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martes, 19 de junio de 2012

“La presencia militar es un tema estratégico para EE.UU.”

Año 5. Edición número 212. Domingo 10 de junio de 2012
Por Walter Goobar
wgoobar@miradasalsur.com


“Todas las FF.AA. de la región tienen más autonomía con respecto al gobierno”, dice Forti.

A la creciente presencia del Comando Sur del Pentágono en los países del continente se suma ahora la presencia en Uruguay de los Seals, la unidad de elite que tiene carta blanca para perpetrar operaciones como el asesinato de Osama bin Laden en Pakistán. Esto implica un salto cualitativo en el intervencionismo porque el Equipo 6 de los Seals opera fuera del protocolo militar, lo que les permite realizar operaciones al nivel más alto de la clasificación y, a menudo, fuera de los límites del derecho internacional. En esta entrevista, el secretario de Asuntos Internacionales del Ministerio de Defensa, Alfredo Forti, analiza la compleja relación militar con el vecino del Norte y revela como se abortó la instalación de una base del Comando Sur en el Chaco. En su condiciónde director del Centro de Estudios Estratégicos de Unasur, Forti le agrega una perspectiva continental al tema.

–¿Cree que existe una renovada intención por parte del Comando Sur del Pentágono de poner un pie en tierra?

–El comando Sur tiene la clara intención de establecer mecanismos bilaterales de relacionamiento militar con todos los países que pueda. La presencia física permanente es algo que puede ser parte del esquema general. Pero lo prioritario para ellos es el establecimiento de relaciones de cooperación que permiten la instrucción y diseminación de doctrina, asociada a la provisión de equipamiento. Esos son los dos brazos más eficaces para profundizar la presencia real sin necesidad de establecer bases.

–Pero, ¿no percibe que hay una idea de instrumentar una variante de la Escuela de las Américas desagregada país por país?

–Sí, por supuesto. Hay figuras nuevas para establecer distintas categorías de presencia como es el caso de los convenios que permiten usufructuar innfraestructura ante situaciones dadas: desastres naturales, catástrofes, etc. Eso, desde el punto de vista militar, es casi como una base, porque les permite a los norteamericanos resolver el problema estratégico del acceso a cualquier parte del globo ante eventuales misiones. Para eso necesitan puntos de apoyo que muchas veces se introducen bajo estas figuras nuevas de la ayuda para catástrofes.

–La cúpula del Comando Sur admitió ante el Congreso de los EE.UU. que necesita más puntos de apoyo en América latina con vistas a un eventual ataque a Irán, debido a los estrechos lazos políticos, militares y económicos der los países del Alba con Teherán.

–Nosotros respetamos la soberanía de cada Estado. No tenemos por qué opinar sobre los amigos de nuestros amigos y cada país tiene plena libertad de buscar los lazos de cooperación con los socios que representen sus intereses nacionales. Eso también se aplica para los EE.UU.

–Está el antecedente de las bases colombianas que brindaban acceso a los norteamericanos. 

–Ese caso generó un fuerte debate y se le encomendó al Consejo de Defensa Sudamericano que estableciera una serie de soluciones al problema a través del establecimiento de medidas mútuas de confianza y de transparencia. Esto se podría resumir en lo que yo denomino la "doctrina Cristina", que sostiene que todo país tiene el derecho de hacer los acuerdos que quiera y establecer en su territorio las instalaciones que quiera, pero ningún país tiene derecho a que el alcance extrateritorial de las actividades de militares extrarregionales tenga incidencia sobre cualquiera de los países miembros de la Unasur. En otras palabras: Colombia tiene derecho a tener norteamericanos en las bases, pero no tiene derecho a que el alcance de la actividad afecte a Venezuela o a otro país de la región.

–Sin embargo, creo que también se había establecido un mecanismo de consulta...

–Esos son los procedimientos de implementación de confianza mutua. Eso implica que todos los países tienen la obligación de informar al resto sobre cualquier acuerdo nuevo que hacen con otro país, compromiso de informar a los países vecinos cuando hay movimientos de tropas, e inclusive ejercicios militares en zonas de frontera, y sugiere la presencia de veedores para que asistan a las maniobras. Es una larga lista de cuestiones técnicas que ayudó muchísimo a conjurar la crisis entre Colombia y Venezuela.

–¿Cómo se logró abortar la instalación de la base del Comando Sur en el Chaco?

–Principalmente, al hacerse pública. El Ministerio de Defensa tiene la responsabilidad de manejar las relaciones de cooperación en materia de defensa con todos los países del mundo. Parte de ese mecanismo son las agregadurías militares. Estados Unidos tiene una oficina de agregados militares, pero a diferencia del resto del mundo tiene –además– la figura que se denomina el Grupo Militar, que no es parte de la Agregaduría de Defensa sino que es la representación física del Comando Sur. El agregado de Defensa representa al Pentágono, en cambio, el Grupo Militar representa al Comando Sur.

–Por decisión de Néstor Kirchner el Grupo Militar fue desalojado –en su momento– del edificio del Estado Mayor...

–Sí, ellos tenían oficinas en el Estado mayor Conjunto y oficinas en la sede de cada una de las tres armas. Nosotros les dijimos: "Señores, vayan a su embajada". En esa época, había enlaces argentinos en el Comando Sur y en la Joint Task Force de Key West. Nosotros suprimimos todos esos enlaces y nunca enviamos un enlace a la sede de la IV Flota en Florida.

