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sábado, 23 de junio de 2012

“El Complejo Académico‐militar Estadounidense y sus Relaciones con las Fuerzas Armadas en América Latina”

jefe del Comando Sur de Estados Unidos, general Douglas Fraser


Ponencia de Rina Bertaccini (*)
para la Mesa Redonda sobre que tendrá lugar en el marco del V Encuentro Nacional de la Asociación Brasileña de Estudios de Defensa  a realizarse en Fortaleza, Brasil, del  8 al 10 de agosto de 2011
Tema de la ponencia:
Militarización imperialista:                                                                               máscaras nuevas para proyectos viejos
______________________________________
 La militarización imperialista en América Latina se ha expresado históricamente de maneras diversas, pero su esencia no ha variado. Tanto en las nuevas como en las viejas formas el objetivo ha sido y sigue siendo el mismo: lograr la dominación y la explotación de nuestros pueblos. Y esto es particularmente válido en un período de crisis sistémica como el que estamos atravesando cuando más que nunca el poder imperial necesita descargar sobre los pueblos las consecuencias de la crisis y entonces las políticas de dominación asumen contornos brutales. La actual intervención armada en Libia – donde se violan cada día las normas más elementales del derecho internacional- avala plenamente esta afirmación.
Pero constatar que no ha variado la esencia de la dominación no nos exime de la necesidad de estudiar las formas renovadas que asume el proyecto imperial. Las fuerzas políticas populares, los movimientos sociales, los militantes de la paz y en particular los docentes y alumnos de las universidades tenemos que conocer sus planes para denunciarlos y enfrentar con éxito la actual ofensiva de militarización imperialista en nuestro continente.
Dicho esto quisiera centrar la atención en dos documentos elaborados en los últimos años que guían el accionar de las fuerzas armadas del gobierno de los Estados Unidos. Me refiero al documento “Joint Visión 2020” (Visión conjunta 2020) y a otro titulado “United States Southern Command  Strategy 2018 “(Estrategia del Comando Sur de los EEUU 2018).  A diferencia de los bastante conocidos Documentos de Santa Fe (I al IV) que fueron elaborados para el Pentágono por un comité de expertos convocados al efecto, los dos textos que estoy comentando están redactados y suscriptos directamente por el conjunto de los comandos de las fuerzas armadas estadounidenses el primero y por el Comando Sur el segundo.
Dominación de espectro completo
El núcleo del documento Joint Visión 2020 es la doctrina de la dominación de espectro completo. Pero antes de referirnos específicamente a este concepto conviene anotar algunos aspectos que surgen de la lectura de JV2020. El documento no está pensado como un proyecto para el futuro  sino como un proceso de actualización permanente de la doctrina militar de los EEUU.  Centra la atención en un enfoque estratégico definido como “la necesidad de prepararnos ya para un futuro incierto”.
El  texto permite, además, entrever cómo el gobierno norteamericano visualiza su propia política de dominación y el próximo desarrollo  de la misma, cuando dice por ejemplo: “Los intereses globales y las responsabilidades de los Estados Unidos persistirán, y no hay ninguna indicación de que las amenazas hacia esos intereses o a los de nuestros aliados vayan a desaparecer. Los conceptos estratégicos de fuerza decisiva, proyección de poder, presencia de ultramar y agilidad estratégica continuarán rigiendo nuestros esfuerzos para cumplir con esas responsabilidades y enfrentar los retos del futuro.”
Según VC2020, la dominación de espectro completo es “la capacidad de las fuerzas de los EEUU, operando unilateralmente o en combinación con aliados multinacionales o fuerzas inter-agencias, de derrotar a cualquier adversario y controlar cualquier situación a lo largo de todo el espectro de operaciones militares.”  Y, explica: dichas operaciones  “incluyen el mantenimiento de una postura de disuasión estratégica. Incluyen acción en el teatro de operaciones y actividades de presencia. Incluyen el conflicto con empleo de fuerzas estratégicas y armas de destrucción masiva, guerras de teatro principal, conflictos regionales y contingencias de menor escala. También incluyen aquellas situaciones ambiguas que se ubican entre la paz y la guerra, tales como las operaciones para mantener y hacer cumplir la paz, así como operaciones no-combativas de ayuda humanitaria y el apoyo a las autoridades locales.”
