas para hacerlos en el país, las que tendríamos en el presente, lo mismo que una considerable experiencia industrial; y las sumas invertidas habrían pasado de una manos a otras: argentinas todas.
Lo que digo del material de guerra, se puede hacer extensivo a las maquinarias agrícolas, al material de transporte, terrestre, fluvial y marítimo, y a cualquier otro orden de actividad.
Los técnicos argentinos se han mostrado tan capaces como los extranjeros. Y si alguien cree que no lo son, traigamos a estos, que pronto asimilaremos todo lo que puedan enseñarnos.
El obrero argentino, cuando se le ha dado la oportunidad para aprender, se ha revelado tanto o más capaz que el extranjero.
Maquinarias, si no la poseemos en cantidad ni calidad suficiente, pueden fabricarse o adquirirse tantas como sean necesarias.
A las materias primas nos las ofrecen las entrañas de nuestra tierra, que solo esperan que las extraigamos.
Si no lo tenemos todo, lo adquiriremos allí donde se encuentre, haciendo lo mismo que los países europeos, que tampoco lo tienen todo.
La actual contienda, al hacer desaparecer casi en absoluto de nuestros mercados los productos manufacturados extranjeros, ha vuelto a hacer florecer nuestras industrias, en forma que causa admiración hasta en los países industriales por excelencia.
La teoría que mucho tiempo sostuvimos de que si algún día un peligro amenazaba a nuestra Patria, encontraríamos en los mercados extranjeros el material de guerra que necesitásemos para completar la dotación inicial de nuestro Ejército y asegurar su reposición, ha quedado demostrada como una utopía.
La defensas nacional exige una poderosa industria propia, y no cualquiera, sino una industria pesada.
Para ello, es indudablemente necesaria una acción oficial del Estado, que solucione los problemas que ya he citado, y que proteja a nuestras industrias, si es necesario. No a las artificiales, que, con propósitos exclusivamente utilitarios, ya habrán recuperado varias veces el capital invertido, sino a las que dedican sus actividades a esa obra estable, que contribuirá a beneficiar la economía y asegurará la defensa nacional.
En ese sentido, el primer paso ya ha sido dado con la creación de la Dirección General de Fabricaciones Militares, que contempla la solución de los problemas neurálgicos que afectan a nuestras industrias.
Al mismo tiempo, es necesario orientar la formación profesional de la juventud argentina. Que los faltos de medios o de capacidad comprendan que más que medrar en una oficina pública, se progresa en las fábricas y talleres, y se gana en dignidad muchas veces.
Que los que siguen carreras universitarias, sepan que las profesiones industriales les ofrecen horizontes tan amplios como el derecho, la medicina o la ingeniería de construcciones.
Las escuelas industriales, de oficios y facultades de química, industrias electrotécnicas, etc., deben multiplicarse. La defensa nacional de nuestra Patria, tiene necesidad de todas ellas.
6.-Acción comercial
El comercio, tanto exterior como interior de cualquier país, tiene una gran importancia desde el punto de vista de la defensa nacional.
Las naciones en lucha buscan anular el comercio del adversario, no sólo para impedir la llegada de abastecimientos necesarios a las fuerzas armadas, sino a la vida de la población civil y a su economía. El bloqueo inglés y la campaña submarina alemana, son una demostración en este sentido.
Es necesario, entonces, estudiar cuidadosamente durante la paz las condiciones particulares en que el comercio podrá desenvolverse en tiempos de guerra, para desarrollar una política comercial adecuada.
En primer lugar, es necesario orientar desde la paz las corrientes comerciales con aquellos países que más difícilmente podrán convertirse en contendientes, en una situación bélica determinada; ya que siendo el comercio una de las principales fuentes de la economía y de las finanzas de la Nación, conviene mantenerlo a su mayor nivel compatible con la situación de guerra.
Luego, deben estudiarse los puertos por donde saldrán nuestros productos e ingresarán los del extranjero. Se debe determinar cuáles son los susceptibles de sufrir ataques aéreos o navales, los que pueden ser bloqueados con mayor facilidad, etc., con el objeto de saber cuáles son los utilizables, y las ampliaciones necesarias en sus instalaciones, para admitir la absorción de los movimientos comerciales de los otros.
A continuación habrá que considerar la forma en que dichos productos atravesarán el mar, a fin de asegurarlos contra el ataque naval del adversario. Surge, como condición óptima, la necesidad de disponer de una numerosa flota mercante propia, y de una poderosa Marina que la defienda.
Se deberá estudiar también la posibilidad de desviar el tráfico de productos a través de países neutrales o aliados, con los cuales nos unan vías de comunicación terrestre, como forma de burlar el bloqueo.
Análogo estudio deberá efectuarse de los puntos críticos, sobre el que reposa el comercio enemigo, para atacarlo y poder así paralizarlo o destruirlo, sea mediante el ataque directo o por la competencia de productos similares en los mercados adquisitivos, haciendo jugar todos los resortes que la política comercial posee. Las “listas negras” constituyen un ejemplo significativo.
Lo manifestado para el comercio marítimo debe, naturalmente, ser extendido a las comunidades terrestres y fluviales con los países continentales.
Es necesario, luego, extender las previsiones al desarrollo del comercio interno, asegurando una distribución adecuada de los productos destinados a satisfacer el abastecimiento de las fuerzas armadas y de la población civil, evitando la especulación y el alza desmedida de precios.
Las vías de comunicaciones terrestres (ferrocarriles y viales) y las fluviales deben ser cuidadosamente orientadas por una sabia política, que contemple, no sólo las necesidades de tiempo de paz, sino también las de guerra, en forma similar a las consideradas para el comercio marítimo. Además, habrá que considerar las necesidades de las fuerzas armadas, no sólo para su abastecimiento, sino para la movilización, concentración y realización de determinadas maniobras.
Terminada la guerra, es necesario proceder a una desmovilización del comercio del país, orientándolo hacia su cause normal de tiempo de paz, intentando la conquista de nuevos mercados, etc., y ajustando todo a los resultados obtenidos en la contienda.
De lo acertado de estas previsiones, dependerá en alto grado la rápida desaparición de las crisis y depresiones que fatalmente se presentan en los períodos de posguerra.
El sólo enunciado de los problemas comerciales a que me he referido, basta para dar una idea de la gravedad y trascendencia de los mismos, y de la necesidad de disponer de verdaderas capacidades para resolverlos.
7.-Acción económica.
La economía de la Nación es de importancia fundamental para el desarrollo de la guerra. Las riquezas del país son llamadas a su máxima contribución para asegurar el éxito de la misma; y de la calidad y cantidad de producciones existentes dependerá también en alto grado la financiación de la guerra.
Las posibilidades del comercio exterior, las condiciones particulares de la economía de cada país y el manejo de sus finanzas, requieren la más hábil conducción, para evitar la ruina del mismo, a pesar de haber ganado la guerra.
El consumo de productos en un país en guerra asume cifras fantásticas, y es necesario estimular al máximo la producción de riquezas, a pesar de que la mano de obra, la maquinaria y los útiles, las fuentes de energía y los medios de transporte, se encuentran ya exigidos al máximo.
Es necesario, además de estudiar la utilización de las propias fuentes de riqueza, coordinarlas con las de los países aliados y con las de las regiones que se provea conquistar o perder durante la contienda.
Indudablemente, la movilización y transformación de la economía del país, con todos los intereses que habrá que vencer, formas de explotación muchas veces antieconómicas que será necesario establecer, la distribución adecuada de recursos, la determinación de las importaciones indispensables y el orden de prioridad a establecer en las mismas, la organización del trabajo y la utilización del personal, adaptándolos a determinadas actividades, la utilización de los medios de transporte y de comunicación, etc., son tareas muy complejas.
Al igual que en las cuestiones analizadas anteriormente, los países, desde el tiempo de paz, tratan de someter la economía de los probables adversarios a ciertos vasallajes y a situaciones críticas, preparando verdaderas minas de tiempo que harán explosión en el momento deseado.
Finalmente, terminada la guerra, es necesario, como en los demás aspectos, transformar esa economía de guerra tan especializada en economía de paz.
La transformación que necesariamente debe producirse en las industrias, en la vida agropecuaria y en todos los órdenes de la producción, es de tal naturaleza, que si no se han adoptado con tiempo medidas previsoras, muy graves perturbaciones pondrán en peligro la existencia misma de los Estados.
La desocupación y el derrumbe industrial y comercial han asolado a las naciones beligerantes después de la guerra 1914-18, cundiendo una desmoralización general, peligrosa y contagiosa.
8.-Acción financiera
Conocido es el aforismo atribuido a Napoleón: “El dinero hace la guerra”, y el de von der Goltz: “Para hacer la guerra se necesita dinero, dinero y más dinero”.
La actual contienda nos permite ver cómo las cifras de los presupuestos, que en Inglaterra y Estados Unidos de Norteamérica se someten a la aprobación de sus cámaras legislativas, ascienden a cifras verdaderamente fabulosas.
Es indudable que finanzas sanas desde la paz, facilitan notablemente la conducción financiera de la guerra. La existencia de reservas metálicas de divisas, y un crédito exterior e interior sano, son otros tantos factores de éxito a considerar.
La financiación de la guerra sólo puede hacerse en base a cuidadosas previsiones, formuladas desde la paz, ajustadas a las más variadas circunstancias que puedan presentarse.
Será necesario efectuar una apreciación sobre el probable costo de la guerra, sobre el cual es muy fácil que nos quedemos siempre cortos.
En el establecimiento de las inversiones habrá que realizar la administración más severa y estricta.
Para hacerse de recursos, habrá que extremas todas las medidas, aún las coercitivas: movilización de las reservas metálicas y divisas existentes –aportes voluntarios o forzosos del crédito interno y externo-, de los bienes estatales –del sistema impositivo-, de la emisión del papel moneda, etc., sin consideración alguna a los intereses particulares o privados.
Será también necesario realizar una guerra implacable a las finanzas de las naciones adversarias especialmente atacando su crédito, su moneda y su sistema impositivo.
Será también necesario estudiar la contribución económica y financiera que se impondrá a la nación adversaria, en caso de victoria; y la forma de pagar la deuda de guerra en caso de una derrota.
Finalmente, habrá que prever la forma de pasar del sistema financiero de guerra al de paz, y la financiación de la deuda contraída, que gravará aún por largos años las finanzas del Estado.
VI. CONCLUSIONES.
Señores: esto es lo que los militares entendemos por defensa nacional.
He pretendido expresar en el curso de mi exposición, y espero haberlo conseguido, las siguientes cuestiones:
1ra) Que la guerra es un fenómeno social inevitable;
2da) Que las naciones llamadas pacifistas, como es eminentemente la nuestra, si quieren la paz, deben prepararse para la guerra;
3ra) Que la Defensa Nacional de la Patria es un problema integral, que abarca totalmente sus diferentes actividades; que no puede ser improvisada en el momento en que la guerra viene a llamar a sus puertas, sino que es obra de largos años de constante y concienzuda tarea; que no puede ser encarada en forma unilateral, como es su solo enfoque por la fuerzas armadas, sino que debe ser establecida mediante el trabajo armónico y entrelazado de los diversos organismos del gobierno, instituciones particulares y de todos los argentinos, cualquiera sea su esfera de acción; que los problemas que abarca son tan diversificados, y requieren conocimientos profesionales tan acabados, que ninguna capacidad ni intelecto puede ser ahorrado.
Finalmente, que sus exigencias sólo contribuyen al engrandecimiento de la Patria y a la felicidad de sus hijos.
miércoles, 6 de octubre de 2010
martes, 14 de septiembre de 2010
EL IMPERIALISMO INTERNACIONAL DEL DINERO

EL IMPERIALISMO INTERNACIONAL DEL DINERO
28/03/2009
Alberto Buela∗
La fabulosa y enorme crisis de la economía usamericana y su
inusitada proyección mundial con la conmoción de todos los mercados
de valores nos obliga a la siguiente meditación.
Los hechos
A finales del 2008 la quiebra del banco de los hermanitos
Lehmann, uno de los grupos financieros que fundara el Banco de la
Reserva Federal de USA en 1913, le costó al tesoro norteamericano
700.000 millones de dólares y otro tanto a los gobiernos europeos en
el auxilio de sus bancos también afectados con la explosión de la
burbuja financiera.
∗ Filósofo (mejor arkagueuta). Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos.
Federación del papel. Escuela de Gobierno Provincia. de Buenos Aires.
alberto.buela@gmail.com
Algunas sotovoces se dejaron oír en el sentido de averiguar
hacia que país fueron derivados parte de semejantes fondos
financieros computados como pérdidas, pero nadie lo firmaba. El
hecho que llamaba la atención es que de los Estados-nación
modernos organizados al estilo occidental y con peso relativo en el
orden internacional, el único que no tomó ninguna medida oficial de
auxilio a sus bancos fue el Estado de Israel.
El tema siguió en el más absoluto silencio, pero una vez más la
fuerza de la realidad se impuso sobre el simulacro o el disimulo.
Explotó el lunes 15 de diciembre, primero en los diarios de España
(había perdido el Banco Santander 2.500 millones de dólares), el
fraude por 50.000 mil millones de dólares realizado por Bernard L.
Madoff, un judío norteamericano a quien le confiaron sus ahorros
organizaciones judías y judíos enriquecidos como Steven Spielberg,
Elie Wiesel, Robert Lappin, Julian Levitt, Fred Wilpon, Norman
Braman, Erza Merkin, Carl Shapiro, Frank Lautenberg, Benbassat y
Reichmuth, entre tantos otros.
Hoy se sabe, en Argentina lo denunció antes que nadie Eduardo
Linares comentando en un estupendo artículo titulado Steven
Spielberg y “The Madoff’s list” by Tim Roth, que “Tan sólo Lehman
Brothers y Berni Madoff, expatriaron, nunca mejor usado el término,
400 mil y 100 mil millones de dólares a bancos del Estado de Israel
antes de declararse en bancarrota los primeros y ser apresado por
fraude el segundo”, esta es la razón profunda de por qué el Estado de
Israel fue el único estado de forma occidental que no se conmovió
para nada por la gran crisis financiera newyorkina.
La teoría
El imperialismo ha sido caracterizado por el marxismo desde
que Lenín escribió sobre el tema en 1916 en su folleto El imperialismo
la fase superior del capitalismo, donde afirma en el prólogo para
franceses y alemanes: “En esta obra hemos probado que la guerra
1914-1918 ha sido, de ambos lados beligerantes, una guerra
imperialista (esto es, una guerra de conquista, de bandidaje y de
robo), una guerra por el reparto del mundo. Me he apoyado
precisamente en estos datos generales irrefutables al describir el
reparto del mundo en 1876 y en 1914 (§ VI) y el reparto de los
ferrocarriles en todo el globo en 1890 y en 1913 (§ VII) … Este
"botín" se reparte entre dos o tres potencias rapaces de poderío
mundial, armadas hasta los dientes (Estados Unidos, Inglaterra,
Japón) que, por el reparto de su botín, arrastran a su guerra a todo el
mundo”. Y termina en el último párrafo afirmando: “La época del
capitalismo moderno nos muestra que entre los grupos capitalistas se
están estableciendo determinadas relaciones sobre le base del
reparto territorial del mundo”.
Y es a partir de Lenín que para el marxismo-leninismo el
imperialismo se limita a la dupla Estados Unidos-Inglaterra. No hay
en el marxismo, en general, ni una sola palabra acerca del
“imperialismo internacional del dinero”. Claro está, ello habría
significado poner en contradicción su propia revolución bolchevique
que como es sabido fue financiada por el imperialismo internacional
del dinero de las bancas judeo usamericanas como la Warburg, Khun,
Loeb y Cía, la Jacobo Schiff, etc. Ello lo corrobora el mismísimo León
Trotsky, apellidado Bronstein, quien criticó la exagerada y
desproporcionada intervención y preponderancia de los hebreos en la
revolución y el partido bolchevique.