–Este Grupo Militar tiene presupuesto propio y ofrece programas de entrenamiento y de esa manera se presentó en Chaco...

–Sí, ofrecieron ayuda y asistencia para control de desastres. Se comprometieron a financiar un centro de coordinación de Defensa Civil. Chaco dijo que sí porque es muy difícil resistirse a la tentación de las donaciones. Pero recién después de avanzar en el tema se descubre que los recursos venían de un fondo para asistencia humanitaria del Comando Sur. Desde nuestra perspectiva, no podemos aceptar que una estructura militar extranjera tenga operaciones, actividades –así sean las de evitar inundaciones–, sin pasar por el Ministerio de Defensa, la Cancillería y el Congreso. Cuando descubrimos eso, hicimos lo que había que hacer. Volver todo para atrás.

–¿Por dónde se habían colado?

–Ellos pueden hacer estas cosas porque todavía están vigentes algunos acuerdos de cooperación que datan de la Guerra Fría y que fueron firmados por los gobiernos militares y permitían todo este tipo de actividades de los norteamericanos en la Argentina.

–El asunto de los Seals pone en evidencia que las FF.AA. uruguayas tienen más autonomía que las argentinas?

–Todas las FF.AA. de la región tienen más autonomía. La explicación está dada en la transición democrática: la Argentina tuvo una transición traumática. Esa crisis nos permitió tomar la posta y hacer de la política de Defensa y del instrumento de la Defensa –que son las FF.AA.–, el más profundo de los modelos de cambio. Nosotros llegamos al hueso: en el tema de derechos humanos, en los temas de formación, estructura y Justicia militar. Rompimos la idea de que cada fuerza era un compartimento estanco con tres fuerzas, tres culturas, tres presupuestos, y lo unificamos. Pero lo más importante es la clarísima distinción entre defensa y seguridad. Hoy somos un país en el que existe el ejercicio pleno de la conducción política de la defensa.


OTRAS NOTAS

Marines con licencia para matear

La costa uruguaya, un punto estratégico de la Cuenca del Plata, hoy es un teatro de operaciones de la fuerza militar más letal y despiadada de los Estados Unidos: los temibles marines Seals. En concreto, quince militares de este grupo de elite del Pentágono, encargado de liquidar en cuarenta minutos al ex número uno de la red Al Qaeda, Osama Bin Laden, y que tuvo una participación central en la invasión a Panamá de 1989, está entrenando desde el último 15 de mayo, y por un mes de duración, al Cuerpo de Fusileros Navales de la Armada uruguaya en "intervención de embarcaciones ilícitas".

El Pentágono se muda a Chile y Perú

Los gobiernos de Ollanta Humala y Sebastián Piñera acaban de firmar significativos acuerdos de cooperación en defensa con los Estados Unidos. Oficialmente, en ambos casos, el Comando Sur norteamericano se comprometió a desembolsar medio millón de dólares para construir en Concón (Provincia de Valparaíso, Chile) un Centro de Entrenamiento para Personal de Operaciones de Paz y en la provincia nororiental de Piura un Centro de Operaciones de Emergencia Regional (Coer).

EE.UU. En América latina. Con licencia para matar

El jefe del Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos (Ussocom, por sus siglas en inglés), cuyas fuerzas de elite fueron las que rastrearon y mataron a Osama bin Laden en Pakistán, pidió carta blanca para tener mayor libertad de desplazamiento de las fuerzas especiales (SOF, por sus siglas en inglés) y realizar operativos en todo el mundo. Ese permiso dotaría a las SOF de mayor flexibilidad para expandir sus operativos a regiones como Africa, Asia y América latina, donde –hasta ahora–, sus actividades han sido limitadas.

La CIA patrulla Chile

En la moderna y protegida mole de acero y cemento que sirve de sede a la embajada de Estados Unidos en Chile, en Avenida Andrés Bello, con el río Mapocho a sus espaldas y la torre Titanium y el lujoso InterContinental Hotel al frente, funcionan varias oficinas que sirven al espionaje norteamericano. Están dotadas de infraestructura informática y de telecomunicaciones y tecnología para labores de inteligencia. Cuentan con un grupo de funcionarios especializados en recopilar información sensible sobre Chile y planificar y coordinar operaciones.

Los marines norteamericanos con destino en América latina se están mudando de hogar. Ante las últimas malas noticias recibidas en la región por el Comando Sur de los Estados Unidos, como el fallo constitucional de la Corte Colombiana contra las nueve bases militares que pretendían instalar en el país o la reciente requisa en Ezeiza de las autoridades argentinas al avión de carga Boeing Globemaster III, el Pentágono norteamericano decidió relocalizar sus tropas del área sur y hospedarlas en Centroamérica, más precisamente en Panamá.

EE.UU. quiere invadir México

Un mes atrás, cuando fueron descubiertos los narcotanques del cártel Los Zetas en el Estado mexicano de Tamaulipas, la alarma de urgencia chilló en el comando central del Pentágono norteamericano. Es que estas unidades militares, además de su alta flexibilidad al combinar fuego directo y transporte de tropas, simbolizan para los halcones estadounidenses el aura fantasmal de una pesadilla porque su formato es similar a los “camiones de armas” utilizados por la triunfante guerrilla del Vietcong en los años sesenta.

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