Con toda crudeza nos están advirtiendo qué podemos esperar de las guerras imperialistas del siglo XXI: una acción global desplegada en todos los dominios: el específicamente militar con su poder letal, pero también en el plano político, económico, ideológico y cultural, sin limitación o condicionamiento jurídico o moral de ninguna clase. No es una simple amenaza, es lo que están haciendo en Libia; es la forma en que ejecutaron a Bin Laden, en Pakistán violando todas las normas de convivencia internacional. Es lo que denuncia el investigador canadiense Rick Rozoff en relación al uso de aviones sin piloto en ataques bélicos: “libre de riesgo y por encima de la ley; EEUU  globaliza la guerra de drones”; lo hace ahora en Somalia y lo había hecho ya en Afganistán, Iraq, Pakistán, Yemen y más recientemente en Libia. (Rick Rozoff–Global Research, 11 /07 /2011)
Por si alguien duda de sus intenciones, VC2020 indica: “Si nuestras Fuerzas Armadas van a ser más rápidas, más letales, y más precisas en el 2020 de lo que son hoy en día, debemos continuar invirtiendo en y desarrollando nuevas capacidades militares”. Para eso el presupuesto de guerra de los Estados Unidos crece cada año y en el período actual es equivalente al presupuesto militar del resto de los demás países del mundo tomados en conjunto.
La guerra, en los términos que la plantea VC2020, requiere de una conducción unificada; un “enfoque integrado (que) descansa en el uso de todas las herramientas del estadista para alcanzar nuestros objetivos nacionales, unilateralmente cuando sea necesario, al tiempo que en el hacer un uso óptimo de las habilidades y los recursos provistos por las fuerzas militares multinacionales, las organizaciones regionales e internacionales, las organizaciones no- gubernamentales y las organizaciones voluntarias privadas cuando sea posible. La participación de la fuerza conjunta en operaciones de apoyo a las autoridades civiles, también aumentará en importancia debido a las amenazas emergentes al territorio de los EEUU, tales como el terrorismo y las armas de destrucción masiva”.
El documento VC2020 dedica una atención especial a las “operaciones informacionales”, a las que define como  “aquellas acciones emprendidas para afectar la información y los sistemas de información al tiempo que se defiende la información y los sistemas de información propios…”  Este tipo de acciones abarcarían desde la piratería informática hasta lo que en el ejército de los EEUU se conoce como ‘Operaciones Psicológicas’.
El contexto estratégico
EEUU se ve a sí mismo como un sheriff  global. Los dos párrafos que siguen no dejan lugar para la duda:
“Tres aspectos del mundo del año 2020 tendrán implicaciones significativas para las Fuerzas Armadas de los EEUU.  Primero, los Estados Unidos continuarán teniendo intereses globales y estarán comprometidos con una serie de actores regionales”.
“Nuestra seguridad e intereses económicos, así como nuestros valores políticos, darán el ímpetu para nuestros compromisos con nuestros socios a nivel internacional. La fuerza conjunta 2020 debe estar preparada para ‘ganar’ en todo el espectro de las operaciones militares en cualquier lugar del mundo, para operar con fuerzas multinacionales, y para coordinar operaciones militares, según sea necesario, con agencias gubernamentales y con organizaciones internacionales”.
Precisamente, el concepto  de “dominación de espectro completo implica que las fuerzas de los EEUU sean capaces de conducir operaciones rápida, sostenida y sincronizadamente con combinaciones de fuerzas diseñadas a la medida para situaciones específicas y con acceso a y libertad de operar en todos los dominios: en el espacio, mar, aire, tierra, y en la información.  Adicionalmente, dada la naturaleza global de nuestros intereses y obligaciones, los Estados Unidos deben mantener sus fuerzas de presencia en ultramar y la capacidad de proyectar poder rápidamente por todo el mundo en orden de lograr la dominación de espectro total”.