Origen del concepto
Quien habla por primera vez del imperialismo internacional del
dinero fue el papa Pío XI en su encíclica Quadragesimo Anno en 1939
quien afirma tajantemente: Por lo que atañe a las naciones en sus
relaciones mutuas, de una misma fuente manan dos ríos diversos:
por un lado, el nacionalismo o imperialismo económico (el mundo
liberal); y del otro, el no menos funesto y execrable internacionalismo
o imperialismo internacional del dinero (las finanzas apátridas) para
el cual, donde está el bien, allí su patria (ubi bene, ibi patria est).” 1
Esta clara distinción ubica a la sana doctrina social católica como
término medio entre dos extremos opuestos: capitalismo y marxismo;
liberalismo y socialismo; nacionalismo e internacionalismo.
En nuestros días se debe a ese buen pensador nacional
Santiago Alonso el rescate de este tema tan actual, quien en el anexo
del libro de Alan Jones Cómo funciona el mundo presenta su
excelente trabajo El imperialismo internacional del dinero. Y así
afirma: “Llama la atención que se haya extendido un manto de
silencio o del olvido respecto de las enseñanzas sobre el imperialismo
internacional del dinero, así como la poca o ninguna apelación que se
hace de ella … tantas omisiones, olvidos e ignorancia nos hace
sospechar de la existencia de alguna voluntad oculta que
obstinadamente ignora o no quiere saber o no desea que se difunda
sobre la importancia ni el rol específico que tiene el citado
imperialismo en el destino de los pueblos”2.
1 Pío XI: Encíclica Quadragesimo anno, parágrafo 110
2 Alonso, Santiago: en Como funciona realmente el mundo, de Alan Jones, Buenos Aires, Ed.
Segunda Independencia, 2004, pp.330 y 331
En el orden político
Este imperialismo internacional del dinero tuvo su mejor
caracterización politológica en la idea de sinarquía lanzada y utilizada
por el General Perón allá por los años setenta.
El término sinarquía es una palabra griega compuesta por el
prefijo “syn” que significa con, lo que da idea de convergencia y
“arjé” que significa principio. El sentido etimológico menta la
convergencia de profunda de principios de poder, en apariencia
contrapuesto, que gobiernan el mundo3.
Con motivo de la entrevista que le realizara el coronel Cornicielli
como enviado del General Lanusse en España a Perón, éste respondió
sobre el tema afirmando: “El problema es liberar al país para seguir
libres. Es decir, que nosotros debemos enfrentar a la sinarquía
internacional manejada desde las Naciones Unidas, donde están el
comunismo, el capitalismo, la masonería, el judaísmo y la Iglesia
Católica –que también cuando la pagan entra–. Todas estas fuerzas
que tienen miles de colaterales en todo el mundo son las que
empiezan a actuar” (diario La Razón, 4/7/72).
En su momento esta idea de sinarquía dio mucha tela para
cortar. La izquierda marxista a través de sus múltiples voceros
siempre la catalogó como una idea trasnochada de Perón, quien en el
atardecer de su vida comenzaba a divagar. El mundo liberal la
cuestionó como una versión más de la idea del complot político típica
del mundo militar de donde provenía Perón. La Iglesia católica hizo
mutis por el foro sabiendo que cualquier cuestionamiento del
peronismo la ponía contra la gran masa del pueblo argentino. Y lo
más grave que dentro del universo peronista no fue tomada
seriamente en cuenta. Se bastardeó su uso y se abusó de un
concepto político poco desarrollado. Esto último lo hace notar el
historiador norteamericano, especialista en peronismo, Joseph Page
quien afirma: “El tema está tratado con humor en la revista
Cuestionario. Existe una descripción aparentemente seria de la
sinarquía en A. Buela”4.
No podemos olvidar acá que quien trabajó con mayor asiduidad
el tema desde el orden intelectual fue nuestro maestro José Luis
Torres (1901-1965), el fiscal de la década infame, y en ese sentido
tenemos que recordar su extraordinario trabajo Nos acechan desde
Bolivia (1952) donde denuncia, según sus palabras, las andanzas y
mutaciones de los “cuervos de las finanzas internacionales” y la
intervención de la ONU, como organismo clave de dominación
mundial, para invalidar las elecciones del 6 de mayo de 1951 que
3 Cfr. Buela, Alberto: La sinarquía y lo nacional. Buenos Aires: Marcos, 1983
4 Page, Joseph: Perón ( segunda parte). Buenos Aires: Javier Vergara, 1984, p. 327
otorgaron en Bolivia el triunfo al Movimiento Nacionalista
Revolucionario de Paz Estensoro.
Es interesante notar como en Iberoamérica luego del triunfo de
la revolución cubana, el marxismo se apodera del monopolio del
antiimperialismo al menos en su aspecto mediático y propagandístico,
mientras que el nacionalismo popular se refugia más bien en la
batalla por la restauración cultural de nuestros pueblos.
Triunfa así la versión marxista del imperialismo como etapa
superior del capitalismo, la del imperialismo como una categoría
universal plasmado en una sola nación: los Estados Unidos.
Se abandona, entonces, la idea del nacionalismo
hispanoamericano del imperialismo como un “internacionalismo
situado”, el imperialismo con pelos y señales, donde, si bien existe
una primacía indudable de la banca judía, convergen regímenes
comunistas, liberales y dictatoriales.
Esta primacía del marxismo sobre el nacionalismo
hispanoamericano, incluso a pesar que éste último se adelantó en el
tiempo con las denuncias pormenorizadas que realizaron Torres y
tantos otros autores, y a pesar de la firme, decidida y clara definición
de Perón del imperialismo como sinarquía. A pesar de todo ello el
peronismo o mejor aún los peronistas vergonzantes que hacen de
ideólogos, buscan en el movimiento radical de Forja el semental
ideológico del peronismo. Olvidando o peor aun desconociendo o
tergiversando la verdad indudable que el peronismo como
nacionalismo antiimperialista de carácter hispanoamericano tiene su
fuente en la profundidad de dicho nacionalismo.
Y así, y esto es significativo a tener en cuenta, mientras el
nacionalismo europeo se identifica con la idea de Estado-nación, el
nacionalismo popular hispanoamericano tiende a identificarse con la
idea de nación-pueblo., identificación que obedece a una doble
exigencia histórica: a) a la integración étnica y cultural en la
formación de nuestra identidad a través del mestizaje y b) el carácter
revolucionario de nuestros propios pueblos expresado en la movilidad
social y política que se da en Iberoamérica a diferencia de Europa.
Algunas conclusiones
Hoy asistimos luego de la debacle financiera internacional a una
avalancha inconmensurable de artículos y libros, publicaciones y
videos de todo tipo, pelo y señal que nos quieren explicar qué es lo
Quien más en profundidad ha trabajado esta idea en América ha sido uno de los padres de la
sociología indiana don Julio Ycaza Tigerino en su libro Perfil político y cultural de
Hispanoamérica, Madrid: Cultura Hispánica, 1971
miércoles, 11 de agosto de 2010
Neoliberalismo y provincialización

Neoliberalismo y provincialización
Apoyándose en una interesante y polémica interpretación de los antecedentes históricos, el autor critica la provincialización de los recursos energéticos y la asimila a la privatización. El actual gobierno profundiza esta política, o en todo caso nada hace por revertir el proceso de desnacionalización iniciado en 1976 por la dictadura y completado por el gobierno de Carlos Menem en la década del ’90.
El programa de privatización y aniquilación del Estado como gestor, contralor y planificador del sector retoma su cauce en 1989 con las Leyes nacionales 16.696 (de Reforma del Estado); 16.697 (de Emergencia Económica) y los decretos 1.055, 1.589 y 1.212. Prosigue con la conversión de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) en sociedad anónima y la fijación del cronograma de privatizaciones para el sector, para cerrarse en 1992 con las Leyes 24.076 (privatización de Gas del Estado) y 24.145 (privatización de YPF S.A. y federalización de los yacimientos de hidrocarburos). No obstante haber privatizado las dos empresas claves del sector, el programa petrolero neoliberal habría quedado inconcluso sin la reforma a la Constitución Nacional de 1994 y su artículo 124, que sustenta el aspecto "federal" del dominio jurídico de los hidrocarburos.
Al ahondar la política del ministro de Economía de la dictadura militar (1976-83) José Alfredo Martínez de Hoz, erigiendo su sustento jurídico-constitucional y provincializando el recurso, el ex presidente peronista Carlos Menem daba el golpe de gracia al sector.
Los dos pilares de la estrategia fueron la aniquilación del Estado (desestatización) y la provincialización (descentralización-desnacionalización) de los recursos naturales e instrumentos socioeconómicos vitales. La lección histórica aprendida del peor golpe recibido por el liberalismo argentino, la unificación nacional en 1880, había sido asimilada. Diezmar al país era cuestión de combinar la demolición del Estado, la disgregación nacional y la pauperización del Interior.
Federalismo verdadero
Luego de la derrota de las tendencias político-ideológicas de Mariano Moreno y Manuel Belgrano, el monopolio del Rey fue reemplazado por el de la oligarquía porteña. Así comenzó la escisión de Buenos Aires del resto de las provincias, que para subsistir y prosperar requirieron enajenar la riqueza nacional a través del control de la aduana. El partido político de esa oligarquía estaba constituido por comerciantes e importadores (apoyados a su vez por los ganaderos) e interesada en el tráfico con Inglaterra y en el comercio exterior en general. Su más ilustre representante, Bernardino Rivadavia, será el auténtico fundador del Partido Unitario y precursor del mitrismo. Fue entonces en oposición a éste que emergió el verdadero federalismo, precisamente como la expresión y el accionar contrarios al despojo de la riqueza argentina por una sola provincia: la de Buenos Aires. En su lugar se propuso su redistribución equitativa entre todas las provincias confederadas, esto es, entre las masas excluidas y despojadas del Interior.
Si el federalismo popular (de masas) nació justamente en respuesta al unitarismo porteño, invocarlo como mecanismo para la apropiación provincial de un determinado recurso resulta al menos tan absurdo como cínico. Que los hidrocarburos queden en manos exclusivas de la provincia que los contiene (provincialización), como hizo la Buenos Aires del siglo XIX con la aduana, es hacer federalismo "de opereta"; es contribuir a la desintegración territorial y al equívoco de creer que el federalismo consiste en el derecho de cualquier gobernador a contraer empréstitos extranjeros, a enajenar el subsuelo o a hacer de su territorio un feudo inexpugnable.
Avalar esta última posición implica adherir al modelo de país unitario-neoliberal, históricamente opuesto a la industrialización, al nacionalismo democrático y a la participación del Estado como motor indiscutible del desarrollo socioeconómico colectivo (modelo federal-nacional). En este sentido, quizás resulte clarificador observar la genealogía jurídico-constitucional de uno y otro (cuadro 1).
Estudiar dialécticamente el antagonismo entre provincialización y nacionalización permite descubrir sus influjos histórico-políticos, antagónicos aunque concurrentes desde 1810. Como se advierte en el cuadro, se subrayaron especialmente la reforma de 1994 y las Constituciones de 1853 y 1949, pues sintetizan la plataforma ideológica propia de cada modelo. Por ejemplo, existe una clara coincidencia entre el Código de Minería (CM) de 1886, el preámbulo de la Constitución de 1853 y la reforma de 1994. El CM prohibía al Estado explotar o disponer de las minas, definición presente en la Constitución de 1853 que, como coherentemente señala Guillermo M. Yeatts, "logró sentar las bases para el crecimiento económico creando instituciones fundamentales. (...) La propiedad privada, la seguridad de las personas, los límites impuestos a la actividad gubernamental, la libertad de comercio y la supresión de aduanas constituyeron poderosas instituciones que estimularon la actividad adormecida por siglos de legislación colonial" 1.
Se comprende así la inclinación de esta "gente culta" por el federalismo "de opereta" y la privatización de los '90. Si bien el gobierno peronista de Carlos Menem arruinó social y económicamente a Argentina toda, el interior del país fue devastado sin misericordia. Defensor de un modelo perfectamente definido, ese gobierno volcó el espíritu secesionista y liberal de la Constitución de 1853 a la reforma del '94, que "legalizó" el programa privatizador y provincializador. En efecto, el artículo 104 de la primera es exactamente igual al 121 de la segunda. El texto común expresa: "Las provincias conservan todo el poder no delegado por esta Constitución al Gobierno federal, y el que expresamente se hayan reservado por pactos especiales al tiempo de su incorporación".
Así pasamos del modelo unitario-neoliberal de los Yeatts, Martínez de Hoz, Menem, etc., al modelo opuesto, representado por la Constitución de 1949 y su artículo 40, del cual se abastecerán (en su concepto sobre la propiedad nacional -nacionalización- de los recursos naturales estratégicos), las leyes de los años 1958 y 1967 2. Como señaló Carlos Tagle Achával: "La Constitución de 1949 implicaba una concepción sobre la actividad privada y la del Estado, en el campo económico, totalmente diferente y de sentido más progresista que la de 1853" 3. Arturo Sampay, padre de la Constitución de 1949, expresó: "(...) la nacionalización o estatización de los servicios públicos -que es lo mismo- (...) permite fijar el precio y la distribución del servicio (...) por criterios de utilidad social" 4.
En suma, reconocer la contradicción entre esos dos modelos y extrapolarla a la disyuntiva provincialización-nacionalización, permite: 1) distinguir la ideología política, el concepto y rol del Estado afines a cada una; 2) recuperar la noción de "federalismo" al quitarle la pátina liberal progresista, atribuyéndole un origen histórico definido y una política económica propia: la de asegurar el desenvolvimiento regional a través de la participación del Estado empresario y garante de la justicia social.
Cambio de objetivos
En 1862 el Poder Ejecutivo encomendó al político y diputado de minas sanjuanino Juan Domingo de Oro la redacción y elaboración del CM. Dicho proyecto, presentado a la comisión revisora en 1863, no fue tratado en el Congreso y quedó aplazado a causa de la oposición de las provincias.
La objeción no se explicaba por cuestiones de federalismo, sino por décadas de desconfianza de los caudillos provinciales hacia la Buenos Aires unitaria. Cabe recordar que coincidentemente con la elaboración del CM, el "gobierno federal" de Mitre -haciéndose eco de las recomendaciones sarmientistas de "no economizar sangre de gauchos" y de "quemar ordenadamente todos los edificios públicos de Paraná" 5- endeudaba al país con empréstitos de la banca londinense y abría las puertas de la aduana a las importaciones masivas de manufacturas y a los capitales extranjeros, eliminando cualquier posibilidad de desarrollo regional. Mientras tanto, Vélez Sársfield, padre del Código Civil de 1864, declaraba el principio rector de la política del gobierno: "Buenos Aires es piedra fundamental sobre la cual se construirá la nacionalidad argentina en todas sus relaciones interiores y exteriores" 6.
La irresolución del enfrentamiento gobierno nacional-provincias, trasladada al plano minero, demoró una década la reforma del CM. Sus puntos sobresalientes: la provincialización del recurso y la prohibición del Estado de explotarlo o disponer de las minas.
Habrían de transcurrir casi veinte años para que el descubridor del petróleo en Argentina, el ingeniero Enrique Hermitte, propusiera desde 1905 las primeras reformas al CM. Apenas dos años antes del hallazgo se logró la incorporación de la Ley de Tierras y con ella la habilitación estatal para crear reservas fiscales y explotar los yacimientos por descubrir.