Esto, que suscriben conjuntamente los comandos del Pentágono, es exactamente  lo que se ha planteado la reciente cumbre de la OTAN realizada en Portugal en noviembre de 2010, cuando proclama el papel global de dicha alianza. Y, aunque parezca ocioso, es válido recordar aquí, que EEUU es la cabeza de esta alianza agresiva creada hace más de 60 años y que hoy integran 28 países, entre los que se cuentan varias de las principales potencias militares del mundo.
Conducción de las operaciones e interoperabilidad
El documento JV 2020 desarrolla la idea de que el entorno de seguridad será cada vez más complejo en el futuro y por eso los EEUU deben estar “preparados para enfrentar una amplia gama de amenazas de variados niveles de intensidad. El éxito en contrarrestar esas amenazas requerirá de la integración habilidosa de las competencias centrales de los Servicios en una fuerza conjunta hecha a la medida de la situación y los objetivos específicos”.
Destaca además que “la interoperabilidad es la base de las operaciones multinacionales e inter-agencias efectivas”. Y agrega como elemento fundamental “la coordinación que tiene lugar entre elementos del Departamento de Defensa y las agencias involucradas del Gobierno de los EEUU, organizaciones no- gubernamentales, organizaciones voluntarias privadas, y organizaciones regionales e internacionales con el propósito de alcanzar un objetivo”, lo cual  debería lograrse “a pesar de las diversas culturas, intereses en pugna y diferentes prioridades de las organizaciones participantes”.
Me permito subrayar este párrafo porque en él se explicita lo que el imperio está aplicando sistemáticamente en nuestro continente. En la política de militarización actúan no solamente las fuerzas armadas de EEUU propiamente dichas sino además otras agencias gubernamentales –como la USAID, la NED- y cada vez más involucran a organizaciones no gubernamentales y organizaciones privadas de voluntarios que supuestamente vienen a “ayudar generosamente” a la población en proyectos de paz y desarrollo y cuentan con enormes recursos financieros para llevar adelante sus planes.
Precisamente, en el segundo documento que he mencionado al principio – USSouthcom Strategy 2018 – se concretan los conceptos de JV2020 como objetivos estratégicos del gobierno de EEUU para América Latina y el Caribe.
La Estrategia del Comando Sur 2018
En este documento (ECS 2018) elaborado en diciembre de 2008, bajo la responsabilidad del almirante James Stavridis, se definen las metas y los caminos para convertir al Comando Sur de los EEUU “en una organización conjunta interagencial líder que procura apoyar la seguridad, la estabilidad y la prosperidad de las Américas”.
El punto de partida es la idea de que las Américas están inseparablemente vinculadas. A pesar de la diversidad de historias y tradiciones, “existen muchos elementos comunes” que nos acercan. Citando al entonces presidente George W. Bush, el ECS 2018 afirma: “El hemisferio occidental es nuestra hogar. En virtud de los lazos geográficos, históricos, culturales, demográficos y económicos, Estados Unidos está vinculado a los socios hemisféricos de un modo incomparable a ningún otro lugar del mundo.”
En base a ellopropone: “Debemos trabajar juntos, como socios, para hacer realidad la ‘promesa’ de prosperidad futura de nuestro hemisferio compartido. Nuestra visión, misión y metas, junto con la cooperación de nuestros socios interagenciales y los países socios nos permitirán cumplir la promesa”. Juntos debemos enfrentar los problemas y desafíos que nos amenazan, entre ellos la pobreza y la desigualdad, la corrupción, el terrorismo, el narcotráfico y otros delitos.
Para cumplir dicha promesa hacia 2018, nuestra “misión actual (es) llevar a cabo operaciones militares y fomentar la cooperación de seguridad para lograr los objetivos estratégicos de los EE UU”.
Aunque está dicho con bastante claridad me permito llamar la atención sobre el texto anterior: lo que plantean a los países de la región es asociarse para asegurar los intereses de los EEUU. Bajo el lema  “Amistad y cooperación por las Américas” han iniciado la transformación del Comando Sur para poner en práctica una estrategia de comando que reserva para el Pentágono la dirección general y el trazado del plan de operaciones.
Son bastante conocidos los intereses comerciales de EEUU respecto a la región, así como su necesidad de disponer de las fuentes de energía, la biodiversidad, el agua y otros recursos naturales. Como ejemplo, y según los datos que mencionan en este documento, los Estados Unidos necesitarán, en las próximas dos décadas, un 31% más de petróleo y un 62% más de gas natural.
Para cumplir la promesa hacia 2018
El documento reconoce que sigue las orientaciones fijadas en los documentos generales de la FFAA, en especial los que se refieren a la Estrategia de Seguridad Nacional y la Estrategia Militar Nacional (entre ellos el antes citado VC 2020).
Y agrega: “Los desafíos de seguridad en nuestro hemisferio no son amenazas militares tradicionales y, a menudo, están interrelacionados e involucran a actores del estado y fuera de él. Estas amenazas, desafíos y condiciones requieren un enfoque de asociación y colaboración interagencial.  La coordinación interagencial es un componente esencial de la misión del USSOUTHCOM y permite que el comando cumpla con su serie completa de misiones y apoye eficazmente a nuestros socios en Latinoamérica y el Caribe.”
ECS 2018 establece cuatro metas para el Comando Sur:
  1. 1. Garantizar la seguridad en el hemisferio occidental; en primer lugar la de los Estados unidos. Señala: “Garantizamos la defensa avanzada de los Estados Unidos al defender los accesos del sur. Debemos mantener nuestra capacidad de operar en los espacios, aguas internacionales, aire y ciberespacio comunes mundiales y desde ellos”. Aquí nos están diciendo que para defender su seguridad tienen “derecho” a desplegar sus tropas en todo el planeta, incluido el espacio circundante.
  2. Promover la estabilidad en la región. Para ello, el Comando Sur “ayudará a enfocar las campañas interagenciales para avanzar más allá de las actividades tradicionales de cooperación de seguridad, como ejercicios combinados / multinacionales, operaciones contra-narcóticos y contactos militares y de defensa, (…) apoyará activamente a las entidades no gubernamentales interagenciales y las instituciones públicas y privadas con el fin de mejorar la estabilidad regional, (…) y apoyará enérgicamente el Financiamiento Militar Extranjero, para que nuestros países socios puedan adquirir artículos, servicios y entrenamiento militares de los Estados Unidos”.
  3. 3. Promover alianzas. Esto “requiere de un esfuerzo combinado, que emplee todos los instrumentos de autoridad nacional, entre ellos, diplomáticos, de información, militares, económicos, financieros, de inteligencia y jurídicos. El éxito futuro también requiere del empleo de todos los instrumentos disponibles, entre ellos, la interagencia y la colaboración con organizaciones no gubernamentales.
  4. Transformar el Comando. A través de una cultura de innovación adaptada a los desafíos y las oportunidades del siglo XXI “trabajaremos para transformar el USSOUTHCOM de una organización militar tradicional en un Comando Conjunto Interagencial de Seguridad para el año 2018”.
En el desarrollo de las metas, el documento enumera una serie de objetivos cuya  lectura resulta tediosa y no transcribiremos aquí.  Pero es necesario conocerlos porque cada uno de ellos se traduce en alguna de las acciones intervencionistas que están desplegando en nuestro continente y que incluyen tanto las actividades específicamente militares (por ejemplo la instalación de bases de EEUU,  o los operativos militares conjuntos, o los convenios bilaterales para el entrenamiento de efectivos policiales y militares de los países de la región), como otras acciones disfrazadas de ayuda humanitaria, entre ellas los ya conocidos operativos “Medretes” o “Nuevos Horizontes”, o el despliegue de tropas USA en ocasión de desastres naturales a semejanza del que realizaron inmediatamente después del terremoto en Haití.
Sin pretender un análisis completo del documento, quisiera todavía anotar algunos tramos particularmente preocupantes que se formulan como el propósito de:
  • “Aumentar el apoyo de inteligencia, vigilancia y reconocimiento a las actividades que procuran reducir el tráfico ilícito y negar refugio a las organizaciones terroristas en áreas mal gobernadas”.
  • “Junto con el Plan Regional de Guerra contra el Terrorismo, seguir creando iniciativas de cooperación con países socios, a fin de destruir las conexiones del narcotráfico con las redes terroristas y otras actividades de apoyo al terrorismo”.