Si las reformas de Hermitte al CM fueron incorporadas con éxito, los próximos intentos tendientes a profundizar la intervención estatal y la nacionalización de los recursos chocaron de bruces con una barrera infranqueable. En efecto, entre 1907 y 1930, una sucesión de acontecimientos trascendentales, entre los que vale destacar la creación de YPF por Enrique Mosconi y Alonso Baldrich, agudizaron la división provincialización-nacionalización a extremos inéditos. Fue durante ese período que el concepto de federalismo esgrimido por las elites provinciales del Interior, en connivencia con el capital extranjero y con ciertas facciones liberales porteñas, renunció a su sentido original. Las clases sociales y los objetivos detrás del federalismo habían cambiado.
Casi un siglo de postración, prácticamente nulo desarrollo de las fuerzas productivas y la falta de una economía convergente hacia un centro interior fundado en la producción capitalista industrial, engendraron en ciertas provincias (sobre todo del noroeste) oligarquías exportadoras contrarias a la unificación nacional. Nada les importaba a sus referentes incorporarse a un mercado centralizado, mucho menos comandado por un gobierno como el yrigoyenista, pues ello implicaba perder los resortes económicos que los alternaba indefinidamente en el poder.
Como sintetiza magníficamente Yeatts: "Una vez más, el único freno a la política estatizante fue el federalismo. Una vez más, durante los debates parlamentarios de 1927 y 1928, en los que se discutió y dio media sanción al proyecto del monopolio petrolero estatal, se repite la existencia de la aproximación entre empresas privadas y elites provinciales, que juntas levantaron las banderas del federalismo y de la defensa de los derechos constitucionales provinciales" 7.
Es la propiedad pública del subsuelo (derivada del sistema regalista español) lo que habilita la intervención del Estado y por ende su accionar: estatizar y centralizar recursos y mercado. La intervención del Estado en un país federal promueve la unificación de la nación.
En consecuencia, se puede afirmar que ha sido la herencia española la que actuó como freno histórico a la privatización del subsuelo. Sin embargo, producto del igualmente heredado atraso del sistema mercantilista español y de la victoria del mitrismo durante el siglo XIX (a pesar de la unificación de 1880), las provincias se constituyeron en enclaves desconectados entre sí, sin un mercado unificado que las contuviera y controlara.
Resuelto como siempre y descartando la privatización del subsuelo, el liberalismo argentino supo aprovechar esa debilidad. Trasladó la discusión sobre la conveniencia de la propiedad pública o privada del subsuelo a la pregunta sobre a cuál de los dos ámbitos del Estado le correspondía su dominio, si a la nación o a las provincias. ¿Por qué? Pues porque a diferencia del régimen de tierras, donde el propietario de la superficie constituye un contrapeso más que poderoso frente al avance de una eventual nacionalización, en el régimen de subsuelos -al no existir propietarios interesados en frenar dicho avance-, resultaba perentorio inventar una barrera lo suficientemente poderosa como para frenar al enemigo número uno, el Estado nacional.
Con tal de no ver amenazada su supervivencia, las oligarquías nativas o burguesías comerciales tomarían la posta como obstáculo natural al aborrecible centralismo. La unidad en un frente común de intereses entre el capital privado, los grandes terratenientes nativos y la clase dominante (las más de las veces funcionarios directos o indirectos a través de lazos familiares), haría las veces de pseudo-propietarios privados, de montoneras unitarias contra la amenaza del gobierno central.
En otras palabras, la provincialización no sólo es y ha sido la instancia más próxima a la privatización del subsuelo, sino que significa una privatización encubierta.
Agotar yacimientos
El 3 de enero de 2007 se promulgó la Ley 26.197 que legitima el artículo 1 de la Ley de Privatización de YPF S.A. y federalización de los yacimientos de hidrocarburos, desplazando al Estado nacional como propietario del dominio original y útil de los hidrocarburos. De ahora en adelante, las provincias asumen en forma plena el ejercicio del dominio originario y la administración sobre los yacimientos presentes en sus territorios, estando además facultadas para ejercer en forma plena e independiente las actividades de control, fiscalización y agente policial.
La política petrolera argentina depende de Tierra del Fuego, Chubut, Santa Cruz, Río Negro, Neuquén, Mendoza, La Pampa, Formosa, Salta y Jujuy, provincias cuya población representa menos del 15% del país 8. Todas cuentan con regímenes jurídicos y la mayoría con empresas de hidrocarburos propias; todas se congregan en una Organización Federal de Estados Productores de Hidrocarburos (OFEPHI).
Las provincias mencionadas (a las que se les suman Córdoba, San Juan, San Luis y La Rioja), se encuentran en estadios avanzados de negociaciones, licitaciones y prórrogas de las áreas revertidas por el decreto 546/2003, las concesiones otorgadas durante el menemismo y nuevos bloques. Los pliegos permitirán a las operadoras extraer hidrocarburos hasta el agotamiento definitivo de los yacimientos, sin importar los márgenes dejados a la provincia o al Estado nacional, ni qué se hará con el crudo extraído, pues las elites provinciales ganan cuando ganan las operadoras; el win-win tan promocionado por los gurúes del marketing internacional.
La política depredadora de los '90 recibe nuevo impulso. Nada importa a los miembros de la OFEPHI que el país reciba la más retrógrada participación de la renta hidrocarburífera del globo (36%); tampoco incomoda que las empresas liquiden en el exterior el 70% de las divisas por exportación; mucho menos que se exporte petróleo y gas natural a sabiendas del escaso y difícilmente reversible horizonte de 7 años de reservas. Ni siquiera les preocupa incrementar sus propios ingresos: ¿subir las regalías (las más bajas de la región) del 12 al 50% (promedio regional)? ¿Invitar a ENARSA para juntos alcanzar mejores acuerdos con las operadoras? ¿Optimizar el federalismo? Ni hablar.
En este sentido, no puede dejar de mencionarse la reciente prórroga -hasta el 2047- de la concesión Anticlinal Grande-Cerro Dragón (Chubut) a la empresa PanAmerican Energy (PAE) (40% Bulgheroni y 60% de la inglesa British Petroleum, BP): se trata de la concesión de mayor extracción de crudo del país -participó en diciembre de 2006 con un 13,78% y 5% de la producción nacional de petróleo y gas natural, respectivamente (Instituto Argentino de Petróleo y Gas, IAPG)-, y contiene aproximadamente un tercio de las reservas comprobadas de petróleo nacionales.
¿Sabía o no sabía la legislatura chubutense que su titular no realizó inversiones de capital de riesgo en exploración en los últimos cinco años? ¿Sabe o desconoce que esta falta es causal de caducidad por incumplimiento de la Ley 17.319? ¿Sabrá Néstor Kirchner que el valor potencial del área equivale a unos 23.686 millones de dólares? 9.
Anacronismo histórico
Argentina es el único país del mundo que provincializó sus recursos petroleros. Ni en Rusia, México o Brasil -por nombrar tres países petroleros con superficies mayores a Argentina- se da el caso legislaciones o empresas provinciales de hidrocarburos o energía. Ni siquiera en Estados Unidos los Estados productores cuentan con legislaciones propias.
La provincialización en la Argentina marcha irresponsablemente a contramano de la tendencia mundial orientada hacia la fusión y centralización de las compañías petroleras y energéticas (estatales y privadas); la aglutinación de naciones en bloques culturales, político-económicos y hasta militares, movilizadas fundamentalmente por factores geopolíticos energéticos.
En cambio, desde 1999 en Argentina se viene creando a razón de una nueva empresa provincial por año, con el fin de sacar una migaja de la renta y negociar con las grandes empresas internacionales lo poco que queda en el país de hidrocarburos. Más grave aún, la provincialización en Argentina también marcha a contramano del proceso de unificación política y energética en Sudamérica.
La provincialización logró remover al país de la mesa de negociaciones, colocando en su lugar a provincias que nada pueden hacer ante la opulencia de ingresos y ganancias de las compañías. Además, comparativamente con la nación (y las operadoras), sus magros productos brutos, su escasa población y posibilidades físicas de crecimiento y desarrollo económico autolimitan sus argumentos a la hora de solicitar mejores condiciones o mayores porcentajes de la renta (cuadro 2).
La provincialización en Argentina conlleva además un anacronismo histórico perjudicial para la integridad nacional. Aseveración verificable al chequear las últimas manifestaciones de corte segregacionista, antidemocráticas y neoliberales tanto del gobernador Jorge Sobisch como del secretario de Estado de Energía y Minería de Neuquén, Eduardo Carbajo 10. De ellas se deduce: 1) una clara desvinculación entre lo neuquino y lo argentino. Lo neuquino pasa a ser lo nacional; 2) unitarismo neuquino: lo nacional se subordina al interés de la clase dirigente; 3) exclusión economicista; 4) absoluta conformidad con los intereses de las empresas operadoras, desatendiendo el verdadero interés provincial y nacional; 5) freno unilateral a la participación de la empresa nacional de energía ENARSA; 6) oposición al proceso de unidad energética en Sudamérica.
Al margen del correcto empleo del concepto de federalismo, la contradicción entre provincias y Estado nacional refleja la irresolución de uno de los aspectos fundamentales del problema argentino: su desarrollo desigual y falta de cohesión, legados de nuestra condición semicolonial y de la balcanización latinoamericana del siglo XIX.
Sólo partiendo de un auténtico federalismo se podrá superar la marginación y la pobreza de las provincias (incluyendo la de Buenos Aires) diezmadas por el federalismo "de opereta". Pues es el federalismo popular el único capaz de hacerlo, el único capaz de fortalecer el país contribuyendo paralelamente a forjar la unidad latinoamericana.
Guillermo M. Yeatts, El Robo del Subsuelo, Ediciones Theoría, Buenos Aires, 1996.
Los fundamentos de la Ley 14.773 (1958) se encuentran en el art. 40 de la reforma de la Constitución de 1949. A tal fin consagró que los hidrocarburos sólidos, líquidos y gaseosos pertenecían a la nación. La Ley 17.319 de 1967 mantuvo la misma concepción "federal".
Citado en el excelente trabajo del Dr. Jorge Francisco Cholvis, El Puerto Federal Argentino, noviembre de 2005, http://www.puertobuenosaires.gov.ar/
Arturo E. Sampay, Diario de Sesiones de la Convención Nacional Constituyente, año 1949, 24 de enero-16 de marzo, Tomo I, Debates y Sanción, Buenos Aires, 1949.
Carta de Domingo F. Sarmiento a Bartolomé Mitre, septiembre de 1861. A. J. Pérez Amuchástegui, Crónica Argentina, Tomo 4, Editorial Codex, Buenos Aires, 1972.
A. J. Pérez Amuchástegui, "Más allá de la crónica. Marcha y tropiezos", op. cit.
Yeatts, ibid.
INDEC, Censo Nacional de 2001.
Según reservas probadas a diciembre de 2006 y calculando a 58 dólares el barril WTI, promedio del primer trimestre de 2007.
Neuquén Hoy, mayo, agosto y octubre de 2006.
Ficha documental
Autor/es Federico Bernal
Publicado en Edición Cono Sur
Número de edición Número 97 - Julio 2007
Páginas: 4,5
Artículos vinculados
Temas Ciencias Políticas, Neoliberalismo, Privatizaciones, Estado (Política)
Países Argentina
lunes, 2 de agosto de 2010
QUIEREN NUESTROS RECURSOS...

(Discurso pronunciado por el Teniente General Perón en la Confederación General del Trabajo el 30 de Julio de 1973)
QUIEREN NUESTROS RECURSOS...
POR LAS BUENAS O POR LAS MALAS
Por el General JUAN DOMINGO PERON
Conversaba con uno de los dirigentes diplomáticos que actuaron en el Congreso de Estocolmo, que se reunió para la defensa ecológica de la Tierra; porque el hombre ha comenzado a pensar que está despilfarrando los medios naturales que no son infinitos, desgraciadamente, y que un día va a llegar en que se va a quedar sin tierra, sin agua y sin aire, y entonces sí que la va a pasar canuta, como dicen los gallegos. Indudablemente, este proceso el hombre ha comenzado a verlo. Y yo conversaba con ese señor, un hombre de gran ilustración, de gran capacidad y sobre todo de grandes conocimientos. Le preguntaba qué sacaron en limpio de esa reunión, y me contestó: “Extraordinario. En primer lugar, allí no se habló de los países, se habló de la Tierra. Segundo, nos dimos cuenta de que el mundo marcha hacia la universalización o hacia la hecatombe: segunda enseñanza. Y tercera, nos dimos cuenta de lo estúpidos que han sido los hombres que durante siglos han muerto por millones, defendiendo unas fronteras que solo estaban en su imaginación”.
Frente a este imperativo de la evolución, nosotros debemos pensar que quizás antes del año 2000, en que se doblará la actual población de la Tierra y disminuirá a la mitad la materia prima disponible para seguir viviendo, se va a tener que producir, indefectiblemente, la integración universal. Es decir que los hombres deberán ponerse de acuerdo en la defensa total de la Tierra y su utilización como hermanos y no como enemigos unos de otros.
Además de eso, será necesario llegar a la solución del problema de la superpoblación. En la Tierra ya ha habido superpoblación; eso se ha producido en algunas regiones, ya que obedece no sólo al número de habitantes, sino a la desproporción entre el número de habitantes y los medios de subsistencia.
Las soluciones han sido siempre de dos naturalezas: una es la supresión biológica, es decir, matar gente, de lo cual se encargan la guerra, las pestes y el hambre, que es la enfermedad que más mata en la Tierra. La otra solución es el reordenamiento geopolítico, que permite una mayor producción y una mejor distribución de los medios de subsistencia.
Si el hombre, en lo que resta hasta el año 2000 y comienzo del siglo XXI, no ha resuelto el problema por la vía geopolítica, produciendo más y distribuyendo con mayor justicia lo que el hombre necesita para subsistir, no quedará otro remedio que lanzar en masa la bomba atómica, que también puede ser una solución si la insensatez de los hombres no ha utilizado el camino constructivo y se han decidido por el destructivo.
Compañeros: estas son cosas tan claras que no es necesario ser científico ni estar muy bien informado para comprenderlas. Basta oírlas y conocerlas. Son cosas evidentes, como es evidente la verdad que habla sin artificios.
Si ése es el problema, la universalización de la Tierra será el mejor camino para la solución geopolítica. Es decir, para resolver el problema con una mejor producción, mejor organizada y mejor 1
distribuida, tanto de la comida como de la materia prima, que van a ser las dos necesidades prioritarias en ese futuro ya casi inmediato.
Si eso ha de hacerse, no se hará por sí solo, porque estas cosas solas no se pueden realizar. Tendrán que ser realizadas por las grandes fuerzas que orientan y manejan la transformación de la humanidad.
En este momento serían: el imperialismo yanqui, o el imperialismo soviético, o un tercer mundo. Si esa integración universal la realizara cualquiera de los imperialismos, la haría para su provecho, y no en provecho de los demás. Solamente la conformación de un tercer mundo podría ser una garantía para que la humanidad pudiese disfrutar de un mundo mejor en el futuro. Pero para eso, ese tercer mundo tiene que organizarse y fortalecerse.
Hace ya casi treinta años, nosotros, desde aquí, lanzamos la famosa tercera posición, que entonces cayó aparentemente en el vacío, porque había terminado la guerra mundial y no estaba el horno para bollos. Se rieron de nosotros. Pero han pasado veintisiete años desde entonces, y hoy las tres cuartas partes del mundo pujan por estar en ese tercer mundo.
Estos son, compañeros, los grandes problemas. Los pequeños problemas políticos en los cuales hemos estado empeñados hasta ahora los argentinos, frente a estas acechanzas del futuro inmediato ¿qué importancia pueden tener? Son asuntos pequeños y gallináceos, diríamos así, que andan a ras del suelo. Es necesario pensar ya en grande, para el mundo, dentro del cual nosotros realizaremos nuestro destino o sucumbiremos en la misma adversidad en que sucumban los demás.
Hoy es necesario pensar de otra manera. Ya no se puede pensar con la pequeñez de los tiempos en que todos querían disfrutar y ninguno quería comprometer su destino ni su felicidad futura para asociarla a la de los demás. Hoy eso es indispensable, porque en un mundo que no se realice, no habrá país que pueda hacerlo, y dentro de esos países que no se realicen, no habrá individuos que puedan lograrlo.
Trabajar hoy por la felicidad del hermano vecino es trabajar también por la felicidad de todos los demás.
Pienso yo que ése es el camino de nuestra revolución. Si nosotros entendemos eso, no habrá otra revolución que pueda estar sobre los objetivos de la que nosotros defendemos, integrándonos en el continente latinoamericano, que es el último que va quedando por integrarse. Todos los demás lo han hecho. Europa se ha integrado ya casi en una asociación confederativa política para defenderse de las acechanzas de ese futuro, que ellos ven con una tremenda claridad. Se está integrando Asia, como se está integrando África. Y nosotros vamos resultando el último orejón del tarro.
Ése es el empeño que debemos poner, en eso estamos. En 1948 realizamos un tratado de complementación económica en Chile, buscando crear la comunidad económica latinoamericana, que pusiera en paralelo nuestros intereses y uniera nuestros países. Tuvimos mucho éxito inicialmente; casi todos los países latinoamericanos, excepto los cipayos conocidos, se unieron y adhirieron a ese tratado de complementación económica.
Fíjense que lo hicimos en 1948, y en esto los apresurados fuimos nosotros, porque Europa lo hace después, en 1958, en el Tratado de Roma, diez años después que nosotros. Y ahora nosotros estamos veinte años más atrás que ellos.
2
Indudablemente, nosotros caímos bajo la férula del imperialismo yanqui, que no permitió a estos países unirse, y que ha estado luchando siempre por separarlos y enfrentarlos entre sí, a fin de que esa unidad no se produzca.
¿Por qué lo han hecho? Muy simplemente, porque ellos se están quedando sin materias primas y están queriendo conservar como países satélites a aquellos que tengan las grandes reservas de comida y materias primas para esa superpoblación que está ya a 25 ó 30 años de distancia. Ellos querrán que después nosotros trabajemos para darles a ellos de comer y para darles nuestra materia prima. ¿Por qué? Porque los países superdesarrollados son los pobres del futuro, y los países infradesarrollados serán los ricos del futuro, que tendrán la materia prima y la comida suficiente.
Ahora bien, ésa es nuestra esperanza, pero también es nuestro peligro, porque la historia prueba que cuando los grandes y los fuertes han necesitado ambas cosas, salieron a buscarlas donde estén, por las buenas o por las malas.
Por eso dije yo, hace ya veinticinco años, que el año 2000 nos encontrará unidos o dominados, y cada día que pasa se comprueba más esto.
Hace pocos días, en Medio Oriente amenazaron a Estados Unidos con cerrarle el grifo del petróleo. El petróleo que produce Medio Oriente es el 80 % del petróleo del mundo, de manera que si ellos cierran la canilla, la industria norteamericana, que está toda montada sobre energía basada en petróleo, tendrá un sacudón muy fuerte.
¿Cómo contestó Estados Unidos? El Senado de Estados Unidos contestó que si eso hacían los árabes, Estados Unidos ocuparía el Medio Oriente. Eso lo van a hacer; pero no sólo con los árabes: ¡lo van a hacer también con nosotros el día en que necesiten y no tengan!
3
lunes, 26 de julio de 2010
PERÓN Y EL CASAMIENTO HOMOSEXUAL

Un muy buen artículo publicado por el paisano alborotador:
miércoles 21 de julio de 2010PERÓN Y EL CASAMIENTO HOMOSEXUAL
PERÓN Y EL CASAMIENTO HOMOSEXUAL,
(o casi un drama intelectual)
Estaba leyendo, por recomendación de mi cuñado que es medio peroncho, el libro de Enrique Pavón Pereyra, “Perón, tal como es”,(1) (Ed. Machaca Güemes, Buenos Aires, 1973), que reproduce las respuestas de Perón a las preguntas que formula el autor, y en el capitulo XVIII: Una situación que vive el mundo, Perón hace observaciones históricas de las que deriva conceptos vinculados a la actualidad.
Al pasar por la “Revolución Francesa” dice que ésta “es una creación eminentemente burguesa” que pasa por “la etapa de la anarquía inicial de esa revolución. Se hacen las liquidaciones-como en todo tipo de revoluciones cruentas- hasta el 14 de Brumario en que Napoleón da un golpe de estado y toma el poder (…) Pone en venta las grandes posesiones que [la Revolución] les ha quitado a los monárquicos, al clero y a la milicia, y las vende baratas. La burguesía –que es la única que tiene poder adquisitivo en la Francia de ese momento- las compra. Compra esas posesiones, y cuando las tiene en su poder están ya ellos transformados en los dueños de Francia.
Napoleón los llama tranquilamente y les dice: “Bueno…, muy bien…Ustedes tiene esas posesiones, pero, ¿hasta cuándo las van a tener? Las tendrán mientras dure yo. El día que yo caiga pierden las posesiones y tal vez las orejas…” (pags.212-215)
Atención lector, ya que el General está hablando de orejas, ¿no se le ha parado en una de las suyas el bichito de la insidia susurrándole?:
-¿No te suena conocido? ¿No será lo que les sopla a las orejas el individuo (*) Kirchner a los beneficiarios de la privatización del Estado disfrazada de “argentinización”, que son los nuevos dueños de la Argentina?
Lo digo porque a mí se me posó y me dijo eso, y al intentar echarlo me murmuró más falaz todavía:
-El General en el mismo capítulo, pero en la pag. 211, hablando de la “partidocracia” dice que: “este mundo está influenciado por las organizaciones de todo tipo, es decir por las estructuras políticas, sociales y económicas nacidas en el año 1800. En la Revolución Francesa. Vale decir en una época perimida por el tiempo y por la evolución”
¿No te llama la atención, (prosiguió el bichito, que además de insidioso ahora revelaba que era un chusma que había estado espiando lo que yo leía) que mientras el general dice eso de la revolución Francesa el individuo (*)PIchetto- en el Senado- se apoye en ella para apoyar el plan de casorio de los más iguales que los demás festejando “la importancia de la fecha, 14 de julio, la primera revolución laica en el mundo. Una revolución impresionante que modifica las estructuras de un país, Francia; que plantea fuertemente la visión de un estado y la vigencia de una ley para todos: el principio de libertad, igualdad, fraternidad. Tiene que ver con este debate” (...) “Esa Revolución avanzó mucho más, a cosas que nosotros no nos planteamos, como fue la expropiación de los bienes de la Iglesia, en realidad no vamos a llegar a tanto”.
A esa altura de las cosas, el bichito me tenía bastante harto, y atiné a tratar de acallarlo diciéndole, no lo que yo pensaba de él, porque así me enseñaron en mi casa, sino:
-¡Oh, bichito! Trata de no ser mal pensado y salvar la proposición del prójimo… especialmente si son autoridad (que era lo que me enseñaron en la escuela los curas).
Y en ese momento el bichito produjo dos cosas, un movimiento como si se pusiera algo que parecía una mano en lo que asemejaba una boca formando una trompetita y un sonido que emergía de ella como si fuera un pedo (con perdón de los presentes, en especial si están comiendo).
Sorprendido por la falta de educación del miserable bicho, me quedé sin retórica, y contesté medio bruscamente:
-¡Pero hubo gente de otros partidos que apoyaban las bodas igualitarias!
Observe el lector la prudencia de mi lenguaje, pero seguro que no adivina lo que pasó: el descortés sabandija volvió a repetir el movimiento y el sonido antedicho, pero esta vez mucho más ruidosamente, y después me dijo:
-Parece que no leíste nada de la página 211, porque ahí el General dice que “Los partidos demoliberales, burgueses…¿qué son? Son un producto de la Revolución Francesa que no han evolucionado en sus estructuras… Por eso no están a tono con estos tiempos.”
Hice en ese momento el intento de una especie de acción evasiva, exclamando que en “los países serios” la estabilidad política estaba dada por la perduración política de los partidos. ¡Para qué! ¡Ustedes no saben lo que hizo la miserable alimaña… que parecía que se había aprendido el libro de memoria! Y que entonces siguió:
-Perón dice que “Inglaterra, que no ha sido partidaria nunca de una revolución cruenta, violenta, ni profunda, hace evolucionar también sus formas hacia un partido único. Es decir hacia la supresión de los partidos políticos. ¿Y qué es lo que crea?...Crea el Partido Conservador y el Partido Laborista. Pero esos no son partidos. Son alas que están manejadas por la masonería desde atrás, y que toman el poder cuando les conviene a los conservadores (…)
¿Qué quiere decir eso?
Que eso está manejado desde la masonería. Vale decir un partido con dos alas.”
Vista la mentalidad conspirativa del bicho, le contesté que no me parecía probable que los partidos opuestos entre sí se pusieran de acuerdo y mucho menos aún a instancias de un poder superior a ellos.
No sólo repitió los movimientos y ruidos indecentes aludidos. Empezó a revolcarse y a hacer señas de burla con las manos, y me gritó:
-¿Pero vos estás dormido? ¿Qué ojeaste? Perón cuenta que cuando en 1905 “se produce la primera revolución comunista que fracasa y tiene que exiliarse sus jefes, Lenin se va a Inglaterra…Trotski se va a París… y, en fin, [a] los que quedaron allí [en Rusia] los liquida, a todos, el poder de los zares”; lee bien la página 214.
El maldito ahí me hizo acordar de unos que hicieron algo parecido en la Argentina, pero sin dejarme pensar más. Arrancó de nuevo:
-¿Sabes que son las Internacionales del mundo?
Zas, me dije, ¡otra vez la conspiranoia!, y estuve a punto de decírselo, pero sin dejarme decir palabra, empezó a explicar:
-El General (en la pagina 220) comenta qué cosa son “las grandes Internacionales. Está la internacional Comunista y la internacional Capitalista. Aparentemente contrapuestas entre sí pero, en realidad de verdad, completamente de acuerdo. Y si no hay que retroceder a la Historia.
En 1938 cuando aparecen Italia y Alemania, que son terceros en discordia, dentro de este acomodamiento imperialista, se unen esas dos fuerzas aparentemente antagónicas, para aplastar a ese tercero que va contra ellos.
Pero es que no son solamente esas dos fuerzas internacionales. Está la masonería internacional, está el sionismo internacional, está la Iglesia Católica, que también es una fuerza internacional. Y que casualidad… cuando combatían contra esa fuerza, las cinco estaban unidas… Aún cuando normalmente ellas aparecen: la Masonería como contrapuesta a la Iglesia, el comunismo contrapuesto a la Iglesia, los comunistas contrapuestos a los capitalistas, todos ellos están, entre ellos, aparentemente contrapuestos. Pero cuando se aparece un tercero en discordia, se unen las cinco grandes fuerzas para aplastarlo. ¡Son las fuerzas internacionales, que en el fondo están manejadas desde una sola central! Que ha penetrado en todas las demás. Esa es la realidad de la instrumentación internacional."
Y ahí tras repetir de memoria todo ese párrafo, el insecto –por decirle de algún modo- agregó:
-¿Y vos que te crees que le pasó a Perón en 1955 y a Isabel en 1976? Y no sé si te acordás que Isabel estaba en contra del aborto, de la publicidad de los anticonceptivos, y bien a favor de la familia…¡Y sin embargo sufría el embate “moral” de los “religiosos”…!
Para entonces yo ya me sentía medio atontado como para hablar de corrido, y apenas pude balbucear,
-¿Pero qué cuernos tiene todo esto que ver con el asunto ese?, haciendo referencia a la cuestión del maridaje homosexual. Se ve que el -para ese momento repulsivo bicho (o lo que fuera)- era bastante perceptivo, porque pescó al vuelo mi intención y contestó:
-¿Cómo, que tiene que ver? No sabes leer, no sabes Historia, no sabes nada…
Yo ya me estaba sulfurando, y a punto de pegarle un manotazo y aplastarlo contra la pared (si es que eso era posible, pero yo pensaba que sí), cuando empezó de nuevo a citar a Perón, ¡y del mismo libro que yo estaba leyendo!:
-Mirá -dijo con aire de Maestro Ciruela- lo que dice Perón acá, -señalando desde el aire con una de las que me parecían patitas la página 222:
-¡Los imperialismos no se mantienen nunca por la fuerza! Dicen los yanquis que ellos no van a ceder porque son ricos. Cartago era el imperio más rico que ha habido en la historia de la humanidad y Escipión el Africano terminó en una semana con Cartago.
Dicen que son fuertes, ¡Bendito sea Dios! Mas fuerte que el Imperio Romano no ha habido ninguno. Sin embargo el imperecedero Imperio Romano ha quedado reducido a su mínima expresión. De una palabra, de un término, de un calificativo…de italianos.
(…) Porque los imperialismos se pudren por dentro. Vea el estado de Inglaterra –que ha sido un imperio poderoso-,que acaba de hacer una ley para que el homosexualismo sea una cosa legal, siempre que se practique en privado…¡¡¡Pero si eso mismo pasaba en Roma y pasaba en Grecia en la época de la descomposición!!! ¡¡¡Son los signos de la decadencia!!!
Ahí sí que me quedé mudo del todo, Roma y Grecia, y ahora Inglaterra
( en el ahora de 1973) podridas y decaídas por nada más que la legalización de la práctica privada del homosexualismo… y tuve una especie de idea en la que me preguntaba ¿entonces que pasará con la Argentina?... Y sentí como que se me hundía la tierra…
Volví del desmayo y no vi ni oí más al peligroso bichito… No, basta, ahora quiero estar tranquilo. Voy a leer otra cosa, me enteré por el diario que una estrella de la televisión escribió una novela que va rumbo a ser un best-seller, se llama “Romeo y Romeo”, y trata de un amor imposible entre dos miembros de familias rivales, los Putesco y los Tortilletos…
Lectorg.
__________________________________________
(1) Enrique Pavón Pereyra, “Perón, tal como es”, (Ed. Machaca Güemes, Buenos Aires, 1973).
(*)Yo pienso que el bichito no tenía ninguna intención descalificatoria, denominándolo individuo, más bien creo que es un homenaje que brindaba al mentor de la indiferenciación, al inspirador de la locución ilustre “todos y todas”, etc., tanto a él mismo como a sus partenaires.
Publicado por Paisano Alborotador: http://www.paisanoalborotador.blogspot.com/2010/07/peron-y-el-casamiento-homosexual.html
martes, 6 de julio de 2010
El Cepo que aprisiona a la Argentina
En estos momentos en que los Argentinos nos tienen distraidos en discusiones inocuas debemos apelar a todo nuestro sentimiento patriotico y ver lo que opinan aquellos compatriotas esclarecidos que analizan con total claridad nuestra realidad.