  • “Trabajar a través de los canales político-militares y diplomáticos para ampliar la libertad de movimiento de los Estados Unidos en todo el hemisferio occidental”.
  • “Ayudar a los ejércitos nacionales  a desarrollar capacidades adicionales que garanticen el gobierno efectivo de sus territorios, específicamente en territorios sub gobernados o en estados fallidos o débiles que pueden constituir un refugio para el terrorismo”.
Las expresiones son bastantes claras y nos eximen de mayores comentarios. Sin embargo lo que viene ocurriendo – por ejemplo, en México con la dominante presencia estadounidense en la militarización del llamado “combate anti-droga” que en pocos años ya lleva miles de muertos-  justifica ampliamente nuestra inquietud.
La transformación del Comando Sur
Quisiera ahora llamar la atención sobre los párrafos de ECS 2018 que se refieren a la transformación del propio Comando Sur que “de una organización militar tradicional” pasará a ser  “un Comando Conjunto Interagencial de Seguridad”, con los objetivos de “mejorar la sincronización de las operaciones y las actividades entre el USSOUTHCOM y otras organizaciones del gobierno de los EEUU”  y  “comprometer activamente a los responsables de las decisiones de los socios interagenciales e integrar al personal de estas agencias en forma permanente al personal del USSOUTHCOM”.
¿Quiénes son esas instituciones y agencias gubernamentales y por qué ahora no solamente coordinan su actividad con las fuerzas armadas USA sino que su personal se integra de manera permanente al Pentágono, en este caso a través del Comando Sur?
Lo explica el ex Secretario de Estado Colin Powell en el Plan Estratégico combinado del Departamento de Estado de los EEUU y la Agencia de los EE.UU para el Desarrollo Internacional (USAID) cuando dice: “Nuestras organizaciones comparten una noble misión: crear un mundo más seguro, democrático y próspero.”
Debemos asociarnos por necesidad, afirma por su parte la ex Secretaria de Estado Condoleezza Rice: “En este mundo, es imposible trazar líneas claras y nítidas entre nuestros intereses de seguridad, nuestros esfuerzos de desarrollo y nuestros ideales democráticos. La diplomacia estadounidense debe integrar y promover todas estas metas en forma conjunta.” (Secretaria de Estado Condoleezza Rice, Comentarios, Georgetown School of Foreign Service, Georgetown University, Washington, DC; 18 de enero de 2006).
Una mirada sobre la USAID
Aunque la mayoría de esas agencias estadounidenses no son nuevas, y muchas como la CIA (Agencia Central de Inteligencia) o la DEA (agencia anti narcóticos) son bastante conocidas, lo nuevo es que en los últimos años el gobierno norteamericano ha priorizado notoriamente la actividad de algunas de ellas, en particular la USAID y la                         NED a las cuales se ha dotado de millones de dólares para financiar proyectos que supuestamente sirven a “la promoción de la democracia y el desarrollo”.
Respecto a la USAID existen trabajos recientes como el documentado Informe de Paula Aguilar ( El rol de USAID en América Latina y el Caribe / 2006-2008; disponible enhttp://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/becas/2008/deuda/aguilar.pdf ) en el cual describe y problematiza “los términos, justificaciones y argumentos en que se construye en el discurso oficial de los EEUU la necesidad de transferir fondos a otros países”. La autora entiende  que “la asistencia gubernamental externa se configura como una vía directa de intervención en la política interna de los países de América Latina y el Caribe y uno de los modos privilegiados de sostener la presencia estadounidense (comercial, militar y cultural) en nuestro continente”.
El informe confirma que las líneas divisorias “entre la ayuda bilateral estrictamente definida a partir de su carácter económico o de desarrollo social y la asistencia militar son cada vez más borrosas” ; paralelamente hace notar que las decisiones “acerca de las áreas de financiamiento prioritario para la asistencia externa son tomadas por el Departamento de Estado”, aunque el Departamento de Defensa juega un papel relevante, habida cuenta de que , “en términos políticos, la asistencia externa de los EEUU es definida como una herramienta fundamental en la estrategia de seguridad nacional”.