El cepo que aprisiona a la Argentina
In Sin categoría on Julio 3, 2010 at 1:45 pm
Por Merched Antonio Mitre
Este trabajo es medular para entender la actualidad en su contexto histórico y sus actuales proyeciones de los dos principales problemas de largo plazo de nuestro país: La soberanía de Malvinas y la Deuda Externa.
Por eso, invitamos a leer completamente este trabajo.
Hugo Rodriguez
Hace demasiado tiempo que venimos afirmando que la Nación Argentina arrastra dos cuestiones estratégicas (aunque en realidad son dos en una porque se interrelacionan) desde hace 30 años sin ser resueltas y que se encuentran en la base de todas sus dificultades y problemas porque debilitan su decisión soberana: la deuda externa y el litigio con Inglaterra sobre la soberanía de nuestros espacios terrestres y marítimos en el Atlántico Sur.
Estos asuntos son la pesada herencia recibida de la dictadura militar, que le fue transferida sin beneficio de inventario desde el inicio, como onerosa condición a su existencia, a la democracia que nacía, en un acuerdo tácito con la clase política que se sostiene hasta hoy.
Por esta razón la democracia que nacía, minusválida y condicionada porque tenía vedada la revisión crítica y la resolución de estos temas, fue encapsulando a la Argentina impidiéndole la toma de decisiones estratégicas que la proyectaran con una identidad y un rol definidos de nuevo en el mundo, y condenándola en su ejercicio solo formal e instrumental, al esfuerzo estéril de quien trata de resolver los problemas sin remover las causas y a debatirse y degradarse en una decadencia sin fin.
Estas dos cuestiones, han permanecido y discurrido a lo largo de los años de esta “joven” democracia afectando la vida de millones de argentinos, con un “bajo perfil”, tratando de ser ocultadas y escamoteadas de la agenda política tanto por la clase dirigente como por los medios masivos para evitar el debate público. Y así han sido convalidadas por los diferentes gobiernos democráticos relatando “verdades a medias” y con el argumento de que no existía otro camino, incluyendo detalles y cláusulas lesivas e indignas para el interés colectivo, de espalda a un pueblo que en su inmensa mayoría las ignora y al que le hicieron creer que estos asuntos habían sido solucionados; esto hasta estos últimos días en que reaparecen en toda su dimensión.
Al ser algo que nunca acaba y siempre nos están exigiendo algo más, la deuda externa y el conflicto con Inglaterra se han convertido en un pesado cepo que aprisiona la voluntad de la Nación, limita seriamente su autonomía y las posibilidades reales de un desarrollo independiente y sustentable y cercena la soberanía política del Estado Nacional en la toma de sus decisiones.
Como verdaderas vueltas de tuerca al cepo para incrementar el control del país, estas cuestiones reaparecen periódicamente e irrumpen y se instalan en la agenda cotidiana de preocupaciones de la sociedad y del ciudadano, a pesar del esfuerzo que hacen el gobierno, la oposición y los medios para sacarlos del foco de atención de la gente relativizando su importancia, realizando abordajes parciales y descontextualizados, desinformando o encubriendo los problemas reales entreteniéndonos con teatrales confrontaciones verbales entre “oficialistas y opositores”, que parecen clases aceleradas de instrucción cívica y derecho constitucional sobre las formalidades y procedimientos de la democracia y la “institucionalidad” del país. Han transformado al Congreso en el escenario de un “sainete” político en lugar de convertirlo en la caja de resonancia del debate y la coincidencia nacional en torno temas estratégicos que son de su incumbencia como el endeudamiento externo y la política exterior del país.
La recurrencia por estos días de la deuda externa y Malvinas a la agenda de la política es positivo, porque la instalación publica de estos temas, que hay que ayudar a sostener para que no desaparezcan, trae discusiones que sirven para enriquecer el conocimiento de los ciudadanos con mucha información que estaba ocultada para que formen su opinión especialmente las nuevas generaciones a la que se les ha hipotecado el futuro.
El ejercicio por el Estado de una soberanía debilitada constantemente por el concepto de soberanía de baja intensidad que nutre a la política argentina ha permitido la implantación y la expansión incontrolable de los modelos agro exportador basado en la agricultura química y el minero exportador de la mega minería metalífera a cielo abierto que prefiguran a nuestra democracia como una democracia colonial.
Pocas dudas caben ya que la deuda externa argentina es fraudulenta e ilegítima. Serias investigaciones de muchos y verdaderos patriotas, entre ellos Alejandro Olmos, que terminaron en un proceso penal con fallo favorable en el juzgado del juez Ballesteros ( año 2000) y en otros dos procesos penales en curso, demuestran con claridad que la mayor parte de la deuda es un fraude montado por Alfredo Martínez de Hoz y Cia durante la dictadura militar, quien “decreto el endeudamiento forzoso” del Estado Nacional y las empresas públicas para que se convirtieran en “receptores pasivos” de créditos externos que en gran parte fueron desviados, con otros destinos que hasta hoy se desconocen. Por otro lado promovía que las empresas privadas (no precisamente Pymes) tomaran préstamos en el exterior; esta deuda privada en los finales del gobierno de “facto” fue convertida en pública (Cavallo mediante). Cuando finaliza la dictadura militar nos encontramos que el Estado Argentino es deudor de u$s 45.000 millones y todos los argentinos convertidos en “garantes solidarios” de esa deuda hasta el día de la fecha. Esta deuda le fue transferida a “libro cerrado”( junto a su manual de procedimientos, la ley de entidades financieras) a la democracia que nacía en 1983. La clase política argentina, la que nos iba a gobernar y los que serían oposición, la recibió “entera” sin auditoria, sin revisión y aun conociendo como se había generado cuyos, la aceptaron. La escandalosa deuda externa argentina no fue investigada por ningún gobierno de la democracia; por el contrario fue transcurriendo por 27 años de vida democrática pagándose y reciclando con canjes y negociaciones que incrementaban su masa de capital e intereses y las “comisiones” de los “negociadores”, a través de actos escandalosos como el Plan Brady, el blindaje, el mega canje, la renegociación y canje de 2005. Durante un largo de un recorrido de más de treinta años la deuda externa fue una maquina succionadora de recursos de pueblos, de ciudades, de provincias, de regiones; de recursos de la salud, de educación, de seguridad; del salario de jubilados y de la plusvalía producida por los trabajadores que a fines de 1975 participaban del 48% del PBI y luego nunca más pasaron del 28% del PBI (menuda transferencia de riqueza). La deuda externa se viene chupando la riqueza de la Argentina y el trabajo de su pueblo. En esta historia es curioso ver como se repiten nefastos personajes como Domingo Cavallo, Daniel Marx, Manchinea y otros, que sin embargo no eximen de la responsabilidad que tuvieron los presidentes de los gobiernos de la democracia, junto a vastos sectores de la clase política, por ignorancia, desaprensión, o complicidad.
Siguiendo el curso de esta historia de la deuda con sus secuelas de postergaciones, carencias y pobreza, el gobierno nacional nos propone para superar éstas, el “desendeudamiento” para poder volver al mercado internacional de capitales a tomar créditos a bajas tasas. Para ello lanza un nuevo canje de los bonos que no aceptaron presentarse al canje de 2005, los famosos “holdouts”, que quedaron fuera derogando la ley cerrojo en el Congreso con acuerdo de la oposición; promueve el pago de servicio de la deuda a organismos internacionales y acreedores privados con reservas (para mostrar voluntad de pago para que nos vuelvan a prestar), sin ninguna revisión y legitimando de manera explícita una deuda ilegitima, ya no sospechada sino probadamente fraudulenta en su mayor parte.. Todo con el “guiño”, el auspicio del departamento de Estado de EEUU y el beneplácito de Wall Street y el alborozo del JPMorgan, del City Bank, el Goldman Sach, el Barclays (los nuevos bonos del endeudamiento se colocarán en el mercado bursátil norteamericano).
En esto se puede observar una coincidencia plena entre el gobierno y la oposición, pagar la deuda sin revisión. En realidad lo que están discutiendo y de manera escandalosa es la forma hacerlo. Unos pretenden pagarcon reservas y otros con ajuste fiscal; pero finalmente llegaran a un acuerdo. De todas formas las consecuencias serán siempre las mismas: el perjuicio material y espiritual del pueblo trabajador. Tanto “oficialistas” y “opositores” están disputando una carrera vertiginosa para “volver a los noventa”.
El argumento oficial para “desendeudarnos” es “ganar soberanía” y “disponer” de recursos para aumentar el crecimiento. Esto es en mi opinión falso, porque lo que nos está anunciando es una paradoja: “desendeudarnos” (seguir pagando) para “endeudarnos” aún más ( recursos para el desarrollo?). Este gobierno nacional, que se dice “inspirado” en el peronismo, no puede ignorar que el “endeudamiento externo” es un instrumento que está pensado para no ser pagado, sino para la sujeción y el sometimiento de la voluntad de la Nación, porque estas deudas no se terminan de pagar nunca, aun pagando. De esto los argentinos tenemos algo de memoria y experiencia; cuando en marzo de 1976 cuando nos pusieron los “grilletes” Argentina debía cerca de u$s 5.000 millones y después de 34 años debemos u$s 170.000 millones, luego de haber pagado una vez y media esa deuda. Por lo tanto el discurso oficial es cuando menos hipócrita y pone de manifiesto la flagrante contradicción de un gobierno que se precia de “nacional y popular” que parece decidido a condenarnos a “vivir pagando para morir debiendo”.
Pero en esta Argentina del “cambalache” y la decadencia sin fondo, la capacidad de asombro no termina de colmarse, cuando escuchamos a los sectores “progresistas” y “obreros” ( CGT, “la columna vertebral”) que apoyan y acompañan al gobierno en esta medida, muchos autoproclamados como “peronistas”, tratando de convencernos que el camino de la liberación pasa por el pago de la deuda externa (cuando hace algunos años se rasgaban las vestiduras contra el FMI y el no pago de esa deuda); parece que han descubierto que por una simple transacción financiera se puede comprar nuestra soberanía a la usura internacional. Cuando uno se pone la soga al cuello no le puede pedir al usurero que la saque cuando uno quiere, sino que como mucho la va aflojar para no ahorcarte; si uno se quiere liberar debe cortar la soga.
Los muchachos parecen haber olvidado que los pueblos no compran su soberanía sino que la conquistan. Lo único que les falta es convocar un acto a la Plaza de Mayo, la dedel 17 de octubre, para reclamar esta vez el pago de la deuda.
En cuanto a la presidente, que pide si alguno tiene una idea mejor para solucionar el tema de la deuda, yo le aconsejo que primero calme su ansiedad desbordada y le ponga freno a la desesperación con que quiere pagar; que pise la pelota y le preste atención a las investigaciones y conclusiones de los procesos judiciales, que ya, tienen fallo (caso Olmos) y aquellos con fallos próximos a salir. Que conforme a un comité de expertos nacionales y extranjeros de economistas y juristas, que revisen la deuda, investiguen los mecanismos fraudulentos con que fue generada y determine responsables, que convoque a los acreedores a certificar sus acreencias y se establezca el verdadero monto de la misma; en una de esas se sorprende que con bastante menos de la mitad del monto actual de la deuda puede solucionar la misma. Para que usted le pueda explicarle al pueblo.
Que enfríe el juego; no hay urgencias. Que piense que el mayor crecimiento económico del país (el de las tasas chinas) 2003 – 2008, coincidió con la etapa de menor endeudamiento publico (post default) y a pesar que se siguieron pagando los servicios de la deuda, de que se pagó al FMI, de que las empresas extranjeras remesaron al exterior sus ganancias (que fueron muchas) sin control, y de que hubo importante fuga de capitales. Al crecimiento lo hizo posible solo el esfuerzo del pueblo argentino.
El “endeudamiento para el desarrollo” es la idea de un “neodesarrollismo” tardío que los argentinos ya hemos padecido.
Que entienda que un modelo de desarrollo nacional, con independencia necesita en primer lugar del trabajo genuino del pueblo argentino ( que es capital acumulado), en segundo lugar el ahorro nacional ( entre otros los activos del sistema previsional que superan los $100,000 millones, las divisas que ingresan del comercio exterior en impuestos y reservas) que no es poca cosa, y recién en tercer lugar los prestamos e inversiones extranjeras que son complementarias y siempre que no condicionen nuestro crecimiento y el interés nacional.
Ahora si cree que el camino es pago de la deuda y más endeudamiento externo, le pediría que a la “marcha” que tardíamente ha adoptado le cambie algunas estrofas, para que diga “…todos unidos pagaremos” …”defendiendo el capital (global)”….
Ya es hora que los gobiernos terminen con el slogan “los argentinos debemos honrar la deuda” y comiencen a honrar al pueblo argentino.
En medio del “barullo” producido por la deuda y las maneras de pagarla, aparecen los ingleses; en realidad no reaparecen siempre han estado ahí, en nuestro sur, pero nuestros sucesivos gobiernos democráticos incluido éste han tratado de no verlos. No pueden ignorar los acciones concatenadas que Inglaterra ha venido tomando como , ampliación de la zona de exclusión, explotación pesquera (“depredatoria”) en la zona, construcción de la base militar en Monte Pleasant (con una pista de aterrizaje que agrega a la de Puerto Argentino), la constitución de la “Task Force Malvinas” que tiene a disposición aviones Typhon, dos submarinos y cuatro fragatas ( lo que conduce a la militarización de la zona), la inclusión de Malvinas y archipiélagos del sur como territorio de ultramar de la Unión Europea por el tratado de Lisboa (lo que le da a los ingleses la cobertura de 27 países europeos, eleva de facto a Monte Pleasant a la categoría de base de la OTAN y transforma el conflicto bilateral con Argentina en conflicto regional), el reclamo presentado de ante la Convención sobre los Derechos del Mar de la ONU, por las 350 millas de plataforma marina de los archipiélagos de Malvinas, Georgia y Sándwich que se superponen con 4.000.000 de km2 de lechos y subsuelos argentinos a quien los británicos niegan todo derecho, la reserva que hace sobre sus derechos en la Antártida y mar circundante, la licitación de áreas de exploración y explotación petrolera. Recién cuando llega la plataforma marina de Desiré Petroleum, que tiene más de un mes de viaje desde Escocia, se le cae la ficha a la cancillería para desplegar una acción diplomática de “perfil más elevado”.
Inglaterra ha venido ejecutando actos de posesión contundentes en un territorio que ocupa sin derechos (salvo el de la fuerza) que le permiten expandir y consolidar sus intereses geopolíticos y geoeconómicos como “estado ribereño” en una región ubicada a mas de 12.000 Km. de Londres, ante una diplomacia argentina replegada, pasiva y sin convicción, para la que el asunto Malvinas no es ni ha sido prioritario, que no ha logrado evitar que los ingleses nos arrinconen y nos bloquen en el sur afectando y amenazando seriamente todos nuestros intereses y su proyección en un espacio que naturalmente nos pertenece.
Argentina en los últimos treinta años no desplegó una acción diplomática sostenida, que llevara la iniciativa, que fuera eficaz; nuestra diplomacia osciló entre la política de “relaciones carnales” y una política “reclamativa” ante foros internacionales, siempre detrás de los hechos consumados por Inglaterra, sin beneficios, muy alejada de la histórica posición de Argentina, decidida y contundente, en defensa de la soberanía nacional en Malvinas y archipiélagos del Atlántico Sur y en la Antártida (cuya última expresión fue el incidente por la misión Shackleton y el retiro de embajadores en enero de 1976).
Pero la actitud diplomática claudicante no es casualidad, sino tiene que ver con los compromisos asumidos por esta democracia respecto a Malvinas desde su inicio, el primero fue la aceptación y la ejecución de una vergonzante política de desmalvinización que dura hasta nuestros días que se manifiesta en una acción solapada, pertinaz sobre la moral y el espíritu de la Nación,destinada no solo a olvidar a los combatientes y sus actos heroicos, a ocultar y deformar la historia, sino también y como consecuencia, a debilitar la conciencia colectiva sobre los derechos de propiedad que le asisten históricamente al país, a resignar la voluntad para ejercer la posesión efectiva de esos espacios, a instalar la sensación de impotencia ante la imponente magnitud de estos espacios geográficos ( incluida la Patagonia) y la imposibilidad de ocuparlos y desarrollarlos por nuestra “incapacidad” y “forma de ser”, a fomentar el desapego y desidia sobre estos territorios y las riquezas que en ellos se encuentran que facilitan la usurpación y la venta, en este caso en nuestro sur continental de cientos de miles de hectáreas en áreas estratégicas a magnates extranjeros ( algunos ingleses) y a mega empresas mineras de capital inglés o de países del Commonwealth , en definitiva a renunciar a nuestro destino histórico de ocupar y dominar estas tierras y mares en sur.
Esta política de desmalvinización que debería llamarse de des argentinización va más allá de las Malvinas, está dirigida y afecta todo el espacio territorial a la que las islas pertenecen indivisiblemente Patagonia, islas Georgias del Sur, islas Sándwich del Sur, Antártida, mares, plataforma y subsuelo (es la forma de pensar y entender Malvinas).
El segundo gran condicionante es el humillante Acuerdo Tratado Anglo Argentino sobre Malvinas firmado por Menen – Cavallo en 1990 sin que pase por el Congreso de la Nación que nos crea obligaciones que abarcan todo el territorio nacional y comprometen la soberanía del país en las áreas de relaciones exteriores, económica (estatus para Inglaterra de nación más favorecida y garantía a sus inversiones) y militar. Estos acuerdos están vigente y fueron elevados en su momento al secretario general de la ONU para que fueran distribuidos como documento oficial a la Asamblea General y al Consejo de Seguridad; además fueron enviados a la OEA y a la Comunidad Europea
Considerando estos antecedentes, el emplazamiento de una base militar de envergadura en las islas, con el consiguiente control sobre rutas marinas y pasajes bioceanicos junto a un importante desarrollo económico (petrolero, gasífero e ictiocola) va gestando, sin oposición alguna, una zona de intereses resultante de la geopolítica inglesa que va presionando fuertemente sobre la zona Argentina colindante, amenazando seriamente su seguridad, debilitando progresivamente sus intereses, su cultura y su identidad, bloqueando su proyección a la Antártida y poniendo en grave riesgo el control político, económico y militar del Estado Nacional sobre el territorio al sur del Río Negro.
Al aumentar la “tensión” en estos días entre nuestro país y Gran Bretaña por su iniciativa unilateral de explorar y explotar hidrocarburos en las islas, no se puede estar en desacuerdo con las medidas adoptadas por nuestro ejecutivo: decreto que controla y limita el transito marítimo desde el continente y por agua territoriales hacia las islas, la acción desplegada por la presidente en la cumbre de Cancún de los presidentes de Latinoamérica y el Caribe donde logro el apoyo a nuestra posición de los países hermanos, el envío del canciller ante el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, para solicitarle que “redoble sus esfuerzos de buenos oficios” ante Gran Bretaña para que esta no cometa más actos unilaterales y frene la exploración de petróleo.
Sin embargo Inglaterra con su soberbia imperial históricamente hace caso omiso a declaraciones y resoluciones de organismos internacionales, no dialoga, no negocia, ni cede. No estamos ante un amigable “estado ribereño” (categoría que nunca debemos otorgarle) sino frente al enemigo histórico, con quien libramos 3 guerras en nuestros 200 años de vida. Por lo tanto el gobierno debe tomar medidas efectivas, concretas, (en serio) que impacten los intereses británicos en el Rió de la Plata, más allá de declaraciones y de medidas algunas sacadas delmanual de quejas del derecho internacional global , que puedan detener el constante avance inglés y conservar al menos lo que nos queda.
Hay sobrados motivos para que nuestra chancillería convoque al embajador de Gran Bretaña, para expresarle las protestas formales ante la escalada miliar de su país en el Atlántico sur al enviar a la zona dos submarinos y dos fragatas que forman parte de la Task Force de Malvinas. Esto es en primer lugar violatorio de los acuerdos de Madrid de 1990 que establece que los buques y aeronaves inglesas deben comunicar y por escrito con 25 días de anticipación el desplazamiento de unidades en territorio marítimo comprendido entre las costas argentinas y el meridiano 20w y los paralelos 40S y 60S. Esta comunicación no existió como tampoco la hubo cuando movieron los cuatro aviones Typhon, caza bombarderos de última generación en noviembre pasado a la base de la RAF en monte Pleasant. En segundo lugar esta escalada militar que afecta de manera objetivable nuestra seguridad e integridad territorial puede ser interpretada como una agresión que motive la expulsión del embajador británico.
Como la militarización del Atlántico Sur además afecta los intereses y seguridad de Suramérica ya amenazada por el Comando Sur, la IV Flota, las bases de Curazao, Aruba, Panamá, Colombia, Argentina debe convocar urgente a la UNASUR y su Consejo de Defensa para buscar un marco de apoyo para las medidas diplomáticas y de otro tipo que adopte y para promover y acordar una política regional común ante el conflicto con Gran Bretaña. Si Argentina pretende que los países vecinos pasen de la actitud meramente declarativa a la adopción de acciones concretas, deberá primero tomar medidas hacia adentro que muestren una decisión clara y convincente de defensa de sus intereses soberanos, como ser:
1-Elevar los acuerdos /tratado de Madrid al Congreso de la Nación por donde nunca pasaron, para que sean denunciados, porque además de haber sido violados por Inglaterra son un verdadero estatuto del coloniaje que ejerce una patria potestad, sobre nuestra política exterior, militar y económica que nos incorpora de facto en épocas del menemato al Commonwealth. La derogación de este tratado haría caer la condición de “Nación más favorecida” en las relaciones económicas.
2- Derogación de la ley 24.184 por la que fue ratificado el Tratado de Garantías de las Inversiones inglesas firmado en Londres en 1990.
3-El estado Argentino debe sancionar con rigor y hacerlo público, a las empresas británicas o no que operando en nuestro territorio continental tienen intereses comerciales con empresas que operan en las Islas Malvivas con licencias otorgadas por Gran Bretaña, porque existe una legislación nacional al respecto que debe ser cumplida. Por ejemplo el banco británico Barclay’s contratado por nuestro ministerio de economía como “coordinador global” del canje de deuda que se ha abierto y que dio origen al fondo del bicentenario, es accionista de Desiré Petroleum la empresa que ha iniciado las actividades exploratoria en las islas, y también de la Broders & Southern Petroleum otra empresa con concesiones en Malvinas y que a la vez es accionista del emprendimiento minero de Bajo de la Lumbrera en Catamarca. Lo que se debe hacer en virtud de esa legislación vigente es derogar el contrato con ese banco para manejar el canje de deuda. Sin embargo hacepocos días el gobierno argentino lo ha ratificado. Suspender la licencia (entre otras penalidades ) de la empresa BHP Billiton multinacional minera de capitales angloaustralianos que tiene derechos de explotación de oro y cobre en Salta en un territorio de 40.000 ha( propiedad del senador nacional J.C.Romero)porque es socia de la compañía Farklans Oil & Gas que opera en Malvinas. Se debe penalizar también al banco HSBC que asesora y tiene “intereses” en la empresa Rockhopper Exploration otra de las que han obtenido concesiones de exploración y explotación de petróleo en las islas. Las multinacionales pesqueras que pescan en las 200 millas argentinas y tienen además buques operando en Malvinas.
4- Mientras se investiga la compleja red de relaciones de las empresas trasnacionales que operan en nuestro país y en las islas, el Estado Nacional, suspendiendo las garantías a las inversiones y la condición de nación más favorecida puede presionar fuertemente a las empresas inglesas en nuestro país, entre otras la Britis Petroleum dueña del 65% del capital de la Panamerican Energy a quien se le prorrogó hasta el año 2047 la concesión de Cerro Dragón, la más grande reserva petrolera de Argentina, distribuida entre Chubut y Santa Cruz o el banco Santander aunque aparece como español pertenece a capitales británicos, más precisamente al Banco Real de Escocia propiedad de la corona inglesa ; empresas de seguro (Zurich), laboratorios medicinales (Glaxo, Astra), empresas de neumáticos, alimenticias, controlando sus remesas de utilidades al exterior y otros beneficios algo que hoy no se hace.
5-Envío urgente al Congreso de la Nación de una ley que prohíba la venta a extranjeros de tierra, especialmente sobre las costas atlánticas y la cordillera que son zonas de seguridad de fronteras. Revisar las grandes ventas efectuadas y transparentarlas.
6- Reabrir e incrementar inmediatamente instalaciones militares en el sur (como elemento de disuasión) terminando con la estupidez que somos un país sin hipótesis de conflicto e impulsar una política demográfica con una fuerte promoción para ocupar y poblar la Patagonia.
7-Enmarcar estas medidas con una acción diplomática inteligente y sostenida producto de una política exterior inspirada en una geopolítica nacional y continental coherente con los tiempos de integración que vive Suramérica.
Si vamos a luchar para defender los intereses nacionales hagámoslo en serio y con dignidad. Debemos animarnos a romper con la tutela política, económica, militar y cultural que los ingleses ejercen sobre nosotros, Para esto no alcanzan con los reclamos y las declaraciones “testimoniales”. La soberanía se ejerce a través de medidas y acciones concretas y efectivas que además sirvan para romper las falsa opciones que nos presentan para dirimir este conflicto, la vía militar ( imposible) o sino hacer algunas cosas dentro del “status quo” ,simulaciones que nada cambian, que es lo mismo que resignarse a aceptar que nada puede hacerse.
El Estado Nacional tiene los instrumentos necesarios para tomar y hacer efectivas estas medidas. Depende solo de la decisión política de la conducción del Estado. Si no lo hace es un claro indicador que carece de un mínimo umbral de poder para tener autonomía en sus decisiones y ejercer la soberanía. En un país sin soberanía no puede acometer la empresa de un proyecto nacional que nos conduzca a la realización de una Nación justa, libre y soberana.
Con este escrito, modestamente solo estoy tratando de llamar la atención de los argentinos sobre problemas graves que no ocurren en un país virtual o de ficción sino en la Argentina concreta de hoy, y discurren y nos afectan sin que los percibamos, por ignorancia o desaprensión, o tal vez porque el gobierno y la dirigencia política encargados de resolverlos les restan importancia y relativizan la magnitud que tienen.
La realidad demuestra que estas cuestiones están afectando seriamente y de manera creciente la vida cotidiana de cada compatriota, de cada familia argentina y de la comunidad nacional. Argentina debe encontrar pronto una solución inteligente y definitiva a esta situación, caso contrario continuará por la senda de su constante declinación social, cultural y moral, desdibujando su identidad y resquebrajando su unidad política y espiritual, lo que la conducirá convertirse en una Nación sin destino e inviable en el mundo que viene.
Es hora de defender a la Nación, para lo cual los argentinos tendremos que entender que el requisito esencial, es transitar el camino de la unidad nacional despertando la conciencia colectiva de que todos somos parte de un histórico común destino de grandeza, superando las confrontaciones facciosas, mezquinas y sectoriales y la fragmentación social, que nos debilita ante la envergadura de la amenaza externa que se cierne sobre nosotros.
La soberanía es un concepto insustituible de la política. En el momento que deja de estar presente en la política, la Nación deja de ser y se simula. Y cuando la Nación pierde, pierde el pueblo trabajador.
Fuente: http://geopoliticaargentina.wordpress.com/quienes-somos/

El cepo que aprisiona a la Argentina
In Sin categoría on Julio 3, 2010 at 1:45 pm
Por Merched Antonio Mitre
Este trabajo es medular para entender la actualidad en su contexto histórico y sus actuales proyeciones de los dos principales problemas de largo plazo de nuestro país: La soberanía de Malvinas y la Deuda Externa.
Por eso, invitamos a leer completamente este trabajo.
Hugo Rodriguez
Hace demasiado tiempo que venimos afirmando que la Nación Argentina arrastra dos cuestiones estratégicas (aunque en realidad son dos en una porque se interrelacionan) desde hace 30 años sin ser resueltas y que se encuentran en la base de todas sus dificultades y problemas porque debilitan su decisión soberana: la deuda externa y el litigio con Inglaterra sobre la soberanía de nuestros espacios terrestres y marítimos en el Atlántico Sur.
Estos asuntos son la pesada herencia recibida de la dictadura militar, que le fue transferida sin beneficio de inventario desde el inicio, como onerosa condición a su existencia, a la democracia que nacía, en un acuerdo tácito con la clase política que se sostiene hasta hoy.
Por esta razón la democracia que nacía, minusválida y condicionada porque tenía vedada la revisión crítica y la resolución de estos temas, fue encapsulando a la Argentina impidiéndole la toma de decisiones estratégicas que la proyectaran con una identidad y un rol definidos de nuevo en el mundo, y condenándola en su ejercicio solo formal e instrumental, al esfuerzo estéril de quien trata de resolver los problemas sin remover las causas y a debatirse y degradarse en una decadencia sin fin.
Estas dos cuestiones, han permanecido y discurrido a lo largo de los años de esta “joven” democracia afectando la vida de millones de argentinos, con un “bajo perfil”, tratando de ser ocultadas y escamoteadas de la agenda política tanto por la clase dirigente como por los medios masivos para evitar el debate público. Y así han sido convalidadas por los diferentes gobiernos democráticos relatando “verdades a medias” y con el argumento de que no existía otro camino, incluyendo detalles y cláusulas lesivas e indignas para el interés colectivo, de espalda a un pueblo que en su inmensa mayoría las ignora y al que le hicieron creer que estos asuntos habían sido solucionados; esto hasta estos últimos días en que reaparecen en toda su dimensión.
Al ser algo que nunca acaba y siempre nos están exigiendo algo más, la deuda externa y el conflicto con Inglaterra se han convertido en un pesado cepo que aprisiona la voluntad de la Nación, limita seriamente su autonomía y las posibilidades reales de un desarrollo independiente y sustentable y cercena la soberanía política del Estado Nacional en la toma de sus decisiones.
Como verdaderas vueltas de tuerca al cepo para incrementar el control del país, estas cuestiones reaparecen periódicamente e irrumpen y se instalan en la agenda cotidiana de preocupaciones de la sociedad y del ciudadano, a pesar del esfuerzo que hacen el gobierno, la oposición y los medios para sacarlos del foco de atención de la gente relativizando su importancia, realizando abordajes parciales y descontextualizados, desinformando o encubriendo los problemas reales entreteniéndonos con teatrales confrontaciones verbales entre “oficialistas y opositores”, que parecen clases aceleradas de instrucción cívica y derecho constitucional sobre las formalidades y procedimientos de la democracia y la “institucionalidad” del país. Han transformado al Congreso en el escenario de un “sainete” político en lugar de convertirlo en la caja de resonancia del debate y la coincidencia nacional en torno temas estratégicos que son de su incumbencia como el endeudamiento externo y la política exterior del país.
La recurrencia por estos días de la deuda externa y Malvinas a la agenda de la política es positivo, porque la instalación publica de estos temas, que hay que ayudar a sostener para que no desaparezcan, trae discusiones que sirven para enriquecer el conocimiento de los ciudadanos con mucha información que estaba ocultada para que formen su opinión especialmente las nuevas generaciones a la que se les ha hipotecado el futuro.