En el área de América Latina y el Caribe, la USAID, en el año 2006 desarrollaba programas en 16 países: Bolivia, Brasil, Colombia, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay y Perú.  Según cifras proporcionadas por la misma Agencia -consignadas en el Informe de Paula Aguilar-  en el período 2000-2006 el financiamiento total de USAID en la región , incluyendo la acción en 16 países más otros cuatro programas de carácter regional, alcanzaba la suma de 5.964.292 dólares. Las informaciones disponibles permiten afirmar que tales cifras se han incrementado aunque en el presente ya no se trata de 16 sino  de 15 países pues el gobierno de Evo Morales puso fin a la actividad intervencionista de la USAID en Bolivia.
Las razones que llevaron al gobierno boliviano a tomar tal determinación están ampliamente explicadas en el libro de Stella Calloni “Evo en la mira” en el cual se documenta  la existencia de acciones conspirativas “encabezadas por el Departamento de Estado  e implementadas por la USAID y la NED, ambas consideradas  como la ‘cara social’ de la CIA, que además actuaban a través de diversas  ramificaciones en una red de ONGs”.  La autora refiere también que “en agosto de 2008, el ministro de la Presidencia Juan Ramón Quintana reveló desvíos de millonarios fondos de la estadounidense USAID  para patrocinar acciones de grupos opositores al gobierno, por lo que fue emplazada a ajustarse a las políticas de estado o dejar el país (…).  Hasta esa  fecha 89 millones –de los 134 millones de dólares provenientes de la cooperación de EEUU- financiaron a sectores opositores al gobierno de Morales”.
La alianza UIF-Comando Sur  “cultura estratégica”
En noviembre de  2010 una carta de la antropóloga norteamericana Adrienne Pine nos advertía “sobre un nuevo y peligroso uso que se le está dando a la Academia en la actualidad, especialmente a la Antropología, con el objetivo de legitimar la ocupación militar norteamericana en los países latinoamericanos” haciendo referencia  a una asociación entre el Comando Sur de los Estados Unidos  y la Universidad Internacional de la Florida (UIF).
Alertada por el ex-Ministro de Cultura hondureño Rodolfo Pastor Fasquelle,  Pine inició una investigación. Así averiguó que esta alianza –hasta el momento muy poco conocida- se expresa en “un programa de estudios dentro de la Universidad Internacional de Florida, financiado por el Comando Sur, con el propósito de llevar a cabo talleres y escribir reportes sobre la ‘Cultura Estratégica’ de cada país de América Latina y el Caribe”.  El programa  “define a la ‘Cultura Estratégica’ como la combinación de experiencias y factores internos y externos – geográficos, históricos, culturales, económicos, políticos y militares – que forman e influyen en la manera en que un país entiende su relación con el resto del mundo, y en la manera en que un estado se va a comportar en la comunidad internacional. Sin embargo, al observar los documentos producidos por la alianza FIU-SOUTHCOM es evidente que una definición más precisa de la ‘Cultura estratégica’ sería: propaganda estratégica para la creación de una política ideológica hegemónica favorable para los intereses militares y económicos estadounidenses”.
Al final de cada taller, la UIF publica un informe de conclusiones, que se presenta en el Comando Sur.  Repasando la nómina de los participantes y los respectivos informes de cada uno de los talleres puede verse que la calidad de las conclusiones  deja mucho que desear, entre otras cosas porque, entre los invitados, los países involucrados “han incluido un mínimo de conocidos académicos e intelectuales” priorizando en cambio la participación de líderes empresariales, generales del ejército, expertos afines al imperio y políticos de ultra derecha. Así las conclusiones resumidas en los informes, por momentos banales y llamativamente simplistas, obedecen a los objetivos del Comando Sur, es decir crean “una narrativa  para legitimar la intervención militar, la capacitación y la ayuda de EEUU.”
El programa que estamos denunciando representa un verdadero peligro para los pueblos de la región pues implica un intento de destrucción de la cultura nacional de cada uno de los países para reemplazarla por una cultura de la dominación, tarea infame en la que se pretende involucrar a las universidades y cooptar intelectuales.  Por eso es muy importante que el congreso anual de la Asociación Americana de Antropólogos (AAA), realizado en noviembre de 2010 en Nueva Orleans, haya condenado este proyecto. Por nuestra parte consideramos que es imprescindible extender ampliamente la denuncia de sus objetivos y promover el rechazo entre los estudiantes y graduados de las universidades de todos nuestros países.  Para contribuir al necesario debate se puede consultar la ponencia de Adrienne Pine “Confrontar la cultura estratégica del Comando Sur” en  www.mopassol.com.ar .