El ejercicio por el Estado de una soberanía debilitada constantemente por el concepto de soberanía de baja intensidad que nutre a la política argentina ha permitido la implantación y la expansión incontrolable de los modelos agro exportador basado en la agricultura química y el minero exportador de la mega minería metalífera a cielo abierto que prefiguran a nuestra democracia como una democracia colonial.
Pocas dudas caben ya que la deuda externa argentina es fraudulenta e ilegítima. Serias investigaciones de muchos y verdaderos patriotas, entre ellos Alejandro Olmos, que terminaron en un proceso penal con fallo favorable en el juzgado del juez Ballesteros ( año 2000) y en otros dos procesos penales en curso, demuestran con claridad que la mayor parte de la deuda es un fraude montado por Alfredo Martínez de Hoz y Cia durante la dictadura militar, quien “decreto el endeudamiento forzoso” del Estado Nacional y las empresas públicas para que se convirtieran en “receptores pasivos” de créditos externos que en gran parte fueron desviados, con otros destinos que hasta hoy se desconocen. Por otro lado promovía que las empresas privadas (no precisamente Pymes) tomaran préstamos en el exterior; esta deuda privada en los finales del gobierno de “facto” fue convertida en pública (Cavallo mediante). Cuando finaliza la dictadura militar nos encontramos que el Estado Argentino es deudor de u$s 45.000 millones y todos los argentinos convertidos en “garantes solidarios” de esa deuda hasta el día de la fecha. Esta deuda le fue transferida a “libro cerrado”( junto a su manual de procedimientos, la ley de entidades financieras) a la democracia que nacía en 1983. La clase política argentina, la que nos iba a gobernar y los que serían oposición, la recibió “entera” sin auditoria, sin revisión y aun conociendo como se había generado cuyos, la aceptaron. La escandalosa deuda externa argentina no fue investigada por ningún gobierno de la democracia; por el contrario fue transcurriendo por 27 años de vida democrática pagándose y reciclando con canjes y negociaciones que incrementaban su masa de capital e intereses y las “comisiones” de los “negociadores”, a través de actos escandalosos como el Plan Brady, el blindaje, el mega canje, la renegociación y canje de 2005. Durante un largo de un recorrido de más de treinta años la deuda externa fue una maquina succionadora de recursos de pueblos, de ciudades, de provincias, de regiones; de recursos de la salud, de educación, de seguridad; del salario de jubilados y de la plusvalía producida por los trabajadores que a fines de 1975 participaban del 48% del PBI y luego nunca más pasaron del 28% del PBI (menuda transferencia de riqueza). La deuda externa se viene chupando la riqueza de la Argentina y el trabajo de su pueblo. En esta historia es curioso ver como se repiten nefastos personajes como Domingo Cavallo, Daniel Marx, Manchinea y otros, que sin embargo no eximen de la responsabilidad que tuvieron los presidentes de los gobiernos de la democracia, junto a vastos sectores de la clase política, por ignorancia, desaprensión, o complicidad.
Siguiendo el curso de esta historia de la deuda con sus secuelas de postergaciones, carencias y pobreza, el gobierno nacional nos propone para superar éstas, el “desendeudamiento” para poder volver al mercado internacional de capitales a tomar créditos a bajas tasas. Para ello lanza un nuevo canje de los bonos que no aceptaron presentarse al canje de 2005, los famosos “holdouts”, que quedaron fuera derogando la ley cerrojo en el Congreso con acuerdo de la oposición; promueve el pago de servicio de la deuda a organismos internacionales y acreedores privados con reservas (para mostrar voluntad de pago para que nos vuelvan a prestar), sin ninguna revisión y legitimando de manera explícita una deuda ilegitima, ya no sospechada sino probadamente fraudulenta en su mayor parte.. Todo con el “guiño”, el auspicio del departamento de Estado de EEUU y el beneplácito de Wall Street y el alborozo del JPMorgan, del City Bank, el Goldman Sach, el Barclays (los nuevos bonos del endeudamiento se colocarán en el mercado bursátil norteamericano).
En esto se puede observar una coincidencia plena entre el gobierno y la oposición, pagar la deuda sin revisión. En realidad lo que están discutiendo y de manera escandalosa es la forma hacerlo. Unos pretenden pagarcon reservas y otros con ajuste fiscal; pero finalmente llegaran a un acuerdo. De todas formas las consecuencias serán siempre las mismas: el perjuicio material y espiritual del pueblo trabajador. Tanto “oficialistas” y “opositores” están disputando una carrera vertiginosa para “volver a los noventa”.
El argumento oficial para “desendeudarnos” es “ganar soberanía” y “disponer” de recursos para aumentar el crecimiento. Esto es en mi opinión falso, porque lo que nos está anunciando es una paradoja: “desendeudarnos” (seguir pagando) para “endeudarnos” aún más ( recursos para el desarrollo?). Este gobierno nacional, que se dice “inspirado” en el peronismo, no puede ignorar que el “endeudamiento externo” es un instrumento que está pensado para no ser pagado, sino para la sujeción y el sometimiento de la voluntad de la Nación, porque estas deudas no se terminan de pagar nunca, aun pagando. De esto los argentinos tenemos algo de memoria y experiencia; cuando en marzo de 1976 cuando nos pusieron los “grilletes” Argentina debía cerca de u$s 5.000 millones y después de 34 años debemos u$s 170.000 millones, luego de haber pagado una vez y media esa deuda. Por lo tanto el discurso oficial es cuando menos hipócrita y pone de manifiesto la flagrante contradicción de un gobierno que se precia de “nacional y popular” que parece decidido a condenarnos a “vivir pagando para morir debiendo”.
Pero en esta Argentina del “cambalache” y la decadencia sin fondo, la capacidad de asombro no termina de colmarse, cuando escuchamos a los sectores “progresistas” y “obreros” ( CGT, “la columna vertebral”) que apoyan y acompañan al gobierno en esta medida, muchos autoproclamados como “peronistas”, tratando de convencernos que el camino de la liberación pasa por el pago de la deuda externa (cuando hace algunos años se rasgaban las vestiduras contra el FMI y el no pago de esa deuda); parece que han descubierto que por una simple transacción financiera se puede comprar nuestra soberanía a la usura internacional. Cuando uno se pone la soga al cuello no le puede pedir al usurero que la saque cuando uno quiere, sino que como mucho la va aflojar para no ahorcarte; si uno se quiere liberar debe cortar la soga.
Los muchachos parecen haber olvidado que los pueblos no compran su soberanía sino que la conquistan. Lo único que les falta es convocar un acto a la Plaza de Mayo, la dedel 17 de octubre, para reclamar esta vez el pago de la deuda.
En cuanto a la presidente, que pide si alguno tiene una idea mejor para solucionar el tema de la deuda, yo le aconsejo que primero calme su ansiedad desbordada y le ponga freno a la desesperación con que quiere pagar; que pise la pelota y le preste atención a las investigaciones y conclusiones de los procesos judiciales, que ya, tienen fallo (caso Olmos) y aquellos con fallos próximos a salir. Que conforme a un comité de expertos nacionales y extranjeros de economistas y juristas, que revisen la deuda, investiguen los mecanismos fraudulentos con que fue generada y determine responsables, que convoque a los acreedores a certificar sus acreencias y se establezca el verdadero monto de la misma; en una de esas se sorprende que con bastante menos de la mitad del monto actual de la deuda puede solucionar la misma. Para que usted le pueda explicarle al pueblo.
Que enfríe el juego; no hay urgencias. Que piense que el mayor crecimiento económico del país (el de las tasas chinas) 2003 – 2008, coincidió con la etapa de menor endeudamiento publico (post default) y a pesar que se siguieron pagando los servicios de la deuda, de que se pagó al FMI, de que las empresas extranjeras remesaron al exterior sus ganancias (que fueron muchas) sin control, y de que hubo importante fuga de capitales. Al crecimiento lo hizo posible solo el esfuerzo del pueblo argentino.
El “endeudamiento para el desarrollo” es la idea de un “neodesarrollismo” tardío que los argentinos ya hemos padecido.
Que entienda que un modelo de desarrollo nacional, con independencia necesita en primer lugar del trabajo genuino del pueblo argentino ( que es capital acumulado), en segundo lugar el ahorro nacional ( entre otros los activos del sistema previsional que superan los $100,000 millones, las divisas que ingresan del comercio exterior en impuestos y reservas) que no es poca cosa, y recién en tercer lugar los prestamos e inversiones extranjeras que son complementarias y siempre que no condicionen nuestro crecimiento y el interés nacional.
Ahora si cree que el camino es pago de la deuda y más endeudamiento externo, le pediría que a la “marcha” que tardíamente ha adoptado le cambie algunas estrofas, para que diga “…todos unidos pagaremos” …”defendiendo el capital (global)”….
Ya es hora que los gobiernos terminen con el slogan “los argentinos debemos honrar la deuda” y comiencen a honrar al pueblo argentino.
En medio del “barullo” producido por la deuda y las maneras de pagarla, aparecen los ingleses; en realidad no reaparecen siempre han estado ahí, en nuestro sur, pero nuestros sucesivos gobiernos democráticos incluido éste han tratado de no verlos. No pueden ignorar los acciones concatenadas que Inglaterra ha venido tomando como , ampliación de la zona de exclusión, explotación pesquera (“depredatoria”) en la zona, construcción de la base militar en Monte Pleasant (con una pista de aterrizaje que agrega a la de Puerto Argentino), la constitución de la “Task Force Malvinas” que tiene a disposición aviones Typhon, dos submarinos y cuatro fragatas ( lo que conduce a la militarización de la zona), la inclusión de Malvinas y archipiélagos del sur como territorio de ultramar de la Unión Europea por el tratado de Lisboa (lo que le da a los ingleses la cobertura de 27 países europeos, eleva de facto a Monte Pleasant a la categoría de base de la OTAN y transforma el conflicto bilateral con Argentina en conflicto regional), el reclamo presentado de ante la Convención sobre los Derechos del Mar de la ONU, por las 350 millas de plataforma marina de los archipiélagos de Malvinas, Georgia y Sándwich que se superponen con 4.000.000 de km2 de lechos y subsuelos argentinos a quien los británicos niegan todo derecho, la reserva que hace sobre sus derechos en la Antártida y mar circundante, la licitación de áreas de exploración y explotación petrolera. Recién cuando llega la plataforma marina de Desiré Petroleum, que tiene más de un mes de viaje desde Escocia, se le cae la ficha a la cancillería para desplegar una acción diplomática de “perfil más elevado”.
Inglaterra ha venido ejecutando actos de posesión contundentes en un territorio que ocupa sin derechos (salvo el de la fuerza) que le permiten expandir y consolidar sus intereses geopolíticos y geoeconómicos como “estado ribereño” en una región ubicada a mas de 12.000 Km. de Londres, ante una diplomacia argentina replegada, pasiva y sin convicción, para la que el asunto Malvinas no es ni ha sido prioritario, que no ha logrado evitar que los ingleses nos arrinconen y nos bloquen en el sur afectando y amenazando seriamente todos nuestros intereses y su proyección en un espacio que naturalmente nos pertenece.
Argentina en los últimos treinta años no desplegó una acción diplomática sostenida, que llevara la iniciativa, que fuera eficaz; nuestra diplomacia osciló entre la política de “relaciones carnales” y una política “reclamativa” ante foros internacionales, siempre detrás de los hechos consumados por Inglaterra, sin beneficios, muy alejada de la histórica posición de Argentina, decidida y contundente, en defensa de la soberanía nacional en Malvinas y archipiélagos del Atlántico Sur y en la Antártida (cuya última expresión fue el incidente por la misión Shackleton y el retiro de embajadores en enero de 1976).
Pero la actitud diplomática claudicante no es casualidad, sino tiene que ver con los compromisos asumidos por esta democracia respecto a Malvinas desde su inicio, el primero fue la aceptación y la ejecución de una vergonzante política de desmalvinización que dura hasta nuestros días que se manifiesta en una acción solapada, pertinaz sobre la moral y el espíritu de la Nación,destinada no solo a olvidar a los combatientes y sus actos heroicos, a ocultar y deformar la historia, sino también y como consecuencia, a debilitar la conciencia colectiva sobre los derechos de propiedad que le asisten históricamente al país, a resignar la voluntad para ejercer la posesión efectiva de esos espacios, a instalar la sensación de impotencia ante la imponente magnitud de estos espacios geográficos ( incluida la Patagonia) y la imposibilidad de ocuparlos y desarrollarlos por nuestra “incapacidad” y “forma de ser”, a fomentar el desapego y desidia sobre estos territorios y las riquezas que en ellos se encuentran que facilitan la usurpación y la venta, en este caso en nuestro sur continental de cientos de miles de hectáreas en áreas estratégicas a magnates extranjeros ( algunos ingleses) y a mega empresas mineras de capital inglés o de países del Commonwealth , en definitiva a renunciar a nuestro destino histórico de ocupar y dominar estas tierras y mares en sur.
Esta política de desmalvinización que debería llamarse de des argentinización va más allá de las Malvinas, está dirigida y afecta todo el espacio territorial a la que las islas pertenecen indivisiblemente Patagonia, islas Georgias del Sur, islas Sándwich del Sur, Antártida, mares, plataforma y subsuelo (es la forma de pensar y entender Malvinas).
El segundo gran condicionante es el humillante Acuerdo Tratado Anglo Argentino sobre Malvinas firmado por Menen – Cavallo en 1990 sin que pase por el Congreso de la Nación que nos crea obligaciones que abarcan todo el territorio nacional y comprometen la soberanía del país en las áreas de relaciones exteriores, económica (estatus para Inglaterra de nación más favorecida y garantía a sus inversiones) y militar. Estos acuerdos están vigente y fueron elevados en su momento al secretario general de la ONU para que fueran distribuidos como documento oficial a la Asamblea General y al Consejo de Seguridad; además fueron enviados a la OEA y a la Comunidad Europea
Considerando estos antecedentes, el emplazamiento de una base militar de envergadura en las islas, con el consiguiente control sobre rutas marinas y pasajes bioceanicos junto a un importante desarrollo económico (petrolero, gasífero e ictiocola) va gestando, sin oposición alguna, una zona de intereses resultante de la geopolítica inglesa que va presionando fuertemente sobre la zona Argentina colindante, amenazando seriamente su seguridad, debilitando progresivamente sus intereses, su cultura y su identidad, bloqueando su proyección a la Antártida y poniendo en grave riesgo el control político, económico y militar del Estado Nacional sobre el territorio al sur del Río Negro.
Al aumentar la “tensión” en estos días entre nuestro país y Gran Bretaña por su iniciativa unilateral de explorar y explotar hidrocarburos en las islas, no se puede estar en desacuerdo con las medidas adoptadas por nuestro ejecutivo: decreto que controla y limita el transito marítimo desde el continente y por agua territoriales hacia las islas, la acción desplegada por la presidente en la cumbre de Cancún de los presidentes de Latinoamérica y el Caribe donde logro el apoyo a nuestra posición de los países hermanos, el envío del canciller ante el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, para solicitarle que “redoble sus esfuerzos de buenos oficios” ante Gran Bretaña para que esta no cometa más actos unilaterales y frene la exploración de petróleo.
Sin embargo Inglaterra con su soberbia imperial históricamente hace caso omiso a declaraciones y resoluciones de organismos internacionales, no dialoga, no negocia, ni cede. No estamos ante un amigable “estado ribereño” (categoría que nunca debemos otorgarle) sino frente al enemigo histórico, con quien libramos 3 guerras en nuestros 200 años de vida. Por lo tanto el gobierno debe tomar medidas efectivas, concretas, (en serio) que impacten los intereses británicos en el Rió de la Plata, más allá de declaraciones y de medidas algunas sacadas delmanual de quejas del derecho internacional global , que puedan detener el constante avance inglés y conservar al menos lo que nos queda.