La búsqueda de alternativas a la militarización imperialista
Hoy en América Latina pueblos diversos y países diferentes, gobiernos de distinto signo, en un proceso no exento de contradicciones, con avances y retrocesos, buscan con empeño caminos de autonomía. Descubren que sí se puede enfrentar la opresión y que la integración regional con soberanía es una herramienta eficaz para fortalecer la lucha contra la militarización imperialista. En este camino se afirman las tendencias a la unidad latinoamericana y caribeña.
Están a la vista las experiencias de la Unasur, del ALBA, de la CELAC en formación; la acción mancomunada en foros internacionales, la denuncia del papel de las bases militares extranjeras en la estrategia  imperial de dominación y, en particular los esfuerzos por elaborar y poner en práctica concepciones propias sobre seguridad y defensa nacional que objetivamente ponen en cuestión la doctrina militar norteamericana. Todo ello se corresponde con los intereses y las legítimas aspiraciones de los pueblos de la región.
Es precisamente, para contrarrestar ese fuerte impulso renovador que recorre nuestra América, que se han remozado y puesto en ejecución los planes actuales del poder imperialista –en los que incide fuertemente el Complejo Militar Industrial de los EEUU- para la recolonización del continente.  Así, en medio de una crisis general de gran magnitud, lucha encarnizadamente por defender cada uno de sus enormes privilegios, y  con la complicidad de las derechas conservadoras, ha lanzado una brutal ofensiva ideológica, política, económica, militar y cultural; un proyecto de restauración conservadora en América Latina que se había iniciado durante el gobierno de George W. Bush, pero que durante la presidencia de Barack Obama toma una gran dimensión. La nueva administración aumentó los gastos de guerra hasta devorar la mitad de su presupuesto anual; y junto con los países de la OTAN –ahora devenida OTAN global-  sigue desplegando las flotas de guerra así como las bases y las instalaciones militares por todos los mares y en los cinco continentes.
En este contexto cobran singular relevancia iniciativas en materia de defensa nacional como las que se despliegan desde la Unión de Naciones Suramericanas, en particular  la creación, en diciembre de 2008, del Consejo de Defensa Suramericano (CDS) que se constituye  con los ministros de Defensa de los doce países de Unasur (Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana, Surinam, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela)  con el objetivo declarado de “fortalecer la confianza mutua mediante la integración, el diálogo y la cooperación en materia de defensa buscando avanzar en una política común de Defensa para el continente”.
El CDS no supone una alianza militar convencional (al estilo de la OTAN), sino un foro para promover el diálogo y establecer un mecanismo de integración que permita discutir las realidades y necesidades de Defensa de los 12 países involucrados y preservar sus reservas de agua, recursos energéticos, alimentos  y otros bienes naturales abundantes en la región.
Para dar un paso más en el desarrollo de tales objetivos, en mayo de 2011,  es inaugurado en Buenos Aires  el Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa (CEED) -que funcionará bajo la directiva y al servicio del CDS- y cuyo objetivo primario  es la generación y difusión  de un pensamiento geoestratégico auténticamente sudamericano, que contribuya a la construcción de una identidad sudamericana y a la consolidación de la región como una Zona de Paz.
En la Conferencia inaugural del CEED pudimos tomar conocimiento de algunas iniciativas muy interesantes que se están discutiendo en reuniones del Consejo de Defensa Sudamericano. Por ejemplo, a principios de mayo pasado,  el CDS aprobó en Lima la moción argentina de requerir a los cancilleres de los países de la Unasur que soliciten a la OEA la convocatoria de una Conferencia especial para tratar la revisión de todo lo que constituye el sistema interamericano de Defensa.  Esto incluiría al nefasto Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR);  permitiría revisar las atribuciones de la Junta Interamericana de Defensa y cuestionar el papel de las Conferencias de Ministros de Defensa de las Américas nacidas en 1995 como parte de la estrategia norteamericana para imponer el ALCA en todo el continente. Estamos hablando de un conjunto de instrumentos hechos a la medida de los proyectos imperiales de dominación que se contraponen abiertamente a los objetivos de los actuales procesos de integración regional y a las ascendentes tendencias a la unidad latinoamericana y caribeña.
El gobierno argentino ha propuesto también promover el establecimiento de un Colegio Sudamericano de Defensa. De concretarse esta idea ya no habría argumentos para que los países de la región siguieran enviando sus efectivos a capacitarse a la tristemente célebre Escuela de las Américas, escuela de asesinos a la que ya algunos países han dejado de concurrir.
Por lo expresado hasta aquí es razonable concluir que se ha inaugurado en América Latina y el Caribe una nueva perspectiva de lucha contra la estrategia imperial de guerra y militarización.  No estamos diciendo que todas las aspiraciones del movimiento popular anti-bélico están resueltas, sino que existen condiciones más favorables para continuar nuestra lucha en defensa de los derechos y la soberanía de nuestros pueblos, por la eliminación de las bases militares extranjeras, contra  los planes de la OTAN y la reactivación de la IV Flota de guerra norteamericana en nuestros mares y ríos.
La base militar de la OTAN en Malvinas
En tales condiciones y teniendo en cuenta que la Unasur ya se ha pronunciado solidariamente con la República Argentina en el reclamo de soberanía y por la descolonización de los archipiélagos de Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur usurpados por la Corona Británica en el Atlántico Sur, los argentinos vemos con esperanza la posibilidad de que la Unasur avance en esos reclamos. Sabemos que algunos gobiernos están proponiendo que América del Sur elabore un verdadero plan político- diplomático al respecto.
No es solamente una cuestión de solidaridad con Argentina. Como venimos denunciando en todos los foros en los que tenemos oportunidad de participar, es un problema de la seguridad común para los países del área puesto que, en 1985, tras la Guerra de Malvinas, Gran Bretaña con el apoyo de Estados Unidos ha instalado en ese archipiélago una fortaleza militar con aptitud nuclear que constituye un peligro real para todos los pueblos de la región. Dicha fortaleza, ubicada en Mount Pleasant, Isla Soledad, que cuenta con un gran aeropuerto –con una pista de aterrizaje de 2.600 metros- y una instalación naval en la que atracan submarinos atómicos, es actualmente un punto singular de la extensa red de bases militares extranjeras con que la OTAN proyecta su poder global.
No tenemos duda de que también nos apoyarán los gobiernos del ALBA y los países latinoamericanos que integran el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, como esperamos que lo haga la CELAC, el nuevo agrupamiento en vías de institucionalización que emerge en el proceso político regional tras el progresivo desprestigio de la Organización de Estados Americanos (OEA) y “la persistente erosión de la hegemonía norteamericana en la región” de la que nos habla el sociólogo Atilio Borón.
La lucha contra la militarización y la guerra no acabó
Como queda dicho, al hablar de estas nuevas posibilidades para conquistar la paz, no estamos pensando en esperar que la situación evolucione por sí misma, sino todo lo contrario. Es el momento de ir por más. Porque el imperialismo no abandona su estrategia. La política de guerra, y saqueo de nuestros pueblos es inherente a su propia naturaleza.
Tenemos por delante una fuerte batalla contra la militarización imperialista y por eso sumamos nuestra voluntad y energía para lograr la más amplia movilización popular en el marco de la Campaña Continental “América Latina y Caribe, región de paz ¡Fuera las bases militares extranjeras!”
Nosotros y nosotras, desde la pluralidad de nuestras identidades y nuestras luchas, aspiramos a ser parte activa de ese  proceso de cambios que, en medio de contradicciones, avances, retrocesos y nuevos peligros continúa desarrollándose en este continente de la esperanza.
Buenos Aires, Argentina, 4 de agosto de 2011
(*) RINA BERTACCINI, ingeniera geógrafa, docente, presidenta del Movimiento por la Paz, la Soberanía y la Solidaridad entre los Pueblos (Mopassol) de Argentina; vice presidenta del Consejo Mundial por la Paz.

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