Hay sobrados motivos para que nuestra chancillería convoque al embajador de Gran Bretaña, para expresarle las protestas formales ante la escalada miliar de su país en el Atlántico sur al enviar a la zona dos submarinos y dos fragatas que forman parte de la Task Force de Malvinas. Esto es en primer lugar violatorio de los acuerdos de Madrid de 1990 que establece que los buques y aeronaves inglesas deben comunicar y por escrito con 25 días de anticipación el desplazamiento de unidades en territorio marítimo comprendido entre las costas argentinas y el meridiano 20w y los paralelos 40S y 60S. Esta comunicación no existió como tampoco la hubo cuando movieron los cuatro aviones Typhon, caza bombarderos de última generación en noviembre pasado a la base de la RAF en monte Pleasant. En segundo lugar esta escalada militar que afecta de manera objetivable nuestra seguridad e integridad territorial puede ser interpretada como una agresión que motive la expulsión del embajador británico.
Como la militarización del Atlántico Sur además afecta los intereses y seguridad de Suramérica ya amenazada por el Comando Sur, la IV Flota, las bases de Curazao, Aruba, Panamá, Colombia, Argentina debe convocar urgente a la UNASUR y su Consejo de Defensa para buscar un marco de apoyo para las medidas diplomáticas y de otro tipo que adopte y para promover y acordar una política regional común ante el conflicto con Gran Bretaña. Si Argentina pretende que los países vecinos pasen de la actitud meramente declarativa a la adopción de acciones concretas, deberá primero tomar medidas hacia adentro que muestren una decisión clara y convincente de defensa de sus intereses soberanos, como ser:
1-Elevar los acuerdos /tratado de Madrid al Congreso de la Nación por donde nunca pasaron, para que sean denunciados, porque además de haber sido violados por Inglaterra son un verdadero estatuto del coloniaje que ejerce una patria potestad, sobre nuestra política exterior, militar y económica que nos incorpora de facto en épocas del menemato al Commonwealth. La derogación de este tratado haría caer la condición de “Nación más favorecida” en las relaciones económicas.
2- Derogación de la ley 24.184 por la que fue ratificado el Tratado de Garantías de las Inversiones inglesas firmado en Londres en 1990.
3-El estado Argentino debe sancionar con rigor y hacerlo público, a las empresas británicas o no que operando en nuestro territorio continental tienen intereses comerciales con empresas que operan en las Islas Malvivas con licencias otorgadas por Gran Bretaña, porque existe una legislación nacional al respecto que debe ser cumplida. Por ejemplo el banco británico Barclay’s contratado por nuestro ministerio de economía como “coordinador global” del canje de deuda que se ha abierto y que dio origen al fondo del bicentenario, es accionista de Desiré Petroleum la empresa que ha iniciado las actividades exploratoria en las islas, y también de la Broders & Southern Petroleum otra empresa con concesiones en Malvinas y que a la vez es accionista del emprendimiento minero de Bajo de la Lumbrera en Catamarca. Lo que se debe hacer en virtud de esa legislación vigente es derogar el contrato con ese banco para manejar el canje de deuda. Sin embargo hacepocos días el gobierno argentino lo ha ratificado. Suspender la licencia (entre otras penalidades ) de la empresa BHP Billiton multinacional minera de capitales angloaustralianos que tiene derechos de explotación de oro y cobre en Salta en un territorio de 40.000 ha( propiedad del senador nacional J.C.Romero)porque es socia de la compañía Farklans Oil & Gas que opera en Malvinas. Se debe penalizar también al banco HSBC que asesora y tiene “intereses” en la empresa Rockhopper Exploration otra de las que han obtenido concesiones de exploración y explotación de petróleo en las islas. Las multinacionales pesqueras que pescan en las 200 millas argentinas y tienen además buques operando en Malvinas.
4- Mientras se investiga la compleja red de relaciones de las empresas trasnacionales que operan en nuestro país y en las islas, el Estado Nacional, suspendiendo las garantías a las inversiones y la condición de nación más favorecida puede presionar fuertemente a las empresas inglesas en nuestro país, entre otras la Britis Petroleum dueña del 65% del capital de la Panamerican Energy a quien se le prorrogó hasta el año 2047 la concesión de Cerro Dragón, la más grande reserva petrolera de Argentina, distribuida entre Chubut y Santa Cruz o el banco Santander aunque aparece como español pertenece a capitales británicos, más precisamente al Banco Real de Escocia propiedad de la corona inglesa ; empresas de seguro (Zurich), laboratorios medicinales (Glaxo, Astra), empresas de neumáticos, alimenticias, controlando sus remesas de utilidades al exterior y otros beneficios algo que hoy no se hace.
5-Envío urgente al Congreso de la Nación de una ley que prohíba la venta a extranjeros de tierra, especialmente sobre las costas atlánticas y la cordillera que son zonas de seguridad de fronteras. Revisar las grandes ventas efectuadas y transparentarlas.
6- Reabrir e incrementar inmediatamente instalaciones militares en el sur (como elemento de disuasión) terminando con la estupidez que somos un país sin hipótesis de conflicto e impulsar una política demográfica con una fuerte promoción para ocupar y poblar la Patagonia.
7-Enmarcar estas medidas con una acción diplomática inteligente y sostenida producto de una política exterior inspirada en una geopolítica nacional y continental coherente con los tiempos de integración que vive Suramérica.
Si vamos a luchar para defender los intereses nacionales hagámoslo en serio y con dignidad. Debemos animarnos a romper con la tutela política, económica, militar y cultural que los ingleses ejercen sobre nosotros, Para esto no alcanzan con los reclamos y las declaraciones “testimoniales”. La soberanía se ejerce a través de medidas y acciones concretas y efectivas que además sirvan para romper las falsa opciones que nos presentan para dirimir este conflicto, la vía militar ( imposible) o sino hacer algunas cosas dentro del “status quo” ,simulaciones que nada cambian, que es lo mismo que resignarse a aceptar que nada puede hacerse.
El Estado Nacional tiene los instrumentos necesarios para tomar y hacer efectivas estas medidas. Depende solo de la decisión política de la conducción del Estado. Si no lo hace es un claro indicador que carece de un mínimo umbral de poder para tener autonomía en sus decisiones y ejercer la soberanía. En un país sin soberanía no puede acometer la empresa de un proyecto nacional que nos conduzca a la realización de una Nación justa, libre y soberana.
Con este escrito, modestamente solo estoy tratando de llamar la atención de los argentinos sobre problemas graves que no ocurren en un país virtual o de ficción sino en la Argentina concreta de hoy, y discurren y nos afectan sin que los percibamos, por ignorancia o desaprensión, o tal vez porque el gobierno y la dirigencia política encargados de resolverlos les restan importancia y relativizan la magnitud que tienen.
La realidad demuestra que estas cuestiones están afectando seriamente y de manera creciente la vida cotidiana de cada compatriota, de cada familia argentina y de la comunidad nacional. Argentina debe encontrar pronto una solución inteligente y definitiva a esta situación, caso contrario continuará por la senda de su constante declinación social, cultural y moral, desdibujando su identidad y resquebrajando su unidad política y espiritual, lo que la conducirá convertirse en una Nación sin destino e inviable en el mundo que viene.
Es hora de defender a la Nación, para lo cual los argentinos tendremos que entender que el requisito esencial, es transitar el camino de la unidad nacional despertando la conciencia colectiva de que todos somos parte de un histórico común destino de grandeza, superando las confrontaciones facciosas, mezquinas y sectoriales y la fragmentación social, que nos debilita ante la envergadura de la amenaza externa que se cierne sobre nosotros.
La soberanía es un concepto insustituible de la política. En el momento que deja de estar presente en la política, la Nación deja de ser y se simula. Y cuando la Nación pierde, pierde el pueblo trabajador.
Fuente: http://geopoliticaargentina.wordpress.com/quienes-somos/
sábado, 3 de julio de 2010
Los Ingleses han violado el Tratado de Madrid

El Reino Unido ha violado el Tratado de Madrid.
In Sin categoría on Junio 4, 2010 at 5:06 pm
Córdoba 23 de Septiembre de 2009
Estimados Representantes de la Nación Argentina:
Esta carta está llegando mediante un correo electrónico de Urgencia a todos los Diputados y Senadores Nacionales. Quién escribe esta carta es Hugo Rodriguez, ciudadano argentino DNI 33.270.037, miembro de la Asociación Belgrano y director del Grupo de Estudios Estratégicos Argentinos.
Mediante la presente se les comunica a Ustedes que el Reino Unido ha enviado cuatro naves aéreas de guerra a las Islas Malvinas. Esta noticia se encuentra a disposición y ha sido difundida por el periódico inglés “The Sun”.[1]
Argentina ha firmado el 15 de febrero de 1990 en Madrid-España el conocido “Tratado” de Madrid, inconstitucional por no haber sido aprobado por nuestro Congreso Nacional, es decir, por la institución a la que Ustedes representan. Ese “tratado” internacional que ha entregado nuestra Soberanía territorial al Reino Unido y del cual se envía a ustedes copia (ver archivo adjunto Nº 3); menciona:
Anexo I: Sistema Transitorio de Información y Consulta Recíprocas;
III.– Información Recíproca sobre Movimientos Militares;
l.– Las partes se proporcionarán recíprocamente, por la vía diplomática y con una anticipación mínima de 25 días, información por escrito acerca de:
A.– Movimientos de fuerzas navales compuestas por cuatro o más buques;
B.– Movimientos de fuerzas aéreas compuestas por cuatro o más aviones;
Este Acuerdo, con plena vigencia, expresa la obligación de brindar información sobre los movimientos de cuatro o más aviones en la zona de soberanía en disputa con 25 días de anticipación. Tal aviso no ha ocurrido en relación a la noticia que ha sido difundida el día de ayer por el periódico británico, de hecho la primera fuente de información es el periódico “The Sun”. En la agencia de noticias TELAM, el día de la fecha (ver archivo adjunto Nº 2), se argumenta que Cancillería ha tomado conocimiento de la situación y menciona: “Fuentes oficiales de la Cancillería argentina se refirieron al envío de aviones de la Fuerza Aérea británica a las Islas Malvinas, lamentaron “el nuevo despliegue británico”, y agregaron que esta decisión “resulta contraria a la Resolución 31/49 de la Asamblea General de la ONU que insta a las dos partes en la disputa de soberanía en la “Cuestión de las Islas Malvinas” a abstenerse de adoptar modificaciones unilaterales en la situación”. ”
Esta actuación del Reino Unido, al margen de ser una grave provocación a la Soberanía del Pueblo Argentino y de merecer un reclamo formal de parte de nuestro país frente a los Organismos Internacionales pertinentes, es un grave incumplimiento del Acuerdo firmado con nuestro país el 15 de Febrero de 1990.
Por lo antes dicho, y esperando haber sido lo suficientemente claros; solicitamos a ustedes, quienes son nuestros representantes, denunciar y derogar el “Tratado” de Madrid por incumplimiento de las disposiciones firmadas por el Reino Unido.
Incluso si consideráramos que el “Tratado” de Madrid es realmente un Tratado en todas sus dimensiones, la derogación es plenamente aplicable porque así lo dispone la CONVENCIÓN DE VIENA de 1969 en su artículo 60 inciso 1º (ratificada por Argentina). A continuación se transcribe ese punto:
Convención de Viena de de 23 de mayo de 1969 sobre Derecho de los Tratados[2]
60. Terminación de un tratado o suspensión de su aplicación como consecuencia de su violación.
1. Una violación grave de un tratado bilateral por una de las partes facultará a la otra para alegar la violación como causa para dar por terminado el tratado o para suspender su aplicación total o parcialmente.
Argentina posee los argumentos suficientes para denunciar y derogar el Acuerdo-Tratado de Madrid por grave incumplimiento del mismo por parte del Reino Unido. Pudiendo, declararlo de Inconstitucional al ser un Acuerdo con carácter de Tratado Internacional y no haber sido aprobado por el mismo Congreso Nacional. Tal atribución esta presente en el artículo 75, inciso 22 de nuestra Constitución. O en su defecto, de aplicar las disposiciones de la Convención de Viena. Por las razones antes expuestas, les sugerimos a Ustedes denunciarlo y derogarlo.
Los días 27 y 28 de Agosto de 2009 hemos entregado en vuestros despachos una carta informativa respecto del conflicto por la soberanía de las 350 millas náuticas de Zona Económica Exclusiva. En esa carta (ver archivo adjunto Nº4), mencionamos que uno de los argumentos que utiliza el Reino Unido para ejercer soberanía es el “Tratado” de Madrid, el cual hemos sugerido a ustedes considerar su derogación. Remarcamos en la presente la importancia de avanzar con la derogación de el “Tratado” de Madrid, del Tratado de Londres, de no aceptar que la Constitución Europea incorpore (como lo esta haciendo) a nuestro territorio como Territorio Europeo de Ultramar y solicitar formalmente a Cancillería Argentina dar conocimiento público del texto completo de la presentación Argentina frente a CONVEMAR – ONU.
Es decir, aunque es necesario realizar el reclamo formal al Reino Unido y ante los organismos Internacionales pertinentes, por la acción de enviar 4 aviones de guerra a Malvinas, no alcanza con tal acto. Argentina debe declarar nulo el “Tratado” de Madrid por dos motivos, el primero es el incumplimiento en el que ha incurrido el Reino Unido al no informarnos del envío de las naves con 25 días de anticipación. El segundo es que dicho “Tratado” Internacional tiene la carátula de Acuerdo, y no fue (como nuestra Constitución exige que sea – art 75) aprobado por el Congreso Nacional.
Finalizando esta carta, citamos la primera disposición transitoria de la Constitución Nacional:
“La Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional.
La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes, y conforme a los principios del derecho internacional, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino.”
Quedando a vuestra disposición y esperando pronta respuesta, saludamos a Uds atentamente.
Acompaña a esta carta, los siguientes adjuntos:
1) Copia de la noticia del diario “The Sun”
2) Copia del artículo citado de “TELAM”
3) Copia del mismo “Acuerdo – Tratado de Madrid”
4) Copia de la carta entregada en vuestros despachos informando respecto de los argumentos utilizados por el Reino Unido para pretender soberanía sobre la Zona Económica Exclusiva que corresponde a Argentina en torno a las Islas Malvinas, Georgias, Sándwich y el Territorio Argentino Antártico.
Hugo Rodriguez
Director del Grupo de Estudios Estratégicos Argentinos (GEEA)
Asociación de Pensadores Nacionales Manuel Belgrano
hugo.rodriguez@asociacionbelgrano.org
——————————————————————————–
[1] La noticia se encuentra en el siguiente
link:http://www.thesun.co.uk/sol/homepage/news/campaigns/our_boys/article2648901.ece
[2] Tratado de Viena de 1969. Una copia del mismo se encuentra disponible enhttp://www.cajpe.org.pe/rij/bases/Sinternacional/convencionviena.htm página de la Comisión Andina de Juristas.
Copia de la noticia del diario “The Sun” anexo1
Copia del artículo citado de “TELAM” anexo2
Copia del mismo “Acuerdo – Tratado de Madrid” anexo3
Carta enviada el 17 de agosto a los miembros del congreso nacional por parte de la Asociación Belgrano. anexo4
Fuente: http://geopoliticaargentina.wordpress.com/2010/06/04/madrid/
Suscribirse a:
Entradas (Atom)